19 abril 2017

El mito erótico.

Llevábamos mucho tiempo sin vernos. Aunque habíamos pasado innumerables horas juntos en el patio y las clases del colegio, aunque si la seguía en Facebook y cotilleaba de vez en cuando sus fotos, quedándome anonadado por su extraordinaria belleza y por la belleza de sus enormes pechos. Pero en la noche del sábado, coincidimos por casualidad por la calle y nos pusimos a hablar. En cuanto me di cuenta que ninguno de los dos quería marcharse de allí le dije: 

- ¿Te apetece que nos tomemos una cerveza y así nos ponemos al día?
- ¡Claro que si! -Dijo ella con mucho interés y una sonrisa en la boca-.

Después de aquello nos pusimos a caminar por las calles del centro pero, en esta noche de sábado que coincidía de pleno con la Semana Santa, unida al calor típico de la llegada de la primavera, todas las terrazas estaban completamente llenas. Así que ni corto ni perezoso la invité cortesmente en tomárnosla en mi casa, que estaba a unas calles de allí. Ella afirmó con la mirada mientras continuaba charlando sin parar.


Nada más llegar a mi casa le serví una cerveza fría y continuamos recordando viejos tiempos. Estábamos hablando del viaje de fin de curso cuando ella me preguntó: 

- ¿Te acuerdas de lo que hiciste para ganarte el respeto de todos los chicos del cole?
- Mmmmmm... -hice memoria, porque la verdad es que hacía años que no pensaba en aquel incidente- Si, claro que me acuerdo... -le respondí finalmente-.
- Jajajajaja... Pues cuéntame tu versión, que siempre he escuchado las de otros.
- Pues... lo que tu ya sabes. Yo pegué el estirón cuando estaba en el instituto. En el colegio aún era muy canijo y los chicos no me respetaban mucho por eso... -¡Continúa!; dijo ella-. Por eso, en el viaje de fin de curso, sabiendo que ya no los iba a ver más, cuando estaban tonteando viendo a ver quien decía tenerla más larga, me planté en medio de la habitación y se las enseñé sin mediar palabra. Ahora me avergüenzo, pero reconozco que fue efectivo, desde ese momento no se volvieron a meter conmigo nunca más...
- Es una gran historia... ¡Nunca mejor dicho! jajajajajaja...
- Lo mío era distinto, nadie se imaginaba que ocultaba ese chico delgaducho y calladito. Pero lo tuyo era evidente, te desarrollaste muy rápido.
- Si, las tenía tan grandes que todos los chicos querían manosearme las tetas ¡Ufff... qué pesados!
- Y ahora también...
- ¡Ahora más! ¡Continúo teniéndolas en su sitio y además cada vez son más grandes!


- Desde luego, que eres una mujer impresionante.
- Gracias, pero no te creas que tener ésto es una suerte. Los tíos siempre me miran al escote en vez de a los ojos y además me duele la espalda a menudo.
- También tendrá sus cosas buenas...
- Claro, ellas me abren muchas puertas... por ejemplo la de tu casa, jajajajaja.


- Joder... ¡vaya tetazas! No me extraña que en el viaje de fin de curso todos soñaran contigo...
- Y se pajeaban conmigo, jajajajaja ¡Qué también se eso!
- Es lo que tiene la adolescencia... Eras el mito erótico del colegio... bueno, y lo sigues siendo.
- Pues con la historia que me has contado, tú eras el chico misterioso con la gran polla. Que las mujeres, adolescentes o no, también somos muy de imaginarnos cosas...
- No me digas esas cosas que me caliento... y ya no soy tan tímido como era en el colegio -Así que, sin pensármelo dos veces la empotré contra la pared y comencé a comerle la boca con toda mi pasión-.


- ¡Quítame el sujetador!
- No hace falta que me lo digas... a ello voy. Quiero comprobar si esas tetazas que tanto nos gustaban en el colegio son tan perfectas como recuerdo...


Ni corto ni perezoso, me acerqué a ella, saqué mi lengua juguetona y húmeda y comencé a chuparle los pezones de arriba a abajo, haciéndolos míos. Cogí esos enormes pechos con las manos sin saber hacía donde se dirigía esa noche que había cambiado por completo tras encontrarme a esta vieja amiga por la calle... deliciosa casualidad.


