21 febrero 2017

Híncamela hasta el fondo.

Este sábado ibas a por todas. Después de toda la semana agobiada por el curro querías salir ahí fuera y demostrar lo que vales, vivir intensamente y follar en mayúsculas. Porque nena, tú eres una maravilla de la naturaleza. Por eso te arreglaste poniéndote un vestido tan ajustado que te marca todas las dulces curvas de tu cuerpo, hacías que todos los hombres y mujeres se girasen al verte, pero únicamente querías que se girasen mis ojos verdes. Te peinaste la melena rubia, te pusiste unos taconazos y saliste a la calle para arrasar.


Yo te estaba esperando en el restaurante. Habíamos quedado allí porque querías ponerte guapa y sabías que ibas a tardar un buen rato. Supongo que no quisiste hacerme esperar en mitad de la calle un buen rato, así que al menos te esperé con una copa en la mano y sentado en la butaca de aquel restaurante.

La verdad es que estaba extrañado, no solo por la situación, sino por las tremendas ganas que me habías mostrado para que nos viésemos. Yo estaba encantado pero también nervioso de esa situación que no sabía muy bien hacía donde se dirigía.


Cuando apenas habíamos comenzado a comer el segundo plato, después de un rato hablando animadamente, sacaste el tema del sexo. Es un tema que me encanta y del que supongo que me podría pasar horas hablando... aunque prefiero, si es posible, pasarme horas practicándolo. Inesperadamente, en mitad de esa conversación te acercaste a mi y comenzaste a pasear tu mano por mi entrepierna. Yo te acaricié la mano para ver si se trataba de un pequeño gesto, pero tu mano continuó ahí, tocándome y notando como la polla se me ponía cada vez más dura durante un rato más.


- Este finde tengo unas ganas locas de follarte.

Dijo ella sin corte alguno. A lo que yo respondí de una forma muy patán:

- ¿Ah, si? ¿Y eso?
- Porque necesito una buena follada, una de esas de las tuyas; una de esas que me va a hacer temblar hasta las pestañas.


Entonces continuamos hablando de sexo de una forma más explícita. Comencé a decir cuantas ganas tenía de follar, lo mucho que me gusta y como usaría mi polla contigo para darte placer hasta el fondo. Supongo que era lo que te faltaba, porque con el calentón que ya venías de casa te estaba poniendo malísima. No obstante, no paré, continué diciéndote todas las guarradas que se me pasaba por la cabeza hacer contigo.


Te dije tantas guarradas al oído que ya no podías ni respirar del agobio que tenías en el cuerpo. Te sobraba toda la ropa. Pero seguíamos en mitad de aquel restaurante. Ya no me tocabas la entrepierna porque sentir en la yema de tus dedos el calentor y la dureza de mi verga te ponía rabiosa y sedienta de un rabo duro. 

Sin más dilación te dije:

- Vayámonos a tu casa.

Tu asentiste sin usar palabras, pagué y nos fuimos de allí sin ni siquiera tomarnos el postre.


Nada más cruzar el umbral de tu puerta, me empezaste a meter mano. Ya sabía yo que estabas con calentón que apenas podías respirar, pero no me imaginaba lo perra que estabas.

- Quiero que me folles como solo tú sabes follar. Por todos lados, todo el tiempo.


Te sacaste las terribles tetazas para mostrarme lo ansiosa que estabas de que te follara. Sabes que esos pechos que tienes me pierden. Así que te estuve mirando un buen rato como te los tocabas y tu sola te ponías más y más cachonda.

Finalmente me acerqué a ti, te besé con toda mi alma y comencé a chupar esos pezones duros como el acero que me vuelven tan loco. Tu me mirabas con anhelo, con ansiedad, mientras yo me deleitaba con tu cuerpo, que desde ese mismo instante, había pasado a pertenecerme por completo durante toda la noche.


Tus pechos me pusieron tan cachondo que comencé a perder el control. Sin previo aviso te ataqué, lanzándote sobre la cama y arrancándote la ropa que te quedaba de cintura para abajo. Ya te había advertido que ibas a ser mía y el comienzo del juego pasaba por comerte todo el coño.

Metí mi lengua en tu vagina, con furia, con dureza. Tu hiciste la cabeza hacia atrás y comenzaste a gemir como la perra que eres. Yo sentía como me rodeabas con tus piernas mientras jugaba con mi lengua húmeda por toda tu entrepierna, dejándome mi sabor en cada centímetro de tu piel.


