19 mayo 2016

No quiero desperdiciar ni una gota.

Entramos en su casa. Ambos ardíamos en deseos de disfrutar un poco. Ella me invitó a tomar una cola mientras yo la veía alejarse con su tremendo falda negra y su camiseta ajustada perfectamente a al contorno de su bello cuerpo. De repente, me dice:

- Enséñamela.


- Ufff... justo como lo imaginaba... Mmmm....


Ahora enséñame tu a mí, le dije. Entonces, poco a poco y con delicadeza comenzó a abrirse la camisa, botón a botón, con sensualidad, mientras comenzaba a mostrarme la ropa interior que guardaba sus pechos y sus ojos centelleaban en cada palpitación de su corazón, tratando de mirarme a los ojos pero recordando lo que le acababa de enseñar.


Cuando acabó de mostrarme su piel, pero sin llegar a desvestirse completamente en ningún momento, se puso de rodillas frente a mi y me dijo:

- Déjame que te la chupe... -y se la metió en la boca-.


Se notaba que estaba disfrutando de la delicia que le proporcionaba mi miembro. Recorría con sus labios cada rugosidad, cada vena hinchada y cada rincón de mi tranca. Esta disfrutando, saboréadola poco a poco porque en aquel momento era toda suya.

Sentía con anhelo la necesidad de introducirse delicadamente mi polla dura en su boca. A mi me encanta... ya lo sabéis, así que el goce era mutuo. Pero estaba tan bella disfrutando de este manjar que me hubiera quedado allí mirándola eternamente...


Aunque sé que no es fácil complacerme en este sentido, su tranquilidad hizo que me dejara llevar hasta la delicia más íntima de mi cuerpo. Sentía cada paso de su boca sobre mi dura verga como si me clavaran un cuchillo de placer en el cuerpo. Me estremecía cada vez que sentía sus labios deslizándose por mi sexo candente.


En un arrebato de lujuria, la cogí de la cabeza y comencé a jugar con su boca como si nada me importara excepto mi propio placer. Ella comenzó a abrirse todo lo que pudo para albergar las duras embestidas que le propinaba. Aguantó con mucha entereza lo que le vino dentro. Yo gemía y gritaba como un lobo herido mientras moría de placer. En una breve pausa, ella esbozó un:

- Sigue...


Pero estaba demasiado excitado. Así que la cogí fuerte de la cintura y la puse sobre la cama. Ahora la tenía justo donde quería tenerla y además completamente abierta a mi. No obstante, no pude dejar de contemplar sus bellos y delicados pechos, ondulantes sobre su cuerpo de piel morena. Cogí ambos pechos con las manos y comencé a jugar con sus pezones erectos con mis pulgares.


Le masajeaba los pechos mientras no dejaba de mirarla a los ojos. La deseaba mucho. Quería hacerla mía pronto... pero antes quería degustar cada uno de esos tremendos pechos que tenía. Le mordía dulcemente los pezones mientras mis dedos jugueteaban con sus pechos entre mis manos.

Boquiabierta dejaba entrever que la estaba excitando con el juego de mi boca sobre su piel, disfrutando de sus pechos como si el tiempo se hubiese parado en esta habitación. Ahora únicamente estábamos para disfrutarnos.


La cogí otra vez de la cintura, fuerte, y la puse a cuatro patas sobre la cama. Sin mayor dilación, agarré mi polla con la mano, la noté lo dura que la tenía... y es que me encanta jugar con los pechos femeninos mientras sé que me están deseando... Así que cogí, puse mi la punta de mi rabo en la entrada de su sexo húmedo y se la clavé hasta el fondo.


- Ohhh... ¡qué bueno!


La muchacha me miraba de reojo, como si necesitara un retrovisor, mientras no paraba de penetrarla con fuerza. Estaba completamente desatado... y es que tenía los testículos completamente cargados, pues no follo todo lo que me gustaría y todavía menos de lo que debería.

