30 julio 2016

Partiéndote por la mitad.

Llevaba toda esta semana con un calentón de tres pares de narices. Así que en cuanto llegó la noche del viernes no pude dejar pasar la oportunidad de descargar toda mi tensión sexual acumulada durante la semana. Era el momento perfecto para llamar a una amiga a la que le tengo muchas ganas. En cuanto la vi, con su cuerpecito moreno, esa melena larga rubia y lisa, junto a esos ojazos azules que tiene, me llevó al éxtasis pasando por el descontrol...


Le pedí que se quitara la ropa despacio... y lo hizo sin quitarme la vista de encima mientras no apartaba la mirada de sus ojos azules de los míos. Su cuerpo bañado por el sol del verano levantino se dejaba entrever entre su tanga y ese top que se quitaba sin mucha habilidad.

Cuando se hubo quitado la ropa, no pude contenerme de admirar ese cuerpo de delito desde una posición privilegiada, poniéndome de rodillas frente a ella, para inmediatamente después ponerme a saborear ese jugoso coño que me aguardaba con impaciencia.


- Joder macho... ¡qué ganas tenías de que me abriera de piernas para ti! ¡No me has dejado ni respirar un minuto!
- ¿Para qué? -Dije soltando mi lengua un instante de su sexo caliente-.
- Mmmm... (suspiró) Eso digo yo...
- Tengo tantas ganas de follarte que creo que te voy a partir en dos.
-Su cara de placer dejó entever una sonrisa y me dijo mirándome fijamente- Adelante... 


Entonces me levanté de un salto. Puse mi cara de rabia convertido ya en una bestia con ganas de penetrarla con fuerza. La tomé del brazo y la llevé a la cama. Allí ella continuaba abierta de piernas para mi mientras me miraba, con una mezcla de incertidumbre y necesidad, a que diera el siguiente pasó. Sin pensármelo dos veces, la agarré fuerte de los brazos y se le clavé mi polla dura hasta el fondo de su vagina de una sola estocada.


Luego me tumbé sobre ella y comencé a besarla. Era mi forma de agradecerle que me fuera a dejar que la partiera por la mitad con tanta intensidad que iba a acabar gritando que parara... Pero todavía estábamos en las primeras fases de esta noche del último viernes del mes de julio. Así que comencé a penetrarla agarrándola por las piernas como si se tratara de un conejo mientras la embestía cada vez con más furia.


- ¡Ahhhhh... me cago en...! ¡Qué barbaridad!

Yo no podía dejar de pensar en follármela, sintiendo cada penetración que le daba, cada pollazo con fuerza que le hincaba en su sexo húmedo, porque estaba demasiado desatado como para no celebrar el verano con un buen polvo así...


Sus ojos azules no podían hacer más que mirarme mientras yo me esforzaba hasta el punto de comenzar a calentar el ambiente de toda aquella habitación. El viento procedente del mar apenas rozaba las cortinas y la temperatura de ambos aumentaba por momentos. Era imposible no dejar caer mis gotas de sudor mientras la penetraba. No obstante, yo únicamente me fijaba en sus ojos color mar.

- Tienes unos ojos preciosos.


Con una pierna sobre mi cuello, ella comenzó a sentirse ahogada por el calor y mis folladas. Estaba gritando y gimiendo como una puta. Pero yo no paraba ni un segundo a pesar de que también estaba comenzando a sentir el ahogo de esta atmósfera de esta noche tropical en el Mediterráneo. Ella bajó su mirada y comenzó a sentirme maravillada de contemplar como mi tranca entraba en su vagina una y otra vez sin descanso.

- Estás como una cabra, animal.
- Cállate o te doy todavía más fuerte -dije entre susurros-.


- Quiero ponerme encima.

Aprovechando sus piernas abiertas la coloqué sobre mi en unos movimientos. No podía estar más abierta, más dulce, que con su sexo totalmente orientado hacia mi. Era el momento de que ella tomara un poco la iniciativa... pero eso no dejaba de lado las muchísimas ganas que tenía de penetrarla hasta el fondo con toda mi fuerza.


