28 agosto 2016

Insaciable.

Viernes por la tarde. Un amigo y yo estamos en el paseo marítimo tomándonos algo en la terraza de un pub. La noche se anima rápidamente, se escucha el sonido del mar de fondo entre el sonido del gentío que se pasea de un lado a otro. Son muchas las mujeres guapas que pasan por delante, entrando y saliendo del pub, que está abarrotado en uno de los últimos fines de semana de este verano.

Entonces la vi. Allí estaba ella, saliendo del coche con el resto de sus amigas. Llevaba un precioso vestido negro de verano que se le ajustaba perfectamente, marcando todas las preciosas curvas de su cuerpo. Su melena rubia y su rostro angelical destacaban entre todo aquel gentío de la noche del viernes.


En seguida la seguí con la mirada y pronto ella también me siguió con su mirada. La pícara me sonrió y fue cuando le dije a mi amigo que nos acercásemos a su grupo. Comenzamos a hablar de una forma muy animada mientras la noche cogía más ritmo. La presión de gente en aquel local era tal que no pudimos evitar pegar nuestros cuerpos y sentir sobre nuestra piel el calor del otro.

Realmente me sentía muy atraído por ella. Era su cuerpo, su piel, su rostro y las curvas de su cuerpo pegadas a mi piel lo que me excitaban. Pronto ella se dio cuenta de lo mucho que me excitaba y sobre todo del regalo que tengo entre las piernas. Yo pensaba que era una chica más bien romántica, pero me equivoqué completamente. Pues aprovechó que sus dos amigas estaban hablando con mi amigo para comenzar a recorrer mi entrepierna con su mano mientras me lanzaba una mirada de las que matan.


Yo no podía aguantar más. Sentía la sensación (que ya os he contado varias veces) de que el vaquero me iba a estallar. Así que le dije que no vivía muy lejos de allí y si le apetecía tomar algo en un sitio menos abarrotado de gente.

- Llévame a tu casa -respondió taxativamente-.

Nada más cruzar la puerta comenzó a jugar, otra vez, con mi paquete entre sus manos. En apenas un instante se había arrodillado y comenzaba a comerme la polla. Yo estaba sorprendido de tanta belleza y tanta lujuria juntas.


Tardó poco en bajarme los pantalones mientras comenzaba a deleitarse, con su lengua, por todo mi sexo candente. Supongo que tenía claro que es lo que buscaba en esta noche de viernes, porque me di cuenta que no llevaba ropa interior. Sin embargo, apenas podía abrir los ojos al sentir como su boca me comía toda la verga de arriba a abajo.


No mostró sorpresa, sino admiración. Lo demostró a base de comerme la polla, desde la punta más caliente hasta los testículos, completamente duros gracias a sus lametones en la base de mi erecto y duro rabo.

- Mmmmm... ¡Qué buena polla!


Después de eso comenzó a tragársela poco a poco, cada vez procurando adentrarse mi verga más en su boca. No obstante yo estaba centrado en su mirada, fija en mis ojos, desafiante ante la mamada que me estaba dando.


La agarraba con tanta fuerza que podía sentir como la sangre bombeaba con fuerza en mi polla. Jugaba con ella como si estuviese deseando hacerlo. Se había arrodillado frente a mi; con esa mirada y esos lengüetazos calientes que me daba, lograba matarme y resucitarme en un segundo.

Lap, lap, lap... Una y otra vez me la mamaba.


Se notaba que estaba disfrutando tanto como yo de esta tremenda comida de polla con la que me estaba deleitando. Nunca hubiera imaginado al comienzo de la noche que iba a deleitarme con semejante manjar con tan bella mujer.

- Me gusta lo dura que la tienes.


Se echó para atrás y se quitó el vestido. Dejó claro que no llevaba ropa interior de ningún tipo. Pero lo que más me alucinó fue comprobar los tremendos y bellísimos pechos, bien duros, que tenía. Percatada de como le miraba las tetas, comenzó a tocárselos mientras me decía...


Fíjate lo duros que tengo los pezones.
- Se nota que estás muy cachonda -respondí-.
- No lo sabes bien nene... déjame que te la coma un poco más -y volvió a tragarse mi polla-.


- Mmmmmmm.... Mmmmmmm... Mmmmmmmmmmmmm...

