27 enero 2017

Hoy mandas tú.

No aguantaba más. Así que tuve que llamarla. Decirle lo que necesitaba verte y que era urgente. Aunque sorprendida por la llamada, asintió con una risa floja que demostraba que comenzaba a estar excitada con apenas recibir esta llamada de teléfono. Y es que le notaba que se acordaba perfectamente de cómo nos fue la última vez que nos vimos y en su interior quería volver a repetirlo sin pensárselo dos veces.

- Te espero en mi casa. 
- Perfecto -respondí yo mientras cogía las llaves del coche-.
- Estrenaré contigo una lencería roja que tengo preparada para las buenas ocasiones...


Tras el terrible proceso de buscar aparcamiento, llegué a su casa. Rápidamente subí por las escaleras, a grandes zancadas de dos en dos escalones, hasta que llegué a su tercer piso. Allí, nada más cruzar la puerta, la imagen de ella vestida con esa tremenda lencería roja me dejó sin aliento.

Ya estaba cachondo desde antes de marcar su número de teléfono en el móvil, pero cuando la vi con esa lencería ya me volvió loco literalmente. Ella me indicó con la mirada que me sentara en una solitaria silla que había en medio de su salón, y eso fue lo que hice.


Ella empezó a mover su adorable y bello cuerpo de una forma tan sensual que en apenas unos segundos ya me dolía el paquete de tan dura que la tenía. Supongo que no es difícil provocarme... pero lograr ponérmela tan dura, no tiene nada de sencillo.

Comenzó a moverse de una manera muy guarra sobre mi cuerpo. Como si se tratase de una striper, de las buenas, situó su trasero en mi entrepierna para moverse mientras sentía muy dura erección en los pantalones y mientras yo la miraba con deseo. 

- Es hora de que veas cómo vengo... -le dije, y a continuación me alcé de la silla y me bajé los pantalones-.


- Eres un auténtico cabronazo ¿sabes?
- ¿Por qué dices eso?
- Porque tengo debilidad por las pollas grandes... y la tuya... ¡ufff...! Solo con mirarla me dan ganas de comérmela hasta la garganta -a continuación, se puso de rodillas frente a mi y abrió su boca para acoger en ella a mi glande rojo y palpitante-.


En apenas unos segundos ya se había convertido en una guarra sin control, como a mi más me gusta poner a las mujeres. Se agarró a mi rabo como si fuese a caerse por un precipicio mientras se la metía y se la sacaba de la boca con fuerza, con sentimiento. Yo la miraba maravillado, deleitándome con tan delicioso manjar.


Comencé a usar mis manos para recorrer todo su cuerpo, de arriba a abajo. Intentaba llegar hasta su entrepierna, ya mojada, para introducirle la punta de mis dedos. Recorría con mis manos toda la distancia que separaba su cuello de su sexo, parándome a descansar un poco en la obertura de su ano.

Mientras tanto, ella seguía a lo suyo, abriendo tanto la boca que el sonido de mi verga en el interior de su boca resonaba por toda la habitación como si de un canto se tratara. Parecía estar poseída por un terrible diablo que únicamente pensaba en comerme la polla hasta el fondo, adentrándose en su garganta hasta la arcada.


Desde luego, yo había subido las escaleras de su casa con la necesidad de un buen polvazo, pero ella estaba igual de necesitada de chupar un buen rabo. Agarrada a él con fuerza, no podía hacer más que jugar con su boca, haciendo ruidos por la boca al intentar meterse mi tranca en su boca.


Me estaba comiendo tan bien la boca que logró sacar de mi al follador que soy en mi interior. Así que sin mediar palabra, la agarré bien fuerte del pelo, y me la llevé a su propia habitación. Si quería sentir lo que era una buena polla, la iba a sentir hasta el fondo de su alma. 

- ¿Qué vas a hacer conmigo?


- No voy a hacer nada. Vas a hacerlo tu.
- ¿Qué quieres decir? -pregunto sorprendida-.
- Quiero decir que si quieres polla, la vas a tener. Quiero que te pongas sobre mi y te la claves hasta el fondo.
- No me hagas estas cosas... que hace mucho que deseo volver a sentir un rabo como el tuyo en mi coño.
- ¡Ábrete de piernas y cállate! -le dije mientras me tumbaba sobre la cama y le indicaba que se la metiera en su vagina-.