- La verdad es que tú si eres un auténtico mito erótico...
- ¿Y eso?
- ¿Tú sabes lo mucho que pone saber que alguien con quien has jugado en el patio del colegio tiene ahora un pollón enorme? Muchas hemos deseado encontrarte en estas circunstancias...
- ¡No me digas! Mmmmm... qué interesante...


- Además, ya sabes que me casé muy joven y me divorcié hace apenas un año y medio... He estado con pocos hombres en mi vida y ha coincidido que todos tenían un miembro... bueno, normalito. Así que ni te imaginas las ganas que tengo de una polla grande.
- ¿Cómo de grande? ¿Algo así?


- ¡Madre mía! Uffff... me estás poniendo a mil...
- ¿Así te gusta?
- Ya te digo... ¡Me encanta! Es más grande de lo que imaginaba... Se me hace la boca agua ¿sabes?
- ¿Por qué?
- Porque tengo la fantasía de tener el control absoluto con una polla así para mí sola, chupándola hasta que el hombre sea mío.


- Pues es "toda" tuya. De arriba a abajo para que hagas con ella lo que quieras.
- Entonces te la voy a comer enterita... si puedo ¡Uffff!

Comenzó a jugar con la mano sobre mi erecta polla. Deleitándose mientras paseaba sus dedos por aquel lugar al que la imaginación la había llegado tantas veces. Pero ahora el mito era de carne y hueso, y la verga era tal como su imaginación esperaba, para deleitarse con ella hasta que se saciara. 


Continuó besándome apasionadamente, como quien está alegre por encontrar el tesoro de su vida, mientras me mastubaba con la mano y yo me quedaba a su merced, deseando que tomara el control y convirtiera la fantasía en realidad. Esos momentos son los mejores, porque lo único que separa un relato de este blog de la realidad es atreverse a hacerlo.


- Ahora que tengo semejante aparato en mis manos no sé que hacer con él...

Ella se reía mientras contemplaba mi tranca y me miraba a los ojos. Su risa dejaba entrever el nerviosismo con el que estaba disfrutando de la noche. Yo intenté tranquilizarla un poco con caricias, besos y diciéndole que no tuviera miedo, que se dejara llevar.


Comenzó a pasear su lengua por mi verga. En apenas unos segundos ya se sentía cómoda recorriendo con la punta de su lengua toda la longitud de mi tranca. Yo pude comprobar que no tenía ninguna prisa, lo que me alegraba mucho, ya que una buena comida de polla requiere sensaciones fuertes, intensas, pero también delicadeza y sobre todo no tener prisa.


Le costaba cogerla con la mano, apenas la aguantaba con la punta de los dedos para que no se callera sobre mi cuerpo. Supongo que no estaba acostumbrada a manejar este tipo de maquinaria pesada, pero está claro que iba aprendiendo rápido. Por eso, sin apartar la mirada de mi sus lamidas se iban haciendo más intensas y rápidas.


- Es como el doble que la de mi exmarido... ¡Madre mía!
- Disfrútala, es tuya.
- Ya... pero seguro que si empiezo a chupártela vas a querer follarme... y no estoy segura de que quiera eso.
- Sinceramente... voy a disfrutar igual, o más, únicamente con tu mamada. Así que no te preocupes.
- Me dejas mucho más tranquila, porque tengo la impresión de que últimamente, hombre con el que me acuesto, hombre que sale corriendo a la mañana siguiente... Es como si no provocara lo suficiente como para que vuelva una segunda vez.


- ¿Aceptas un consejo?
- ¿De un viejo amigo? ¡Por supuesto que si!
- Si quieres tener a un hombre a tu completa merced, haz con él lo que me estás haciendo hoy a mi. Porque los hombres tenemos la necesidad de poseer con rudeza, de hacer nuestro lo que queremos. Pero si lo das rápido, se pierde la magia. Así que la mejor forma de poseer a un hombre es comiéndole la polla y luego dejarle con las ganas de follar. Así seguro que vuelve una segunda vez... y probablemente una tercera, una cuarta, una quinta...
- Pues voy a probarlo contigo...