Disfrutaba chupándome la polla como una auténtica puta. Tal vez era así de caliente o tal vez necesitaba un buen polvazo. Sea como fuere, la cuestión es que estaba comiéndome el rabo y yo disfrutaba al máximo.


- Uf... qué bien me lo voy a pasar contigo -dijo refiriéndose a mi polla-.
- ¿Y yo qué?
- Tú... con esos ojazos, lo guapo que eres y esta polla que tienes, no entiendo como estás soltero.

Se lanzó sobre mi y comenzó a besarme con desatada pasión. Yo me quedé sorprendido, pero resultó tan agradable que comenzamos a besarnos durante un buen rato, perdiendo por completo la noción del tiempo.


Tras unos minutos paramos de besarnos y nos quedamos mirándonos a los ojos. Entonces le dije:

- Quiero follarte.

Ella se levantó como si tuviera un resorte entre las piernas y me preguntó cómo quería que se pusiera. Yo me tumbé y ella cogió la polla con una mano, se sentó sobre mi y se la introdujo en su sexo sin delicadeza. No se lo pensó dos veces antes de sentir como la colmaba hasta el fondo y gemía de gusto.


- ¡Oh, joder! ¡Qué bueno!

Yo miraba como movía su trasero y su cintura para adentrarse mi verga en su vagina con remilgada entereza. Estaba disfrutando demasiado como para parar, pero también sentía lo diferente que es comer una buena polla a sentirla dentro.


- Vamos nena, más fuerte.
- ¿Así?


- No, recuéstate sobre la cama y déjame que te folle bien fuerte.

Entonces comencé a penetrarla con toda mi furia destatada. Ella abrió tanto la boca como los ojos y comenzó a maldecirme en silencio mientras sentía como la follaba con fuerza. Ella apretaba los dientes.


- Si sigues así me vas a romper... relájate un poco cariño y déjame a mi.

Yo le hice caso y dejé que volviera a ponerse encima. Ella me pidió mis brazos para apoyarse y comenzó a saltar sobre mi con fuerza pero con un ritmo más tradicional.


Sus tremendas tetazas saltaban en cada una de mis embestidas mientras el sonido del golpeo de mi sexo contra su bajo-vientre reflejaba la intensidad del momento. Era una rubia tan guapa, tan caliente, tan atractiva y tan intensa que sabía que iba a alargar este polvo todo lo posible. No podía dejar de mirar sus pechos y sus cabellos rubios en movimiento.


- Mmmmm... Joder, eres una locura...
- Lo sé.

Puse mis manos en sus duros pechos y comencé a apretarlos con delicadeza, sobre todo en sus pezones duros, mientras no paraba de follármela con toda la intensidad que me permitía esta postura.


- Vamos a probar otra postura.
- La que quieras -dijo entre sus dientes-.
- Ven... levántate y déjame que te folle contra la pared.


Ella me pedía tranquilidad, pero yo esa noche necesitaba intensidad y de la buena. Así que la coloqué contra la pared y comencé a penetrarla mientras mis embestidas la empotraban con fuerza contra el muro. Sin darme cuenta la cogí del cuello y comencé a empalarla con mi dura polla, metiéndosela hasta el fondo de su entrepierna.


- ¡Oh... joder! ¡Hijo de puta!
- ¿Qué te pasa?
- Nada. Tú aprieta más y fóllame como a una guarra.
- Eso hago.


Entonces la puse frente a mi y comencé a follármela mientras dejaba que me mirase con ira mientras lo hacía. Ella no me pedía que bajase el ritmo, se había dado cuenta de la clase de hombre que soy y que en estos casos no atiendo a razones, me dejo llevar por la intensidad del momento, por la intensidad de una buena follada.

- Ahhh... Ahhhhhhh.... ¡Ahhhhhhhhhhhhh!


Ella no podía evitar mirar para abajo, contemplando mi verga mientras entraba y salía de ella con fuerza.

- Menuda polla tienes, cabrón.


Ambos estábamos empapados en sudor en esta calurosa noche de verano mediterráneo. La empujé otra vez contra la pared y le dije al oído que iba a metérsela por el culo. Ella respondió un tímido "no", pero ante mi insistencia su silencio me dejó claro que cambiaba de opinión fácilmente. Por si acaso insistí una tercera vez (para evitar malentendidos) y me respondió:

- Esta noche soy tuya. Hazlo.


