24 septiembre 2016

No puedo correrme.

Estaba caliente, muy caliente. No podía aguantar. Así que quedé con mi pequeña amiga y le dije cuanto estaba deseando poseerla "aquí y ahora". Había tenido una larga semana de trabajo y necesitaba, como quien necesita respirar, follar con toda la intensidad posible. Así que nada más cerrar la puerta me abalancé sobre ella como un animal, la empotré contra la pared y comenzamos a desvestirnos apresuradamente.


- Vamos morena, date la vuelta.
- ¿Te gusta lo que ves?
- Me va a gustar más lo que te voy a hacer.


La puse a cuatro patas sobre la cama, y sin pensármelo dos veces, le clavé la polla. La tenía tan dura y ella era tan pequeña que no pudo evitar sentir hasta el más leve surco de mi rabo venoso y erecto hasta el fondo de su vagina, aún tierna, pero ya a mi completa disposición.

- ¡Ohhh...! Mmmmmmmmm...


Comencé a penetrarla como si me fuera la vida en ello. Reconozco que en estas ocasiones, cuando estoy tan necesitado y anhelo tanto follar, no tengo freno. Así que sin mediar palabra comencé a penetrarla cogiéndola fuerte de la cintura, mientras utilizaba su pequeño cuerpo a mi antojo, acercándolo y alejándolo de mi mientras la partía con mi verga.


- Joder niño... me matas.
- Pues solo es el principio.
- ¡Diooos...!


- Se nota que vas al gimnasio... Estás muy bueno.
- Gracias.
- Solo con la mirada que tienes ya me pones cachonda. Pero es que cuando te quitas la ropa se me caen las bragas.


- ¿Sabes por las dos razones que voy al gimnasio?
- No, dime.
- En primer lugar para estar en forma y en segundo lugar porque me encanta coger a pequeñitas como tú y follármelas con toda mi fuerza. 
- Cabrón, no me digas esas cosas que me muero.


- Ni te imaginas las ganas que tengo de penetrarte.

Comencé a marcar un ritmo que casi provocaba que saliese disparada de la cama. Por eso la cogí bien fuerte de la cintura y de su culo bien duro mientras zambullía mi pene en su cuerpo. Ella movía la melena y me miraba de reojo, como si no se fiase de mi... y no la culpo. La verdad es que esto solo acababa de comenzar y ella ya estaba gritando de placer.


- Lleva cuidado por favor.
- Si te cabe perfectamente.
- Ya... lo sé; tengo un coño grande para mi cuerpo. Pero lleva cuidado que no estoy acostumbrado ni a tu tamaño ni a que me follen con tanta fuerza.


- Es una lástima, a eso siempre se debería estar acostumbrado.

Paré un momento para tomar el aire y ella continuó moviéndose para que el ritmo no decayera. No pude hacer más que reír, pensando en que se estaba "quejando" pero bien que no quería que parara ni un segundo para tomar el aire. Considero que la sexualidad es paritaria, se siente de la misma forma tanto en hombres como mujeres, pero nunca deja de llamarme la atención que si los hombres muestran sus "ganas" es algo que se considera normal, pero si lo hacen las mujeres parece algo extraño.


- Si sigues así me vas a volver loca.
- ¿Y cuál es el problema? Eso pretendo.


- Ahora túmbate, que va a saber lo que es bueno.

Ella se quedó tumbada sobre la cama. No podía ver su cara, pero sabía que en ella había dibujada una sonrisa muy grande. Así que le introduje mi enorme polla y comencé a penetrarla de nuevo por esa vagina completamente abierta y, tal como decía ella, considerablemente grande para su cuerpo.


La cogía de la cintura con fuerza, apoyando mi peso, tanto con mis manos como con mi sexo ardiente, para darle embestidas que la hacían moverse sobre la cama, hasta el punto de casi sacarla de la cama. Es que, como he dicho, cuando tengo el día tonto y me pongo en plan bestia, no hay forma de pararme... Excepto una.


La cogí fuerte de los brazos para que estuviera a mi completa merced. Ella únicamente respiraba fuerte y gemía como si le estuviera surcando su cuerpo como nunca antes se lo habían hecho. Menudo pecado estábamos teniendo, un gran pecado de la carne, y ella era tan diabla como yo o más, porque miraba ese pequeño cuerpo moreno y me surgía tal deseo que no podía hacer nada más que follármela todavía más intensamente.