Estaba tan mojada que apenas le costó metérsela. Reconozco que yo gemí como un lobo herido, y es que llevaba toda la tarde deseando una buena follada y por eso la había llamado desesperado por recibir lo que necesito como el aire.

- ¡Uffff... nene, ésto si que es cabalgar sobre un semental!


Yo la observaba fijamente mientras ella hacía movimientos con sus caderas para logar, después un buen rato de ajuste, acoplarse mi polla perfectamente en el interior de su vagina. Tenía sus pechos delante de mis ojos, los observaba con anhelo, pero hoy tenía ganas de que fuera ella la que llevase la iniciativa. 


En otro arrebato de locura se abalanzó sobre mi y comenzó a comerme la boca mientras continuaba moviendo su cadera arriba a y abajo, con un ritmo lento y profundo, para sentir hasta la más leve rugosidad de mi polla adentrándose en su mojado y caliente coño. Gemía como una perra mientras yo le comía la boca, metiéndole la lengua hasta la campanilla a la vez que acariciaba con delicadeza su deliciosa y suave piel del culo.


- ¿Hoy me dejas a mi follarte como quiera?
- Siempre te dejo que me folles como quiera...
- Pues entonces tengo ganas de empalarme tu polla y trotar lentamente hasta que me corra entre tus piernas ¿te parece bien?
- Todo lo que acabe en que te corras me parece bien.


Ella se hizo hacia atrás y comencé a mover mis caderas al ritmo que ella marcaba. Si quería sentir mi polla entrando lentamente en su cuerpo para volver a salir lentamente después de haber alcanzando el tope de su vagina, eso es lo que iba a tener. Y no será porque no tengo aguante para follármela así hasta que nos den las doce de la noche...


Aún llevaba parte del conjunto de lencería roja con la que me había recibido hacía ya un rato considerable. Pude observarla en toda su belleza mientras jugaba con mi tranca entre sus piernas, penetrándose con intensidad, a su ritmo, mientras yo me deleitaba mirándola en toda su belleza.

- Estás preciosa, nena.


Por un momento me puse en su punto de vista y advertí la bella visión que ambos teníamos uno del otro. Pero ella podía contemplarme ahí abajo, a su merced, dispuesto a complacerla de la mejor y más larga forma posible, sometido a su voluntad y con mi polla dura a su absoluto servicio ¿Qué más se puede pedir?

Todo eso sin contar con la cara y los gemidos de placer que soltaba profundamente, cada vez más fuerte, al sentir la fuerza de sus embestidas sobre mi cuerpo tumbado. Supongo que esos chasquidos que se producen al golpearse nuestros cuerpos es música celestial para mis oídos.


- Podía pasarme la vida así.
- Joder nena... y yo también ¿Quien en su sano juicio no lo haría?
- Pero no todos follan tan bien como tú -afirmó ella de forma entrecortada, mientras gemía al sentir mi verga en su profundidad-.
- Ni todas son tan guarras como tú.
- Gracias... - dijo ella con una sonrisa-.
- Por cierto... me encanta tu lencería.


- No hace falta que lo jures cabrón. He visto como se te ponía dura en tres segundos nada más cruzar la puerta de mi casa y echarme una mirada de arriba para abajo.

Comencé a pasarle el dedo por su clítoris, para excitarla hasta el punto de no retorno, en el que las mujeres se comportan como auténticas putas con tal de llegar al orgasmo que tanto desean y experimentarlo como si de una explosión celestial se tratase. Ella no podía hacer más que continuar moviendo su cuerpo sobre el mío y gemir de placer.


- Ahora vamos a hacerlo fuerte... que sé que es como a ti te gusta.
- Tú llevas el control, adelante.

De esa forma comenzó a trotar sobre mi como si se tratase de una yegua salvaje que no quiere ser domesticada. Yo aparté mis manos de su cuerpo y la dejé dirigir esta cabalgada hacia el cielo que ya no tenía vuelta atrás.