Tuvo que hacer un esfuerzo titánico con la boca y su cuello para adentrarse mi verga hasta la garganta. Probablemente fuese la primera vez que lo hacía, así que se quedó con los ojos como platos, mitad placer y mitad sorpresa.


- Mmmmm... me está gustando ésto de dominar a un hombre con una mamada. Le estoy cogiendo el gusto...
- Por mi parte, espero que disfrutes mucho más...
- Me gustaría chuparte los huevos ¿Puedo?
- ¡Claro que si! ¡Eso no hace falta preguntarlo!
- Uf... perdona que te de la brasa con mi ex, pero es que a él no le gustaba nada ni siquiera que se los tocase...
- A mi me puedes comer las pelotas todo lo que te de la gana.


- Es la primera vez que como unos huevos y me encanta... Era otra de las fantasías que tenía ganas de hacer.
- Pues lo haces de maravilla... así que no pares.
- Vaya cojones que tienes, cabrón... -dijo para sus adentros-.


- ¡Casi no me caben en la boca!


Aunque muchas mujeres me han comido los huevos, nunca nadie se había detenido tanto tiempo en comérmelos con tanta delicadeza y detalle. La verdad es que fueron unos minutos maravillosos sintiendo su dulce y húmeda lengua recorriendo cada uno de los recodos de mi escroto, de arriba a abajo, haciéndose sentir toda una montaña rusa de sensaciones.


- Tranquila, que no me olvido de ti tampoco... -le dijo entre susurros a mi sexo caliente-.


Con delicadeza, hizo los últimos lametones sobre mis testículos, completamente duros y resbaladizos a causa de boca, donde había logrado metérselos. Seguidamente, fue poniéndose más erecta y masturbándome un poco, entre risas, me dijo:

- Creo que ya me he animado... Ahora si voy a comerte la polla.


Con mucha delicadeza, y sin ápice de prisa, fue subiendo, poco a poco, con su lengua juguetona, desde la base de mis testículos hasta la punta de mi verga. Fue un recorrido largo, no exento de mis gemidos de placer, porque una boca como estas... no se disfruta todos los días, aunque vendería mi alma al diablo o a quien fuera con tal de sentir esto cada día de mi vida. Ya sabéis que esto de comer pollas es todo un arte (en riesgo de extinción, como sabéis).


Sin prisas, fue masturbándome con su mano lentamente mientras su boca hacía el resto en la punta de mi polla. Dicen que es en el glande donde está el mayor número de terminaciones nerviosas de placer del hombre, pero yo debo tener terminaciones nerviosas de placer distribuidas por iguar en toda mi tranca... porque no es normal lo que me hizo disfrutar.


- Que raro me resulta que no intentes metérmela porque si... como suelen hacer todos los hombres una vez llegados a este punto.
- Siento decirte que yo no soy cualquier hombre. Además, estoy disfrutando tanto que no tengo palabras...
- ¡Pues anda que yo! ¡Estoy cumpliendo la fantasía que siempre tuve! ¡Un pollón para mi sola!


- Intenta clavártela más... vamos a ver dónde está tu límite.


Después de varias intentonas, continuó chupándomela como antes, sin llegar si quiera a alcanzar la mitad de mi verga. Más no por ello desistí en cumplir, lo que a mi me apetecía que hiciera y lo que ella quería hacer para cumplir su fantasía erótica.

- Vamos, tu puedes. Relaja la garganta y métetela hasta el fondo.


- Venga... ¡vamos allá! A ver si es cierto eso de que se puede dominar a un hombre con una buena comida de polla...

Sin pensárselo dos veces, comenzó a endosarse toda la tranca en la boca. Costó que mi polla pasara por aquella boca pequeña y más aún que se adentrara en su garganta, pero finalmente, y con una técnica de diez, se la clavó hasta el fondo. Por fin podría tachar de su lista de cosas por hacer en la vida lo de "comer un pollón".


Tras pasar unos segundos jugando con su lengua en la base de mi polla, sintiendo como su garganta se le cerraba a cada segundo que pasaba. Ella se la sacó de la boca y con una sonrisa afirmó:

- Pues no es tan difícil como imaginaba...
- ¿Ves?