- Estoy goteando de lo cachonda que me pones.
- Pues aún no he acabado contigo, perra.
- No me insultes de esa forma que me pones más caliente todavía.


Como un martillo pilón mi polla le abría su cuerpo. Con las manos en la espalda, ella estaba vendida y yo me cobraba mi tributo con pasión. La verdad es que podía contemplar lo rojo y mojado que tenía el coño, totalmente abierto para mi.


- Date la vuelta, quiero verte la cara mientras te follo.
- No seas cabrón...
- Tranquila, no pienso darte ni un segundo de tregua, yo estoy todavía más cachondo que tú, zorra.

Se tumbó y se abrió a mi de tal forma que en dos segundos el glande de mi verga ya estaba incrustado en el interior de su vagina, allá donde nadie había estado antes.


- No puedes ser real...
- ¿El qué?
- ¡Pues tú, joder!
- ¿No? Pues voy a probar hasta donde aguanta esta realidad...


- ¡Cabrón!

Me la empecé a follar sin ton ni son en la postura que fuese. Su cadera recibía todo tipo de fuerzas dispares, desde la dura cama hasta la insistencia de mis embistes, adentrando mi rabo entre sus piernas y chocando mis cojones duros contra su piel húmeda.


- Mírame como me tienes.
- ¿Cómo?
- Abierta y cachonda como una puta.
- No te ofendas, pero así es como más me gusta jugar contigo.


- ¿Cómo me voy a ofender si eres el semental que siempre he soñado tener entre las piernas?
- Pues baja la mirada y fíjate en el porqué.

Sus pechos se movían arriba y abajo sin cesar mientras yo la penetraba con una tranca que ella se había quedado mirando, como si estuviera hipnotizada de aquello, ya no solo por el tamaño, sino por la intensidad con la que estaba follándomela.


- Dios, nene, follame.
- ¿Qué te crees que estoy haciendo "pequeña"?


- No soy tan bajita, mido 1,58.
- Yo 1.85.
- Ya...
- Pero ésta es la distancia que nos une -y se la clavé hasta el fondo de una fuerte estocada-.


Ella estaba deliciosa. Tirada sobre la cama, con la boca abierta de sentir tanto placer, mientras yo no hacía más que gruñir y gruñir mientras la cogía fuerte de la cintura para penetrarla con toda la intensidad posible. Estaba ansioso mirar como mi rabo entraba una y otra vez en su cuerpo, sin parar ni un solo instante, mientras su tremendo cuerpo se mostraba maravilloso ante mis ojos, con su pelo moreno sobre la cama y con sus pechos en constante vaivén de movimiento.


- Hay que ver las ganas que te tenía...
- Ya veo, joder. Eres un toro bravo en la cama.
- Es que no sé porqué hoy tengo muchas ganas de hacerlo duro...

Y la miré una vez más, en aquella deliciosa pose.


- Definitivamente esto no me lo habían hecho nunca.
- ¿El qué?
- Metérmela así.


Para no embestirla más contra la cama, que ya empezaba a desplazarse poco a poco en cada uno de los movimientos de mi cadera, me tumbé sobre la cama y la puse a mi costado. Allí continué fornicando con ella con la misma intensidad, cogiéndole una pierna para abrirla a mi, literalmente.


- Como sigas así me voy a correr en abundancia -replicó ella-.
- ¿Así? ¿Sabes que llevamos casi media hora follando sin parar?
- Lo sé niño, por eso no quiero que pares ahora. Estoy tan cachonda que siento que me va a reventar el coño.


Entonces le dije al oído que se masturbara. Así que de costado cogió y puso una mano sobre la obertura de su sexo candente y la otra cogiéndome fuerte de los testículos, mientras masajeaba con fuerza con ambas manos.

- Creo que mis huevos aún no están maduros.


- ¿Que tus huevos no están maduros? ¿Eso que quiere decir?
- Que hoy voy a tardar en correrme... así que prepárate para una buena.
- No me digas eso capullo, que me pones todavía más cachonda.
- Ya lo siento, no paran de caerme gotas de tu coño mojado por mis piernas...


- ¡Sigue! ¡Sigue!... ¡Así! ¡Así!

No hacía más que abrirle las piernas y penetrarla con mi verga tiesa mientras ella continuaba masturbándose y gozando como una perra. Estaba tan cachonda que tenía los ojos cerrados y la boca abierta, signo inequívoco que estaba a punto de alcanzar uno de esos orgasmos míticos que saben a gloria divina.