Desde esta posición privilegiada puse comenzar a contemplar y luego degustar, sus deliciosos pechos. Eran tan tersos, tan agradables al tacto y al gusto, que poco a poco comencé a dejarme llevar por sus galopadas, mientras yo me centraba en saborear el agradable sabor de su pecaminosa piel morena entre esos cabellos rubios que no dejaban de moverse al compás de sus movimientos.


- Cógeme de la cintura y empálame.


Ella estaba totalmente desatada. Usando mi polla como si fuera su juguete... porque en esos momentos lo era. He de reconocer que no hay nada más agradable que cuando una mujer está tan deseosa de follar con uno que pierde los estribos y te utiliza en pro de su propio placer. De esa situación puede salir cualquier cosa espectacular. 

Notaba perfectamente como mi polla se movía al compás que estos ojazos azules marcaban mientras yo continuaba con mi delicioso postre de pecado en mi boca. Tenía la tranca tan dura que ella podía estar tranquila de galopar con la intensidad que le diera la gana.


El manjar que degustaba era una auténtica delicia. Con ese movimiento tan sensual que podría llevarme a estar contemplándolo durante horas. Porque, es irrevocable, que una mujer sexy y que admite que tiene muchas ganas de follar es irrechazable.


Situé mis manos en sus perfectas y duras nalgas, mientras las abría para que mi verga tiesa pudiera penetrarla hasta reventar. No obstante, ella estaba comenzando a dar signos de debilidad, pues ante semejante calor es difícil mantener un ritmo alto durante bastante tiempo. 

- ¡Hasta para follar hace falta aire acondicionado!


Así que cogí de nuevo la iniciativa. Pero estaba vez si que iba a partirla en dos. Estaba totalmente deseoso de jugar con ella con fuerza. Aprovechando su escasa talla, la cogí con los brazos y me puse en pie. De esa manera, sin sacar mi polla de su sexo, comencé a follármela de pie en mitad de la habitación. Ella se observaba siendo follada por mi en el espejo.


- ¡Ponme contra la pared de ahí! -la opuesta al espejo.
- Si lo hago no te puedo asegurar que me controle.
- Tranquilo... no quiero que te controles.


Presionada contra la pared con todo mi peso, no dejaba de penetrarla ni un instante. Estaba necesitado de follármela ahí y en ese instante, sin importarme lo más mínimo que la ventana estuviera tan abierta (para evitar el calor) que los del piso de enfrente podían vernos follando con absoluta claridad. Bueno... si nos vieron, eso que se llevaron. Estoy seguro que en su vida han sido capaces de penetrar con tanta fuerza como lo estaba haciendo esa noche de viernes contra esta rubia caliente.


- ¡Ohh... Ohhhhhh.... Ohhhhhhhhhhhhh... joder, no pares hostia!
- ¡Toma polla guarra!

Ella me mordió en el cuello y luego comenzó a chuparme mientras me besaba el cuello en completa tensión a causa de la fuerza con la que la penetraba contra aquella pared del cuarto.


- Me tienes cachonda perdida. 

Cogiéndose del cuello, comenzamos a andar por la habitación mientras ella, apoyada en mi, cabalgaba sobre mi polla dura, clavándosela hasta el límite, mientras gemía de placer y me pedía más. Estaba claro que la rubia estaba alcanzando el punto de no retorno en la que el orgasmo es cosa de unas cuantas embestidas más.


La puse contra el espejo, le abrí bien las piernas y comencé a darle con tanta fuerza que pensé que iba a desmayarse (tanto por la culpabilidad del verano como por la mía). Así que su coño, completamente abierto y tan mojado que sus gotas recorrían mis testículos colgantes al chocar contra su cuerpo, que realmente estaba consiguiendo mi objetivo de partirla en dos.


- Ya va -dijo entre susurros-.
- ¡Ya va! -dijo convencida-.
- ¡¡¡Ya vaaaaaaaa!!! -dijo mientras se corría con mi polla dentro de su sexo caliente.


