30 junio 2016

Saltándonos las reglas.

Reconozco que con el comienzo del verano, estoy completamente desatado. Será el calor, será la cercanía de las vacaciones o será la necesidad de la carne caliente, pero estoy absolutamente necesitado de sexo, del bueno. Quiero follar con mayúsculas.

El otro día quedé con una amiga que tiene dos grandes pechos. Ella sabía perfectamente porqué había demostrado tanto interés en quedar lo más rápidamente con ella. Pero no le importó, tan sólo se dejó llevar. Ella estaba tan necesitada de un buen polvazo como yo... y vaya si lo tuvimos.


Se quitó la camiseta, bajó el enorme sujetador y comenzó a tocarse las tetas. Yo me deleité únicamente con mirarla, en toda su belleza y sensualidad. Dejé que comenzara con el ritmo, porque estaba tan desatado que sé que iba a acabar la tarde gritando como una perra que parase de follármela... y fue lo que acabó pasando.


Yo tenía la polla muy dura. Y en estos pantalones tan ajustados, apenas puedo tener una erección si que me duela el paquete como si tuviera un demonio dentro mordiéndome. Así que abrí lentamente la bragueta mientras ella se contoneaba frente a mi y me saqué la polla completamente recta y dura.

Ella se quedó mirándola, maravillada por el tamaño de mi sexo masculino, y se acercó, se puso de rodillas y con sus manos movió sus tremendos pechos hacía mi sexo erguido, realizando una pinza deliciosa. Comenzó a moverlos mientras a mi me comenzaba a arder todo...


- ¡Vaya, normalmente no consigo hacer esto tan bien!
- Es por el tamaño de mi polla.
- Ya... No sabes cuánto me gusta veros la cara, a los hombres, cuando os masturbo así. Os convierto en algo pacífico.
- ¿Pacífico yo? Ahora te vas a enterar nena...


La levanté, la puse sobre la mesa y se la clavé hasta el fondo. Ella gimió, por no gritar, pero en ningún momento me dijo que parase. Estaba claro que le gustaba que los hombres llevasen la iniciativa... en este caso, hasta lo más profundo de su culo. Desde luego, esto no tuvo nada de pacífico, pero esa tarde me apetecía sodomizar bien duro.


- ¡Me cago en Dioooos; la siento toda! ¡Es enorme!
- Y eso que aún no he empezado a darte fuerte. Vas a saber lo que es bueno...


Puse mis brazos apoyados sobre la mesa a ambos lados y mientras ella se agarraba en el borde, comencé a darle por culo. En este inicio, fui poco a poco, abriéndole el ano hasta que calzara perfectamente en mi miembro. Ella pasó de estar tensa a relajarse y disfrutar poco a poco. Finalmente ya estaba con la boca abierta gimiendo como una perra cada vez que se la clavaba hasta lo más profundo.


Hacía calor en la habitación. La típica tarde calurosa de verano, que si no te mueves sudas y que si te mueves también. Así que... ¿acaso hay mejor forma de sudar que follando bien y duro en una calurosa tarde de verano? Está claro que no.

El caso es que me sentía los cojones completamente balanceando sobre su ano. Si la había llamado es porque necesitaba una buena descarga de semen... pero además, con el calor, no hacían más que chocar, una y otra vez, sobre la base de su ano y su coño que estaba húmedo sin ni siquiera tocárselo.


La levanté un poco y comencé a tocarle los pechos. Los tenía duros, tiernos, calientes y deliciosos al tacto. Eran perfectos. Pero no podía parar de clavársela, estaba inmerso en una vorágine de lujuria con su trasero. Así que le comía el cuello y la oreja a lametones, mientras le decía alguna que otra guarrada para que gimiera de placer.


Su culo ya estaba en el punto que quería; completamente abierto para mi. No es fácil el sexo anal, ya no sólo conmigo, sino en general. Pero reconozco que cuando se alcanza este punto es de lo más placentero para ambos. El placer está en todas las partes del cuerpo y ella, como yo, quería disfrutar al cien por cien; hasta el límite.