Así que sin más dilación se la metí y comencé a follármela con sexo anal. Ella lanzó un "joder" exclamativo al aire mientras sus piernas perdían fuerzas y abrían su ano a mi dura verga. Estoy completamente seguro que ella no se había imaginado, al salir de su casa aquella tarde, que iba a ser follada con tanta fuerza esa misma noche por todos los orificios de su cuerpo.


Ella me resultaba tan atractiva que no podía evitar convertirme en una bestia ávida de sexo en cualquiera de sus formas. Tal vez si no me sintiese tan atraído por ese cuerpazo, esa cara bronceada por el sol y su larga melena rubia, no me la habría follado esa noche de todas las formas posibles... Pero lo hice, y reconozco que me resulta difícil describir la mirada que me lanzaba mientras yo la miraba con deseo y la penetraba por su dulce trasero.


- Supongo que te habrás dado cuenta que no estoy muy acostumbrada al sexo anal.
- No importa, por eso te he preguntado.
- Quiero hacerlo bien... -dijo dubitativa-.
- Con este cuerpazo que tienes y lo caliente que eres en el sexo, es imposible que no lo hagas bien. No te preocupes niña.


No obstante sentí en mi interior la necesidad de demostrarle lo placentero que puede ser para ambos el sexo anal una vez que ya se ha dilatado por completo ante mi erecta verga. De esa manera la puse contra el escritorio y comencé a follármela por el culo como si no hubiera mañana. Ella gritaba de gusto sin importarle que las ventanas estaban abiertas.


La abrí las piernas y le di el remate final. Ella apretaba los dientes y me maldecía, pero se dejaba hacer, tal vez por experimentar algo nuevo y tal vez porque era aún más guarra de lo que afirmaba. Sea como fuere, perdí el control de mi mismo durante unos instantes, lo reconozco.


- No tan fuerte, por favor -me pidió mientras me ponía la mano sobre el pecho-.

La volví a colocar sobre la cama y la penetré, con rudas embestidas a las que le daba una considerable fuerza, pero a un ritmo menor para que ella pudiera sentir como la penetraba con mayor intensidad. Ante esta bajada de ritmo ella me miraba, con ese lindo rostro, traviesa.


Ella se dejó caer sobre la cama y me permitió que la embistiera unas cuantas veces más. Estaba completamente a mi merced, y yo, insaciable, no pude dejar pasar esta oportunidad para follármela, de todas las formas posibles y con la mayor intensidad posible. Pero sentía que esta postura ya no daba más de si...


- Ahora ponte a cuatro patas.

Le tumbé la cabeza sobre la cama y ella gimió de gusto. Tras sentir toda mi furia con el sexo anal, no pudo evitar sonreír al saber lo bien que me la iba a follar a cuatro patas. Estaba completamente a mi merced y sabía que soy un raro espécimen de hombre al que le gusta llevar la iniciativa y lo hace bien (porque hay muchos que la quieren llevar pero dejan mucho de desear).


Con su ano aún dilatado, ella abrió de nuevo su entrepierna para recibir en su vagina toda la dimensión de mi rabo erecto. La tenía tan dura que tenía la sensación de que la colmaba y como su vagina se resistía, sin éxito, a permitir que la penetrara hasta el fondo con toda mi espada de carne.

- Eres un animal ¿lo sabes, no?


La cogí de los brazos y comencé a follármela con la misma intensidad que lo había hecho antes contra la pared. Ella gemía de placer, pero a diferencia de antes, esta vez estaba bastante locuaz, tal vez porque ya lo había perdido todo, hasta la vergüenza:

- Así, joder, así... Quiero sentirla como me la metes hasta el fondo.


Yo permanecí en silencio, únicamente centrado en follármela, porque después de todo lo que habíamos hecho, sabía que no iba a tardar demasiado en pegarme una buena corrida sobre aquel rostro angelical y esos cabellos rubios que tanto me excitaban.

Me la estaba follando, con las piernas bien abiertas para mi, mientras estaba tumbada en la cama, con sus grandes y duros pechos apuntando hacia mi, endosándole hasta el fondo, como quería, mi polla dura. Ella, con la boca entreabierta gemía de gusto.


- Rubia, eres increíble.
- Si eres tú quien estás haciendo todo el trabajo -dijo condescendiente-.
- Bueno, has sido tú quien ha empezado jugando con mi polla.
- Es que soy un poco puta.
- Justo como me gustan las mujeres. Sabes... me recuerdas a alguien ¿Tú no serás A.?
- No... -dijo suavemente, desviando el tema-.