Después de eso siguió un buen rato más comiéndome la polla. Yo no decía palabras, no daba órdenes, no me movía. Estaba a su entera disposición, porque pecados en carne también sabe disfrutar de las cosas despacio y en las que no tiene ni por asomo, una pizca de control de la situación. Esta vez puede decirse que el mito se estaba comportando como tal.


Su técnica era inmejorable. No hay nada mejor que una buena comida de polla para amansar a las bestias. Y como sabéis que yo soy muy bestia, os podéis imaginar el trabajo que supone, pero a la vez también se goza. Ella sonreía, se estremecía de verme disfrutar hasta el límite. No hay mejor regalo en el mundo que una buena comida de polla, bien realizada y bien disfrutada por los dos.

- Me estás matando... Creo que es una de las mejores comidas de polla que me han hecho en mi vida.


- No seas adulador... que nos conocemos, jajajajaja.
- En serio, ya me conoces y no hablo por hablar.
- Si, eso es cierto... Ahora me gustaría hacer contigo otra cosa que se hacer todavía mejor aún que el sexo oral.
- Soy todo tuyo... tu dirás.


Con apenas un gesto ya supe lo que quería de mi. Así que me coloqué sobre ella, y de un golpe fuerte situé mi verga entre sus grandes pechos. No recuerdo la última vez que una mujer se ofreció tan amablemente a hacerme una cubana, pero supongo que ella, con semejante delantera, está más que acostumbrada. Los hombres, en general, se mueren por unos buenos pechos, y la verdad es que si los tienes, puedes conseguir cualquier cosa... aunque sino, también.


Comencé a embestirla con tanta fuerza que pensaba que la iba a matar de un pollazo en la cara. Pero recordé que ella era la que mandaba esta noche, rebajé el ritmo y comencé a disfrutar intensamente de esos grandes pechos que ella me había ofrecido. Ahora era yo el que estaba convirtiendo en realidad el mito erótico del colegio...

- ¿Sabes que ahora soy yo el que está haciendo realidad su mito erótico del colegio?


- ¿Si? Y yo que pensaba que eras un chico delgado y tímido... jajajajajaja.
- No te rías que se me sale la polla de tus tetas.
- Hijo mío... con estos pechos no se sale ninguna polla. Ni siquiera la tuya.


- Vamos, fóllame las tetas, quiero verte gemir y sudar la gota gorda.

Tras esas indicaciones, lo único en lo que me pude concentrar fue en sus pechos. Esos voluptuosos, suaves y duros pechos que ahora estaban situados sobre mi verga. Podía considerarlos como míos, porque en el sexo, el ofrecimiento siempre es el mejor regalo que se puede hacer. Yo lo había hecho antes y ahora me lo ofrecía ella.


- Déjame que te enseñe al ritmo que se hace... que yo de ésto tengo experiencia de sobra.


Eso fue la gota que colmó el vaso. Ese delicado ritmo y observarla moviendo sus pechos arriba y abajo para deleitarme con ellos y matarme de placer, logró llevarme al éxtasis. Le dije que estaba a punto de correrme, por lo que su cara cambió.

- Espero que no me decepciones con la corrida.


Estaba tan excitado que en apenas unos segundos estallé sobre esos pechos que tanto placer me habían dado. Era el momento de dejar mi impronta, cargada de leche caliente, de ese licor blanco que tanto nos gusta derrochar a los hombres... excepto a su ex, que parece que también era un remilgado para ésto.


- Si lo llego a saber, en vez de enseñar la polla a un grupo de chicos te lo habría enseñado a mi.
- Jajajajajajaja... ¡Creo que hubiese sido mucho mejor!


Aquí dejo la fotografía que prueba la superación del mito erótico... y con nota.

02 abril 2017

La partida de póquer.

Cuando llegamos a mi casa saqué la baraja de cartas. Le había prometido que la iba a enseñar a jugar al póquer y eso es lo que pensaba hacer... pero con un juego más de por medio, por supuesto. Su cuerpo, el mío y la noche lo valían.

