10 marzo 2017

Tarde caliente y carnal.

Eran las dos de la tarde. Acababa de salir del trabajo, por suerte, y tocaba gozar de una magnífica tarde salpicada de sol. Había quedado con ella. Hacía tiempo que no la veía y estaba algo nervioso, pero todo eso pronto quedó atrás cuando llegué a la terraza de aquel bar.

Quedamos para disfrutar de un buen aperitivo y una comida sencilla en la terraza de un bar abarrotado de gente que se deleitaba, como nosotros, de este improvisado buen tiempo. Allí ambos pudimos disfrutar del sol y de este tiempo primaveral adelantado que está haciendo esta semana. Tenía muchas ganas de quedar con ella y disfrutar de su impresionante sonrisa, esa con la que me recibía nada más llegar.


Pudimos tapear en un marco y con un clima incomparable. Había muy buen rollo y estuvimos un par de horas para hablar y ponernos al día. Sin pensárselo dos veces me invitó a ir a su casa. Realmente estábamos muy cerca (habíamos quedado allí por eso). No llegó a decir ninguna excusa con la que llevarme a su casa, simplemente me dijo que fuéramos y yo le dije "si" sin pensármelo dos veces.


Cruzamos la puerta de su casa. Ella llevaba un vestido claro bastante ajustado. Había llegado con una pequeña chaqueta en la mano, pero debido al calor podía disfrutar de las deliciosas vistas de sus hombros y su escote. Yo tenía que arremangarme la camisa, no solo por el calor que me provocaba el sol sino por el calor que tenia dentro al verla frente a mi y decirme sin tapujos que fuéramos a su casa.

Allí dentro se acercó a mi y comenzó a besarme como quien tiene seguridad en si mismo y no le importa nada más. Después de juntar nuestras lenguas de una forma muy deliciosa y seductora, me tumbó sobre su cama y me abrió lentamente, botón a botón, la camisa hasta dejar al aire mi pecho. Entonces se lanzó sobre él y continuó besando mi piel.


Poco a poco pudo sentir en su barriga como mi sexo crecía y crecía hasta el punto de incomodarla en su trabajo de besarme el pecho. Así que no se lo pensó dos veces y se fue bajando hasta que me abrió el cinturón, bajó la bragueta y mordiendo el borde de mi ropa interior, fue bajando poco a poco el slip, dejando justo frente a sus ojos mi tiesa polla erecta.


Tras quedarse mirándola unos segundos, como si no la hubiese visto en otras ocasiones, me dijo que me sentara en el borde de la cama y sin apartar su mirada incisiva de mi, comenzó a jugar con su lengua sobre mi sexo. 

Lo recorrió de arriba a abajo, de izquierda a derecha, de derecha a izquierda y de arriba a abajo. Cualquier movimiento era bueno para su lengua, que no se cansaba de pasearse, como Pedro por su casa, por mi tranca. Estaba deseosa de disfrutar de una buena polla y no lo quería desaprovechar.


Se la acercó a la boca, le susurró algo que yo no pude escuchar, y relajándome con este sexo oral tan dulce, me dejé llevar por su ritmo pausado. Ella se la metió en la boca, pero poco a poco, lo suficiente como para pasear su lengua, dentro de su boca, por el borde duro de mi glande. La chupaba como si fuese el dulce que tanto estaba deseando tener entre sus manos y sobre todo en el interior de su boca.


La vi disfrutar de esto como si no hubiera nada más en el mundo a parte de mi verga. Pero poco a poco se fue calentando, fue incrementando su pasión y sobre todo el tamaño de sus bocados sobre mi polla. La tenía tan dura que si se la hubiese tragado toda de una mordida probablemente se habría quedado sin aire; ella lo sabía, así que me la comía poco a poco, disfrutando de la longitud de mi pene con su boca y con la ayuda de su mano.


Su lengua juguetona recorría con pasión y delicadeza cada centímetro de mi masculinidad. Sabía que me tenía a mil, sabía que me tenía justo donde y cómo quería tenerme, así que me la lamía toda, se la metía hasta la mitad en la boca y jugaba con la punta de su lengua sobre mis testículos bien cargados de semen. Yo empezaba a estar impaciente de follármela bien fuerte, pero ante semejante alarde de sensualidad, es mejor dejarse llevar que acelerarse.