- Por favor, dame lento. Hazme gozar.

Comencé a jugar con su ano, lentamente. Dejando entrar y salir con dulzura mi polla dura. Tenía el rabo completamente tieso, así que llevaba un par de segundos sacarlo con lentitud, darle un respiro y volver a introducirlo hasta el fondo lentamente... para que lo sintiera todo.


- Ahora dame fuerte cabrón. Duro, como tú sabes.
- ¿Quieres gritar? Vas a gritar.,,


Del ímpetu a veces se me sale la polla. Está claro que el movimiento de caderas, un buen movimiento de caderas masculino es una parte fundamental en cualquier relación sexual. Muchos hombres no comprenden que cuanto mejor muevas la cadera, al menos en la penetración, más va a gozar una mujer. No se trata de hacer un leve movimiento... hay que darlo todo.

Así que con la emoción, se me había salido la polla. Pero lentamente, la cogía con la mano, la miraba. Ella me mostraba su deseo de volver a tenerla dentro, así que ponía la punta de mi glande en la base de su ano y se la volvía a introducir lentamente; hasta que volviera a gemir del gusto de tenerla dentro de nuevo.


Otra vez con el movimiento de caderas alrededor de su ano. Una y otra vez, introduciéndoselo cada vez con mayor ímpetu y hasta que alcanzara el punto en el que ya no le cabía más polla en él. Joder, como gozaba la zorra mientas le hacía esto... Tú, quién lees ésto ¿te lo imaginas?


Me dijo que estaba incómoda sobre la mesa. Así que la levanté y la llevé a la cama. Allí la dejé tumbada y me puse sobre ella. Ella utilizaba sus nalgas para abrir paso a mi tranca. Así que tras seguir estas pistas, se la volví a introducir entre gesto de dolor y placer de ella.

- Primero métemela poco a poco... para que luego me folles duro.


Ahora sí que era el momento de despertar a la bestia. Así que la agarré fuerte del cuerpo y comencé a penetrarla por el culo con toda mi fuerza. En un principio lo hacía con la lentitud de antes, pero poco a poco fui acelerándome hasta alcanzar la fuerza que tanto me caracteriza. No puedo describir cuánto me gusta que saquen la bestia que llevo dentro.


Ella bajó una de sus manos y comenzó a masturbase. Estaba claro que estaba encantada con el sexo anal, pero eso no tiene porqué ser suficiente. Así que le escupí sobre su sexo y ella comenzó a masturbase con fuerza. También quería gozar como una loba hambrienta.


- Ohhhhhh... si, sigue así ¡No pares!
- ¡Me gusta partirte el culo zorra!
- ¡Calla y penétrame! No sabes cuando me encanta sentirte dentro. Tienes una polla deliciosa.


No sé exactamente que quiso decir con eso de "polla deliciosa", pero creo que es una de las maneras más originales que han descrito a mi sexo. Supongo que me gusta que lo hagan de cualquier forma posible, porque los hombres tendemos a centralizar todo nuestro placer ahí, aunque, ni de coña, es el único centro sexual de nuestro cuerpo.

El caso es que a ella le estaba abriendo uno de sus centros de placer hasta el punto de que, entre la masturbación y mi polla penetrándola, tuvo que agarrarse fuerte a mi y comenzar a gritar de placer. Me miraba desafiante, como quien no quiere que acabe.


Ella ya estaba abierta y dejaba a mi miembro virirl entrar en su ano. La gente que no lo ha probado, siempre se muestra reticente ante esta práctica sexual. Pero una vez cogido el punto, es como cualquier otra. A mi no me gusta particularmente hacerla a menudo, pero reconozco que, de vez en cuando, como esta calurosa tarde de verano, si que me apetecía una buena penetración anal.


