26 abril 2016

Trabajando horas extra.

Hay días que, como todos, me tengo que quedar algo más de tiempo en el trabajo para acabar con mis quehaceres. Era lunes por la tarde y la oficina estaba totalmente vacía. Allí me encontraba yo, en mi mesa de trabajo tecleando el ordenador mientras no apartaba el ojo de la pila de folios que estaban a mi lado. Quería acabar cuanto antes e irme a casa. Sin embargo, me di cuenta que por allí aún estaba una de mis compañeras.

Es una mujer que siempre va a la oficina vestida formal, elegante pero también muy sugerente. Le gusta que la miren... y a mi, como al resto de la oficina, mirarla. Tiene un buen cuerpo, estilizado por esos tacones altos que lleva y la melena rubia que luce. Pero sobre todo por su tremendo par de pechos, turgentes y bien duros, los cuales le gusta lucir sin reparo.

Allí estábamos los dos; cada uno en una punta distinta de esa gran habitación repleta de mesas, sillas, ordenadores y papeles... Entonces, ella se levantó, andó lentamente por el otro extremo de la oficina y entró en uno de los despachos. Yo le dije un simpático "hola", mientras ella, sin pestañear ni decir nada, me lanzó una profunda mirada al mismo tiempo que se subía las gafas.


Aquellos ojos azules resplandecieron por toda la habitación. Pero yo estaba demasiado centrado en el trabajo como para darme cuenta de sus intenciones... al menos en un principio. Tras unos pocos segundos salió del despacho mientras continuaba mirándome, o eso me pareció ver por el rabillo del ojo, yo estaba centrado de nuevo en la pantalla del ordenador. Así que tuvo que seguir jugando conmigo...

Al cabo de un par de minutos se acercó a mi mesa, se plantó justo frente a mi y me hizo un par de preguntas de rutina, como haría cualquier compañero de la oficina que quiere charlar un poco. Se había quitado la chaqueta y yo solo podía contemplar como se le marcaban los pechos en esa camisa tan ajustada que llevaba.


Ahora si que estaba dándome cuenta de que no quería únicamente saber en qué estaba trabajando y qué hacía en la oficina a esas horas... sino insinuarse, según me dio la impresión, para darme más trabajo... ese del que a mi más me gusta, y por lo que parece, a ella también. Me acercó tanto sus pechos a mi cara que prácticamente podía lamerlos con tan solo alargar la lengua. No podía parar de pensar: "Joder... ¡qué tetazas!".


Me preguntó si quería tomarme un café. No dudé en responderle que si. Aunque la verdad es que acababa de tomarme uno, otro más del día y no me apetecía nada... Tuve la impresión que si me tomaba un café más saldría volando de la silla. Pero hipnotizado por tanta sensualidad y cercanía no pude decir más que: "Si, por supuesto". Así que la seguí hasta la sala del café, mientras ella no dejaba de contonear su trasero delante mío, pisando fuerte con sus tacones.


Allí se sentó en uno de los sofás mientras yo preparaba el café. Ella cambió el rostro y comenzó a reír mientras claramente se me insinuaba. Entre mi altura y el tamaño de sus pechos, era imposible que este ángulo perfecto no me dejara ver tan sexy espectáculo... Yo estaba sorprendido, porque la verdad es que por mucho que me guste follar, no suelo fijarme en las compañeras de trabajo y si alguien se me había insinuado alguna vez no le había prestado atención. Pero ahora era imposible no hacerlo...

Le pregunté qué hacía allí a estas horas. Entonces fue cuando me dejó ver su carta, me dijo que tenía que acabar "unas cosas" (sin especificar qué) pero que estaba cansada y la verdad es que se había puesto a leer blogs... Ahí es cuando se me encendió la alarma. En mi trabajo solo tengo un amigo conoce este blog y que evidentemente lo escribo yo. Así que comencé a sospechar que se había enterado (aún tengo que averiguar como) y por eso estaba insinuándose de una forma tan descarada (no es despectivo, me encanta que se me insinúen de forma descarada).

Le dije que a mi también me gustaban los blogs, especialmente los eróticos, las historias reales y que la gente explique sus experiencias y sus deseos más profundos sin ningún tipo de tapujo, que esa es la realidad tal como es. Ella se quedó algo cortada ante mi sinceridad y acabó admitiendo que había leído mi blog. Le pregunté qué le parecía y me respondió que "muy intenso". A lo que le afirmé que la vida, y sobre todo el sexo, con intensidad, es lo mejor. Ella se quedó sin palabras y únicamente dijo "ojalá me convirtiera en uno de tus relatos".


La agarré fuerte del pelo y la puse de rodillas. Ella en seguida comenzó a salivar y no dijo ni una sola palabra. Sus ojos azules, protegidos tras esas lentes de cristal, no dejaban de mirarme mientras se preparaban para recibir una delicia mejor que el café frío que estaba sobre la mesa. No se si fue la sorpresa, el deseo o qué, pero ambos comenzamos a enrollarnos sin pensar en nada más, ni siquiera en dónde estábamos.