Cuando ya se sintió segura y sin mediar palabra de por medio, me agarró fuerte de la mano derecha y me la puso en su cabeza. Yo acaricié su delicado pelo mientras miraba su cabeza en movimiento sobre mi verga. Sabía que con este gesto me estaba invitando a que apretara su cabeza; ambos éramos conscientes de que no le cabía mi polla en la boca, pero supongo que como todo en la vida había que intentarlo.

De esa manera la agarré fuerte del pelo, le dije: "Vamos allá" y comencé, primero con una fuerza leve que posteriormente fue ganando más y más fuerza, hasta que sentí y escuché como le costaba meterse mi tranca en la boca. Yo disfruté mucho llevándola al límite, pero parece que ella estaba poniéndose tan cachonda que pronto se abriría a mi como una flor en primavera.


Cuando noté que estaba tan excitada que le costaba mover hasta su lengua, apretada entre sus labios y la anchura de mi tranca, la agarré fuerte del pelo y la separé de mi. Era el momento de empezar a follar como buenos amantes.

Me puse tras ella, comencé a recorrer su piel con mis manos mientras mi pecho, en su espalda, le mostraba lo fuerte que me palpitaba el corazón. Jugué con sus pezones con mis dedos y le dije al oído que quería tirarla sobre la cama y follármela allí mismo, en ese mismo instante.


Ella se separó de mi y se tiró sobre la cama. Aún tenía el tanga puesto, así que mientras se agachaba le acariciaba el pelo, el cuello y la espalda, mientras que con la otra mano le quitaba el tanga. Le di un par de cachetes en el culo y le dije que si le había costado tragarse mi polla, ahora iba a sentir lo que suponía sentir mi verga en su sexo húmedo.


Sin más dilación se la metí y poco a poco fui cavando en su vagina la profundidad perfecta para mi. Ella tenía la cara sobre la cama y abría la boca únicamente para gemir. No eran necesarias las palabras, era el momento de sentirse penetrada por un animal del sexo como yo. Pero después de la sensualidad de su comida de polla, era el momento de penetrarla con sentimiento.


El sentimiento acabó dando paso al realismo puro y duro del sexo, nunca mejor dicho. Apoyada sobre el cabezal de la cama, comencé a penetrarla con tanta intensidad que movíamos todo el colchón. A mi me daba igual, porque la verdad es que estaba dándole con fuerzas, pero no es nada en comparación de lo fuerte que me puedo follar a alguien cuando me da la gana.


Ella gemía a base de bien recordándome de forma reiterada cuánto necesitaba "ésto". La verdad es que tal afirmación siempre me ha resultado chocante, por no decir desconcertante ¿Qué es "ésto"? ¿Una buena polla? ¿Una dura penetración? ¿Un buen polvo? ¿Una tarde excitante? Sea lo que sea, estaba recibiendo lo que anhelaba.

Podía ver en sus movimientos que no tenía la intención de moverse nada más que para recibir, con las piernas abiertas, a mi sexo caliente. Mirándose a si misma en el espejo de la pared, gemía y gritaba como si la estuviese follando duro... lo cual no había llegado aún, pero iba a tardar poco.


Si lo que deseaba era recibir buenos y profundos pollazos, los iba a recibir a base de bien. La puse sobre el borde de la cama, en la posición perfecta para sintiera el peso de mi cuerpo y de mis embestidas a partes iguales, siendo sometida y sobre todo follada bien fuerte. Tenía ganas de penetrar con intensidad, sintiendo en mis manos como su cuerpo estaba inerte a la espera de mis profundas embestidas.


Totalmente a mi merced, se dejaba hacer mientras yo cada vez follaba con más rabia y rapidez. Era el momento de dejarme llevar. La estaba penetrando como si de un potro desbocado se tratara. Así que sin dilación ni medias tintas, fornicaba con ella con la ventana medio abierta detrás, donde se podía observar el anochecer de este sol que tanto nos había dado unas horas atrás.