Tu estabas completamente rota tras este ataque por sorpresa. Yo no podía hacer nada más clavarte mi lengua hasta que sintiera que te gobernaba a base de lenguetazos. Estabas tan cachonda que tu vagina comenzó a soltar tanto líquido que tenía que tragar rápidamente para no ahogarme. Realmente tienes un coño de lo más delicioso...


Con mi lengua clavada en ti, sentía como la polla me palpitaba con ansiedad. Me llamaba y yo la tenía abandonada por completo. Así que en un arrebato de Pecados en Carne, me alcé, te empujé contra el borde de la cama y comencé a contemplar ese culazo que tan buen se te marcaba con ese vestido ajustado que habías llevado al restaurante para que todos te mirasen.

- Menudo culazo tienes, nena...


- ¿Te gusta mi culo? ¡Pues entonces fóllatelo!
- ¿Así, sin más? -Le dije mientras comenzaba a pasear mi polla dura entre sus nalgas-.
- Si, así, sin más. Esta noche soy tu puta. Híncamela hasta el fondo y no me permitas capitular ante ti. Esta noche puedes hacer conmigo lo que quieras.


Después de esas palabras, no podía hacer otra cosa que obedecerte. Estas órdenes se tienen que cumplir si o si. Sin embargo, sería la última vez en toda la noche que obedecería tus palabras. A partir de este momento en que hinqué mi polla hasta lo más profundo de tu cuerpo, pasaste a ser mía. Ahora, yo era quien mandaba.


- Mmmmmmm... cabronazo, qué dura la tienes...
- ¡Cállate y déjame que te folle como quiera!
- Cariño, eso es lo que quiero. Pero voy a portarme como tu puta y pienso decirte todas las guarradas que se me pasen por la mente.
- Entonces te puedo asegurar que no voy a hacerlo con delicadeza.
- Eso es justo lo que quiero de ti, que no te andes con delicadeza...


- ¡Así, así...!

Me estaba poniendo tan caliente que la tenía que coger fuerte del pelo para que me mirase mientras se la clavaba. Tenía la polla dura, muy dura, y ella la sentía completamente. Yo también estaba deseoso de follar con mayúsculas, y para eso, ella es la mejor.


Con las manos puestas en su cintura y su cuerpo a mi entera disposición, podía contemplarla como se movía, como una auténtica mujer a la que le gusta disfrutar del sexo con todo lo que ello conlleva, sin prejuicios ni malos rollos. Allí estaba ella, moviendo su melena rubia en cada una de mis embestidas y gimiendo como sin no pudiera contener sus gritos de placer.

¡Vamos, sigue cabrón!


- ¿Ésto es lo único que sabes hacer? Vamos... dame fuerte de verdad.

Ante este desafío, esta provocación, la agarré fuerte de los hombros y la penetré con tanta intensidad que esperaba que saliese volando de un momento a otro en alguna de mis brutales embestidas. Resististe gimiendo como podías, mientras mantenías el tipo...


Yo estaba completamente desbocado. Pero no podía parar ni un segundo. La verdad es que me quedaría en esa postura, en esa situación, una eternidad. Follando como se tiene que follar de una forma intensa, rabiosa y con sentimiento. De vez en cuando le tiraba del pelo para que pudiera sentir toda mi fuerza, dominándola como a una yegua desbocada. 

Ella tenia la cara interna de los muslos adormecida de tanto roce con mi sexo. Mientras tanto, el vértice de su cuerpo, justo donde se la estaba hincando hasta el fondo, el néctar de su placer se desbordaba por él, cayendo gotas sobre la cama y por nuestra piel.


- Tenía unas ganas irrefrenables de follar... y vaya, tú si que sabes complacer...

Gemía de placer sobre su espalda. Paseaba mis manos por todo ese cuerpo que me pertenecía. Ahogaba mis profundos gruñidos de placer y mis "joder" entre tu pelo. Apoyando mis manos en tus caderas sentía como contraías tu vagina en cada una de mis internadas con el objetivo de no dejarme salir, cosa que no lograbas, pero si me excitabas cada vez más y nuestra sensación de placer era más profunda. Podía sentir cada uno de los pliegues de tu vagina y tú de mi falo.


Restregándome mi humedad por todo el cuerpo, creí que me iba a correr en el interior de tu coño en aquel preciso momento. Así que te cogí con todas mis fuerzas y te usé como si de un objeto se tratase. Así que di mis temibles embestidas mientras tu pequeño cuerpo se contraía. No podía controlar mis inconscientes golpes sobre ti.


