21 noviembre 2016

Te voy a follar duro.

La empotré contra la cocina y comencé a besarle el cuello. Ella estaba deseosa de abrirme su cuerpo y yo igual de ansioso de abrírselo de todas las formas posibles. Y es que cuando uno tiene ganas... poco puede hacer para evitarlo. Así que comencé a manosearle los pechos mientras le besaba con fuerza en el cuello, recorriéndolo de arriba a abajo con mis labios.


- Siéntate -me dijo con voz pausada y tranquila-.

Y lo hice.


Mientras ella se movía sensualmente frente a mi, mostrándome todos y cada uno de sus encantos naturales, yo me saqué el rabo grande y jugoso del pantalón. Pero no hacía otra cosa que mirarla mientras se desnudaba.


Contemplé de primera mano como me seducía con el movimiento de su trasero, ese perfecto y duro culo, al que ya estaba comenzando a sentir ganas de follármelo. El sutil movimiento de sus manos sobre su piel, mientras subían y bajan de su cuerpo no producía otra cosa que causarme más y más excitación.


Mientras agarraba fuerte mi polla, ella me seducía con el baile de su cuerpo semidesnudo frente a mis ojos. Por y para mi vista. Estaba tan ansioso por penetrarla que podría habérsela clavado allí mismo, pero un espectáculo tan bello es para gozar con la vista.


Había logrado ponerme a mil y era el momento de hacerle pagar con la misma moneda. Así que me levanté, la tumbé sobre el sillón, quitándole al mismo tiempo los pequeños pantalones y el tanga que llevaba y clavé mi boca en su coño mojado. De esa manera comencé a degustar su entrepierna mientras ella no hacía más que gemir como una zorra.

- ¡Oh, joder...! ¡Cómo me gusta!


Le metí los dedos hasta el fondo para comprobar el tamaño de su vagina. Realmente pude sentir como era estrecha y corta, lo que peor se me da. Pero con un poco de trabajo es capaz de albergar mi verga sin problemas. Así que comencé a meterle los dedos mientras mi lengua se abría paso en su tierno sexo.


Mi objetivo era sencillo, abrírselo todo lo posible para que pudiera albergarme en su interior sin problemas. Así que le lamí con gusto y con ansia todo su coño mientras ella no hacía más que gemir como si estuviera a punto de caerse desmayada del gusto.


Con sus manos puestas en mi cabeza, mientras jugaba con mi pelo con sus dedos, yo no hacía más que jugar con mi lengua, mis labios y la fuerza de mi mandíbula entre sus piernas. Me gusta utilizar el pelo de mi barba para impulsarme y dar todavía más placer. De esa manera, no hay mujer que se resista a una buena comida de coño, cosa que por cierto, a mi me encanta.


Con mi cabeza totalmente metida entre sus piernas ella no podía hacer nada más que gritar de placer y gritarme todas las calenturas que se le estaban pasando por la cabeza... Ojalá hubiese más mujeres así, porque enseguida vi las ganas que tenía de que la cogiera por banda y la empotrara con fuerza, penetrándola desde atrás... Pero ya os explicaré eso más adelante, por ahora no hacía más que disfrutar de mi trabajo.


De esa manera comencé a subir por su piel hasta llegar a su oreja, diciéndole sin pensar:

- Te voy a follar duro.


Su boca y su coño se hicieron agua ante tal afirmación. Paseando su lengua por sus labios dejó claro que estaba ansiosa de que la penetrase hasta que sintiera que su cuerpo no puede albergar más placer. De esa manera, no la hice esperar y comencé a bajar de nuevo hacia su entrepierna. Pero esta vez no iba a usar los dedos y la boca, sino mi dura polla.


- ¡Vamos, dame!

La tumbé sobre la cama y me puse tras ella. La punta de mi rabo tocó la entrada de su vagina, así que ella comenzó a moverse de una manera nerviosa. Situé mi polla ahí y dejé que disfrutara así, teniendo más y más ganas hasta que me pidió que se la metiera.


La primera sensación que tuve es que la iba a partir en dos. Pero poco a poco, comencé a moverme como pez en el agua mientras ella, tumbada boca abajo, no hacía más que sentir lo que no había sentido jamás.

- No me esperaba ésto cabrón...


Comencé a sacarla y meterla con intensidad, pero a un ritmo bajo, ésto era solo el principio y aún tenía que calibrarla. Ella llevaba bien mi peso, mi fuerza y sobre todo mis ganas de follármela. Con la boca abierta, abría y cerraba los ojos, deseando que aquel momento no acabara nunca, pues probablemente estaba descubriendo una sensación en su cuerpo que no había tenido antes.


Comenzaba a calentarme, así que me apoyé bien sobre la cama y se la endosé hasta el fondo sin vacilar. Supongo que es lo que toda mujer quiere, un hombre que la empotre con fuerza, pero yo es que no puedo evitar poseer en todos los aspectos a la mujer cuando la deseo con tantas ganas. Así que el sexo es parte natural del deseo, quizás el mejor deseo de todos.


Como si estuviera haciendo flexiones, se la metía se la sacaba una y otra vez.

- Dioooooooooos... ¡qué bueno eres!
- ¿Él o yo?
- Tú por follarme así y él por hacerte así.