- Hasta el fondo... -me dijo entre susuros-.

Pensé ¿Por qué no? Si quiere que se la meta hasta el fondo, tendré que hacerlo. Parece que quería poner a prueba sus propia resistencia. Así que sin pensármelo dos veces, me puse sobre ella, y como de de las flexiones que hago en el gimnasio se tratase, comencé a penetarla, sacando lentamente mi polla de su sexo húmedo, pero penetrándola con tanta fuerza y virulencia que siempre se le escapaba un grito de placer al sentir como se la metía hasta el fondo.


Supongo que se sentía muy a gusto en esta posición y con la intensidad de mis penetraciones en su cuerpo. Podía ver como se agarraba a la cama y me pedía "más... más...", a lo que respondía con más intensidad en mis penetraciones. Parece que estaba claro quien mandaba en ese momento a pesar de que a simple vista pareciese lo contrario.


- Ahora me toca a mi...

Sin ningún tipo de aviso me soltó esa frase. Yo paré al instante. Ella giró la cabeza, se quedó mirándome fijamente a los ojos y sonrió de una forma muy pícara. Era su momento, era lo que quería. Así que me pidió que me tumbara, lo que obedecí al instante, y ella se puso sobre mi.


Una vez más agarró mi tranca con la mano, se quedó mirándola como si de un objeto importante se tratara, y abriéndose de piernas se la introdujo en su sexo. Yo sentía perfectamente lo excitada que estaba. Ahora que se ponía arriba podía sentir en la piel de mi entrepierna como las gotas de sudor se mezclaban con las gotas de placer que salían de su sexo.


- No dices nada... ¿es que no te gusta como estamos follando?
- No digo nada porque no tengo nada que decir. Cuando estoy a gusto follando no digo nada, solo me dejo llevar y disfruto. Nada más.
- Mmmmmm... que me digas eso me pone más cachonda... y no quiero ponerme a cabalgar sobre ti como si fuera una "cualquiera".


Por mucho que dijese, ambos sabíamos que estaba totalmente desbocada y convertida en esa guarra que decía que no era "aún". Sin embargo, su pequeño cuerpo se movía sobre mi como llevada por el mismo Dios del sexo, disfrutando de la intensidad que le permitía el tamaño de su vagina. A pesar de dejar media verga fuera de él, yo disfrutaba de lo lindo.

La contemplaba desde abajo, tumbado sobre la cama. Lo hacía con admiración, con sentimiento y en especial con interés de ver hasta dónde iba a llegar. El sexo es así, improvisado, diferente y también incierto; supongo que nunca conoces a una persona hasta que te la follas bien.


La agarré de sus nalgas duras, notando como era cierto que alardeaba de salir a correr todos los días bien temprano, haga frío o calor, sea verano o invierno; realmente tenía un culo bien puesto y duro. Aunque a mi me gusta agarrarme bien fuerte de cualquier culo, sea como sea, siempre que se mueva arriba y abajo sobre mi polla.


- Ufffff... ¡No puedo parar!
- Pues no pares -le respondí tranquilamente-.
- Es que no sabes la mala suerte que he tenido últimamente... Desde que lo dejé con Dani, no he hecho otra cosa más que follar con gilipollas que no sabían follar.
- Supongo que eso es un halago... gracias.
- Tu pene si que es un halago... de los grandes -no pudo evitar reírse con ese fácil juego de palabras-.


En un momento se giró sobre si misma, parece que también quería sentirse "empalada" por mi verga en el sentido contrario. Yo la veía de espaldas, lo cual no resulta muy excitante, si no fuese porque lo compensaba con creces con los sensuales y calientes movimientos de su cadera. Ante eso, uno no puede hacer más que dejarse llevar...


Pero yo también quería disfrutar en aquella postura, así que después de un rato, la cogí de esas caderas que tan loco me volvieron esa tarde, para subirla un poco y desde esa posición del kamasutra de nombre impronunciable, penetrarla con toda mi rabia. Si quería sentir como se la endosaba tumbado sobre la cama, iba a ver que puedo follar bien duro en cualquier posición...

