29 octubre 2016

Ven...

Subo ansioso en el ascensor. Llevo una semana de perros y mi mente se distrae con asuntos de trabajo. Sin embargo, piso a piso que subo me voy dando cuenta que ya es hora de desconectar. No puedo más que agradecerle que me haya invitado a su casa, porque realmente necesitaba salir de la rutina... 


- Toc, toc...- Suena la puerta.
- Pasa... -dice ella con voz entrecortada-. Estoy aquí.

De improviso, la veo completamente abierta de patas mientras se masturba sin ningún reparo.

- Mientras te estaba esperando me he puesto a leer tu blog y he acabado así... Ven...


- Ven... acércate -insiste de nuevo-. Mira como estoy por tu culpa.

Ella seguía masturbándose mientras yo no hacía otra cosa que sentir el páplito de mi sexo erecto entre mis piernas y como crecía más y más el deseo de poseerla allí mismo.


- Ponte cómodo. Siéntate.

Obedezco sus órdenes y me siento sin quitarle la vista de encima.

- Quiero tu leche.
- Te advierto que llevo dos semanas sin follar -le digo-.
- Mucho mejor para mí... ¿no?


Comienza a morderme el paquete mientras yo la observo y le acaricio dulcemente el pelo. Tiene claro lo que quiere y hoy no estoy para negárselo a nadie. Así que me relajo y me dejo hacer. Ella es una experta y está deseosa de comer una dura y larga polla, así que en apenas un momento encuentra lo que quiere...


- No te imaginas las ganas que tengo de una buena polla...

No respondo. Únicamente me dejo llevar mientras ella comienza a masturbarme para ponérmela todo lo dura que pueda. Ha llegado el momento de comer.


Está juguetona. Así que recorre mi tranca con su lengua caliente mientras deja tras de si el aroma de su saliva. Quiere delimitar bien el territorio que va a hacer suyo durante un buen rato, mientras yo, impasible, observo como domina la situación.


- Mmmmmmmmmmmmmm...

Pega el primer lametón a mi polla y se da cuenta al instante de que es más de lo que puede abarcar con su boca. Tendrá que comer poco a poco...


Así que comienza por la punta. Comienza a tragársela por el glande, despacito, mientras su lengua me deleita con tal placer que comienzo a gemir como un lobo herido de muerte. Y es que cuando alguien me dice ese "ven..." me espera tanto placer que puedo sentir el cielo.


Ella está comiendo la polla con paciencia, pero poco a poco voy notando como necesito más... aunque por ahora mis cojones, cargados hasta los topes, esperan su ocasión.

- Adoro hacerte ésto -afirma-.
- Y yo que me lo hagas...


La cojo de la cabeza y la aprieto, quiero que me la coma entera. Pero está difícil, ella es demasiado pequeña y mi polla es demasiado grande. Supongo que son cosas de la física y el volumen, no vamos a cambiar las leyes del universo esta noche, pero si vamos a disfrutar hasta el fondo.


- ¡Qué duros tienes los huevos! Mmmmmmm...
- Ya te he dicho que llevo mucho tiempo sin correrme.
- Eso te lo arreglo yo.
- Cuidado no te atragantes con tus palabras...


- Aghhhhhh...

Comienza a tragársela hasta la mitad. Pero al instante centra su mirada en mi y comienza a desafiarme con sus ojos mientras recorre mi polla con tu tierna boca.


- ¿Te gusta?


- Si... me encanta. Pero quiero más.


- Joder... es que flipo con tus cojones.

Ella sigue chupándomela sin parar. Comienzo a recorrer su cuerpo con mis manos, pero está claro que ella ya ha tenido un orgasmo antes de que entrara yo por esa puerta. Sin embargo, aún sigue cachonda y se traga mi polla, moviendo su cabeza de arriba a abajo sin parar.


Ésto es lo que muchos hombres desean... Yo, como ya sabéis, soy bastante más ambicioso, y aunque valoro mucho y me encanta disfrutar de una buena comida, no puedo decir que ésto es todo lo que deseo; porque deseo ésto y muchísimo más... Me encanta disfrutar con una mujer de todo y por todas partes...


