12 septiembre 2017

En el gimnasio.

Este septiembre, con esto de la vuelta al trabajo después de unas largas (este año si) vacaciones, me está costando bastante volver a adaptarme al horario de trabajo. Estoy sufriendo insomnio, pues apenas duermo a pesar de que me levanto temprano para ir al trabajo. Sin embargo, tardo mucho en dormirme y me acuesto tarde.

Por eso, desde la semana pasada, se me ocurrió que podía ir al gimnasio por la noche (es 24 horas). Así, pensé yo, me canso un poco, y después de una relajante ducha me puedo ir a dormir tranquilo. Sin embargo, lo que me encuentro todas las noches allí es de todo menos tranquilo... una mujer de las que quita el hipo.


Esta morena tiene un cuerpazo fibroso que se lleva las miradas de todo el mundo (dentro y fuera del gimnasio). Supongo que por eso prefiere ir por la noche, cuando apenas hay dos o tres personas como mucho. De esa manera la he descubierto yo... y llevo noches enteras sin poder evitar quitarle la mirada de encima...


La he observado mientras camina, está en la bici, hace ejercicios con las pesas o únicamente se pasea de un lado al otro del gimnasio intentando recuperar el aliento después de algún ejercicio. Llevo noches en las que he cruzado con ella alguna que otra palabra. Aunque al principio se sintió incómoda y apenas respondió, con el paso de los días hemos ido hablando más y más.

Pero ayer ya no me pude contener. Yo estaba en la cinta corriendo cuando la vi aparecer. Hacía rato ya que había pasado la medianoche y en el gimnasio solo estábamos ella y yo. Nos saludamos y hablamos un poco con cordialidad y se alejó ajustándose las mallas... yo empecé a ponerme muy cachondo.


Ella se puso a correr un par de filas por delante. No pude evitar mirarle el trasero con todo el descaro, sin importarme que al final de la sala hay espejos y por tanto puede verme perfectamente. En ese momento, por mucho que quisiera mantener la compostura y ser un caballero, no le quitaba los ojos de encima a ese cuerpo de escándalo y ese trasero perfecto que tiene.


Intentaba centrarme en otra cosa, mirando hacia delante. Le daba más potencia a la máquina con el objetivo de correr todo lo posible... pero era imposible. No podía dejar de mirarla y sentía como entre mis piernas mi verga comenzaba a ponerse más y más dura.


Yo creo que ella sonreía de ver mi cara de bobo en el espejo mientras no le quitaba la mirada de encima a su culo. No sé si por cansancio o por continuar con el ciclo de ejercicios que estaba haciendo, paró la máquina y se fue a la zona de pesas. Allí cogió un par y comenzó a poner su cuerpo en movimiento. 

Yo continuaba sin poder dejar de mirarla...


Entre lo fibrada que está, las mallas ajustadas a ese trasero duro como el acero y esos pechos apretados con el top, definitivamente Pecados en Carne estaba empezando a perder el control. Creo que quien me capta, sabe como jugar conmigo... y desde luego ella lo estaba haciendo de maravilla.


Yo disimulaba mientras hacía algún que otro ejercicio. Pero tenía la sangre entre las piernas, con la polla bien dura a causa de su "juego". Pero aún no sabía si iba en serio o se trataba de un momento de esos que se disfrutan viendo más que actuando.

Pero empecé a fijarme que no paraba de mirarme también y que sonreía. Hasta que finalmente rompió el hielo y me dijo:

- Parece que esta noche estamos los dos solos... ¡y menudo calor hace para ser más de la 1!

Yo me levanté, me quité la camiseta y me acerqué a ella diciéndole: "Entonces no te importa que me ponga cómodo ¿verdad?". Ella asintió con su sonrisa.


- Ponte aquí si quieres. El gimnasio es demasiado grande para los dos.

Tras esa invitación continué mis ejercicios pero mucho más cerca de ella. Ahora, con el juego en marcha, podía mirarla con completo descaro. Ella se agachaba mientras usaba las pesas para ponerme sus pechos en el punto de mira.


Mientras tanto, yo ya no podía disimular mi erección entre las piernas, más con estos pantalones de gimnasio tan ajustados que hacen hoy en día... Durante unos cuantos minutos intenté disimular, poniéndome un poco de lado o moviéndome el pene hacia el centro de mis piernas. Pero al final tuve que levantarme de aquella máquina y al ajustarme el pantalón ella no pudo evitar contemplar lo que tengo.