- ¿En serio me vas a enseñar a jugar al póker?
- Por supuesto que si ¿No te fías de mi como profesor?
- ¡Claro que si!
- Ahora bien, para que nos lo tomemos en serio vamos a tener que jugar al strip póquer...
- Por mi parte, no hay ningún problema -dijo con una sonrisa pícara-.


De esa forma le expliqué las reglas y el funcionamiento general del póquer. Tras un breve rato en el que entendió la manera de jugar, le dije que era el momento de ponerse a jugar.

- La mejor manera de aprender a jugar es jugando.

Con ello, repartí las cartas y nos pusimos manos a la obra. Como se trata de strip-póker entre dos amigos, las apuestas llevaban el sello de nuestra piel. Así que, tras la primera ronda, un trío venció a su pareja. Era su turno de quitarse la ropa...

- La camiseta -le dije mirándola fijamente-.


Ella se quitó la parte de arriba tan sensualmente que en ese momento sentí como mi cuerpo ardía al mismo tiempo que mi mirada acompañaba el movimiento de su ropa deslizándose sobre su deliciosa piel.

Jugamos una segunda partida. En esta ocasión, la suerte me fue aciaga, pues perdí. De esa forma, ella me dijo con una mirada tan sensual que me la puso dura al instante.


- Ahora te toca a ti quitarte la camiseta.

Y eso fue justamente lo que hice.


- Empieza a gustarme este juego... -dijo ella-.

Tras la siguiente tanda, la suerte volvió a estar de mi parte. Ella se arriesgó, pues parece que le había gustado eso de verme quitarme la ropa.

- No me lo puedo creer, he estado a punto de ganarte...


- Así es. En el póquer la suerte se decide a veces por poco... y eso que no me he echado ningún farol. Pero no me distraigas más, es tu turno de quitarte otra prenda de ropa.
- Te preguntaría qué quieres que me quite... pero está claro lo que quieres ver.


- Así es... -afirmé yo con rotundidad- Tienes unos pechos preciosos.
- ¡Muchas gracias! Todo el mundo me lo dice.

Y así, sin pensárselo dos veces, movió sus delicadas manos con lentitud hasta su espalda y allí desabrochó con maestría ese sujetador de grandes dimensiones.


- No te voy a negar que así me siento más cómoda. El sujetador me estaba apretando un poco...
- No me extraña -dije yo asombrado, sin poder quitar la vista de esos tremendos pechos-.


La siguiente partida volvió a caer cruz. Se igualaba la partida. Pero para mi desgracia yo no tenía más prendas que quitarme por encima de la cintura. Así que tras perder ella insistió en que me acercara, que quería quitarme los pantalones con sus propias manos...


- Me gusta haberte dejado en calzoncillos. Estás muy, pero que muy sexy...
- Gracias.
- Si me permites que te lo diga, tienes un paquete impresionante ¿Todo eso es tuyo?
- Creo que si -dije yo juguetón-. Me suele costar encontrar buenos slips... todos me aprietan de la entrepierna.


- ¡Parece que tengas un par de pelotas de tenis ahí debajo!
- ¡Jajajajaja!
- Ufffffff... no puedo dejar de mirarte el paquete...


- Bueno, parece que la admiración es mutua. Yo tampoco puedo dejar de mirarte ese cuerpazo con curvas que tienes. Me encanta...
- ¿De verdad? Yo siempre he creído que los chicos de ahora no se fijan en las que tenemos curvas.
- Gilipollas hay en todas partes... Estás buenísima y eres tremendamente sexy.


Tras esas palabras, ella se mordió el labio, me miró de arriba a abajo y seguidamente se agachó un poco. Comenzó a tocarme con toda su mano por mi entrepierna, desde mis testículos hasta la punta de mi verga que prácticamente se asomaba por el slip.

- ¡Madre mía! ¡Qué dura la tienes!


- Si... la verdad es que ya me comienza a apretar la ropa interior.
- Bueno, entonces hagamos como que yo he ganado al póquer y así podré quitarte lo que te queda... que lo estoy deseando.