- Estoy tan perra que quiero que me folles la boca.

Dicho y hecho. La tumbé sobre la cama y le endosé mi polla erguida hasta el fondo. Esta vez si que iba a sentir todo mi miembro en su boca por mucho que el tamaño de su boca se resintiese.


Pero fue demasiado para ella. Así que me tiró sobre la cama y se puso sobre mi. Inmediatamente después, ya estaba volviendo a comerme la polla, todo lo que podía, mientras agarraba fuerte con sus dedos mis testículos, que se desbordaban entre ellos.


- ¡Sigue nena!
- Mmmmmmmmm... -respondió ella con la boca metida en su boca-.


- ¡Me estoy atragantando!
- Calla y sigue comiéndome la boca si quieres conseguir sentir mi leche por toda tu cara y tu boca.

Sin rechistar, continuó manos (y otros elementos de su anatomía) a la obra.


- Ponte de rodillas.
- Joder... cuánto necesitaba oírte decir eso -y se tragó mi polla-.


La cogí del pelo y comencé a follarme su boca mientras ella se movía hacia delante y hacia atrás. Estaba ansiosa de mi verga. La verdad es que a veces me cuesta mucho entender las emociones y sentimientos que se os pasa por la cabeza y el cuerpo cuando leéis mi blog. Para mi lo que cuento es muy natural, pero desconozco como reaccionan quienes leen mis historias, los detalles.


Ahora ya no me miraba. Estaba centrada en mi polla. Creo que hasta me pone un poco celoso que lo hagan, como si ella fuera la protagonista independientemente de que está pegada a mi.


- ¡Adoro ésto!


Os agradecería vuestras impresiones sobre comer una buena polla con ganas, porque me resulta extraña la sensación de pasearse mi miembro viril por la cara, restregándoselo, susurrándole, mordisqueándole, mientras le pasa la lengua por el borde del glande, cuidándolo como si fuera el objeto más preciado de su colección...


- Te voy a contar un secreto para que lo escribas en tu blog...
- ¿Cuál es?
- Me encanta comer pollas. Pero la tuya la que más.


- Eso se merece que tome yo las riendas.


- ¿Te gusta mi polla? ¿Te gustan mis huevos? ¡Pues toma!
- Apriétame fuerte.


Ahora podía sentir toda mi polla aparcada hasta la entrada de su garganta, mientras mi testículos chocaban y se los restregaba por toda la cara. 


- Dame más.

La tumbé y le hice ver que podía tragar mucha más polla de lo que ella pensaba. Lo único que necesitaba era alguien que le hiciera abrir los ojos... perdón, la boca, hasta límites que ella aún no conocía.


- Golpéame con tu polla.


- Dios... como te adoro. Creo que por tu culpa hoy voy a necesitar masturbarme, al menos, dos veces más... y ésta semana no quiero ni pensar las veces que me voy a tocar y voy a ponerme húmeda pensando en ésto que ahora tengo entre las manos.


- Estoy a punto de estallar. No pares ahora nena...
- Dalo por hecho... mmmmm....


Mientras me chupaba dulcemente la boca comencé a sentir el placer de sus labios y como mi cuerpo comenzaba a tensarse, marcando el inicio del punto de no retorno en el que mi cuerpo se prepara para llegar al orgasmo. Un orgasmo celestial cargado de erotismo al que no puedo más que agradecer este fuerte sentimiento que no se puede evitar.


Así que finalmente me corrí, tal como había precedido, sobre su cara y su boca, que no fue suficiente para albergar mi semen, el cual caía a borbotones por su barbilla.


- ¿Aún te queda más?


- Disculpa que te llene toda de leche, pero es que llevaba demasiado tiempo sin recibir este tipo de atención.
- Pues ya iba siendo hora, porque hay que ver lo mucho que me encanta chuparte la polla.


06 octubre 2016

Dicho y hecho.