Supongo que en aquel momento se juntaron tres factores que hicieron un milagro. Los fuertes gemidos que estaba dando, la respiración firme que mantenía y las ganas de follarte se juntaron para que no me corriera en aquel momento y controlase un rato más. Supongo que estaba tan loco por sentirte que no quería acabar.

- Eso es... ¡Follame!


Tú te comportaste en todo momento como la puta que eres. Mordiéndome, diciéndome guarradas y sobre todo poniéndome a cien todo lo que podías y más. Te masturbabas para demostrarme que podía darte más duro y que mucho es poco para ti. 

Tus pechos duros se movían al compás de nuestro baile. No podías hacer otra cosa que morder más fuerte y gemir como una perra mientras te follaba. Tu vagina estaba abierta para recibirme y yo me estaba cobrando la entrada con intereses. Ese baile de nuestros cuerpos sobre aquella cama era sencillamente maravilloso.


Fue ponerte de lado y la poca resistencia que me estabas dando desapareció. Con mi verga clavada en tu coño y mis manos agarrándote fuerte mientras te mordía el pelo, tu estabas perdida. Me dijiste que esto era lo que andabas buscando.

- Joder nene... ¿dónde te has metido todo este tiempo?
- Estoy metido en ti ¿no lo sientes?
- Vaya que si lo siento... me estás moviendo las tripas con esa polla que tienes.


Me acerqué a su oído y como en aquel momento caliente de la cena, comencé a decirle al oído todas las cosas sexuales que le ponían cachonda... bueno, a ella y a todas y todos. Agarrándome fuerte del pelo para que no me fuera a ninguna parte, solo podía decirme:

- Más, más...
- ¿Qué más quieres que te diga, puta?
- Todo, estoy muy perra...
-  No es que estés, lo eres. Yo cumplo mi palabra, nena. Como te he dicho en la cena, te iba a follar bien fuerte y eso estoy haciendo, pellizcándote el pezón e hincándote la polla hasta el fondo.


- Quiero que cumplas una fantasía que tengo contigo...
- ¿Cuál? Dime y la haré.
- Átame y fóllame a tu antojo.

Apenas unos segundos después de que dijera eso, ya le había atado las manos con el cinturón de mi pantalón (era lo único que había por allí para atarla), contemplando su sexo completamente abierto de par en par, para mi.


Examiné su vagina durante un buen rato. Estaba claro que necesitaba una polla como la mía como agua de mayo. No obstante, ahora que tenía las manos atadas y le había sacado el rabo de su cuerpo, me suplicabas que volviera a la carga, que tenerla así, a mi merced, te volvía loca si no te follaba como antes.

- Métemela.


Si quiere que se la meta... ¿quién soy yo para no hacerlo?

Tumbada sobre la cama, a mi entera disposición, comencé a penetrarla con intensidad pero con un ritmo lento, para que sintiera cada centímetro de mi polla metiéndose en su cuerpo. Era el momento de gemir como una puta sin control...


Mis testículos estaban completamente hinchados. Después del amago de antes, sabía que no iba a resistir demasiado, pero con la excitación mutua que llevábamos, era imposible no parar. Así que proseguí en mi empeño y tú empezaste a ponerte colorada. El orgasmo se acercaba y tú ibas a ser la primera en caer, como una buena zorra.


- Eres un hijo de puta... 
- ¿Por qué dices eso? ¿Porque te estoy follando como querías?
- No, porque después de ésto no voy a desear otra cosa que volver a hacerlo contigo. Creo que con alguien como tú es imposible saciarse y solo se quiere más y más.
- Aún tienes que probar mi leche.
- En cuanto me la trague, te voy a dejar que me hagas esto todos los días...


- Me encanta follarte... toda la noche, todo el día.
- Me estás matando...
- Quiero ensartarte con mi polla hasta que amanezca y te de los buenos días con mi polla clavada en tu culo.

Era maravilloso tenerte así, pero como todo lo bueno, siempre tiene un final. Así que poco a poco comenzaste a tensarte y a soltar líquido por tu sexo hasta cerrar los ojos y concentrarte en tener el orgasmo que llevabas buscando toda la semana.


- ¡Cómo me gusta que estés así de guarra!
- Ya te lo he dicho antes: soy tu puta.