Poniéndose de rodillas, comenzó a juguetear sin mediar palabra con mi tranca. Se la puso junto a la cara, supongo que para tener un punto de referencia de su longitud. La miró detenidamente de arriba a abajo y luego, sin apartar su mirada de ella, sacó si lengua y me la enseño.

- La quiero toda para mi.


Comenzó a chupármela por abajo, mientras yo comenzaba a estremecerme de placer sobre esa silla. La partida había quedado a medias, pero esto que estaba comenzando iba a terminarlo de cualquiera de las formas.


- Glup... glup... glup...

Allí únicamente se escuchaba el ruido de su boca al absorber y adentrarse en ella hasta lo más hondo mi verga dura.


- Me gusta más éste juego, nena... A ésto si que no hace falta que nadie te enseñe...


Comenzó a recorrerla con su lengua. No quería que se le escapase ni la más pequeña de las rugosidades de mi polla. Quería deleitarse con ella como si fuera un juego a su entera disposición. Y la verdad es que en éste preciso momento así era. Yo me sentía extasiado ante semejante panorama sexual.


- Ojalá te la pudieses meter toda en la boca...
- ¡Pero si necesito las dos manos para chupártela!


- Me parece que ya va siendo hora de que te quite la última prenda de ropa que te queda... ¿no crees?
- Creo que si...

Sin mediar palabra soltó mi polla y se puso frente a mi. Yo deslicé mis manos sobre su cuerpo y comencé a bajar por su piel hasta alcanzar el borde de su tanga. Entonces lo cogí fuerte con los dedos y lo desplacé hasta sus tacones. Por fin logré lo que con tanto anhelo había buscado: su cuerpo.


- Siéntate.

Eso fue lo que hice. No sabía que pretendía pero me daba igual. Se notaba que sabía lo que quería y lo sabía hacer bien.

- Voy a ponerme encima. Quiero que me empales con tu polla.


Dicho y hecho. Ella se ensartó mi tranca en su coño. Tuvimos que hacer varios movimientos con las caderas para lograr amoldarnos el uno al otro, pero finalmente la ensarté hasta el fondo con toda mi polla. Ahora su sexo estaba bien lubricado y era hora de que gozáramos.


- Métemela fuerte, vamos...


Comenzó a trotar sobre mi como una yegua desbocada, como una perra en celo sin freno. Yo no podía hacer más que ver como su melena subía y bajaba, sintiendo en el borde de mis manos, que había puesto en su cintura, como sus pechos subían y bajaban en cada una de las embestidas que me daba. He de reconocer que al principio me sorprendí, gratamente, de que tuviera ganas de hacerlo con tanta fuerza.


- ¡Así me gusta que me follen! ¡Sí, así!

Si lo que buscaba era que le enseñara un juego esa noche, le iba a enseñar dos: uno de cartas y otro con mi dura polla.


- ¡Cabrón, fóllame así!

Tal vez con otra persona, me hubiese sentido incómodo de follar así. Más que nada porque para que ella lleve el control, tiene que saber hacerlo, algo que no todos los hombres y las mujeres saben. También porque al ponerse de espaldas hacía mi, me quedo sin poder mirarla a los ojos ni jugar con sus pechos. Pero ella logró que me olvidara de todo eso y disfrutara sencillamente de una buena follada, que es lo que hay que hacer siempre.


Sus pechos duros, en su vaivén, provocaban un sonido seco al chocar contra su piel. Yo me deleitaba escuchando eso y el sonido de sus labios al morderse y maldecir con la boca pequeña, gimiendo como una mujer que sabe disfrutar plenamente de su sensualidad.


- No puedo dejar de mirar como me metes la polla hasta el fondo... ¡joder!


- Si te gusta pienso seguir un buen rato más... Aquí no pienso dejarme perder.
- Ni yo quiero que lo hagas... mmmmmmmmmmm...

Sus cabellos morenos se deslizaban sobre su piel con tanta sensualidad que me daban ganas de morderle la espalda, y eso es lo que comencé a hacer, pasándole mi lengua por toda su piel, para sentir el sabor de su sexo.