Ella estaba gozando hasta el límite. Abriendo sus posaderas a mi tranca erecta. Ahora ella estaba encima de mi y llevaba el ritmo. Estaba claro que se acercaba su momento del orgasmo... y vaya que si lo tuvo ¡Menuda explosión!


- Ah, así, ah... sí, vamos ¡si! ¡siiiii! mmmmmm...

Y entonces se corrió.


Yo aún estaba lejos de correreme. No sé porqué pero el calor me atonta, no solo a mi, sino a mi rabo, que necesita más tiempo para cargar las balas en el cargador antes de disparar. Supongo que también influye que llevaba cierto tiempo sin follar. Ella se posó sobre mi pecho y comenzamos a besarnos después de tan dulce viaje a través de las sensaciones.


- Ahora te vas a enterar. Hoy te vas a ir de aquí acordándote de este polvo para toda la vida.
- ¿Eso por qué lo dices?
- Porque te voy a masturbar con mis grandes pechos hasta que te corras sobre ellos.
- Me parece una gran idea... -sonreí-.


La verdad es que no recuerdo la última vez que me hicieron una buena cubana. Supongo que sería el verano pasado... y la verdad es que de eso hace mucho tiempo. Tampoco tengo memoria, pero, tal como me dijo, de esta cubana no me olvidaré. Lo hizo con sentimiento, lo hizo con provocación y sobre todo lo hizo con estilo, como se tienen que hacer estas cosas tan desinteresadas... pero a la vez tan plancenteras.


Sus pechos eran realmente enormes, me los puso alrededor de mi polla y es una de las pocas veces que me ha parecido pequeña en comparación con el volumen de sus senos. Ya no solo es el tamaño que tienen, sino el volumen y sobre todo que su piel se moviese sobre mi verga como si fuera seda pura.

- Ahora voy a jugar un poco con tu polla... si me dejas.

Asentí con la cabeza. No estaba para lanzar ni una sola palabra.


Golpeó sus pechos con mi rabo. Eso me puso tanto que pensé que me iba a correr en su cara. Pero logré aguantar. Entonces lo volvió a colocar entre ellos mientras me miraba fijamente y me decía cuánto le apetecía ver y sentir como me corría... con esas frases y esos grandes pechos, no iba a tardar mucho.


Volvió a arrodillarse y comenzó, de nuevo, a masturbarme con sus pechos. No iba a tardar nada en correrme y ella lo veía en mis ojos. Así que mientras me masturbaba con fuerza utilizando sus tetas, me decía todo aquello que me encanta oír. Ante tal alarde de sensualidad, no pude evitar estallar... y vaya explosión se semen.


Sin que apenas le diera tiempo a agarrármela y metérsela en la boca o Dios sabe qué pretendía, yo comencé a lanzar borbotones de esperma hacia arriba, cayendo después sobre su cabello, sobre su piel, la cama, el suelo y mi propio cuerpo. No sé cuantas veces grite de placer mientras esa fuente de lava semental salía de mi cuerpo, pero desde luego prácticamente me quedé vacío. Y es que un polvazo de verano tan bueno, no se consigue todas las tardes...


- Joder nene, ¿se puede saber cuánto llevabas sin correrte?


Feliz comienzo del verano a todos. Sed buenos. A ver si folláis mucho y bien... Yo, desde luego, pienso hacerlo todo lo que pueda. Esto solo acaba de comenzar.

03 junio 2016

Como un animal.

Justo después de que las puertas de tu ascensor se cerraran tras de mi, entré en tu casa. No te vi en la puerta, así que avancé lentamente por el angosto pasillo oscuro de tu casa, adentrándome cada vez más en tu territorio. Yo preguntaba en voz alta donde estabas, pero nadie respondía. Así que paso a paso me acercaba a tu habitación.

La puerta estaba cerrada. No entendía muy bien qué pasaba, pero estaba claro que me preparabas alguna sorpresa... y vaya si me llevé una sorpresa. La puerta no era lo único que había logrado abrir esa tarde. Allí estabas tú, masturbándote en la cama mientras esperabas que llegara.