Después de esa frase puse mi empeño en acabar lo que había comenzado. Cogiéndote fuerte de las manos atadas por mi cinturón, te penetré con tanta fuerza que movimos la cama de sitio y despertamos a los vecinos. Entonces, por si acaso alguien no se había enterado en ese vecindario que estábamos follando, te corriste y lanzaste un grito tan fuerte de placer que casi me tuve que tapar los oídos.


Tras respirar un poco, te retorciste en la cama y me pediste que te soltara del cinturón. Entonces te volviste hacia mi y comenzaste a jugar con mi polla. Yo liberé toda mi tensión, comencé a gemir, a despejarme y a dejarme llevar por las delicias de tu genial lengua, de la que tengo tantas ganas que es probable que esta noche la tengas que usar un buen rato... 

Finalmente y con apenas un aullido de aviso, me corrí a mansalva sobre ti. Tremendas gotas de mi semen te salpicaron en la cara, tus bellos pechos y hasta tu melena rubia. Era el momento de darte el líquido que más te gusta probar.


- Ésto si que es un buen postre...
- No. Tú si que eres lo que necesito para alimentarme.

08 febrero 2017

La amiga curiosa.

Ella me arrinconó en la cocina. Supongo que después de pasar todo el día juntos, estaba deseosa de poseerme en cualquier lugar de su casa. Me había llevado allí con la escusa de que le echara un vistazo a su colección de libros... pero la verdad es que no llegué a ver ni uno. Le pedí un vaso de agua nada más entrar y desde ese momento la noche se volvió loca.


Primero se quitó la ropa bajo mi atenta (y un poco atónita) mirada. Se desnudó lentamente, para que pudiera deleitarme con ese cuerpo que tenía frente a mi. Poco a poco, se fue acercando, con su mirada clavada en mis ojos, para posteriormente quitarme con ansia la camisa botón a botón, lanzándola a algún rincón de aquella cocina y seguidamente bajarme los pantalones hasta dejar al aire mi tremenda erección.

Sin ninguna clase de tapujos, me empujó hasta la encimera y me puso contra el frío mármol que podía sentir en mi culo y mis piernas. Pero ella no tardó en calentarme.... se bajó poco a poco hasta ponerse a la altura del manjar que estaba deseando probar...


Enfrascados en aquel alarde de sensualidad en mitad de la cocina, no nos dimos cuenta que la puerta de su piso se abría. Su compañera de piso abrió la puerta y se quedó extrañada de que la llave no estuviera pasada. Suponía que mi amiga debía estar por ahí, de fiesta, conmigo. Por eso no dijo nada, pensando que de las prisas se había olvidado pasar el cerrojo.


Pero esa suposición era de lo más incorrecta. Como si no hubiera nadie en casa, deambuló por el pasillo, se fue tranquilamente a su habitación para dejar el abrigo y el bolso, se miró al espejo de su armario y puso rumbo a la cocina para cenar algo. Nada más cruzar la puerta de ese lugar observó algo que la dejó estupefacta. 

Allí contempló, paralizada por la sorpresa, como su amiga no estaba fuera sino comiéndome la polla en mitad de la cocina. Supongo que fue una imagen difícil de asimilar en ese preciso instante, por lo que se quedó mirando unos pocos segundos mientras tragaba saliva.


A pesar de que había dejado la puerta medio abierta, no la volvió a cerrar. No se atrevió. El impulso lógico tras este acontecimiento fue ruborizarse y pensar que estaba mal que mirara eso, como si no fuera algo de lo más natural. Se ocultó en el pasillo, esperando que no la hubiésemos visto, y así era. No obstante, tal vez por curiosidad o tal vez por lujuria, se asomó una vez más para contemplar esa escena que tanto la estaba excitando.


Asomada al borde de la puerta, medio oculta tras la pared, pudo ver como su amiga estaba tragándose mi polla hasta lo más profundo. Se quedó sorprendida de que se excitara tanto de ver esa imagen sexual, algo que no le era ajeno, pues ella misma le había hecho eso a muchos chicos, pero nunca había visto una mamada desde fuera, contemplándola en la distancia y la intimidad de quien se oculta tras las sombras.

Mientras tanto, nosotros, ajenos a su mirada, disfrutábamos. Yo estaba muy concentrado pues reconozco que me estaba haciendo una comida de rabo de lo más intensa. La miraba con admiración y sentimiento, deseando que no parara ni un momento para respirar.