- ¡Más fuerte!


Cogiéndola fuerte del pelo, me abrí de piernas para dejarme llevar por ese golpe de cadera con nalgas que tanto gusta. Con mi cadera hacía el movimiento perfecto para que ella sintiera como entraba y salía, sin descanso, mi sexo duro de su coño. Sentía lo mojada que estaba... pero es que yo estaba todavía peor...


Estaba realmente excitado. Sobre todo por ella... que me pone muchísimo. Así que, de improviso sentí como me llegaba el orgasmo y mi sexo se preparaba para una enorme corrida. No me dio ni tiempo de sacar la polla de su sexo... que se colmó mientras yo gemía de gozo a su espalda. No pude evitar correrme tanto que un reguero de gotas de mi semen caía de su vagina.


- Me ha gustado sentir tu corrida dentro... pero no quiero que pares.

Es que no voy a parar, nena... La noche solo acaba de comenzar.

Así que la cogí, le abrí las piernas y metí mi cabeza entre ellas. Quería sentir el sabor de su sexo mojado por mi leche y sobre todo por esa humedad que tanto la caracteriza. Y es que no hay rival para alguien que moja las bragas de esta manera.


Del mismo modo que he dicho que me encanta que me chupen la polla, tengo que decir que me encanta chupar el coño. No os podéis hacer ni idea de lo mucho que disfruté comiéndoselo, metiendo mi lengua hasta el fondo de su cavidad para sentir su sabor... jugando con mi lengua entre los labios de su vagina hasta ponerle los ojos en blanco.


- Joder...

La cogí del trasero, la aupé un poco y seguí comiéndoselo cada vez con más fuerza, mientras ella se ponía cada vez más roja y no hacía otra cosa que acelerar su pulso y su respiración en cada una de las internadas de mi lengua en si vagina.


Un consejo para todos los hombres que me leéis. No dejéis desaprovechar nunca una mujer que os ofrezca sinceramente su sexo abierto y húmedo, porque jamás probaréis un manjar mejor. Y es que jugar con la boca sobre un buen coño es lo más cerca del cielo que vais a estar en vuestra vida.


- Métemela.



Otra vez volvía a la carga. Tenía la polla tiesa de nuevo y metida en su sexo. Además, los segundos polvos siempre son mejores que los primeros, sobre todo porque siento que puedo dar más rienda suelta al diablo que llevo dentro.

La cogí del pelo y no tardé el comenzar a penetrarla con fuerza mientras movía mis caderas con el ritmo más acelerado que me podía permitir. Ella únicamente podía esbozar una leve sonrisa entre grito y gemido.


- Me encanta sentirte dentro...


Sin decirle nada, se dio la vuelta y comenzó a clavársela a si ritmo. Yo me quedé inmóvil, como juguete entre sus piernas para que me sintiera como, al ritmo y de la forma que le diera la gana. Después de todo el sexo es algo para dos. Aunque lo mejor era comprobar, sin verle el rostro, que estaba gozando muchísimo de este terrible polvazo...


Se tiró hacia atrás y comencé a penetrarla con un leve movimiento de cadera mientras ella, se movía formando círculos concéntricos alrededor de mi tranca erguida y clavada en su cuerpo. Mientras tanto, mis manos jugaban con sus pechos, como había hecho antes, y le besaba la espalda al mismo tiempo que le susurraba los pecados más inconfesables que quería hacerle al oído.

Te deseo nena... quiero follarte toda la noche... hasta que el sol nos descubra.


Situé mi mano en el vértice de su cuerpo y comencé a masturbarla mientras ella no hacía más que estremecerse de placer. Estaba claro que le estaba dando donde más le gustaba y que no iba a rendirme hasta que ella lo hiciera antes. Así que comencé a penetrarla mientras mis manos jugaban con su cuerpo.


- Fóllame...


La senté sobre el borde de la cama y se la clavé.


- Eres el tío más increíble...