Estabas más que guapa... Yo no entendía muy bien a qué venía ésto, pero la verdad es que no me importaba en absoluto. Disfruté unos segundos de este magnífico y bello espectáculo con el que me deleitabas los sentidos antes de que me dijeras: 

- He estado leyendo tu blog... y éste es el resultado.


Está claro que no hay nada más bonito que una mujer masturbándose. Pero no te detuviste ahí, me dijiste que me tumbara a tu lado. Sin pensármelo ni un solo instante me puse a tu lado y de un rápido movimiento me sacaste la tranca, que ya la tenía dura por la contemplación de tanta sensualidad junta. Así que comenzaste a masturbarme mientras yo te metía el dedo y tus juegos continuaban tocando tu sexo.


Tumbado a tu lado disfrutaba de este magnífico espectáculo provocado por la lectura de mi blog.

- Joder... no sé como lo haces, pero es que me pones completamente cachonda cuando lo leo. No puedo evitar masturbarme como si me ardiera el cuerpo...

Mientras tanto yo te contemplaba en toda tu belleza. La sensualidad recorría cada centímetro de tu piel, al igual que mi mirada que me provocaba un deseo cada vez más fuerte de follarte con toda mi alma allí mismo.


Tu estabas poniéndote cada vez más sensible. Tu piel comenzaba a sonrojarse de una manera realmente sexy y yo te deseaba hasta tal punto que tus masturbación únicamente me daba ganas de penetrarte con fuerza. Parece que el sentimiento era mutuo, porque en un momento me hiciste un gesto que lo decía todo...


La verdad es que me ardían las ganas de follarte con toda mi fuerza sobre esa cama en la postura que fuera, en la que más placer te diera. Quería convertirme en tu juguete para darte todo lo que necesitases. 

Pero antes quería disfrutar con mi boca de ese sexo húmedo y caliente que tenías gracias precisamente a la lectura de los relatos de mi blog. Supongo que es algo normal, porque la masturbación es la mejor forma de disfrutar uno mismo y sobre todo de hacer volar la imaginación. Pero en este momento no te hacía falta imaginar, allí estaba yo para comerte todo el coño.


Te metí mi lengua en tu vagina y comencé a jugar con ella con mucho sentimiento. Mis manos me abrían su sexo, que estaba al rojo vivo. Pretendía hacerte gozar con apenas el roce de los pelos de mi barba sobre tu entrepierna.


Tu me pusiste las manos en la cabeza y me dejaste que te continuara clavando los dedos hasta lo más profundo que llegaran... Aunque eso no era nada comparado con el límite que iba a alcanzar mi sexo unos instantes más tarde...

La cuestión es que estaba deleitándome de la mejor manera posible con tu sexo húmedo. Mientras tanto, tu gemías de placer y me gritabas:

- ¡Estoy muy caliente!


- ¿Ah, si? ¿Estás muy caliente?
- Mmmmm.... es la sensación que me provoca pensar en ti...
- Pues entonces será el momento de que me dejes follarte.
- Si, hazlo... Sé un animal.


- ¡A sus órdenes Señorita!

Así que me puse en pié y te contemplé. Tu estabas risueña, deseando que llegara el momento de la penetración que te llevaría hasta el éxtasis de placer. Pero tenía tantas ganas de follarte que la verdad es que no sabía por dónde empezar. Tu me mostraste tus dulces muslos mientras me masturbabas y te reías, así que decidí ponerte a cuatro patas y follarte como un animal.


- ¡Ponte a cuatro patas!


Te clavé la polla de un rápido movimiento. Te ensarté como a un pincho moruno. Tu lanzaste un gemido entre gusto y alivio por tenerme ya dentro de ti. Desde luego, parece que la lectura del blog te había excitado de sobremanera. Mientras tanto, yo comenzaba a dejarme llevar por la lujuria...