Tenía la cabeza baja, agachada para contemplar esta escena tan sensual. Ya sabéis cuánto me gusta que me hagan un buen sexo oral... bueno, como a todos ¿verdad? Pero en una de sus profundas comidas donde la punta de mi verga dura rozó su garganta, yo alcé la cabeza y respiré profundamente mientras ponía los ojos en blanco. Fue al abrirlos, mientras me mordía el labio de placer, cuando la vi en la puerta de la cocina.


Tal vez intrigada por esa sonrisa que le acababa de lanzar y ante la escena tan excitante que estaba contemplando, ella no se apartó. No se sintió avergonzada, ni siquiera ruborizada. Siguió allí, en la puerta, contemplando como su compañera de piso me comía la polla hasta lo más hondo de su boca.

Pero su excitación comenzó a ser visible. Bajó sus manos, poco a poco, mientras nos miraba fijamente y yo la miraba a ella de vez en cuando, cuando sus dedos comenzaron a acariciar, dulcemente, su excitado sexo. Su entrepierna entraba en juego.


Yo no sabía muy bien que hacer en esta situación; no me había pasado nunca. Así que procuré mirarla lo menos posible. Por eso continuaba mirando a mi amiga como se deleitaba con mi tranca. Y es que no podía hacer otra cosa que disfrutar de esta escena en mitad de aquella fría y desconocida cocina, donde no estaban excitadas dos personas, sino tres.


Me sentía intrigado, muy intrigado por esa misteriosa compañera de piso que había aparecido de improviso en la cocina. Así que en uno de los lametones profundos que me dio mi amiga, eché para atrás la cabeza y pude ver, disimuladamente, como su compañera de piso estaba junto a la puerta masturbándose abiertamente mientras nos miraba; metiéndose los dedos por debajo de la falda que llevaba y con la mirada perdida. Yo no salía de mi asombro y no sabía muy bien como gestionar esa situación...


En cuanto me descuidé, volví a mirar a la puerta y ya no estaba. Me quedé sorprendido porque pensé que igual me estaba volviendo paranoico y aquello era obra de mi imaginación. Pero no era así. La compañera de piso había salido en dirección a su habitación, completamente excitada y ruborizada por lo que acababa de ver, y se había tumbado en la cama para masturbarse tranquilamente pero con fuerza, cerrando los ojos y pensando en lo que estaba pasando en su cocina.


Mientras yo aprovechaba para decirle a mi amiga que nos fuéramos a su habitación, pensando que así solucionaba el problema de lo que acaba de pasar, ella se agitaba, sudaba y se erizaba en su cama, metiéndose los dedos en su húmedo sexo, sintiéndose que su cuerpo ardía y eso que ni siquiera había rozado el cuerpo de otra persona. Es que, está claro, que el mayor órgano sexual está en la mente.


Supongo que no pudo evitarlo. Y es que el buen sexo es una droga sana que no se puede evitar querer disfrutar al máximo, al menos para quien sabe como vivir su sexualidad sin tapujos ni prejuicios. Por eso volvió a irrumpir por la puerta, pero esta vez completamente consciente de lo que hacía y con una clara determinación de observar qué estaba pasando en la habitación de su compañera, que estaba disfrutando de lo lindo con ese misterioso chico que la penetraba a cuatro patas.


Otra vez comenzó a tocarse junto a la puerta mientras podía contemplar como sometía a su amiga, poniéndola a cuatro patas y le daba bien duro. La miraba mientras gemía y sudaba ante los embistes que le daba desde atrás con toda mi alma. Supongo que curioseaba con el itinerante movimiento de mis caderas y mi verga entrando en su interior una y otra vez.

La vi de nuevo junto a la puerta, mirándonos. Fue entonces cuando me di cuenta que mi amiga también la tenía que haber visto allí, casi frente a nosotros, y no había dicho nada. La verdad es que no sé si esto les había ocurrido otras veces (ellas me han asegurado que no), pero como no soy una persona que piensa mal, desde luego me pareció totalmente improvisado y natural.


Yo estaba disfrutando de lo lindo. Después de una buena mamada tenía ganas de penetrarla con fuerza y eso es justamente lo que estaba haciendo. Cogiéndola bien fuerte con mis manos de la cintura, la penetraba hasta el fondo, hasta que gimiera de placer, mientras mis rodillas se arqueaban para darme más impulso.


Supongo que la escena resultaba igualmente excitante desde la puerta. Yo saqué a mi amiga de la cama, la puse de pié y le seguí dando fuerte por detrás, pero mostrando a la puerta todo. Quería que si miraba, viese absolutamente todo desde la mejor posición posible. Supongo que los tres estábamos jugando a un juego muy sutil en el que cada vez íbamos a más.