Comencé a clavarle la polla con todas mis fuerzas, como si me fuera la vida en ella. En ese momento el frío del invierno se convirtió en el calor húmedo de agosto en aquel dormitorio. Se la endosé hasta que gritó... así una y otra vez. Ya había cazado a mi presa y era el momento de hacerla vibrar hasta el límite.


Pero ella no se rendía. Se abalanzaba sobre mi mientras nuestros cuerpos encontraban los movimientos perfectos de nuestras caderas para follar bien duro y hasta el fondo. Supongo que todo es cuestión de práctica, pero en estos casos es algo más, es magia pura.

- ¡Me estás volviendo loca!


La cogí del culo con mis manos, que como un par de tenazas comenzaron a tirar de ella arriba y abajo para poder follármela hasta el fondo. Ella miraba hacia atrás, como asustada de mi fuerza sobre su coño completamente abierto. Yo podía sentir en él, como mis gordos testículos chocaban en las brutales embestidas contra su piel, como si se tratara de dos bolas de demolición intentando debilitar mi espíritu para que me corriera cuanto antes... pero no lo iba a consentir, al menos, aún no. Tenía que ver en sus ojos el orgasmo más profundo de su vida.


Me encantó escuchar como proliferaba de su boca, entre gritos de placer y gemidos, insultos y blasfemias de tan fuerte e intenso que estaba follando. Pero ojo, yo no había elegido nada, todo se debía a su dirección, pues desde que había dejado de comerme la polla había dejado en sus manos todo el poder de este polvazo.

- Mmmmmmmmmmmmm.... ¡joder! ¡Qué bueno!
- ...
- Me haces sentir como una puta... ¡y lo peor de todo es que me encanta! ¡Dios, cómo me gusta... mmmmmmmmmmmm...!


Había llegado el momento de darlo todo. Yo la penetraba con todas mis fuerzas posibles, mientras la besaba y la miraba fijamente a los ojos. Pero ella no estaba centrada en mis ojos, sino en cada centímetro de polla que le clavaba en su sexo ardiente y necesitado de que no parara ni un solo segundo en ese preciso instante.


- ¡Jodeeeerr...! ¡Estoy a punto de correrme!

Yo no pregunté nada. A veces las preguntas sobran, lo importante es la acción en estos momentos. Así que aparté mis manos de sus caderas y me tumbé completamente sobre la cama. Era el instante preciso para que ella tomara el mando absoluto hasta el punto en que se corriese como una perra cachonda.


En el momento que puso los ojos en blanco ella bajó el ritmo y yo la ayudé con toda mi alma, penetrándola con tanta intensidad que pensaba que iba a salir volando sobre mi del impulso que le estaba dando. Lo reconozco, a veces me paso un poco... pero es que os aseguro que no puedo evitarlo. Pero en este caso acerté plenamente...


Ella comenzó a ponerse más y más roja, mientras cogía más y más aire. De improviso, todo su cuerpo se tensó y ella empezó a gritar y a gemir a pecho abierto. No le importó lo más mínimo que hasta los vecinos del sexto la escucharan gemir como una puta de tanto placer que estaba sintiendo. 

Después del orgasmo, se tomó unos segundos para volver a tomar aire mientras miraba a la pared. Tras estos momentos, me miró fijamente y me dijo:

- Estoy muerta... pero no quiero parar de follar contigo.


- Pues ya me dirás que hacemos ahora... Recuerda que esta noche mandas tú.

Ella no me dijo ni una sola palabra. Solo se mordió el labio, me miró fijamente a los ojos y me cogió la mano izquierda. Se la llevó a la boca y se metió el dedo gordo en su boca. En apenas unos segundos pude comprobar que se había quedado con ganas de seguir comiéndome la polla... y yo a eso nunca le digo que no.


Me hizo un gesto para que me levantara. Creo que a los dos nos costó, pero a mi, después de vivir una experiencia sexual tan intensa como la que habíamos tenido sobre su cama, me costó alzarme, e incluso me mareé un poco... supongo que tenía toda la sangre en la verga. Ella se puso rápidamente de rodillas y se recogió el pelo, me puso la mano derecha sobre su pelo recogido y comenzó a comerme la polla con tanta intensidad que pensaba que me iba a correr en ese preciso instante sobre su cara.