- Mmmmmmm... ¡Ya vieneeee....! -y estalló entre mis piernas-.


No le dí ni un minuto de descanso. Reconozco que tenía una sensación extraña desde esa misma tarde. Un deseo caliente me ardía entre las piernas, la necesidad de echar un buen polvo. Pero también notaba como, tal vez de tantas ganas, estaba más centrado en disfrutar de follar que de correrme. Muchos hombres centran su placer en el final, cuando lo mejor es el proceso. Así que sin dejarla respirar ni un instante, me puse en pie y la situé a cuatro patas frente a mi.


Cuando uno es caliente, no puede evitar querer follar. No hacerlo sería una pérdida de tiempo y de ganas. Como he dicho en muchas ocasiones, si hay respeto y se trata con educación, llevando siempre cuidado con las medidas necesarias, claro, el sexo es más que vida.

- Perdóname por no dejarte descansar, pero es que necesito seguir follándote.
- No te preocupes niño, tú sigue que yo disfruto igual.


Y allí estaba yo. Con la polla como un mástil, tan dura y tan tiesa que su coño estaba colmado de mi. Parece que se había acostumbrado rápido, supongo que a lo bueno siempre se acostumbra uno con prisa. Pero es que aunque no lo hubiera hecho, no podría evitar querer ponerla a cuatro patas y darle con toda mi rabia.


- Joder tío, tú vuelves loca a cualquiera.
- No me desconcentres, que me está costando un montón correrme. Tengo mucho autocontrol, pero hoy me estoy pasando.


- Dime que quieres que haga y yo lo haré.
- Tan sólo déjame que te folle como quiera.
- Hazlo, estoy aquí a cuatro patas para ti.

Después de decirme esa manifiesta declaración de intenciones, la cogí fuerte del pelo y comencé a darle con furia, no porque estuviera necesitado de sexo del duro, sino porque estaba cabreado conmigo por no poder correrme cuando yo quería estallar ahí y en ese momento.


De esa manera me puse a cabalgarla con rabia. Cogiéndola fuerte, con una mano puesta en su cintura de avispa, de la que obtenía buena parte del impulso en cada embestida, y con la otra mano puesta en su pelo, tirando de él hacia mi para que sintiera quien mandaba allí y que no iba a parar hasta conseguir reventar de placer sobre ella y lanzar un grito que resonara por toda la habitación de gozo.


Espero que no le hiciera daño, pero está claro que, como he dicho en esta historia y en otras anteriores, a veces me pongo tan cachondo que pierdo un poco el control de la situación. Así que allí estaba yo, cogiéndola fuerte del pelo mientras la penetraba con tanta intensidad que el chasquido de mi cuerpo chocando con su trasero se escuchaba hasta en el fondo del pasillo.


- Ya va... joder. Ahora si.
- Vamos, dámelo todo.

La apreté fuerte contra la cama y comencé a apretarle las nalgas con mis manos. Mientras ella aguardaba con interés escucharme por la espalda como llegaba al orgasmo final y me rompía en una fracción de segundo.


- Ohhhhhhhhhhhhhh... ¡joder!

Saqué la polla de su ardiente sexo y con la mano dejé que la enorme corrida brotara de mi verga para mancharle todo el culo y la espalda mientras yo sentía el éxtasis final. Me sentí liberado tanto de gran cantidad de semen como de la búsqueda de placer; porque polvazos como éste pasan a la historia.


- Cabrón, me has llenado toda de lefa... que encima está ardiendo. No sé como lo haces, pero me has dejado muerta.
- Y yo también morena... yo también...

15 septiembre 2016

Contra la pared.

Tenía tantas ganas de follármela que no pude evitar ponerme rudo, y de un tirón, llevado por el fuego de la pasión que me arde en el interior, arrancarle el top. Dejé al aire sus pechos, aunque en realidad lo que estaba deseando era empotrarla y follármela con ganas. Será que la vuelta a trabajo, o la cuesta de septiembre, que se está haciendo dura... 


Pero la historia no había comenzado ahí. Después del trabajo, del gimnasio y de darme cuenta que llevo una semana sin follar, tanto que los testículos ya empezaban a estar bien rojos y repletos de semen, dándome una sensación constante de pesadez en esa parte de mi cuerpo... Así que tenía que ponerle remedio.