- Yo tengo ganas de más... -le dije-.
- Pues haz conmigo lo que quieras. Yo estoy agotada pero también quiero más... mucho más.


Entonces, sin apenas dejarla que recuperara el aliento, se la volví a clavar. Pero esta vez estaba tumbada sobre la cama y yo, aún en pie, iba a poder gozar del placer de follármela como si su cuerpo me perteneciera. 

- No te cortes... vamos.


Situé mis manos fuertes en sus nalgas y comencé a penetrarla poco a poco. Lo hice progresivamente para volver a abrirle el sexo a mi pene, más teniendo en cuenta que a veces me pongo un poco brusco, y cuando estoy en plan bestia, más teniendo en cuenta que se acaba de correr, estaba más sensible de lo habitual y no era plan de tenerla todo el rato gritando como una perra cada vez que se la metía hasta el fondo.


Me la estaba follando muy a gusto, a mi ritmo, mientras ella volvía de nuevo a gritar y a gemir, inundando con su voz toda la habitación y parte de la calle. Espero que si los vecinos estaban mirando, se dieran buena nota de como se penetra a una mujer deseosa de que lo hagan con ganas y con convicción, porque polvos mediocres no llevan a ninguna parte.


Ya me estaba acelerando de nuevo, así que la cogí fuerte de su melena rubia y comencé a penetrarla cada vez con más fuerza.

- ¡Dame! ¡Dame por favor!


- ¿Así? ¿Así quieres que te dé?
- Ohhhhhh......
- Si no respondes supongo que es porque estoy haciéndolo bien.
- ¿Bien? Joder niño, hablar de lo tuyo como "más que bien" es quedarse corto. Eres un completo hijo de puta.


Eso solo me provocó caer sobre ella con todo mi peso y comenzar a darle las embestidas finales con las fuerzas que me quedaban antes de pegarme una gran corrida en honor de esta deliciosa y calurosa noche de verano.

- No te imaginas las ganas que tengo de que te corras y sentir toda tu leche...
- Pues yo lo que tengo ganas es de no parar de follarte en toda la noche.


Sentí mis últimos pollazos en su sexo, tan abierto y tan húmedo que ya era difícil que no se me saliera la polla de él como pidiendo que la dejara libre de una vez. Bañados en sudor gozábamos de los estertores de un grandioso polvazo.


Finalmente sentí como mi corrida se armó y mis testículos dieron el pistoletazo de salida a libera todo el semen y toda la tensión acumulada con una enorme corrida que me hizo gritar de placer para que los vecinos se pudieran quedar tranquilos de mi trabajo en esta habitación.

Me levanté, saqué mi polla de su inagotable y caliente vagina y me dirigí con determinación hacia su boca. Sabía que ella estaba tan deseosa y tan sedienta que aceptaría mi leche sin rechistar... y vaya que si lo hizo, apenas pudo evitar que gotas de mi esperma cayeran alrededor de sus labios mientras se relamía con gusto.


- Me encanta sentir la corrida de un hombre en la cara. Me hace sentir tan sucia que solo me da ganas de volver a follar otra y otra vez... toda la noche sin parar.
- ¿Acaso he insinuado que vamos a dormir aquí esta noche? -y le guiñé el ojo-.
-Ella sonrió y me dijo- Eres un cabrón...


- ¿Quién? ¿Yo? -respondí burlón-.
- Si, tú. Eres un cabrón. Mira como me has dejado la puta cara. Ahora tengo ganas de cobrármelo y follarte de nuevo.


- Me parece que tú y yo nos entendemos...

13 julio 2016

Tengo ganas de ti.

- ¿Lo dices en serio?
- Completamente -respondí tajante-.
- A ver... enséñamelo. Quiero comprobar si es cierto lo que dices.


- Mmmmmmmm... si que es cierto.
- Yo no miento... -Ella seguía mirándome fijamente la polla-.


- Enséñame más...


- ¿Te parece suficiente?
- ¡Uf! ¡Me parece demasiado!