Además, hacía tiempo que no follaba bien y tenía ganas de disfrutar con una mujer en esta postura que es tan placentera para ambos. Así que me puse tu espalda y comencé a penetrarte, abriéndote el sexo poco a poco, mientras mis labios recorrían tu cuello, lo besaban y te mordía la oreja después de decirte todo lo que querías escuchar.


No pude contenerme por mucho tiempo. Estaba necesitado de sexo... bueno, la verdad es que siempre lo estoy. Pero no de sexo cualquiera, de buen sexo. Porque prometer es una cosa muy fácil, pero cumplir, para eso es para lo que he nacido. Así que poniendo mis manos en tu culo perfecto, comencé a follarte con dureza.


Tu estabas relajada, disfrutando de este sexo goloso que iba cada vez a más; pues mis brazos comenzaban a tensarse, a agarrarte con más fuerza, mientras mi pene entraba y salía desde la mayor profundidad hasta abandonar tu sexo en apenas un segundo. Me gusta mucho sentir como mi entrepierna toca tu trasero.


Te cogí de los pechos y comencé a dejar salir por mi boca todo el sexo que estaba deseando decirte. La verdad es que no recuerdo bien las palabras exactas que te dije, pero en resumen era todo lo que deseaba poseerte, hacerte mía, ser tuyo y sobre todo fusionarnos con el sexo como si no hubiera mañana. Querías follar como animales y lo estabas consiguiendo.

- No pares.


Mi cadera estaba dando todo lo que puede dar de si. Prácticamente te la colaba en tu sexo como si no hubiera mañana. Además, tengo una gran resistencia y fue un largo periodo de deleite contigo a cuatro patas mientras yo no dejaba de penetrarte. Estabas realmente sexy a pesar de que no te veía el rostro salvo cuando te girabas, como si te faltara el retrovisor, y necesitaras ver la cara de placer que me estabas provocando... que era mucho.


Te agarré fuerte del pelo y decidí dártelo todo. Fuerte. Duro. Intenso. Hasta el fondo. Realmente querías vivir uno de mis relatos.... pues aquí lo tienes.

- Me encanta ¡Quiero toda tu leche!
- Tranquila... aún falta para eso. Todavía tengo que follarte de varias maneras más.
- Uffff.... Sigue por Dios.


Era tal el placer que te daba que me tratabas de coger, con tu mano temblorosa por el gusto que te provocaba y por las embestidas que te estaba dando, mis testículos. Los tenía tan hinchados y rellenos de semen que lo notabas con la punta de tus dedos. Pretendías arrancármelos... pero te aseguro que ya tenía en mente lo que iba a salir de ellos a borbotones.


- Más ¡más! MÁS.
- Estaría toda la vida así... follándote.

Tu estabas completamente extasiada. También necesitabas un buen revolcón. Un hombre de verdad que te follara como la diosa que eres, con la necesidad que te abruma de encontrar a un buen semental que te haga todo lo que necesitas. Sentías cada movimiento de mi rabo duro por tu vagina... y eso no hacía más que excitarte hasta el límite.


Me senté sobre un sofá que tenías lleno de ropa. Me dio igual, no tu desorden, sino follarte sobre todas tus cosas. Me gusta dejar mi aroma a sexo en las posesiones de quienes tengo el gusto de que me inviten a su casa para follar de esta manera tan abrumadora. Y es que, de alguna forma tengo que hacer valer que me vuelvan a invitar de nuevo... ¿no?

El caso es que te puse sobre mi vientre y comencé a darte pollazos mientras te sujetaba las piernas. Otra vez más tu estabas gritando de placer... pero esta vez veías en primera fila el espectáculo de nuestros sexos jugando al unísono.


Yo comencé a follarte con fuerza, más que nada porque me estaba empezando a cabrear que llevásemos más de quince minutos follando y aún no tuviese que controlar mis ganas de correrme conmigo. Me gusta esa sensación en la que estoy disfrutarndo tanto que siento que es irrevocable la corrida, pero aguanto, con el sudor cayéndome por la frente, todo lo que puedo... que es mucho. 