Entonces ella subió la apuesta. Entró en la habitación, se sentó en una pequeña silla abarrotada de ropa y comenzó a masturbarse con las piernas bien abiertas. Miraba con deseo la escena en la cual su amiga no paraba de mover su trasero para que me la follara con ganas. Yo no podía hacer otra cosa, claro, y es que cuando me calientan, me vuelvo un auténtico pecado de la carne, lujuria en estado puro.


Era tal la excitación de esta misteriosa compañera de piso que comenzó a gemir como una auténtica puta. Está claro que hay distintos tipos de intensidad en las mujeres a la hora de manifestar su placer, yo he estado con todo tipo de mujeres, pero ella era de lo más exagerada, por lo que la sutileza dio paso claramente a un sexo grupal de tres donde ella estaba dándose todo el placer con sus dedos, completamente abierta de patas y mostrando sutilmente que tenía unos grandes pechos.


Fue en plena follada casi pegada a la pared cuando mi amiga no aguantó más. Se salió de mi, se alejó y se tumbó sobre la cama. Entonces, como si yo no estuviera allí, abrió la sábana y miró a su compañera. No mediaron palabra, únicamente le hizo un gesto con la mirada y su cuerpo para que dejara de masturbarse en un rincón de aquella habitación y se acercara a nosotros. Ella se sacó los dedos de su coño mojado y se acercó. Yo hice lo mismo.


Se quitó la poca ropa que le quedaba, dejando al descubierto unos pechos terribles. Aunque a mi me gustan las mujeres de todo tipo, no pude evitar contemplar ese bello espectáculo, fascinado por la sensualidad que desprendía alguien que había visto taparse detrás de una puerta.

- Ven... acércate y juega con nosotros -le dijo mi amiga-.


Yo estaba paralizado frente a ellas. Así que en apenas unos segundos se acercaron a mi y comenzaron a besarme por todo el cuello. No sabía qué hacer, ni qué decir, ni nada... Así que me dejé llevar, que en estos casos es lo que mejor se me da. Mientras su misteriosa compañera de piso se quedaba a mi espalda, pasándome las manos por los brazos y besándome el cuello, mi amiga me besaba el pecho y comenzaba a bajar, de nuevo, para comerme la polla otra vez.


Comencé a meterle los dedos en el coño a su compañera de piso, comprobando que estaba de lo más excitada y la masturbación había tenido un magnifico resultado en su sexo abierto de par en par. Ya notaba la lengua de mi amiga en la punta de mi rabo cuando su compañera me dijo al oído:

- Ahora me toca a mi unirme a la fiesta.


Sentí tanto placer con aquellas dos lenguas, que recorrían arriba y abajo mi dura verga, que me quedé sin respiración. Es una de las sensaciones más placenteras que he tenido en mi vida (y por eso me lo he currado bien para hacer esta larga entrada en mi blog, lo siento por quienes no os paráis a leer lo que escribo y únicamente miráis las imágenes que pongo para ilustrar mis vivencias).


Comenzaron a pasarse la polla de una boca a otra como si se tratase de un juguete a su entera disposición. Ese delicioso juego provocó que acabaran probando a ver quien de las dos se la podía meter toda en la boca, algo que no resulta fácil, pero jugaron bien sus cartas y me demostraron que estaban tan calientes que podíamos disfrutar de esa noche hasta el amanecer.


Entonces mi amiga me dijo:

- Siéntate en la cama.

Eso fue lo que hice. Me dejé usar como si fuera un objeto. Mientras su misteriosa compañera de piso me hacía sexo oral, yo besaba a mi amiga por todo el cuerpo: cuello, brazos, pechos... Y ayudaba a su amiga con la mano en mi tranca, con tanta fuerza que pensaba que no iba a soltarse nunca de ella.


Entonces mi amiga bajó a mi entrepierna y comenzó a chuparme los testículos. Yo sentía tanto placer con esas dos lenguas juguetonas y esas dos bocas ardientes, que no sabía ni cómo se respira. Estaba perdiendo el control de una forma que solo las más guarras saben hacer conmigo. Así que más excitado que un adolescente que ve una película porno por primera vez, disfruté de esa sensación única que estaba viviendo.


- Mi compañera hace mucho que no disfruta de una buena polla como la tuya ¿Qué te parece si la ayudo a que recuerde cómo se hace?