¡Calla y céntrate el follar! Le había abierto las piernas con mis brazos. Se las sujetaba mientras la penetraba todo lo fuerte y profundo que se podía. Ella estaba completamente colmada por la envergadura de mi rabo. Pero me pedía con la mirada que no parase. 


Estaba completamente rendida. Apenas se movía. Pero no me molesta arremangarme las mangas y hacer todo el trabajo, especialmente cuando de trata de un trabajo tan duro como este de follarme a una mujer tan bella por dentro como por fuera.

Hipnóticamente no podía apartar mi mirada de ella, de sus pechos en movimiento siguiendo el ritmo de mis penetraciones sobre su delgado cuerpo. No obstante, tampoco podía dejar de mirar la longitud de mi pene entrando y saliendo de su vagina, perdiéndose en ese lugar tan fantástico para posteriormente volver a respirar el aire fresco en apenas un segundo.


- Ahhhh.... ¡ya va!

Entonces ella me dijo que diera todo de si para que llegara al orgasmo... y vaya que si lo hizo. Era tal la furia con la que la empotraba, que la cama parecía que iba a desmontarse entre sus gritos de placer. La tenía agarrada fuerte de la cintura mientras no dejaba de penetrarla... lo que me gusta hacerle una y otra vez sin parar.


Sin embargo, esta furia tuvo las mismas consecuencias en mi que en ella. No había dicho nada cuando ella se percató, con una mirada rápida sobre mi rostro, que estaba a punto de correrme de nuevo. Fue entonces cuando me dijo:

- Vamos, ven aquí. No quiero desperdiciar ni una gota.


- Delicioso...


- Deberíamos hacer esto más a menudo ¿no?


Si... sin duda, tú, yo y todo el mundo debería hacer esto más a menudo...

05 mayo 2016

Diosa de ébano.

¡Cómo la chupaba! ¡Era increíble! Su deliciosa lengua jugueteaba incesantemente con mi glande rojizo y carnoso, mientras me miraba y lograba rendirme con apenas uno de sus lametones. Y es que cada vez que su lengua rozaba el borde de mi sexo me estremecía de placer y deseaba que me diera más y más. Estaba claro que ya no podía dejar de disfrutar de aquella diosa de ébano.


Le ponía realmente ganas a la hora de tragarse y jugar con toda mi polla erecta. Sabia que me tenía a su merced y que podía disfrutar de mi como le placiese. Yo trataba de masturbarla mientras ella adentraba una y otra mi polla en su boca al mismo tiempo que me acariciaba los testículos, cogiéndolos con una sola mano mientras los apretaba y los acariciaba.

Nunca he sabido comprender la atracción fálica del sexo masculino... cuando se está bien dotado, claro. Pero para ciertas mujeres es todo un imán, un halo insaciable de placer que no pueden permitirse dejar de lado. Ella estaba poniendo toda su alma en que disfrutásemos del placer que proporcionaba su boca.


Realmente hacía tiempo que no me deleitaba con una mamada tan buena. Esa boca de ébano se adentraba todo mi miembro hasta que prácticamente le cortaba la respiración, mientras la cogía fuerte de su pelo rizado y la apretaba para sentir el borde de sus labios alrededor de mi dura verga, quienes alcanzaban a tocar el borde de mis testículos. Por suerte tenía una boca bastante grande que le permitía comerse, literalmente, todo mi rabo de arriba a abajo.


Sus largas piernas no hacían más que demostrar lo buena que estaba esa noche... bueno, y todas las noches, para que negarlo. Rebosaba sensualidad por todos sus poros y yo apenas podía mantener el ritmo de respiración mientras mi corazón palpitaba tan fuerte que parecía que me iba a estallar. Y es que apenas podía mediar palabra... aunque en realidad, no hacía falta ninguna.