Por suerte pude respirar hondo y aguantar un poco más. Pero realmente estaba poniendo su alma en comerme la polla, y con mamadas tan guarras como ésta es difícil no llegar al clímax en apenas unos minutos. En esa habitación ya solo se escuchaban dos cosas, el sonido de su boca al abrirse y meterse mi polla hasta la garganta y mis gemidos de cabrón sometido.

- Ohhhhhhhhhhh... nena... Mmmmmmm.... ¡qué bien me la comes!


Con el trabajo de sus dos manos sobre mi rabo duro y completamente tenso a la espera de la orden definitiva para correrse a mares, ella dio los movimientos fuertes e intentos que precipitaron mi caída esa noche. Agarrada a mi polla con tanta fuerza que parecía que me la iba a arrancar, tiró de mis testículos hasta que al final caí...

- ¡Me corro....!


De esa forma estallé sobre su boca y su cara. En ningún momento ella quiso apartarse de su destino, sino más bien todo lo contrario, lo asumió con todas las consecuencias y hasta se deleitó con mi semen en sus labios. Se notaba que además de pegarse una buena follada quería sentir en su piel mi néctar caliente... lo cual a mi me vuelve loco.


- Llevabas mucho sin correrte ¿no? -preguntó seria-.
- ¡Qué va! Antes de venir aquí me había dado un buen pajote... pero es que me he excitado tanto esta tarde que no ha sido suficiente para mi...


- Entonces tengo que alegrarme por ser tan generoso.
- Como para no serlo después de lo bien que me has follado... -ella se rió a carcajadas-.

19 enero 2017

Fuertes sensaciones.

Ella se quitó la camiseta y yo me quedé sin palabras. Estaba realmente hermosa, viendo su hermosa y blanca piel, contemplándola con mi mirada fija. Observé como recorrió su piel con sus manos mientras entre mis piernas palpitaba mi sexo. Pedía guerra y yo la necesitaba también después de una larga semana en la que no había podido dar rienda suelta a ninguno de mis calentones.


Me pues en pie y comencé a besarla apasionadamente mientras mis manos recorrían cada centímetro de su espalda. Notaba con la yema de mis dedos lo caliente y nerviosa que estaba. Pero sobre todo notaba cuando mi verga dura se acercaba a su vientre y ella se sobresaltaba, poniéndose aún más caliente y nerviosa.

Así que me quedé frente a ella, besándola, hasta que su calentón la alejó de mis labios y la dirigió hacia mi entrepierna. Se puso de rodillas, frente a mi, y mientras me miraba a los ojos comenzó a bajarme los pantalones. La sorpresa que allí encontró le hizo soltar un ardiente gemido.


Si yo estaba necesitado de un buen polvazo, ella lo estaba igual que yo. Así que, con las rodillas en el frío suelo comenzó a besarme la erección que tenía debajo del slip. Prácticamente se salía de él, pero ella recorría desde la base de mis testículos hasta la punta de mi tranca, sintiendo cada pálpito que daba al sentir como paseaba su lengua por mi dura polla.


Finalmente, era tal la dureza y la tensión acumulada en mi slip, que entre ella misma y la ayuda de mi verga, se liberó de su gris prisión de algodón. Ella la cogió fuerte con su mano derecha y comenzó a masturbarme con intensidad, dejándose llevar por la pasión desmedida... y eso que acabábamos de empezar a follar.

Pude sentir como me masturbaba con fuerza pero con sentimiento, recorriendo con sus dedos cada rugosidad de mi tranca. Yo estaba tan excitado que la hubiese tirado allí mismo, sobre el sofá, para empotrarla con mi polla y darle bien fuerte. Pero me contuve... por el momento, porque quería meterle la mano entre las piernas. Yo también quería disfrutar masturbándola un rato.