- Oooohhhh... Ooooohhhh... -gemía yo una y otra vez-.


- Ojazos... -así me llama ella- ¿Por qué gruñes tanto?
- Porque quiero poseerte con toda mi alma.
- Pues adelante... Hagámoslo en la postura que tú quieras.

Dicho y hecho. La tumbé a ella sobre la cama y comencé a besarla por todo el cuerpo. Quería sentir el sabor de su disfrute en la punta de mi lengua. Le chupé los pezones y me desvié por el vientre hasta llegar a su entrepierna. Pero entonces me di cuenta que marchaba hacia el triunfo con la herramienta equivocada...


Ella abrió las piernas, de nuevo, para recibir a mi sexo ardiente de deseo y explorador de nuevos territorios por conquistar. Así que puse mi glande rojo como un tomate en su sexo, que estaba todavía más caliente y colorado que el mío, y sin dejar pasar ni cinco segundos se la metí hasta donde pude. Su desgarrador grito de placer me dejó claro que iba por la buena dirección.


Parece que le gusta hacerlo de manera intensa. Por eso empecé jugando con ella con el propósito de ponerla lo más caliente posible. Comencé a sacar y meter mi polla con lentitud pero con dureza, como había hecho al principio de la tarde. Ella gemía y gemía... ahora era yo quien le preguntaba: "¿Por qué gruñes tanto?", a lo que contestaba con un descalificativo sobre mi persona que no me lo tomaba en el sentido literal del mismo.


- Venga, dale fuerte. 

Sin mediar palabra comencé a follármela duro. Ella estaba a punto de correrse, pero yo aún tenía un corto camino hasta el orgasmo, por lo que no me podía permitir ni parar diez segundos para contestarle. Ahora era mi cadera la que marcaba el ritmo del polvazo y no lo hacía lentamente...


Ahora volvíamos a estar frente a frente, nuestras miradas volvían a cruzarse de nuevo en este polvo intenso. Ella no apartaba la mirada ni un segundo, yo si lo hacía parar mirar como se movían sus pechos bañados por la luz del sol que aún entraba por la ventana. Su pelo, en movimiento por la cama, era arrastrado por las embestidas de mi cuerpo sobre su pequeño ser.

Por mucho que ella tratara de cogerse fuerte a algo de aquella habitación, ya sea la sábana, el cabezal o el borde del colchón, terminaba soltándose cada vez que sentía en su interior una de mis penetraciones. Parece que le estaba azotando con mi verga con tanta fuerza que hasta el estómago se le removía.


- Creo que nunca había estado tan "abierta"...

Realmente su coño mojado estaba abierto de par en par para recibirme. Yo regresaba a él una y otra vez. Había llegado el punto sin retorno, ahora se trataba de una follada en la que ya solo queda matar o morir de placer... por suerte, suelen pasar las dos cosas al mismo tiempo.


Sintiendo que su orgasmo ya estaba cerca, se puso la mano en su sexo y se tocó con la yema de sus dedos en el lugar al que yo no podía llegar directamente con mi tranca. De esa manera, al mismo rito, ambos sentimos como estábamos a punto de corrernos. Era un momento mágico.

Con un gesto contrariado, mezcla de placer supremo y sorpresa, ella se corrió, tambaleándose y agitándose entre mis piernas mientras soltaba por la boca un grito que casi colapsa mis tímpanos. Después de contemplar esta escena maravillosa, yo ya estaba listo para acabar. Era imposible sentir más placer aquella tarde.


Así que retiré mi sexo de su interior, pero ella, a pesar de no haberse repuesto aún de su intenso orgasmo, agarró fuerte mi polla y comenzó a masturbarme con tanta fuerza que casi me la arranca. Menos mal que tardé poco en sentir como mis testículos se contraían para lanzarle, por toda la piel de su pequeño cuerpo, varios regueros de semen caliente, que cayeron en forma de gotas sobre su vientre, pechos y hasta alcanzaron su barbilla.


- Contigo el calor de la primavera llega antes de tiempo, nena.