Yo no respondí, únicamente miré a mi amiga con cara de deseo y ella hizo el resto. Cogió a su amiga del pelo y comenzó a impulsarle la cabeza contra mi rabo mientras se reía y se mordía los labios. Su compañera hizo el trabajo de una manera tan deliciosa que casi me corro a chorros en aquel preciso instante.


Viéndome que estaba casi a punto mi amiga me dijo:

- Fóllatelo.

Su amiga se subió encima de mi y dándome la espalda se metió la polla hasta el fondo. Creo que eso de meterse varios dedos le había permitido esta rapidez a la hora de entrarse mi verga. Mientras mi amiga observaba el espectáculo desde un digno puesto de privilegio, yo comenzaba a penetrarla con fuerza. Su compañera de piso gemía... y con razón.


Comenzaron a besarse en mi cara mientras yo la penetraba con fuerza. Su compañera gemía entre beso y beso. Además, yo la cogía fuerte de sus grandes y duros pechos para que sintiera que aunque no me viera la cara, yo también estaba allí. Entonces mi amiga comenzó a masturbarla mientras yo la penetraba, y eso ya acabó por desmadrar a su compañera por completo. Supongo que no se puede pedir más a una mujer que esa situación.


En un descuido en el que mi verga se salió de las vías, mi amiga aprovechó para darle un respiro a su compañera pero no a mi, metiéndose de nuevo la polla en la boca para deleite y desesperación mía. Supongo que una buena folladora ya es mucho para un hombre, pero es que dos folladoras natas, ya son demasiado.


- Me encanta el sabor de tu coño y tu polla. Es delicioso... mmmmmmmm....

Entonces pude soltar la primera de mis frases en esta sorprendente noche para pedirle a ambas que follaran entre ellas. Porque si nos ponemos, nos ponemos todos. Como se suele decir cotidianamente: "si nos organizamos, aquí follamos todos". Y eso fue precisamente lo que comenzamos a hacer en aquella deliciosa y apagada habitación.


Volví a penetrar a mi amiga mientras su compañera, aprovechaba para descansar un poco y comenzaba a besarla apasionadamente. Nunca entenderé porque el hecho de que dos chicas se besen resulta tan "socialmente aceptable", pero que lo hagan dos chicos sea tan negativo. Supongo que la sociedad impone muchas leyes absurdas y mucha doble moral.

Enfrascados en aquella habitación, yo volvía a penetrar a mi amiga con tanta fuera e intensidad que sus caras chocaban en cada beso, apretando sus labios, no por su propio deseo, sino por los fuertes embistes que le estaba dando.


Su compañera se puso debajo para que ella le comiera el coño mientras yo la penetraba por atrás con fuerza. Ahora si que estábamos los cuatro jugando en igualdad de condiciones. No siento que aquello fuera un trío, para que sea eso debe ser algo premeditado, se trataba únicamente de tres personas disfrutando de su sensualidad al máximo y sin tapujos.


Era tal la intensidad con la que le comía el coño que yo me sorprendía de escuchar esos gemidos de placer que resonaban por toda la habitación, llenándola con sus ondas como si se tratara de un canto celestial.

- ¡Qué gusto joder! -dije yo-.


Entonces su compañera de piso se dio la vuelta y comenzó a comerme la boca mientras yo me follaba a su amiga sobre sus cuerpo. Creo que este fue el momento estrella de la noche, pues nunca hubiese imaginado que podía realizar semejante hazaña y disfrutar tanto. Mi amiga gemía como una perra en celo entre el cuerpo de su compañera de piso y el mío en constante movimiento.


- ¡Me vais a matar! -dijo mi amiga-.

Penetrándola con intensidad, ambas se quedaron mirándome durante unos instantes. Contemplaron como ya estaba desatado y no podía parar de follarme, ya fuese a una o a la otra. Me daba igual, mi único objetivo, lo único que tenía en mente, era disfrutar de esa maravillosa noche teniendo el mejor sexo posible, sin importarme lo más mínimo cuestiones "morales" de fornicar intensamente con dos mujeres a la vez.


Entonces su compañera de piso se puso a dos patas sobre la boca de mi amiga para que le comiera todo el coño húmedo y caliente mientras me miraba fijamente a los ojos, tal como había hecho desde el comienzo de la noche en aquella y no tan lejana cocina, y yo continuaba follándome intensamente a su amiga, completamente borracha de placer e incapaz de moverte. Estaba, literalmente, atrapada por sexo.