Después de mojarme los dedos en la boca y jugar con su sexo un buen rato, decidí que ya era el momento de pasar a la acción y comenzar a someterla a con cada centímetro de mi cuerpo. Así que le metí dos dedos y comencé a jugar con tu vagina, como si quisiera excitarla hasta tal punto que el final llegase al comienzo. Pero no quería eso... tan solo jugar con su coño húmedo.


Estaba tan excitada y abierta que pude meterle un tercer dedo hasta el fondo. Me gusta hacer esto, porque así luego no hay complicaciones a la hora de endosarle mi sexo. Ella estaba completamente abierta de piernas para mi, mientras se centraba únicamente en gemir como una calentorra y respirar fuerte para poder sentir cada mínima intensidad que le provocaba con mis dedos y mis palabras lascivas que le susurraba al oído.


No podía aguantar más. Sentia como la boca se me hacía agua de verla disfrutar tanto con apenas un juego de muñeca. No se puede pedir más con menos. Así que era el momento de pasar a la segunda fase, esa que ella necesitaba como agua de mayo. Me desplacé sutilmente hacia sus piernas para quedarme en la boca de su sexo, que no hacía más que chorrear de placer.

Abrí mi boca caliente y me puse a trabajar. Comencé a comérselo con fuerza, con intensidad. Primero jugueteando con mi lengua tanto por fuera de su sexo como por dentro. Sus "joder" me mostraban donde le daban más placer, por lo que no tenía piedad en clavarle mi lengua de arriba a abajo para llevarla al éxtasis.


Me cogió fuerte del pelo y comenzó a moverse sobre mi boca como una auténtica posesa. Me encanta cuando se excita tanto a una persona que pierde su "yo" y se convierte en una auténtica loba del sexo, dejándose llevar por la lujuria del momento, sin importarle lo más mínimo el resto de cosas. De esa forma pude contemplarla en toda su belleza mientras se lo comía entero.


Me acariciaba lentamente el pelo mientas yo no hacía más que meterle la lengua lo más al fondo de su vagina que podía. Yo sabía que ésto era únicamente un aperitivo antes de que llegase el gran y duro segundo plato. La tenía como yo quería, excitada como una erótica diosa, antes de que alcanzásemos juntos el Olimpo.


Pero de pronto sucedió algo que no pude preveer, y es que ella estaba tan ansiosa de hacerme gemir de placer como yo lo estaba con ella. Así que de improviso, de esos que a mi y a todos nos gusta, tomo las riendas. Me separó la cabeza de su sexo, por mucho que le hubiese gustado que me quedase allí hasta el fin de los días y me empujó contra la pared.

Empotrado contra la pared, se lanzó de nuevo contra mi dura polla, poniéndose de rodillas y metiéndose la verga en la boca hasta el fondo como una auténtica seductora. Por un momento pensé que me había metido en una película porno con una preciosa pornstar. Pero, por suerte, la realidad es mucho mejor que una película de contenido sexual.


Se la metió hasta el fondo de una sola tacada. Como la vi con ganas y ansiedad, la cogí del pelo y la acerqué con fuerza contra la base de mi polla, a pesar de que pocas tienen una boca capaz de hacerlo. Ella disfrutaba de cada lamida sabiendo que con el paso de su lengua yo me derretía.


- No tengas miedo. Dame fuerte -me dijo impasible-.

Así que proseguí disfrutando mientras veía como su boca se abría para sentir cada rugosidad de mi tranca. Y es que a veces me pongo demasiado guarro... pero no puedo evitarlo cuando tengo delante una mujer capaz de convertir todas mis fantasías en realidad, del mismo modo que a mi me gusta hacer con ella.


Con mis huevos en constante movimiento, la sometí con intensidad a mis deseos de recibir un sexo oral contundente. No obstante, estaba tan absorto por la delicia con la que usaba sus labios y su lengua que pronto me quedé sin fuerzas y en blanco. Supongo que una deliciosa, profunda e intensa comida de polla logra amansarme completamente.


Soltando la presion de mi mano, ella se sintió más libre para deleitarse con cada centímetro de mi polla. Lamiéndola de arriba a abajo, se deleitaba sobre todo con el glande, que no hacía más que disfrutar con su lengua, como si se tratase de un dulce caramelo, de una caliente piruleta. Era tal la intensidad con la que me lo hacía que me cortaba la respiración.