Lo bueno de tener amigas con la mente abierta es que siempre están dispuestas a pasar un buen rato, sobre todo cuando digo, sin tapujos que tengo unas ganas de follar que no puedo con mi vida. Así cualquiera dice que no... Por eso, al poco de entrar en su casa, ya me estaba provocando como el capote que provoca a un toro bravo.


Su tremendo culazo era cosa de otro mundo... y pensaba probarlo dándole por atrás bien fuerte. Pero eso aún iba a tener que esperar un rato, pues antes de nada me quité mi camiseta blanca ajustada a un rincón y me abalancé sobre ella para comenzar a besarla mientras mis manos recorrían su cuerpo y rozaban sus duros y erectos pezones.


Ahí fue cuando le rompí de un movimiento su top.

- Estás loco... ¿Tantas ganas me tienes? -dijo riéndose-.
- Te voy a partir.
- Hum... tal vez. Pero antes tengo que calentarte todavía más, mi amigo follador. Que yo también tengo muchas ganas de follar con ganas.


De un movimiento sacó toda mi tranca, poniéndosela sobre la cara. Un segundo después ya forzaba la boca para atragantarse con mi verga dura mientras comenzaba a gemir al sentirla como le abarcaba toda la boca. Como un enorme tubo de placer, se la metí hasta donde me dejó. Pero estaba claro que su límite lo íbamos a superar en cuanto la pasión me desbordara.


Observaba sus ojos, como se engrandecían cada vez que mi polla entraba en su interior. Estaba expectante, casi llorosa de la magnitud que comprendía mi sexo. Reconozco que después de una semana encontraba en una mamada una deliciosa paz necesaria para mi alma. Porque cuando uno ama el sexo, por mucho que quiera, tiene que hacerlo, contra viento y marea.


De rodillas en el suelo, no hacía otra que comerme la polla mientras yo gozaba como un cabrón. Podía observar los duros muslos que tenía como quien contempla una obra de arte. Ella estaba tan deseosa de mi que no podía imaginar que yo le tenía todavía más ganas a ella. Así que pronto comenzamos a quitarnos la ropa lentamente mientras ella evitaba alejarse de mi rabo.


- ¡Qué animalada...! -dijo mientras mi polla le daba un breve descanso a su boca-.
- Si te encanta...
- Recuerdo cuando dejé a mi novio después de cuatro años y semanas después te conocí y me acosté contigo por primera vez. Cuando te la vi no podía imaginar que pudiese ser real.
- ¿Por qué? - respondí intrigado-.
- Porque mi ex la tenía siempre blanda y la tuya es dura como una columna.


- A ti si que te voy a follar contra una columna, nena.

Parece ser que eso la puso todavía más cachonda, porque comenzó a tragarse mi polla como si no hubiera mañana, mientras yo me ahogaba ente gemidos y ladridos de un perro malherido. La verdad es que necesitaba esto como el comer... Aunque en realidad ella era la que estaba comiendo, aunque disfrutando tanto como yo o más.


Poco a poco la fui acercando hasta la pared, llegando el punto en el que ella estaba entre la espada y la pared. Con poco margen de maniobra y sobre todo sin querer escapar, decidió quedarse allí y convertirse en mi rehén voluntario para que hiciera con ella lo que quisiera... y vaya si lo iba a hacer.

¿Vosotras habríais hecho lo mismo? Seguramente si.


En cuanto sentí que mi sexo estaba tan caliente que ardía dentro de su boca, decidí que era el momento de comenzar a follármela como hacía tiempo que estaba deseando hacer. Así que la cogí de los hombros, la subí a peso sobre mi y de una estocada le clavé mi dura polla en su sexo caliente.

- ¡Dios! ¡Qué bueno! -gritó-.


Ambos nos lanzamos a besarnos con pasión, porque el sexo sin pasión no es nada. Así que pude sentir en su húmeda lengua el sabor de mi verga en su boca. Estaba claro que había hecho un buen trabajo, pero que aún no lo había acabado... y que aún iba a tardar un rato en acabarse.


La empotré contra la pared y comencé a follármela con fuerza, con intensidad, mientras ella se sujetaba de mis hombros yo la mantenía con la fuerza de mis brazos contra el muro. Estaba claro que se había abierto a mi y era el momento de surcar su sexo con mi columna, como ella había dicho antes. Ya habíamos alcanzado el punto de ebullición y ahora solo nos tocaba quemarnos el uno al otro.