Tenía un coño realmente húmedo y abierto. Su rojez se camuflaba perfectamente con su piel dura y tersa de color chocolate. Quería poseerla allí mismo, en ese mismo instante... pero sus labios no se despegaban de mi sexo y me paralizaban.


Le ponía tanta intensidad a la mamada que me hallaba al borde de la locura. Estaba deseoso de que no parara nunca. Pero lo peor de todo era mirara, contemplar sus ojos marrones y ver en ellos que estaba disfrutando tanto como yo... o más. Estaba muy centrada en sacarme todo el juego de mi sexo, tal como sabía (y sabe) que me gusta.


Aunque su mejor baza era utilizar únicamente esos labios tan grandes y carnosos para lograr volverme loco comiéndome la polla con tanto sentimiento, también jugueteaba con sus manos sobre la longitud de mi polla dura y con mis testículos. Desde luego, tenía una fijación en ellos, tal vez porque estaba deseando que dejara salir todo mi esperma y sentirme derrotado ante semejante cuerpazo, tan sexy que apenas hay forma de describirlo.


Pero no puedo continuar este relato sin hacer mención a esa mirada que me mataba. Esa intensidad que mantenía con su boca, con sus carnosos y húmedos labios mientras sus ojos se centraban en decirme que estaba ahí para comerme la polla todo lo que fuera necesario.

Yo la habría dejado allí eternamente si no fuera porque estaba deseando penetrarla con toda mi fuerza. Cuando una mujer toma posesión del sexo masculino de esta manera y sin mediar palabra, lo único que se puede hacer es poner los brazos por detrás de la cabeza y dejarse llevar por este torrente de sensualidad, que en mi caso, era una belleza de tersa piel negra.


Quería empotrarla hasta que sintiera toda mi verga en la cavidad de su vagina; que se sintiera llena, colmada de placer por la intensidad de mi sexo. Necesitaba adentrar mi sexo en lo más profundo de su cuerpo, penetrarla hasta el fondo y hacerla gemir, que su corazón latiese tan rápido como iba el mío. Ella sabía que estaba deseando follármela. Así que me dijo que la siguiera. Me hizo disfrutar de la tremenda visión de su perfecto culo, que hipnóticamente me llevaba al lugar donde iba a hacerla mía de una vez por todas.


Se sentó con tranquilidad, se abrió el vestido y dejó salir esos tremendos pechos. Eran perfectos, redondos, prominentes, grandes y con unos pezones que me hacían salivar tan solo de mirarlos. Realmente tiene unos pechos dignos de una diosa. Ese cuerpo de ébano era perfecto en todas sus formas... no podía hacer más que admirarlo con fascinación.


Pero antes de penetrarla quería abrir bien su sexo y humedecerlo con mi propia saliva. Así que la cogí y comencé a chupárselo, adentrándole mi lengua hasta lo más profundo que pude. Pero en seguida me di cuenta que tenía una cavidad tremenda. Ahí podía entrar una polla de cualquier tamaño. Menos mal que pensaba penetrarla con tal intensidad que iba a agotarla... pero creo que nunca he visto un coño tan enorme en mi vida. 


Repasé cada uno de los labios de su vagina con mi lengua, mientras se lo comía con todas mis ganas. Ella estaba sobre mi, mientras contemplaba el tamaño de sus pechos en movimiento. La diosa no podía hacer más que masturbarse lo que mi boca le dejaba y poner los ojos en blanco disfrutando del sexo oral que le estaba haciendo.

Cuando sentí su sabor en toda mi boca, decidí que ya era hora de hacerla mía. Así que la cogí, la tumbé y sin pensármelo dos veces la penetré de una embestida. Ella se estremeció y pegó un grito, pero no de dolor, sino de necesidad. Estaba claro que hacía tiempo que buscaba ser follada como se merece.