- ¿Tienes Skype? -me preguntó ella-.
- Si, por supuesto ¿Es que quieres verme la cara?
- Mmmm... pues no estaría mal verte la cara... y todo lo demás.


La verdad es que no suelo utilizar las nuevas tecnologías en este aspecto. Pero yo también estaba interesado en comprobar a través del chat si efectivamente ella era tal como se había descrito. Tan alta, tan guapa y tan rubia como decía ser. Del mismo modo ella quería comprobar lo mismo conmigo. Así que no me lo pensé y dos minutos después ya estábamos hablando por Skype.

Pude comprobar como era tan guapa como me había dicho, e incluso más. Así que comenzamos a hablar animadamente por Skype con la misma naturalidad que tendríamos si estuvíeramos en una cafetería. No obstante, la seguridad de nuestras casas nos permitió ir calentando la conversación hasta el punto de que no echásemos de menos estar en un lugar rodeados de personas desconocidas sino en nuestra solitaria casa.

- No me lo creo tío -replicó ella-.
- Compruébalo por ti misma. No tengo ningún inconveniente en enseñártela.


- ¡Madre mía! ¿Pero qué es eso? 
- Para que veas que cuando hablo de sexo no miento.
- Joder... Ya veo... Me dejas sin palabras... -me decía mientras continuaba mirando fijamente la pantalla de su ordenador portátil-.


- Me pongo en pié para que puedas verla mejor.
- No sigas así que me estoy poniendo muy cachonda... -alegó ella-.
- No creo que eso sea ningún problema ¿no?
- Si estuvieses aquí no... Que yo también se jugar con la cámara web.


- Creo que la situación se está calentando bastante...
- Yo también lo creo... ¿Pero ahora qué podemos hacer?
- Bueno, tal vez podría ir a tu casa y acabar lo que estamos empezando...
- Veo que eres un tío muy directo...
- Eso es porque sé que estás deseando decir que si.

No hizo falta que respondiese, su sonrisa de aceptación y sus ojos lo decían todo. La respuesta era sí, así que me coloqué como pude la polla dura dentro de los vaqueros y me puse una camiseta. En apenas unos minutos ya estaba en la calle, caminando hacia su casa, con mi terrible erección dentro de los pantalones y con unas ganas inmensas de follármela cuanto antes. 

Cuando llegué a su portal, toqué el timbre y ni siquiera respondió. Sabía que era yo. Así que me abrió la puerta y me dejó subir hasta el tercero. Allí me esperaba una puerta entreabierta que crucé sin pensármelo. Cuando la vi, estaba en mitad del pasillo, completamente desnuda. Sin mediar palabra me hizo una señal de que la siguiera hasta el dormitorio.


- Me gustaría mucho que me volvieras a enseñar lo que he podido ver a través de la webcam.
- ¿Es que no te fías de tus ojos?
- Si que me fío... por eso quiero verlo en directo. No vaya a ser cierto eso que dicen de que la pantalla engorda.


- ¡Joder! Está claro que el Skype no engorda... Bufff... ¡Qué dura la tienes!
- Es que yo también he podido ver un par de cosas que me han gustado mucho. A mi también me gustaría comprobar lo que he visto por la cámara web.


- ¿Esto es lo que has visto?
- Si... y me podría pasar el día observándote así. Moviéndote sexy... pero...
- ¿Pero qué? -preguntó ella-.
- Pero preferiría chupártelas hasta saciarme.
- Adelante... sáciate.


- ¡Qué tetas más ricas tienes, rubia!
- Cómelas bien, porque ahora voy a ser yo quien te coma a ti...
- ¿Si...? Adelante...


- Si te digo la verdad, no estoy nada acostumbrada a estos pollones. No obstante, como dicen, uno se acostumbra rápido a lo bueno ¿verdad?
- Entonces te vas a acostumbrar rápido. Escúpeme en la polla y trágatela.