Podía sentir todas las curvas de su cuerpo, de su torso desnudo y en movimiento sobre mi pecho. Como sudaba de placer en cada una de mis embestidas contra su sexo abierto y también como me besaba con pasión, tratando de recorrer mi rostro con sus labios al mismo tiempo que procuraba respirar para recuperar el aliento que perdía cada vez que la embestía con fuerza contra la pared.


- ¡Quiero follarte más fuerte!
- ¡Fóllame todo lo fuerte que quieras! 

Así que comencé a empotrarla contra cualquier rincón que pudiera. Contra un cuadro, sobre un mueble, contra el armario o una puerta, me daba igual con tal de que aguantara la presión que ejercía todo mi cuerpo sobre ella con pasión. Estaba muy hambriento de su sexo.


Más y más fuerte la empotraba, follándomela contra cualquier pared que resistiera el avance de nuestros cuerpos fundidos en uno solo. Bailando el sexo sobre ese piso a la luz de la luna mientras nuestros gemidos y el sonido del choque de nuestros cuerpos componía una bella melodía sobre la que gozábamos.

- ¡Toma, joder! ¡Toma!
- Ahhhh... ¡Ahhhhhhh!... ¡No pares!


La tensión se palpaba en el ambiente, cogiéndola fuerte de sus nalgas duras y morenas, la aupaba y la dejaba caer a peso sobre mi dura polla, que aguanta todo lo que le eches. Así, con mis manos firmes la utilizaba para follarla intensamente. Este columpio de placer es una de las mejores posturas para follar que se puede tener el privilegio de disfrutar... y vaya si la disfruté.


Ella me miraba fijamente, como extasiada de la situación que estaba viviendo, que estaba sintiendo y que le penetraba inexorablemente, una y otra vez, con fuerza, en el lugar de su cuerpo que más gozo le hace sentir. Agradecida por sentir como nos fundíamos en su vértice, la tensión se acumulaba y se liberaba en cada una de las veces que la empotraba contra la pared.

- Como me gusta follar contigo...
- Y a mi contigo, nena, a mi contigo también...


Con movimientos rápidos y bruscos yo araba su cuerpo con mi pala. Había ido creciendo en intensidad, desde lo más lento y romántico hasta lo más fuerte e intrépido. Así pues, la estaba abriendo en canal, mientras mis manos cogían sus muslos y usaba su cuerpo como un péndulo al que poder penetrar con toda mi ira. 


Ella estaba gozando tanto que no podía creérselo. Miraba hacia abajo y contemplaba, igual que yo, la belleza de la penetración entre dos cuerpo completamente entregados al deseo. Por eso me gustan tanto las mujeres a las que puedo coger y empotrar, empalándolas con mi rabo duro.


Estaba completamente desatado. Las gotas de nuestro sudor recorrían mi piel y no podía dejar de pensar en seguir el trabajo que se había quedado incompleto hacía ya un buen rato. Así que le solté las piernas, se puso erguida frente a mi, y de un rápido movimiento la miré fijamente, la puse otra vez de rodillas frente a mi y le endosé hasta el fondo mi polla en su boca. Tenía ganas de follarme también su boca contra la pared.


Ella se sintió tan sorprendida que poco pudo decir y menos aún reaccionar. En cuanto la cogí fuerte de la cabeza y la penetré sin piedad, ella lanzó un gemido, pero yo grité como un lobo al que acaban de cazar por sorpresa.

- Ohhhhhhhhhh...
- Mmmmmmm... -alegó ella con mi boca metida hasta la garganta-.
- ¿Y tú decías que no te cabía?


Ella se dejó hacer, sabía que delante no tenía a su ex el de la polla blanda, sino a un auténtico hombre que está deseando follar en mayúsculas, fuerte, intenso y hasta las últimas consecuencias. Así que apoyó su cabeza sobre la pared y me miró para darme el visto bueno a que me follara su boca como quisiera... Supongo que con el trato de que siempre y cuando, luego me la volviera a follar contra la pared hasta que gritara como una perra tras alcanzar el orgasmo. Era un trato más que justo.


Parece que después de comprobar que, efectivamente, mi tranca le cabía hasta el interior de su boca, se animó y comenzó a demostrarme lo guarra que era y las ganas que tenía de darme placer hasta el final. Así que pude observarla mientras, de rodillas frente a mi y contra la pared, agarrándola fuerte del pelo por si acaso pretendía escaparse de sus obligaciones, se la tragaba hasta el fondo una y otra vez.