Entonces se acercó lentamente. Se puso de rodillas frente a mi y comenzó a pasar sus manos por mi cuerpo, recorriendo cada centímetro de mi piel entre mi pecho y mis rodillas. No dejaba de mirar fijamente mi polla, que estaba completamente dura a muy poca distancia de sus ojos. Ella se iba calentando más y más en cada uno de los movimientos de sus manos.


Se acercó lentamente con sus manos y cogió mi duro rabo con fuerza. Lo agarró y parece que se dijo a si misma que ya no lo iba a soltar en toda la noche. Porque desde ese momento quedó claro que tenía mucha hambre.

- Tengo ganas de ti...


Comenzó a pasear su lengua por todo mi sexo caliente. Yo estaba que ardía de sentirla entre mis piernas, pero ella estaba todavía más cachonda. Se había convertido en una auténtica loba hambrienta y no iba a dudar en comerme tanto con su boca como con su mirada en esta noche calurosa de verano.


- Nunca he probado una polla tan dulce.
- Ni yo unos labios tan buenos -repliqué-.


- No me cabe en la boca. Es demasiado grande.
- Es cuestión de práctica...
- Pues pienso aplicarme contigo y practicar hasta que explotes. Me pone muy cachonda pensar que en cualquier momento puedes estallar en el interior de mi boca.
- Aún queda para eso nena...


Comenzó a comerme la polla, cada vez con más intensidad, mientras movía sus manos por toda mi piel. Estaba poniéndome tan cachondo que el calor del verano ya me parecía una broma en comparación con lo que me estaba haciendo sentir sus labios.


- Métemela hasta el fondo.


Con la punta de mi verga sentí como mi glande alcanzaba la profundidad de su garganta. Ella realmente estaba haciendo un esfuerzo en comerme toda la polla... y la verdad es que lo haría durante toda la noche. No puede más que agradecerle con un beso apasionado todo lo que estaba haciendo por mi.


- Déjame... que aún tengo mucho por hacerte.

Decididamente, no iba a ser yo quien parase esa ambición por chupar y comer mi polla dura.


Comenzó a utilizar su cabeza con toda su fuerza para tratar de endosarse toda mi verga en su boca. Pero es una misión harto difícil si no recibe más ayuda que su propio impulso. Por eso, la cogí fuerte del pelo y la ayudé en esta tarea. Comenzó a tragarse mi polla hasta en fondo con la tensión de su mandíbula completamente abierta a mi sexo erecto.


- Mmmm... ggghhhh... 
- ¿Qué?
- ¡Que no pares!


Desafiante hasta el final, decidí que si lo que quería era comer polla, iba a comer polla como jamás había hecho. La cogí bien fuerte del cuello  y de la cabeza y comencé a penetrarla en su boca con dureza. Había logrado convertirme en la bestia insaciable que soy. Su boca era ahora mi único mundo. Su lengua mi única vida.


Ella estaba completamente abierta a mi tranca. No puedo describir con palabras el placer abrumador que me daba esta actitud que tenía y esa boca tan deliciosa que no paraba de tragarse mi polla una y otra vez. Además, sus ojos no paraban de mirarme fijamente.


- Si te cansa o te hago daño, me lo dices ¿vale?
- Métemela toda.


La cogí y la tumbé sobre la cama. Puse su cabeza colgando del colchón y le endosé todo mi rabo hasta el fondo. Sin dificultad alcancé su garganta y ambos pudimos gemir de placer al comprobar con la vista puesta en los ojos del otro, que realmente se la había metido toda, hasta el fondo.


- Dios... ¡cómo me gusta tu polla!
- Tienes hambre, no puedo hacer otra cosa que saciarte.
- También quiero comerte los cojones.
- Tuyos son para que hagas lo que te de la gana.


Entonces comenzó a comerme los huevos de una manera abrumadora. Yo no hice más que perder el sentido ante tanto placer. No sé muy bien como pasó, seguramente por la mezcla de gusto que me estaba dando con su boca y de calor que hacía, pero me tambaleé un poco. Ella me miró fijamente y me dijo:

- Túmbate niño, que yo me encargo de todo.