Comenzó a tragar polla de una manera que sinceramente no había visto en mucho tiempo. Lo normal es ir con cuidado para no atragantarse. Sin embargo, en apenas treinta segundos ya tenía toda la boca abierta y se había tragado todo mi rabo hasta la campanilla. Sus arcadas pronto dejaron paso a la rebeldía de su pasión.


- Creo que es mejor que te tumbes.
- ¿Qué me vas a hacer ahora?
- Por ahora te voy a seguir comiendo la polla, que me gusta. Luego... ya veremos, Creo que voy a ser mala contigo.


- Si comienzas a ser mala conmigo, tal vez yo sea todavía más malo contigo.
- Por eso te he dicho que vengas, semental. Para que me folles.
- Encantado...
- ¡Calla! -me cortó con una palabra- ¡...y cómeme el coño!


Su coño estaba delicioso. Era una mezcla de suavidad y dulzura en la intersección de sus piernas. Yo no pude más que deleitarme trago a trago, lamida a lamida, de la genial cavidad húmeda de su cuerpo, mientras ella me masturbaba con impaciencia, como si no pudiera distanciarse mucho de mi tranca.

- Creo que quiero ponerme encima antes de que me hagas correrme con tu lengua...


Su melena rubia se movía arriba y abajo en cada una de las penetraciones que su cadera hacía sobre mi sexo ardiente. Ella gemía mientras, poco a poco, le daba más fuerza para meterse mi verga más y más. Hasta que finalmente, al cabo de un par de clavadas, ya había alcanzado su tope y ella podía gritar tan fuerte que hasta los cristales de las ventanas de la habitación retumbaban como si hubiera una tormenta en el interior de su casa... y probablemente la había.


- Me encanta esta postura...
- A mi me encantan todas las posturas contigo.
- ¡Pero si solo hemos probado ésta!
- ¿Y te crees que se va a parar aquí la noche? Trota cuanto puedas, zorra, que ahora te voy a coger yo y vas a saber lo que es una buena cabalgada.


Puse mis manos en su cintura y comencé a subir y bajar su cuerpo como si tuviese la intención de follármela con tal fuerza que la pudiese partir en dos. Le hincaba mi polla con tanta fuerza que en esa habitación solo se gemido tras gemido.

- Oooooooohhhhhhhh...


- ¡Me vas a matar!
- Para nada... Ésto es solo el principio. Ponte a cuatro patas, que vas a ver lo que es bueno...

Ella sonrió, salió de mi y se puso inmediatamente a cuatro patas. Me ofrecía su bello trasero, me ofrecía su cuerpo caliente para que le sumergiera mi acero en su horno. Era el momento de bailar al ritmo de la música que mi cadera le iba a dar hasta el final.


Le aparté el pelo y comencé a penetrarla con fuerza. Ella trataba de girarse, pero al poco la miré a los ojos y le di tranquilidad en el alma mientras le daba guerra a su cuerpo. Ella se amansó y dejó que le hiciera lo que considerara oportuno. Era mi momento de follármela y no lo iba a desaprovechar... como siempre hago.


La situé bien y la penetré hasta el fondo. Ella estaba a mi merced, sedienta de que un semental la montara y le hiciera toda las barbaridades que se le habían pasado por la cabeza desde el momento mismo en que se había quedado sorprendida por lo que le estaba enseñando a través de la cámara web, algo que ella anhelaba con toda su alma.


- Dame fuerte.
- Quiero follarte, no hacerte daño.
- Cariño, tú haces muchas cosas, todas ellas contrarias al daño -Reconozco que dijo una verdad como un templo-.
- Pues entonces no me voy a cortar empotrándote duro -y gimió como una perra en celo-.


- ¡Sigue! ¡¡Sigue!!
- No seas tan perra, que puedo ser todavía más duro.
- ¿Si? ¿Cómo? -preguntó con guasa-.


- Pues así, nena, así... -dije yo con toda la tranquilidad del mundo-.

La cogí fuerte de la melena rubia. Mi mano ahora la tenía cogida de la cabeza, mientras que el resto de su cuerpo, situado a cuatro patas sobre la cama, estaba a merced de mi polla. Era el momento de darle bien duro...