La senté sobre mi cuerpo y comencé a penetrarla de una forma suave mientras mis dedos jugueteaban con su sexo. Ella estaba centrada, ausente, como necesitada de sexo y no le importaba nada que hubiera a su alrededor, únicamente mis dedos y mi polla jugando dentro y fuera de su enorme sexo. Me sorprendí de lo húmeda que estaba, durante todo el polvo estuvieron saliendo de su sexo y cayendo por mi piel y particularmente por mi escroto, muchas gotas de su sexo empapado.


Se movía como una loba en celo. Se tiró hacia delante en un movimiento y cogiéndome de las manos comenzó a soltar y dejar caer el peso de su cuerpo. Lo hacía con mucha fuerza. Cada vez lo hacía con más fuerza e intensidad, por lo que exponencialmente aumentaban sus gemidos de placer. Estaba claro que estaba disfrutando... igual que yo; además, podía contemplar su larga espalda y acariciarla lentamente con las manos hasta alcanzar su duro culo.


Tengo que reconocer que necesitaba follar así. Con alguien que pusiera toda su alma, todo su cuerpo, toda su necesidad en el objeto de disfrutar del sexo hasta lo más ansiado del placer. Ella estaba tremendamente bella, con sus enormes pechos en movimiento, mientras no paraba de percutir con su cuerpo sobre mi estaca caliente.

Porque no hay nada mejor en este mundo que dos personas que se cruzan en esta vida gris que tenemos y en un momento determinado se aíslan para darle color a todas las cosas que merece la pena vivir y sentir. Para llevar al límite, en el sentido más positivo del término, a nuestros respectivos cuerpos, nuestra mente, nuestra imaginación y sobre todo, nuestro placer.


Había logrado volverme loco. Así que la puse de lado y comencé a follármela como si me fuera la vida en ello. No quería tratarla mal, pero la habría sometido a mi por siempre para usarla, de esta forma. Reconozco que no hacía más que provocarme para que mis penetraciones fueran más fuertes y profundas, hasta el punto que tuve miedo de hacerle daño. Pero ella no hacía más que disfrutar.


Sus enormes pechos negros estaban en movimiento en cada una de las embestidas. Ya habíamos alcanzado la velocidad de crucero y ahora era imposible parar. Estábamos centrados en acabar a lo grande. Ella estaba gritando y arañándome, pero yo le apartaba las manos y únicamente le dejaba que me comiera con la mirada.

Menuda admiración ese movimiento constante de su cuerpo al que me agarraba con fuerza y no podía dejar de penetrar, con mi verga completamente, dura, hasta el fondo de su cavidad sexual. Era un movimiento mecánico que me encanta repetir... espero que nunca me canse de él.


Su tremendo cuerpo era una droga para mi. La cogí de la cintura y seguí dándole cada vez con más fuerza. Era tan intenso que apenas podía controlar la velocidad con la que mi tranca entraba y salía de su cuerpazo. Su cuerpo rizado caía por los lados de su cara mientras ella me mostraba los dientes como símbolo de que necesitaba más.


Ella me pedía que no parara... y no iba a hacerlo. La miraba fijamente mientras le decía que polvos como este hay que repetirlos siempre que pueda. Ella me confesó que estaba muy necesitada de un buen semental que la follara como era debido, porque eso de estar a dos velas y masturbarse de vez en cuando es poca cosa cuando te arde el fuego del sexo por dentro. Y es que no tiene nada de malo reconocer que se quiere follar, particularmente cuando se quiere follar de una forma tan intensa como esta.


Yo tenía la polla todo lo dura que se puede tener. La cogía fuerte de las piernas, de la cintura o incluso del pelo mientras continuaba penetrándola con mi dura polla. Su coño ya no era rojizo, estaba completamente colorado, lo que le daba un enorme juego de colores a su bella piel morena.

No podía apartar la mirada de esos pechos tan grandes y turgentes que estaban frente a mi, pero tampoco podía hacerlo a esa boca suya, que tanto placer me había dado y que era símbolo de un placer infinito. Estaba deseándola con toda mi alma.