- Me voy a correr.
- Yo también.

Comencé a penetrarla con furia, esperando el ansiado momento en que me fuera a correr. Pero el orgasmo se le adelantó a ella, poniendo los ojos fijos en el firmamento del techo de la habitación lanzó una serie consecutiva de gemidos de placer que, estoy seguro, despertaron al resto del edificio, si no estaban despiertos ya. Mientras tanto, yo continuaba follándomela.


- Joder... ya viene. Me voy a pegar una buena corrida.
- Quiero sentir tu "lechita" sobre mi piel.
- ¿Me dejas que me corra sobre tu cara?
- Claro, pero procura no mancharme mucho.

Al poco, me corrí a borbotones de semen sobre su hermoso rostro.


- Joder niño... ¿no te había dicho que no me mancharas mucho? -dijo con una sonrisa en la cara-.
- Me corro mucho, no puedo evitarlo.
- Ya veo... Me has llenado toda de lefa ¡Mira, hasta en las piernas!

La miré fijamente mientras sonreía y respiraba fuerte, tratando de recuperar el aire que me había quitado el orgasmo, sin saber bien que decirle.

- Tranquilo... Este polvo ha merecido la pena. Espero que no te importe que se lo cuente a mis amigas con pelos y señales...


- En absoluto... cuéntaselo a quien quieras. Yo también pienso hacerlo ¿Una ducha fría?

20 agosto 2016

Mi regalo de cumpleaños.

El pasado día 15 fue mi cumpleaños. A lo largo de todo ese día recibí infinidad de felicitaciones de la familia, amigos, amigas, amantes y compañeros/as de trabajo. También recibí varios regalos. Pero el que más me cautivó y no olvidaré fue el que me hizo mi ex María. A pesar de que hace ya unos cuantos que no estamos juntos y ella tiene pareja nos llevamos mejor que bien.

Quedamos el jueves por la noche para tomar algo y darme el regalo. La verdad es que esperaba que fuese un libro, ella sabe cuánto me gusta leer y siempre me hace el mismo regalo. Sin embargo, esa noche iba a ser muy diferente. Su mirada, sus labios y ese dedo con el que jugaba sobre ellos indicaba que para este cumpleaños iba a tener un regalo bien diferente a un libro.


Ella estaba realmente sexy. Además, me conoce de sobra y sabe lo fácil que es provocarme. Por eso se tocaba con sensualidad sus pechos mientras yo no dejaba de mirarla con interés en mis ojos verdes. Después de ponernos al día con nuestras respectivas vidas le pregunté:

- ¿Qué libro me has comprado este año?
- Ninguno, este año va a ser diferente -respondió María muy seria-.


- ¿Cuál?
- Una nueva historia para tu blog.

Y seguidamente se lanzó a besarme con la dulzura que recordaba.


- ¿Qué significa ésto?
- Quiere decir que esta noche vas a follarme como antiguamente. Hecho de menos tu polla.
- María... tienes pareja. Ésto no puede ser.
- Puedes estar tranquilo cariño, que él lo sabe y va a participar. Quiero que esta noche me folléis los dos. Sobre todo tú, por los viejos tiempos. Así que no te cortes y dame bien fuerte, que lo necesito.

Inmediatamente me cogió de la mano y nos fuimos para su casa.


Conforme entró me dijo que la esperara en el sofá del comedor mientras ella "se iba a poner cómoda". Sin prestarle atención entró su chico. La verdad es que es un tío estupendo que me cae de puta madre. Así que si os parece que esta situación es extraña, con él sentado al lado en el sofá lo era todavía más.


- Tú tranquilo... -dijo él-. Creo que lo mejor es que nos quitemos la ropa para recibirla como se merece.

Únicamente de sus besos en el cafetería ya había logrado excitarme sobremanera. Así que me desvestí incómodamente al lado de su chico. Cuando me giré él ya estaba completamente desnudo y pude observar la diferencia de tamaño que había entre ambos. Está claro que ellos dos se aman, y eso es lo más importante, pero está claro que no es perfecto.


Ella entró exultante por la puerta, con lencería que me la ponía más dura si cabe, tan solo con mirarla fijamente. Él se situó a su espalda y comenzó a desvestirla de una forma muy erótica. La verdad es que estaba deseando follármela como en los viejos tiempos...