- Ufffffffff... Joder...
- ¿Joder qué?
- Ni te imaginas el tiempo que llevaba sin sentir esto y cuanto lo necesitaba...


Ella sonreía como una perra caliente mientras yo la penetraba tan fuerte como me era posible. Ambos gemíamos de placer como si estuviéramos cantando una danza celestial. Pero en realidad estábamos follando, follando como a todos y todas os gusta, como a todos y todas nos gusta, y como todos y todas anhelamos, por mucho que algunos y algunas quieran ocultarlo...


La tumbé y dejé que mi cadera descansara un rato mientras era ella la que movía la suya para no perder el ritmo. Ni un segundo me dejó descansar, porque la estaba follando tan bien que se había convertido en una perra insaciable... igual que yo.

- ¡Cómo me gusta esto! Mmmmmmm... -y sonrió-.


Comencé a besarla con fuerza mientras no parábamos de follarnos el uno al otro, como los polos que se atraen y se repelen, íbamos y volvíamos una y otra vez de nuestra entrepierna para alejarnos y seguidamente volver a la casilla de salida. Era un movimiento mecánico que nos proporcionaba el anhelo de la satisfacción, algo difícil de conseguir en este mundo de mierda que nos ha tocado vivir...


- ¡Dámelo todo!

La cogí de las piernas y la puse sobre la cama mientras la abría completamente a mi para meterle mi polla dura hasta el fondo, con la única intención, y hablo desde la sinceridad, que conseguir que nos corriésemos al mismo tiempo.


Ella estaba tan guapa y tan sexy que no podía dejar de mirarla. Quería poseerla con toda mi alma... y eso es lo que estaba haciendo. Así que no paré ni a respirar mientras nuestro momento se acercaba... Aunque intentábamos resistirnos a lo inevitable, ella no pudo aguantar más y cedió ante el glorioso orgasmo.


- ¡Qué polvazo por Dios!
- ...
- No digas nada y sigue. Quiero ver como explotas sobre mi, estoy deseando ver si tu leche también es tan deliciosa como tú.


Ella se abría las piernas con los brazos mientras yo no hacía otra cosa que follarla. Estaba plenamente centrado en penetrarla con fuerza para conseguir estallar y dejar caer mis gotas de semen por su piel. La verdad es que no sé cuánto tiempo estuve así porque estaba tan concentrado que perdí la noción del tiempo, pero no puedo evitar recordar como ella me miraba fijamente con los dientes apretados de la enorme sensación de tenerme encajándole mi polla hasta el fondo de su vagina.


Comencé a notarme como los cojones se me hinchaban de sobremanera. Últimamente, con tanto trabajo, la verdad es que no tengo tiempo ni de follar. Así que la cogí con la mano de su cuello y la embestí tan bestia como pude para llegar al orgasmo.

- ¡Toma, joder! ¡¡Toma!!


- No te corras sobre mí, déjame saborearte.

Me costó parar. Pero logré bajar el ritmo, salir de ella y ponerme frente a ella, de pié, sobre la cama, donde ella se alzó para contemplarme con ganas y comenzar a masturbarme con tanta fuerza que pensaba que me iba a arrancar la polla. Pero la verdad es que era lo que necesitaba en ese momento...


Tardé poco en correrme. Ella puso su cara de ángel sobre la punta de mi polla tiesa, mientras yo me masturbaba de arriba a abajo, recorriendo con mis dedos toda la longitud de mi verga, hasta acabar explotando mi lefa sobre su rostro y sus cabellos rubios.

- ¡¡OOOOHHHHH...!!


Las dulces gotas de mi néctar blanco inundaron buena parte de su piel. Recorriéndola de arriba a abajo lentamente, mientras caían las gotas de semen sobre su cara y ella me decía...

- Desde luego... eres muy real... 
- Por supuesto... -respondí mientras mi polla aún expulsaba la corrida-.
- Y además follas tan bien como dices...


- Soy un hombre de palabra. Dicho y hecho.