Sorprendido ante esa mirada de fuego que me lanzó, dejó la pesa en el suelo y se acercó a mi para empezar a besar mi rabo de arriba a abajo sin mediar una palabra. Creo que ambos nos quedamos impresionados por el cuerpo del otro ayer por la noche en el gimnasio...


Como es habitual en mi, la agarré sin preguntar del pelo y comencé a darle pollazos en la boca como poseído por el mismo diablo. Ella me paró las embestidas con la mano y me dijo:

- Tranquilo... que esto es demasiado incluso para mi.

Aún pienso que quería decir con ese "incluso"...


Con un poco más de calma, ella continuó comiéndome la polla bien fuerte pero sin necesidad de que la agarrase del pelo. Estaba claro que ella también sabía follar bien, cosa que, con ese cuerpazo, no me sorprende en absoluto. Aunque como he dicho en anteriores relatos, el físico no es lo más importante a la hora de follar bien, sino la mente.


Acabó por tumbarse en un rincón del gimnasio desde el que podíamos ver si llegaba alguien nuevo. Pero dada la hora de la noche que era, y sobre todo que era lunes por la noche, pudimos intuir que allí no habría muchas visitas inesperadas. Ella me dijo que me pusiera sobre ella y tumbada sobre la esterilla continuó con el delicioso sexo oral que me estaba haciendo.


Usaba mi polla como si fuera un ejercicio más. Yo me quedaba mirándola con deleite, pero con un ojo puesto en la entrada del gimnasio... Por raro que pueda parecer, no dejo de ser tímido en ciertas ocasiones.


Yo pensaba que el sexo iba a acabar en una mamada tonta en mitad de la noche. Pero me equivocaba. Ella quería más y me lo hizo saber quitándose las mallas mientras me comía con la mirada. Por eso, allí tumbada, le abrí las piernas todo lo que pude y se la metí hasta el fondo. Desde luego, tenía elasticidad, porque la abrí 180 grados y le metí todo mi rabo al instante.


Ella se puso a moverse sobre aquella superficie como si no fuese la primera vez. La verdad es que me da igual porque estaba claro que sabía follar como una diosa. Así que, cogiéndola fuerte de las piernas comencé a penetrarla una y otra vez sin mirar hacia atrás como hacía antes.

- ¡Qué delicia! -exclamé en pleno gimnasio-.


La verdad es que había follado bastante el fin de semana. Tal vez por eso me había mostrado reticente, en un principio, a entrarle y tontear con ella. Más que nada porque sé que la volveré a ver por el gimnasio (y espero que fuera de él). Pero después de provocarme... había perdido el control y ahora le estaba endosando todo mi rabo en su delicioso y húmedo coño.


Le clavé la polla todo lo que pude y más. Por suerte, los músculos de los brazos, las piernas y la espalda no era lo único que tenía flexible en aquel cuerpo de escándalo. Así que sin mayor dilación, me la follaba con todo mi espíritu.

- Espero que te esté gustando este ejercicio...


- Por supuesto que me está gustando... Sin duda es el mejor ejercicio del gimnasio... y de lo que no es el gimnasio.

Antes de que pudiera darle una réplica sexual, ella continuó hablando:

- Pero me gustaría sentirte detrás de mi... 

Dicho y hecho.


Estaba dándole bien por detrás. Sus pechos se movían como si cada una de mis embestidas fuera un fuerte terremoto. Además, estaba tan excitada y era tan sensible que se retorcía de gusto varias veces por minuto. Estaba claro que le estaba haciendo lo que quería sentir.


Mi verga desaparecía bajo la influencia de su trasero. Después de pasarme un buen rato hipnotizado por su perfección bajo las mallas, ahora podía tocarlo, apretarlo, pegarle leves golpes para que sonara su dureza en todo el gimnasio y sobre todo podía follármelo de una forma muy apasionada. Ella me miraba desde abajo, como pidiéndome que no parara de mirarle el culo... ese que tanto me había gustado mirar desde el comienzo de la noche.


Estaba muy desatado. Más en una postura tan fácil como esta. Ella me ofrecía sus brazos para que la sujetase fuerte y pudiera darle usando todo mi cuerpo. Lo único que teníamos puesto de ropa eran los deportivos y medio top sobre su cuerpo. Bueno... y el coletero... 


- Eres un bestia...

Me espetó de pronto en medio de aquella follada monumental.