- ¡Me estás quitando todas las telarañas del coño!
- ¡Jajajajajaja! ¿Por qué dices eso? Con lo preciosa que eres dudo que no folles.
- Menos de lo que quiero... pero es que hacía tiempo que no follaba en esta postura, que me encanta, ni con alguien tan bueno como tú. Los buenos amantes estáis en peligro de extinción.


- Eso será porque no se nos valora lo suficiente.
- ¡Pues yo te valoro... y mucho! Pero calla y sigue follándome... que a este ritmo de diablo, estoy a punto de correrme cabronazo...


- Déjame que sea yo quien te masturbe. Tú estás aquí para disfrutar...
- Mmmmmmmmmmmmmm... -dijo mientas sollozaba de placer-.


Ella se giró y comenzó a besarme. Estaba claro que ambos estábamos disfrutando y además ella estaba cumpliendo con un polvazo y una postura que la ponía tan cachonda que sentía como las gotas de sudor caían por todo su cuerpo. Y es que no hay nada más bonito que ver disfrutar a otra persona tanto como estás disfrutando tu mismo.


- Estoy a punto... ¡clávamela toda!

Sin dilación, entre mis dedos y mi polla, comenzamos con un movimiento de caderas y un ritmo que la dejó, literalmente, al borde del éxtasis. Era el momento, era SU momento. Yo solo podía dejarla respirar fuerte sobre mi pecho mientras la penetraba y mirar de reojo como su boca se abría como deleite de placer.


Así pues, en apenas unas cuantas embestidas, ella se corrió entre mis piernas. Era el momento que tanto deseaba, era el momento de verla gozar, de sentir como se estremecía sobre mi piel, como se retorcía sobre mi pecho y como estallaba en un grito de júbilo en mi propia casa. Es lo que todo hombre desea tener, pero era yo el que en aquel momento lo acababa de conseguir.


- ¡Me has matado!
- Me alegro que así sea...
- Pero no pares, quiero que tu también te corras.
- Tranquila... si no pensaba parar.

Así que la sujeté fuerte con los brazos y continué follándomela como si nada hubiera pasado, aunque, por suerte, así había sido.


- Joder... follas como un bestia. Creo que tengo que agradecértelo, por mucho que me guste esta postura...
- Como tu quieras, como tu mandes.


- Entonces ponte ahí que te la chupe. Me he quedado con ganas.
- Te advierto que me voy a pegar una corrida de infarto. 
- Eso espero. Ven... déjate llevar.


- Mmmmmmmmmmm... -dijo mirándome fijamente-.
- ¿Ocurre algo?
- Si, que me encanta hacer ésto.


¡Qué os voy a decir de una buena mamada que no sepáis ya! Podía deciros y describiros lo mucho que gozo cuando siento los labios de una mujer abriéndose al paso de mi verga mientras se la introduce, no sin dificultad, en la humedad de su boca. Pero es evidente que ante estas gloriosas felaciones, cualquier palabra se queda corta para describirlo.


- A ver hasta donde te cabe...


- No puedo más... No tengo la boca muy grande.
- No importa, lo haces de maravilla. En este caso la técnica es lo que importa, no el físico.
- Supongo que a cambio tengo si que tengo unas buenas tetas... -me guiñó el ojo y se la endosó hasta la profundidad de su boca-.


- Dame fuerte, que estoy a punto de correrme.

Sin mediar palabra, se puso manos a la obra, y jugando con la punta de mi verga como si se tratase de el primer helado de primavera que se toma y lo hace con ganas, yo me dejé llevar. Cerré los ojos y disfruté antes de sentir como el orgasmo crecía y crecía en mi interior...


Poco después yo no podía más que gritar de gusto y correrme sobre su rostro. No fue poca cantidad, la verdad, ya que, como ella misma había podido comprobar al comienzo de la partida de póquer, cuando me quitó los pantalones, tenía bastante "material" guardado.

- Mmmmmmmmmmmmmm... ¡joder! Ohhhh... -fueron mis reseñables palabras-.


- Hay que ver... me has dejado perdida de tu semen...
- La culpa es tuya, por follar tan bien.
- El placer es mutuo... -dijo sonriente-.


- Bueno... ¿y ahora qué? Seguimos la partida de póquer que hemos dejado a la mitad ¿no?