Cuando ya parecía que no podía aguantar más, ella se apartó y se quedó junto a la pared, pero no mirándome a mi con ojos de necesidad, sino mirando a mi sexo mientras se pasaba los dedos por su coño que no hacía más que chorrear. Yo le seguí el juego y comencé a masturbarme tocándome los grandes testículos con la otra mano.

- No aguanto más. Fóllame.


La tumbé sobre el sofá. Ella se abrió totalmente de piernas, mostrándome su accesibilidad y su flexibilidad. Yo le situé mi polla sobre su cuerpo, situando la base de mis huevos en la entrada de su sexo y la punta sobre su pequeño ombligo. Quería mostrarle lo que le iba a introducir en apenas unos segundos...


Hasta el fondo. Así se la metí de buenas a primeras. Ella tenía el coño abierto, húmedo y completamente necesitado de que le clavara mi sexo, así que eso es lo que hice sin dilación. Lanzó un duro gemido de placer, pero pronto me cogió del cuello con la intensidad que llevaba mostrando desde el comienzo de la noche. Estaba claro que no quería que me alejara de ella, todo lo contrario, que estuviera lo más cerca y dentro de ella que fuera posible.


Aunque intentaba mirarme a los ojos, no podía evitar que se le marchara la vista hasta la unión de nuestros sexos. Contemplaba con la boca abierta, mientras respiraba y gemía de placer, visualizar como le hincaba mi tranca. 

- ¡Cómo me gusta! ¡... joder!


Empecé a follármela con dureza. Quería deshacer esas malditas ganas de follar que llevaba acumulando desde días atrás. Ella se retorcía de placer, sintiendo la intensidad de cada una de mis embestidas en cada poro de su cuerpo. Hasta el más mínimo pelo de su piel estaba excitado y se ponía en movimiento con las penetraciones que estaba haciendo.


Mientras lo hacía me encantaba contemplar su bella y estrecha cinturita. En comparación con mis manos, era muy pequeña, lo cual hacía que esa cintura suya fuese deliciosa. Este tremendo ombligo hacía mis delicias, al verlo subir y bajar conforme entraba en su cuerpo.


Pero ya estaba comenzando a surgir el diablo que hay en mi, así que poco a poco mis manos fueron recorriendo su piel hacia arriba, hasta que la cogí bien fuerte de los pechos y comencé a jugar con ellos como si fueran parte de mi propio ser. Mientras tanto, cabalgaba radiante sobre su entrepierna, provocándole que se encendiera en cada una de mis hincadas dentro de su cuerpo caliente.


Ella también se estaba poniendo muy caliente. Así que comenzó a arañarme con fuerza los brazos, pero al ver que la tensión de mi cuerpo no se reducía, sino más bien lo contrario, que no hacia más que darme más y más ganas de penetrarla hasta el fondo, hasta que la escuchara gemir como lo que es.

De esa forma sus manos comenzaron a desplazarse por los laterales de mi torso, con dulzura y lentitud, hasta alcanzar mi cintura y así ponerse a empujar al mismo tiempo que mi cadera en las terribles embestidas que le estaba dando. Ella también quería aportar su granito de arena de fuerza en este polvazo.


Eso provocó en mi la necesidad de darle con todo mi cuerpo, de tal manera que al cabo de unos minutos muy ardientes, estaba totalmente a mi merced. Yo la tenía ahí, tumbada, mientras mi cuerpo se abalanzaba contra el suyo como las fuertes olas del océano chocan contra las rocas de la costa, tratando de erosionar, poco a poco, la rigidez de su cuerpo.


Abierta de piernas y a mi merced, ella no podía hacer otra cosa que tratar de tragar, como podía (y si podía) este torrente de fuertes sensaciones que la estaba llevando al éxtasis por la puerta grande. Así que, ahogada de placer, gemía mientras yo la contemplaba en toda su despampanante belleza sensual.