- ¿Quieres que lo haga más suave? -respondí yo-.
- ¡Por favor! ¡Ni se te ocurra!


- Yo quiero ahora ponerme arriba.

Sin mediar palabra, hice caso de su petición. Me senté y ella comenzó a cabalgar sobre mi. La verdad es que era una delicia tener esos pechos duros sobre mi rostro, yo estaba encantado y con una sonrisa en la boca. Pero, a pesar de eso, no llegábamos a sentirnos cómodos del todo.


- ¿Qué tal si te das la vuelta?
- Vale, vamos a probar.

Y así fue como encontramos la postura perfecta. A pesar que me perdía el contacto directo con sus pechos, ella podía disfrutar cabalgando sobre mi y yo de sentirla sobre mi pene con mucho sentimiento.


Ella se dedicó a usarme como si de un juguete sexual se tratara. Como si estuviera haciendo un ejercicio de fuertes repeticiones, saltaba sobre mi cuerpo mientras yo contemplaba su coleta subiendo y bajando entre gemidos de placer, temblores de sus piernas y sintiendo como la abría en canal cada vez que le entraba mi verga.


Ella se puso de lazo para empezar a comerme a besos la oreja y la boca. Yo la agarré fuerte de un pecho y seguidamente comencé a comérselo mientras mis dedos jugaban con sus pezones. Ella comenzó a calentarse más y más mientras sus gemidos se hacían más fuertes.

- Ya va...


Tras su aviso, la agarré de las piernas y me esforcé en que llegara al orgasmo de la mejor forma posible. Gritando, maldiciéndome y sobre todo con mi rabo entre sus piernas. Ella no pudo más que dejarse llevar mientras yo gastaba lo que me quedaba de batería tras ese largo día.

Finalmente, ella estalló como si se tratara de una final deportiva. Llena de júbilo y de excitación sintió el orgasmo y se estremeció vibrando sobre mi pecho y mi vientre. Yo no pude más que besarle el cuello y tranquilizarla para que recuperara el aliento.


- ¿Tú te has corrido ya?
- No.
- Pues entonces voy a rematar el trabajo...

Sin mediar palabra, se dio la vuelta y comenzó a chuparme la punta de la polla. Se quedó sorprendida de lo caliente que la tenía, pero no era mi culpa, sino la suya. Ella era la que estaba ardiendo, yo solo le había endosado mi sexo hasta lo más profundo de su cuerpo que pude.


Se puso a comerme la polla apoyada sobre una mano y con la boca bien abierta. Esta claro que la tía está en forma, porque aguantar su propio peso sobre una mano en esa postura durante tantos minutos no es nada fácil. No obstante yo en ese momento no hacía más que pensar en lo bien que me estaba practicando sexo oral...


Empezó a darle más ritmo a su comida, ya que, intuyó, que si continuaba lentamente podíamos estar allí hasta que amaneciera o alguien madrugador nos pillara en esa coyuntura. Clavó sus ojos en mi y su boca en mi tranca. Acariciándola fuerte y con insistencia empezó a masturbarme hasta que ya no pude más.


- Mi corrida ya está aquí...
- Pues la quiero toda para mi.

Me puse de pie frente a ella, mirándola como sus ojos ardientes deseaban que acabara sobre ella este tremendo polvo. Me masturbé un poco antes de que mi semen estallara sobre la mujer más sexy que he visto en un gimnasio en mi vida.


- ¡Ahhhhhhhh...! ¡Joder, qué ganas tenía de correrme!

Mi corrida, aunque no de las abundantes, fue intensa. Ella estuvo perfecta, con la boca abierta para recibir mi lefa, que más que caer en el interior de su boca se desvió y creo que hoy habrán tenido que limpiar un poco el suelo del gimnasio...


He de reconocer que ayer, no me costó dormirme a pesar de mi actual insomnio. Hoy... ya veremos...

2 comentarios:

  1. La vuelta a la rutina siempre es difícil para todos,
    yo tampoco me acostumbro a dormir temprano por la noche, aunque tenga que madrugar ya cada día,
    sobre tú gimnasio decirte que la chica que está en spinning con el pecho balanceándose me produce un dolor terrible nada más verla... queda muy estético pero muy poco práctico.
    veo que tu gimnasio es un gimnasio especial jajajajajaja jajajajajaja
    besos

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  2. Con ese aliciente dan ganas de pasarse el dia en el gym!jaja.echaba de menoa tis relatos pecados.
    Besos

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