En este singular juego, los tres estábamos disfrutando. Ésto si que es igualdad, si que es democracia pura. Aquí todos valemos lo mismo y la única regla es darlo todo y recibir todo.... y por partida doble. Porque no se puede pedir más al sexo que esta situación.

- Chicas, sois increíbles.

Ambas me sonrieron y siguieron a lo suyo, poniendo los ojos en blanco de placer.


Los pechos de ambas se movían incesantemente mientras yo no paraba de penetrarlas. Era consciente de que mi excitación, más temprano que tarde, iba a acabar explotando. Es lo normal. Pero quería aguantar, quería que este momento no pasara nunca. Pero la naturaleza es, por suerte, efímera para lo bueno. Precisamente por eso queremos repetir lo que nos gusta una y otra vez, como anhelando que vuelva el pasado cuando lo que se disfruta es el presente.


Agotada de que mi amiga le comiera el coño y totalmente excitada, su compañera de piso se puso de nuevo a mi espalda para comenzar a acariciarme mientras yo sudaba y sudaba, ahogado de placer en esa cama que tan buenos momento me ha dado.

- Cuando quieras te corres machote.
- Aún me quedan pilas, nena. 


Entonces, para tomarme un breve descanso, saqué mi polla del coño de mi amiga y la puse frente a mi. Entre su compañera de piso y yo, la cual me supo en una mirada lo que pretendía hacer, comenzamos a darle un buen repaso a su sexo.

- ¿Dónde vais?


- ¿A ti que te parece?
- A mi me parece que para haberos conocido hoy estáis de lo más compenetrados.

La lengua de su compañera de piso y la mía se entrecruzaron mientras le dábamos placer en ese delicioso y abierto coño.


- Por favor, túmbate de nuevo.
- ¿Por qué? ¿No te gusta ésto?
- No, es que, creo hablar en nombre de las dos, necesitamos tu polla.

Así que, ante tales argumentos, eso fue lo que hice.


De una manera brusca, le hinqué mi rabo a su compañera de piso. Mientras mi amiga se ponía en mi cara para que siguiera comiéndole el coño hasta el fondo. Esto si que es aprovechar el cuerpo para follar a lo grande. Su compañera comenzó a gritar exageradamente mientras la penetraba con fuerza, gimiendo, respirando, tocándose y retorciéndose de placer de manera cíclica.


- ¡Dios, cómo me gusta que me comas el coño!

Yo no pude responderle por tener mi lengua alojada en el interior de su vagina. No es para menos, ¿acaso hay un lugar mejor dónde pueda estar mi lengua? Yo creo que no. Así que mientras sus caderas se movían fuerte para frotar su sexo con mi barba, yo le clavaba la lengua hasta el fondo de su coño mojado.


Me gustó mucho la sensación de disfrutar tanto por mi sexo duro que por mi boca. Y es que comer un buen coño y follar duro son dos cosas que me encantan pero nunca había hecho al mismo tiempo. Por eso no pude más que disfrutar de aquellos momentos hasta que no pude aguantar más.

- Joder nenas, sois una auténtica locura.


Estábamos en plena faena cuando poco a poco comenzamos a caer derrotados por los orgasmos. Primero una, seguidamente la otra y en apenas unos segundos yo. La naturaleza, como he dicho antes, es así. Nunca te deja que te quedes lo que más quieres. Supongo que es para que lo vuelvas a buscar y a encontrar. El caso es que yo me siento muy afortunado de haberlas encontrado esa noche, foco de la casualidad de una amiga curiosa con mucho encanto y todavía más ganas de follar intensamente.


Sin apenas tiempo para ponerme frente a ellas, me corrí de una forma salvaje y como un semental de primera me corrí sobre sus bocas, esas mismas que tanto placer me habían dado, de una manera desproporcionada. Gemí como un animal herido que sabe que su hora ha llegado y es hora de morir en paz.

- Ahhhhhhhhhhhh... 


Para ponerle la guinda a la noche, comenzaron a besarse con toda mi leche en sus caras. Me excitó tanto aquella escena que me dio ganas de volverlas a tirar sobre la cama para follar de nuevo. Pero es que por muy pecados en carne que sea, no dejo de ser humano... así que tendré que esperar a que esta situación se dé de nuevo para volver a a disfrutar.


- Chicas, por si no os lo he dicho antes, me encanta vuestra cocina.