- A ver... venid aquí los dos, que quiero chuparos las pollas.

Allí nos dirigimos con nuestras respectivas erecciones y le pusimos nuestros rabos duros junto a la cara. Ella los miró de un lado a otro con lascivia y comenzó a masturbarnos lentamente.


- Quiero comerte la polla como sé que te gusta -dijo María-.
- Adelante, es toda tuya.

Entonces, de un rápido movimiento se la metió hasta que mi glande alcanzó su garganta. Se notaba que hacía tiempo que lo deseaba, aunque no hacía tanto tiempo que se tragaba un buen pollón. Mirándolos a los dos, estaba claro que no era la primera vez que hacían esto... ni la última. Respeto mucho el ambiente de las parejas liberales, pero reconozco que nunca me ha interesado mucho.


Ella le hizo un gesto a él y rápidamente nos cambiamos de sitio. María me ofreció su trasero y comenzó a chuparle la polla a él. Yo me escupí en la polla para lubricarla un poco y no hacerle daño al metérsela (porque está claro que está acostumbrada a otro tamaño de pene).


Comencé a follármela con mucha fuerza mientras él gemía como un cabrón en cada una de las mamadas que María les estaba dando. Desde luego, no puedo decir que la situación que estaba viviendo no fuera interesante ni menos aún excitante. Aunque reconozco que me gusta más el uno contra uno, creo que es mi ambiente natural.

- Mmmmmmm... -dijo ella mientras giraba su cabeza lo que podía, mirándome, con la polla de su novio metida en la boca-.


- ¿Qué ocurre María?

Se sacó la polla de su chico de la boca y me dijo con seriedad:
- Quiero que me folles por el culo. Echo de menos tu enorme polla metida en él.


Así que se la introduje en el culo. Se nota que echaba de menos sentir una buena polla en su ano, más que nada por el grito de placer que nos estremeció mientras movía su cintura tratando de encontrar la mejor postura para alojar mi miembro en su cuerpo.

- Así, joder, así...


Estaba disfrutando mucho del sexo anal con María, que hacía años que no tenía. Sin embargo, me resultaba difícil mirarla, ya que mientras le chupaba la polla a su novio yo me descentraba un poco. Así que decidí posar mi mirada donde mi polla, en el movimiento incesante de mi verga entrando y saliendo de su trasero, centrándome en darle y recibir placer más allá de que fuésemos tres personas en aquella habitación.


María siempre ha sido una experta comepollas. Y es que el arte del sexo oral es complicado. No obstante los gemidos que daba su novio e inundaban todo el piso, dejaban claro que ella está licenciada en esta materia. Es una auténtica experta con las mamadas.

- Ella dice que aprendió a chupar pollas estando contigo... Supongo que debería agradecértelo -Dijo él-.

No le contesté.


Ella soltó la polla de su chico y me indicó que cambiáramos de postura pero no de lugar. Así que continué follándomela, aunque comenzaba a resultarme un poco monótona esta situación. Ya que aquí estoy más vendido respecto a la forma de tener sexo que quiera.


Mi regalo de cumpleaños se sacó la polla de la boca y dijo:

- Cambiad de posición...


Así que sin más dilación le metí la polla en la boca. Realmente pensaba cobrarme la vergüenza que estaba pasando allí a costa de darle fuerte con mi verga en su boca. Ella comenzaba a gemir mientras estaba tal abierta de piernas que no podía ni moverse más que por las embestidas que ambos le dábamos con fuerza.



Él la cogió de la cintura y comenzó a darle tanto impulso que prácticamente el entraban arcadas en cada una de las veces que se tragaba mi polla hasta el fondo. Eso me hacía sentir más y más incómodo, y creo que María, que me conoce de sobra lo supo ver. Así que en un momento dado, logró parar a su chico mientras pensaba como organizarnos...


- Ponte tú delante y tú detrás.

Ambos comenzamos a besarla. Por suerte, a mi me había tocado ponerme delante, así que pude disfrutar una vez más de esta noche de sus dulces labios, mientras él recorría su espalda con sus labios.


Ambos le clavamos nuestros respectivos sexos duros en el orificio asignad por ella. Comenzamos a follárnosla a dos bandas mientras ella se retorcía de gusto, moviéndose y estremeciéndose sin parar entre ambos.