Ella quería más y más fuerte. Y cuando me dicen algo así lo tomo como una orden del alto mando que no se puede discutir. Más que nada porque yo también quería hacerlo más fuerte. Así que me centré únicamente en penetrarla. Me sentía el hombre más afortunado del mundo, por tenerla por y para mí, allí, en ese preciso instante.


Me tumbé y dejé que ella trotara como una potra salvaje sobre mi. Era el momento de dejarme hacer. Tenía la polla completamente izada para su cuerpo, mientras mis testículos se balanceaban tan rápido como sus tremendos pechos justo delante de mi mirada.


Tenía frente a mis ojos a su tremendo cuerpazo, pero sobre todo no dejaba de contemplar ni un solo instante esos grandes pechos de ébano que iba a convertirlos en míos. No podía dejar pasar esta noche sin follármelos y sin que mi blanca leche cayera, gota a gota, sobre ellos.

Ya sabéis que no juzgo a las mujeres por su físico y que no tengo un prototipo de mujer, me atrae esa química, esa sensualidad y sobre todo esas ganas de sentir que algunas personas se fuerzan por reservar la mayor parte de su vida. Eso podía ver cuando admiraba a la diosa de ébano trotando sobre mi sexo y mostrándome sus tremendos pechos.


Me había excitado tanto que había logrado que mi verga colmara por completo su enorme vagina. Ella contemplaba como se introducía en su vagina. Me miraba, como sorprendida por la dureza y vigorosidad de mi miembro.

Está claro que no todo es el tamaño, o el contorno, hay que saber utilizarla. Es importante conocer como dar placer a una mujer en todas las posiciones, lugares y momentos, teniendo siempre en mente el beneficio del placer de otra persona. Porque el sexo, el sexo del bueno, nunca es egoísta, todo lo contrario, la palabra altruismo debería ser considerada sinónimo de un buen polvo.


La diosa de ébano estaba agarrándose a donde podía, movía su cadera para lograr alcanzar el orgasmo, cosa que no tardó mucho. Al principio parecía que estaba tardando en llegar, que se estaba haciendo de rogar... pero de pronto, como un torrente inesperado, llegó. Ella comenzó a gritar de una forma desesperada y con uno par de movimiento de cadera gimió de placer... lo había logrado.


Yo sentía lo medido que me tenía. Pues cada una de sus cabalgadas dejaba expuesta a la práctica totalidad de mi polla, para en una milésima de segundo dejar caer todo su peso, recorriendo cada centímetro de mi tranca, para que desapareciera de nuevo. No quería que eso acabara, así que con la mirada le pedí que continuara follándome... y no se lo pensó ni un segundo.


Pero después de su orgasmo y de semejante calentón que llevaba era hora de darle su merecido. Ya me había tocado demasiado las pelotas. Sin esperárselo, me puse en pie, la cogí bien fuerte y la aupé. Quería follármela de pie. Su altura me lo permitía, así que no me lo pensé. Sin usar las manos, mi polla erguida se clavó en su sexo mientras utilizaba mis brazos para darme impulso.


Ahora podía sentir perfectamente mis cojones, bien grandes y redondos, colgando por debajo de mi sexo, vacilando de un lado a otro mientras la penetraba con todas mis fuerzas. Mirándola a los ojos no dejaba de hacerlo, sintiendo con mis manos fuertes, agarradas de su tremendo culo, todo el calor que desprendía su cuerpo.

No podía tener las manos en un lugar mejor que en ese culazo negro, tan prieto y tan terso que me daba ganas de ponerla a cuatro patas... pero eso tal vez lo haga otro día... junto con un montó de cosas más que siempre se me pasan con la cabeza. Ya sabéis que las formas de tener sexo son infinitas.


Se le notaba bastante que estaba necesitada de un hombre de verdad que la follara como estaba deseando. Y parece que así había sido (tal vez suene un poco pretencioso, pero ya sabéis que soy muy sincero escribiendo). Pero yo estaba más necesitado aún de follarme a una diosa como ella, que tanta pasión, ganas y sensualidad estaba poniendo. No lo puedo evitar... soy así de... caliente.