Era delicioso contemplar su cuerpo en el movimiento que hacíamos a la par. Estábamos conectados, y no digo ya físicamente, que es evidente, sino también en el fuego de la mirada. Porque cuando dos personas conectan a este nivel es muy difícil separarse. Así que, ella bajaba la mirada para comprobar que lo que estaba sintiendo en su cuerpo formaba parte de la caliente realidad y no de un húmedo sueño de invierno.


Me estaba emocionando hasta tal punto, que ya no podía abrir los ojos. Me quedaba concentrado, absorto en mi propio placer, ese que me proporcionaba el único sentido a mi vida en aquel momento, penetrarla con mi dura polla hasta el fondo, sintiendo cada rugosidad de su vagina, el ardor de su cuerpo y la humedad de su sexo entre mis piernas.

- Ponme a cuatro patas.


Dicho y hecho. Creo que se puede comprobar con mis relatos, que esta postura es una de las que más utilizo, no por vagancia, sino porque es una postura muy intensa, deliciosa y sobre todo placentera para ambos, Además, creo que el grosor de mi pene ayuda a que cuando pongo a cuatro patas a una mujer, no quiera estar de ninguna otra manera.


La cogí fuerte del pelo, tirando hacia mí, como señal de posesión. Posesión de ese cuerpo ardiente, ese cuerpo de potra desbocada que se deja seducir por mis encantos pero no sin presentar batalla y sobre todo mostrando lo que siente en cada instante. Huelga decir que una buena relación sexual se nota en cada uno de los gestos, de los movimientos, de cada gemido que sale de la boca; no hace falta preguntar "¿Qué tal ha estado?" o "¿Cómo quieres que lo hagamos?" Eso se intuye, se siente, se hace.


Ella me avisó que no parara, que estaba cerca de correrse. A mi aun me quedaba un rato, sentía como mis testículos se movían alegremente entre mis piernas, ajenos a la tensión previa a una estratosférica corrida, como las que suelo tener cuando me excito de esta forma.

Así que, con la mano aún en su pelo, comencé a penetrarla más lentamente pero con más sentimiento, que sintiera como se le incrustaba hasta el fondo el rojo y agigantado glande que formaba la punta de lanza de mi rabo. Era el momento de hacer que tuviera esas fuertes sensaciones que anhelaba.


Posando mis manos en su trasero, usé mis fuertes brazos para acercarla y alejarla de mi, comprobando como mi verga no hacía más que salir y entrar de su cuerpo a la vez que ella aspiraba y exalaba con rapidez.

- ¡Me corro!


Después de esa frase, me puse a su espalda, la cogí fuerte del cuello y le dije al oído todo lo que deseaba oír en ese preciso instante previo al orgasmo que iba a convulsionar todo su cuerpo, mientras proseguía en mis duras e intensas penetraciones que se aceleraron conforme pude comprobar en sus ojos que se corría debajo de mi.


- Cabronazo... Me has puesto a mi.


Lo sé. Pero viéndote correrte ahora el que está a 999 soy yo. Me falta un pelo para pegarme una buena corrida. Ahora si que lo siento, mis testículos están en pie de guerra y quieren que acabe con su "sufrimiento" de la mejor manera posible.

- Pues adelante. Haz lo que quieras conmigo.

Así pues, la vuelvo a poner con la pared pegada al sofá y continuo como antes, penetrándola con todo mi cuerpo. Cuando se folla con sentimiento, se utilizan todos los músculos del cuerpo y también todo el cerebro, por mucho que la sangre esté en mi verga. Así que moviéndome como si me poseyera el diablo, la agarro de la cintura y la penetro hasta que siento como me viene la corrida.


Descargo una enorme cantidad de semen en un buen número de tandas de mayor a menor sobre su bellísima piel. Ella está de rodillas, como al comienzo de la noche, mirándome con esos ojos fijos y viciosos que no me dejan vivir en paz ¡Benditos sean! Así que, utilizo mi mano para descargar mi corrida sobre ella y contemplar como las gotas de mi néctar cae formando grandes botas por sus pechos y su bella cintura...


- Otra cosa no, pero contigo nadie pasa frío en invierno.