- ¡Así me gusta que me folléis!


Aunque la diferencia de tamaño era sustancial, supongo que permitía el tránsito de ambas pollas por los orificios de su cuerpo. El culo ya estaba acostumbrado al tamaño de mi verga, así que no le costó recibir a su chico. Mientras tanto, yo no hacía más que metérsela hasta el fondo de su vagina para oír como gritaba y que vibrara de gusto mientras nos mirábamos fijamente a los ojos.


Él se tumbó y me dejó vía libre para que me la follara como me diera la gana. Así que con las dos pollas clavadas en su cuerpo y pude ponerme en pié y comenzar a darle con tanta fuerza que él prácticamente le podía meter la puntita.

- ¡Si, así! ¡Dadme fuerte!


Me dejé llevar por un rato de enajenación y de locura. Mi polla la follaba con tanta fuerza que María no cesaba de gritar de placer. Ahora había perdido la vergüenza y solo me centraba en follármela con ganas. Era el regalo de mi cumpleaños y lo quería disfrutar al máximo.


La cogí fuerte del pelo y continué metiéndole mi tranca.

- ¡Qué bueno eres, cabrón...!
- ¿Te habías olvidado?
- En absoluto... -hizo una pausa-. Pero desde que comencé a leer tu blog, no he podido parar de fantasear contigo.
- Pues aquí me tienes para tu uso y disfrute.
- Cabrón...


- Uf... ¡Cuánto me gustan vuestras pollas!

Yo no dije nada. Veía en sus ojos que el orgasmo se aproximaba. Pero él comenzó a decirle una serie de cursiladas al oído mientras yo no paraba ni un segundo de meterle mi polla. Los ojos de María, casi en blanco, se centraban únicamente en mirar su entrepierna partida por nuestros dos sexos.


Sentí que su orgasmo estaba cerca. Así que me aproximé todo lo que pude a ella y comencé a penetrarla con tanta dureza que pensaba que salía volando. Yo lo estaba dando todo en este trío sorpresa que me había preparado como regalo de cumpleaños, pero antes del orgasmo la cogí del pelo y dejé que gritara de placer junto a mi piel...


Sin darle tiempo a respirar y sin que ella me dijera nada. Saqué mi polla de su sexo caliente y completamente mojado para incrustársela en la boca. María la recibió de buen grado mientras su novio continuaba haciendo lo que buenamente podía.

- ¿Quieres que te la meta hasta el fondo?

Su mirada dijo si.


- Ghhhhfff... -gimió ella mientras mi verga estaba almacenada en el interior de su boca-.
- ¿Así?
María se la sacó de la boca y dijo: -Si-.


Su chico se escabulló como pudo y se apuntó a la fiesta. La verdad es que aquí si que resultó irrisorio el tamaño de su pene en comparación con el mío. Tío, si estás leyendo esto lo siento de veras, sé que no es tu culpa, pero yo cuento las historias tal y como son... y por desgracia esta parte es así.

María podía disfrutar ahora de dos pollas en su boca. Yo estaba a punto de correrme, y la verdad es que tenía ganas de hacerlo, sobre todo después de ver como ella había sentido el orgasmo de una forma tan intensa. Sin embargo, él era el reflejo del aguante por encima de todo... se notaba que si no fuera por el interés de mantener la dignidad, se habría corrido hace tiempo y llevaba aguantando bastante rato.


María se tumbó sobre el borde del sofá y dejó que le hiciéramos lo que teníamos muchas ganas de hacer. Ambos comenzamos a masturbarnos y él poco tardó en correrse en toda su cara.

- Ahora te toca a ti semental.


En apenas treinta segundos me masturbé con toda la fuerza que pude para intentar correrme lo antes posible en aquel rostro angelical de María. Ella me ofreció su boca abierta y su lengua para recoger cada una de las gotas de lefa que salió a borbotones de mi cara.

- ¡No podía faltar merengue en un cumpleaños!


- No te imaginas lo que he disfrutado con esto... Me parece que el regalo no te lo he dado yo a ti, sino al revés. Supongo que este año tampoco me libraré de comprarte un libro...
- Tengo unas cuantas propuestas para que no te cueste encontrarme regalo -le guiñé el ojo mientras mi leche caliente se le caía por el borde de la boca-.


Acepto más regalos... sobre todo si son como éstos.