Si algo me gusta de las personas, en cualquier aspecto de mi vida, es que con quien tengo un detalle, sepa ser agradecido. Y vaya si ella lo fue... De improviso se apartó de mi y sin dejar de mirarme a los ojos verdes, se agachó lentamente hasta ponerse de rodillas y me ofreció sus tetazas para que me las follara.

Es una oferta que no pude rechazar... así que situé mi polla dura entre sus pechos y comencé a masturbarme únicamente mientras la miraba fijamente a los ojos. No sé si era agradecimiento sincero, pero me recordó lo mucho que llevo sin follarme un buen par de pechos.


Apartó sus pechos y se agachó un poco más, dejando a mi verga a la altura de su boca. Ahora sé lo que ella pretendía... parece que me había leído la mente. Comenzó a juguetear, de nuevo, con mi rabo en su boca, golpeándose con ella sus mejillas, sus labios y su barbilla.


Quería jugar con su lengua y sus ojazos marrones sobre mi la punta de mi polla. Joder... si es que cuando se ponen así de tontas con mi tranca, me dominan completamente. Nunca podré explicar bien la sensación que tengo cuando siento una buena boca en mi verga. Pero el caso es que ella estaba llevándome al éxtasis... al paraíso.


Le dije que ya estaba bien de jugar conmigo, que estaba a punto de reventar. Así que cogió la polla con una mano y comenzó a metérsela hasta lo más profundo que pudo. Uf... creo que necesito una ración de ésto todos los días. Me estaba haciendo una excelente comida de polla, de las buenas de verdad, mientras acariciaba mis testículos a punto de reventar.


Así que no pude más y me rendí. La cogí fuerte de la cabeza y la separé de mi sexo. Comencé a masturbarme mientras ella me decía multitud de guarradas que solamente aumentaban mi excitación. Hasta que finalmente estallé sobre su rostro y sobre sus pechos, los cuales tenía cogidos de una forma muy sensual con sus manos, ofreciéndomelos para que me corriera allí, sobre ella.

Estaba tan excitado que sentía como la corrida me tardaba en llegar, por muchas ganas e interés que tuviera en vomitar todo mi semen sobre esta diosa. A veces, cuando más lo deseas, más tarda en llegar... pero por suerte, en este caso, apenas tuve que mirarla a los ojos para sentir que ya llegaba...


No desaproveché la oportunidad y me corrí todo lo que pude sobre sus bellos pechos. Creo que lo estaba deseando desde el primer momento en que me mostró su escote. Pero no todas las fantasías se pueden cumplir a no ser que la otra parte esté dispuesta a ello... y creo que la diosa de ébano está dispuesta a todo... por eso mismo es una diosa y no una mortal.


Me quedé un instante disfrutando de como jugaba con mi esperma por su boca y me la comía, una vez más, con esa dulce boca. Sentía un gran alivio, tanto en los testículos, como en el alma después de haber disfrutado de este polvazo en mayúsculas.


Por suerte, ella se alzó, me miró y me mostró sus tremendos pechos salpicados de mi semen mientras sonreía de placer. Estaba claro que con un polvo no era suficiente... ni para ella... ni para mi. Así que, después de recuperar el aliento, había que volver a la carga... otra vez. Y vaya si mereció la pena repetir... pero esa, ya es otra historia.


Postdata. Me gustaría hacer un experimento, a ver que pasa. Os pido vuestra colaboración. Hacedme llegar a través del correo electrónico preguntas que queráis hacerme y trataré de hacer un post respondiendo a todas con la mayor sinceridad posible. Es una oportunidad de que me conozcáis mejor y también de que yo conozca mejor a quienes leéis este blog. A ver como sale... Espero vuestra sincera colaboración. Gracias de antemano.