12 comentarios:

  1. Ya me tenías loca esperando otra de tus entradas y como siempre, espectacular. No decepcionas pecados, contigo es fácil pecar y a gusto. Una historia magnifica con sexo duro del que tanto me gusta, con buenas mamadas y mejores folladas. Como siempre, me provocas y me dejas ardiendo. Con muchas ganas de pillar una buena polla y preferiblemente la tuya.
    Besos lujuriosos.

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    1. Lujurias Carnales... no me digas que te vuelvo loca porque soy muy malo y puedo llevarte al límite de tu sexualidad y de tu imaginación... Probablemente no me costaría hacerlo.

      Me alegro mucho que te haya gustado esta historia. No es nada espectacular, al menos para mi se trata de la vida cotidiana, que ojalá pasase más a menudo, porque ganas de follar así tengo siempre.

      Ya me darás detalles de esa provocación y cómo te dejo ardiendo. Mi polla está a tu disposición.

      Besos.

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    2. ¿Qué pasa, el niño malo me va a castigar? He sido mala y provocativa, desde luego que me merezco unos azotes.
      Creo que me va bastante el sado aunque aun no lo haya plasmado en ninguna de mis historias y he tenido varios encuentros... que quitan el hipo. No se si me gusta mas dominar o que me dominen... ¿Tú?
      Mi provocación eres tu y tus palabras, y ardiendo me dejas en todos los sentidos.
      Mi disposición está húmeda ya solo de pensar en ella.
      Bocados.

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    3. A mi me gusta dominar y que me dominen, pero depende de con quién... Contigo tengo claro que me gustaría dominar, para hacértelo bien fuerte, duro y por donde me diera la gana mientras tu tratas de oponerte, aunque no puedes ni con mi fuerza ni menos aún con mi verga tiesa como una espada clavándose en cualquiera de los orificios de tu cuerpo.

      Besos.

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  2. ¡Pero qué buen semental eres, Pecados! si es que contigo todas se quedan satisfechas, no me extraña, te encanta dar, buf, según lo cuentas ¡¡eres tremendo!!!!!!!

    Una gozada estar aquí, disfrutando de tus excitantes vivencias.

    Besos.

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    1. No es cuestión de ser un buen semental o no... sino de que para recibir siempre hay que dar ¿esa es la base del sexo, no crees? La cuestión es disfrutar y hacer disfrutar al máximo.

      Muchas gracias por tu comentario María Perlada.

      Besos.

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  3. El domingo parecía verano, el lunes llegó muy lunes y regresamos al invierno, y es pasar por tu casa y regresar al calor...
    cada vez que te leo me pregunto: estas cosas porqué no me pasan nunca a mi??
    besos

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    1. Algún día de estos vamos a tener que hablar seriamente tú y yo sobre qué cosas te gustaría que te pasasen... Muchas veces los sueños se hacen realidad.

      Gracias por tu comentario, siempre es un placer saber que has pasado por aquí y te ha gustado el calor que desprende mi blog.

      Besos.

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  4. Madre mía, he descubierto hace poco tu blog y te prometo que es de lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo. Literalmente me follas la mente. Me encantaría poder encontrar a alguien que me follara tal cual lo describes tú. Sigue así!
    Besos.

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    1. Muchas gracias por todo este comentario que me has escrito. La verdad es que siempre es bueno que alguien descubra mi blog y le guste. Como ves, no solo me gusta follar en si, sino también follarme la mente. Es una muy buena expresión. Espero que pases a menudo por aquí y me alegres con tus comentarios.

      Besos.

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  5. Uno de los mejores post eróticos que he leído en mucho tiempo. Fantástica escritura, buenos extractos-videos de acompañamiento (pero ojo, la escritura es muy buena y es suficiente). Eso es lo que me va también a mí: follar mentes.

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    1. No puedo más que darte las gracias por tus amables palabras. Me gusta hacer volar la imaginación con las historias de mi vida pero también hacer volar la imaginación con las imágenes que pongo, supongo que me gusta transmitir lo que quiero con el máximo realismo posible. Me alegro mucho que te guste, es todo un placer que hayas pasado por aquí.

      Besos.

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