Desde luego había sido una respuesta de lo más ingeniosa. Me gustan las mujeres imaginativas, ingeniosas y lanzadas. Así que tomé las riendas y comencé a penetrarla con tanta fuerza que sin duda la llevé al cielo del éxtasis, le hice ver las estrellas a base de pollazos bien dados en el interior de su pequeña vagina, totalmente colmada de mi sexo ardiente.


- Levanta -le dije-.
- ¿Por qué? -respondió sorprendida-.
- Quiero follarte en otra postura.


- ¿Es que no estás a punto de correrte?
- ¿Yo? [Me eché a reír] Nena, no te queda a ti trabajo antes de que me corra...


Me miró con tal cara de deseo que me dio más ganas de follármela si cabe.

La puse a cuatro patas, le restregué bien restregada mi polla por su sexo ardiente, que desprendía calor y del cual las gotas de su rocío sexual no hacían más que caerle por el interior de sus duros y robustos muslos.


La cogí de los hombros con fuerza y tiré hacia mi, clavándole hasta el fondo mi polla dura. Ella comenzó a gemir de placer mientras se caía hacia la cama. Con mis manos la volví a levantar y le volví a meter la polla. Iba a saber lo que es deseo...


La cogí fuerte de los pechos y le puse su brazo alrededor de mi cuello, para que se girara parcialmente y me mirara a los ojos mientras la follaba con furia. Si quería probar lo que era ésto... lo iba a saber.

- No sabes las ganas que tenía de que me hicieras todo ésto -me confesó-.


Ella estaba a mi merced. Así que cogiéndola fuerte de la cintura comencé a darle intensamente mientras su melena se movía en cada embiste de mi cuerpo. Estaba preciosa en esa postura y yo estaba disfrutando de lo lindo, chocando una y otra vez contra ese trasero que tan cachondo me había puesto hacía un rato con ese sensual baile.


- Quiero ponerme arriba de ti.
- ¿Estás segura?
- Completamente. Quiero bailar sobre tu polla.

Así que me senté en el sillón y dejé que ella tomara las riendas.


Pronto descubrió que de esta manera me la iba a follar con la misma fuerza o más.

- Ohhhhhhhh... ¡Me estás matando!


Ella clavó su mirada sobre mi sexo. La embestida de mi rabo era tal que se quedaba absorta en cada uno de los movimientos. Mis manos lentas se deslizaban por su espalda y la cogían fuerte de la cintura para que no saliera disparada en una de mis locas penetraciones. El olor de su perfume, junto con el sudor hacían de su piel una fuente de ardiente aroma a sexo del bueno.


- Creo que no voy a olvidar nunca esta noche... y este sexo.
- ¿Y eso?
- No me habían follado así nunca. Y tu polla... ufff....


Continué haciéndola bailar a base de pollazos de mi fuerte cadera sin reparar en que no había acabado la frase... ni falta que hacía. Era el momento de llevarla al éxtasis y después acabar yo de una vez, porque tenía los cojones tan grandes que en un primer momento se había pensado que tenía alguna enfermedad...


Hay que ver como gozaba la perra subiendo y bajando cuando yo paraba el ritmo un poco para seguir saltando sobre mi rabo erguido. Ese trasero quería mucha fiesta y esta noche se lo iba a dar todo.

- Tienes un culo perfecto.
- Gracias -dijo sin parar de moverse sobre mi-.


Ya iba siendo el momento de acabar. Las fuerzas comenzaban a abandonarnos después de tanto tiempo de desenfreno, así que comencé a clavársela hasta el fondo con todas mis fuerzas. Ella alzaba la mirada al cielo para gritar de placer, pero la perra no se corría y me lo ponía mas difícil. De es manera tuve que dar el cien por cien de mi.


Comencé a besarla mientras mis manos recorrían todos su cuerpo al mismo tiempo que mi verga no dejaba de entrar y salir de su cuerpo. A ver si así ella se excitaba todavía más.

- Pégate mucho a mi, que estoy a punto de llegar al orgasmo.


Se movía como pez en el agua con su cuerpo tumbado sobre mi. Yo me deleitaba ante tal alarde de pasión terrenal. Así que no pude hacer nada más que sentirme abrumado por tanta pasión femenina derramada en mi piel. 

- Así nena, así...


La tumbé de costado y comencé a besarle el cuello mientras mis manos se paseaban, libremente, sobre la piel mojada por el éxtasis del placer. Ella comenzó a tensarse hasta que mientras le besaba la mejilla se corrió como una campeona entre mis piernas. No gritó, solo sintió aquello que deseaba sentir sin más.

- Mmmmmm... Eres delicioso.


- Entonces ahora llega mi turno de acabar ¿no?
- Si... dame duro.


Ella se quedó a mi merced mientras la penetraba sin piedad, hasta el fondo, hasta el límite de los sentidos. Estaba comenzando a sentir como poco a poco mi excitación se precipitaba hacia un abismo al cual siempre deseo llegar. Ella respiraba fuerte, tanto como yo, mientras le daba las últimas embestidas antes de alcanzar el clímax de la noche.


No tardó en llegar. Y esta vez, apenas pude moverme antes de explotar sobre la puerta de su vagina. De tal forma que las tremendas gotas de mi semen cayeron por todos nuestros cuerpos hasta inundar nuestras pieles.

- Joder nena... ésto si que es sexo del bueno.


- No, es sexo del duro.