Con codicia, se dejaba llevar por la pasión desmedida, la misma que me inundaba el alma en ese momento, y comenzaba a relajarse mientras era penetrada como un martillo pilón por mi sexo incansable.

- Vamos, dámela toda. La quiero para mi.
- No me digas eso nena, que te puedo destrozar.
- ¿Crees que me importa? Yo solo quiero que sueñes con esta boca cada vez que la tengas dura y con ganas de follar.


Eso me puso tan cachondo que ya no pude aguantar más. La alcé de nuevo, la cogí de una pierna y comencé a follármela mientras ella no apartaba su mirada sucia de mi. Me deseaba tanto que mi verga ardía en el interior de su horno húmedo.

- Así me gusta potro desbocado.
- ¿Potro desbocado?
- Es una forma de llamarte, porque joder... eres puro fuego cabronazo.
- Llámame como te plazca, mientras me dejes que te folle.


Le solté la pierna y la puse contra la pared. Ahora si que no podía moverse ni lo más mínimo. Era el momento de demostrarle lo caliente que estaba, y la verdad es que actué como un potro desbocado, porque ella apenas podía moverse contra la pared mientras aguantaba, como podía, la furia de mis penetraciones que con fuertes movimientos de cadera la penetraban hasta levantarla.


La cogí fuerte de la cintura y comencé a darle. Si quería ser follada lo iba a ser con todas las letras. Ambos sufríamos un gran placer, en la brecha entre la lujuria y la locura, llevando al límite nuestros cuerpos, nuestras emociones y sintiendo la intensidad de nuestros sentidos. Un clímax que hacía arder nuestra piel. En resumen, la necesidad y el deseo de dos personas que quieren disfrutar del sexo una noche cualquiera, porque cualquiera es buena para disfrutar del sexo.


Yo me fui desbocando poco a poco, hasta el punto que ella ya no podía hacer otra cosa más que respirar fuerte y gemir por la intensidad con la que me la estaba follando. Había perdido la noción del tiempo y del espacio, para mi allí solo estaba ella, la pared y yo. Nada más me importaba.


Sabiendo que estaba fuera de control ella echaba más leña al fuego ¡Cómo me gusta que me hagan esto! Así que yo la miraba fijamente mientras mi cadera se esforzaba en penetrarla con tanta fuerza que la pared ya comenzaba a mover los cuadros de unos metros más allá.

- ¡Dame! ¡Dame!


Esas órdenes bien comandadas por ella eran el preludio de su rendición incondicional. Con la fiereza de este polvazo, ella comenzó a inclinarse, declinando su vigorosidad en mi para dejarse hacer hasta que finalmente estalló en placer.

- ¡Ahí! ¡Ahí! ¡Si! ¡¡Siiii!! ¡¡¡SI!!! 


Estaba tan mojada, y más después de correrse como una auténtica loba en mi entrepierna, que las gotas de su sexo húmedo caían por mis piernas. No la pude dejar recuperar el aliento, cogiéndola bien fuerte de la cintura la movía a mi antojo para ser yo el que estallara de placer de un momento al otro. Con la intensidad de esta follada y lo mucho que había disfrutado estaba deseando romper la racha de una semana sin correrme.


Y es que cuando alguien como yo está una semana sin sexo suceden estas cosas, como coger a cualquiera y follármela con tanta intensidad que siento que estoy a punto de reventar. Aunque en realidad lo que estaba a punto de estallar eran mis testículos, completamente rojos e hinchados, cargados de semen que iba a dejar salir a chorro de un momento a otro. Por eso me separé de la pared y la puse otra vez de rodillas.


- ¡La quiero toda! ¡Dámela!

Ella usó las últimas fuerzas que le quedaban y el poco aliento que le restaba, para masturbarme con fuerza usando las dos manos, hasta que, prácticamente sin avisar, lancé un grito seco que retumbó por toda su casa. Ella se glorificó por ser bañada, literalmente, por toda mi leche, que brotaba con numerosos chorros, que la bañaron entera en mi semen.


- Esto si que es buena forma de solucionar las cosas...
- Niño, si tu fueras político ya tendríamos gobierno desde haría meses -reímos-.
- Siento haberte roto el top.
- Tranquilo... creo que me lo he cobrado con creces.