Tu estabas sedienta de una buena polla. Así que te colocaste de la manera que más te beneficiaba para masturbarte un poco. Tú si que estabas al borde del orgasmo... y vaya si lo tuviste. La cara de placer que se reflejaba a la luz de la luna en el espejo del otro extremo de la habitación lo decía todo de lo que tu cuerpo demandaba esta noche.


- Quiero verte de cara.
- Y yo quiero seguir follándote como un animal... nena.
- Me gusta que me desees.
- Yo tengo entre mis brazos todo lo que deseo ¿Y tú que quieres de mí?
- Ya lo sabes... ;)


Estabas sobre mi, irguiéndote como una auténtica perra en celo que necesita, a su ritmo alcanzar los últimos estertores del orgasmo. Tus manos se posaban en mi pecho mientras tus fuertes brazos sustentaban tu cuerpo que en el último azote te tiraba el pelo cada vez más por delante de tu rostro, como si no quisiera que te viera la cara de placer que tenías.


- Cógeme del culo y penétrame hasta el fondo... Ya llega.


- Ohhhh.... Sí, así ¡Sí! ¡¡¡Siiiii!!!


Estaba claro que ya había llegado el momento de correrse. Me quedé sorprendido de la cantidad de fluido que te salió. Pero claro, después de semejante actividad como para no hacerlo... Tenías los ojos cerrados y la mirada hacia el techo, pero yo sabía perfectamente la expresión de tu cara: una expresión de gusto absoluto.

Te toqué con mis manos sobre tus pechos, que se movían todavía, como si la inercia de tu cuerpo y el mío, juntos sobre la cama, no se acabase. La llama seguía estando encendida... sobre todo la mía. Yo aún necesitaba más. Mucho más.


Te volví a poner sobre la cama. De nuevo, te volví a abrir las piernas. Tu soltaste un "Dios" por tener que gozarme todavía más. Pero es que, cuando despiertas a la bestia que tengo dentro, es difícil volver a encerrarla otra vez. Aunque, si os soy sincero, me gustaría que estuviera despierta todo el día, todos los días...


- Me encanta follarte. Menudo cuerpazo tienes.

Con mis manos en tus muslos, te penetraba una y otra vez, con la misma dureza de mi polla erecta que te había provocado el orgasmo apenas dos minutos atrás. Sé que estabas cansada, pero es que nena... soy insaciable y necesitaba desfogarme. Porque si me hierve la sangre, necesito una buena corrida sea como sea.


Tú estabas completamente abierta para mi. Yo estaba como poseído por el demonio mientras te follaba sin descanso. No podía hacer otra cosa más que mirarte a los ojos, con mucho deseo, mientras disfrutaba de cada penetración de mi miembro en tu cuerpo. 


Ahora si que estaba controlando la corrida. Iba a ser una de las grandes. Pero aún me quedaba un rato hasta que no pudiera aguantar más y terminara rindiéndome frente a tu cuerpo. Así que continué follándote como un animal con toda mi fuerza mientras tu gritabas y movíamos la cama del sitio a causa de la fuerza con la que te embestía.

- Vas a romperme la casa, joder...


Ya venía, así que no tuve más remedio que ponerme delante de ese cuerpo de reina que tanto me había dado esta noche... desde el momento en que te pusiste a leer mi blog y comenzaste a desearme, hasta éste momento en el que ya no podía aguantar e iba a correrme con toda mi leche sobre ti.

Abriste la boca y dejaste que una parte del chorro de semen cayera en ella, mientras el resto caía, a borbotones o gota tras gota sobre tu dulce cuerpo, desde el cuello hasta tu sexo, que aun ardía, entre tus piernas y las mías...


Ésto si es forma de celebrar el aniversario de un blog.