Comenzó a pasar sus pequeñas y delicadas manos por todo mi sexo. Ambos notábamos perfectamente lo calientes que estábamos, y mi sexo más. Repasó la longitud de mi miembro con sus dedos, delicadamente, mientras se acercaban poco a poco, a cada paso, más a mis testículos. Mi escroto se comprimía cada vez que las yemas de sus dedos lo acariciaban. Realmente esta mujer era una diosa del sexo que sabía como excitar a un hombre hasta el límite.


- Voy a repasarte toda la polla de arriba a abajo.
- Joder... ¡Ohhhhh!
- Sujétame el pelo que vienen curvas.


Comenzó a comerme la polla de nuevo tumbados sobre la cama. Ella no apartaba su mirada de mi desde que me había retado a abrirme el pantalón. Cogía mi polla con las dos manos y se la adentraba sin dejar de jugar con mi polla con su lengua en el interior de su boca húmeda.


- ¿Te gusta?
- Me encanta.
- Si quieres algo, cualquier cosa, solo tienes que pedírmelo. Estaré encantada de hacer lo que me digas. Me excita tanto comértela... que no puedo parar.


- Yo si que no quiero que pares... ¡Sigue!


- Ahora vas a saber lo que es que te coman la polla como Dios manda y que además no paren de jugar con tus enormes huevos.

Mientras me chupaba la polla con delicadeza, con técnica y con gusto, usaba una de sus manos para divertirse con mis testículos como si fueran uno de sus juguetes. No puedo decir la sensación de indefensión y de placer máximo que tenía. Sólo sé que ésto es lo más cerca del cielo que un hombre como yo puede estar. Por suerte, no es algo que ocurra una vez en la vida.


Se notaba que estaba encantada de usar mis testículos duros para su juego mientras yo no hacía más que gemir y cagarme en la puta de tanto placer que estaba sintiendo. Realmente estaba tumbado sobre la cama, sin fuerzas, indefenso ante sus ataques de loba feroz y sedienta de sexo, mientas sudaba y gemía como un cabrón.

- Me estás matando.
- Eso pretendo...


- Por favor, no pares; que estoy a punto de correrme.


Parece que cuando demostré que estaba completamente abatido ante sus descansos, utilizó su último invento para matarme del gusto. Abrió la boca como jamás antes había visto y con ayuda de sus manos se endosó mis testículos en el interior de sus fauces calientes. Ahora si que podía morir de placer...


Continuó comiéndome la polla, sabiendo que de un momento a otro iba a estallar en el interior de su boca y sobre su cara. Estaba tan excitada que veía como temblaba y su ropa interior estaba completamente mojada por algo más que por el sudor a causa del terrible calor que hacía en esa habitación.


Se puso a un lado y comenzó su ataque final.

Cogió mi polla, que estaba tan tiesa que me hacía daño, y comenzó masturbarme mientras la chupaba con su lengua juguetona desde la punta hasta donde alcanzara la tensión de su espalda al agacharse. Mientras tanto sus manos no la soltaban ni un solo instante.


Me apretaba los cojones como diciéndome: "Vamos, córrete ya semental". Pero estaba tan excitado que el grifo no se abría. Pero poco a poco comencé a sentir como mis testículos se preparaban para explotar como una fuente de lefa que le iba a estallar en la cara.

- ¡Me estás matando puta!


Ahora si que comenzaba a sentirlo, como mi escroto se ponía tan terso como un tambor, como mis músculos se tensaban y mi cuerpo se estremecía de placer.

- ¡Ya va! ¡Ya va joder!

Ella no levantaba la cabeza. Estaba centrada en comerse mi polla hasta el final, hasta las últimas consecuencias que apenas iba a tardar unos segundos en saborear en su boca. Desde luego, tenía ganas de mi... y muchas.


Así que finalmente estallé y un manantial de semen salpicó todo el interior de su boca y su rostro. Tremendas gotas de mi leche le recorrían sus labios para caer sobre mi sexo. Era tal la cantidad de leche blanca que los recorrían que ella sólo pudo hacer una cosa...


... reír a carcajada limpia.