No sé porqué me puso muy cachondo esa situación. Pasé de 0 a 100 en apenas un momento. Tal vez estaba demasiado centrado en el trabajo como para acordarme de quién soy fuera de él. Así que me dejé llevar, sin importarme en que podían pillarnos allí, follando en cualquier parte como adolescentes. Le tiré del pelo, la miré fijamente y me saqué la polla para metérsela en la boca. Lo siento, pero no pude evitar ir directamente al grano... o mejor dicho, a tu boca.


Ella recibió mi polla erguida encantada, aunque también sorprendida. Supongo que no se imaginaba cuan real puede ser mi polla hasta que la tienes alojada en la boca. Apenas podía tragársela e incluso pareció estar asustada. La verdad es que no sé a qué estará acostumbrada... pero os aseguro que a esta clase de polvo, no lo estaba. Aunque lo hizo muy bien.

Al cabo de unos segundos calibró su boca para mi polla y comenzó a mamarla con fuerza. La agarró con una mano y apartó la mirada de mi para centrarse en disfrutar de lo que estaba buscando esa aburrida tarde de lunes en la oficina.


"Tienes una polla deliciosa". No respondí ¿Para qué? Ella es la que estaba deseando esto, no tenía nada que añadirle más que esperar que siguiera comiéndomela y que lo hiciera lo mejor posible. Se quitó las gafas de un movimiento, abrió la mandíbula y comenzó a tragársela con tanta fuerza que tuve que agarrarme a la mesa. Al cabo de pocos segundos el vaso de plástico del café ya estaba en el suelo de las embestidas que me estaba proporcionando con su boca mientras yo comenzaba a morirme de placer.


Había logrado ponérmela completamente dura como el acero. Ahora ya no tenía freno y estaba claro que de allí no iba a salir sin follármela con fuerza. Porque cuando una mujer te hace sexo oral del bueno... saca a la bestia que hay en mi. Además, se le veía bastante interesada en explorar mi sexo con su lengua lo mejor posible.


No me había dado cuenta de que la tenía bien cogida por el pelo y que no paraba, instintivamente, de empujarla para que me hiciera sexo oral. Me tenía tan excitado que apenas podía centrarme y darme cuenta que la estaba ahogando un poco. Pero a ella parece que no le importaba, la sorpresa inicial había dejado paso a el disfrute sin importar nada más. De hecho, los dos seguíamos vestidos a excepción de mi bragueta que estaba completamente abierta.


Por un momento pensé que únicamente quería esto de mi: chupármela. Estaba a punto de dejarme llevar y pegarme una corrida de campeonato en toda su boca. La intensidad que le estaba poniendo es característica de dos opciones: de alguien que lleva mucho tiempo sin follar o bien de alguien que follar pero mal y está deseando encontrar un buen amante que le haga disfrutar como anhela en lo más profundo de su alma. Me decanto más por esta segunda opción.

Pero cuando ya me tenía conquistado, se sacó la polla de la boca y salio pitando de la habitación. Solo me dijo que la siguiera, que era el momento de que continuásemos en su despacho. Parece que me estaba utilizando para convertir su fantasía sexual en realidad... así que para agradecértelo, yo te convierto en uno de mis relatos.


De un movimiento se levantó la falda y se apartó brevemente el tanga para mostrarme su sexo húmedo, mientras se abría la camisa para enseñarme su buen par de tetazas. La verdad es que cuando la vi así no pude más que contemplarla y admirarla en toda su belleza. Estaba realmente sexy y le dije lo atractiva que era. La verdad es que tiene un cuerpazo de escándalo y un par de pechos que son la envidia de toda la oficina...


Me abalancé sobre ella. La tiré sobre las mesa, le arranqué las bragas y le abrí las piernas con dureza. Era el momento de hacerla mía de una vez por todas. Porque conmigo no se juega... a no ser que quieras acabar ganando un buen polvo. Así que sin más dilación, comprobé con mis dedos que tenía el coño bien húmedo y se la endosé hasta el fondo en un rápido movimiento de cadera.


La agarré de los brazos y se los junté en la espalda. La cogí fuerte del pelo, como había hecho antes en la sala del café y comencé a penetrarla hasta el fondo. La tenía completamente a mi merced, empotrada en la mesa donde trabaja diariamente. Si quería que la follara, que hiciera su fantasía realidad, iba a hacerlo con todas las consecuencias...


Me quedé sorprendido de lo grande que tenía la vagina. Estaba claro que si se me había insinuado de una manera tan superlativa es porque no la llenaban como deberían. El caso es que yo se la endosé y ya no la saqué hasta bien entrada la tarde.

Pero reconozco que en ese momento estaba completamente absorto con el tamaño de sus pechos. Siempre he dicho que me gustan todo tipo de mujeres, más allá del tamaño de sus pechos, pero he de reconocer que cuando logran ponerme muy cachondo ejercen un influjo sobre mi que no puedo evitar contemplarlos, sean del tamaño que sean.


Se giró como pudo y me puso la mano en el pecho. Parece que quería sentir lo fuerte que palpitaba mi corazón mientras follábamos. Yo le solté el pelo y la cogí de los pechos, mientras jugaba con sus pezones entre mis dedos. Ella no hacía más que mirarme con sus ojos azules mientras yo me centraba en darle bien fuerte, profundo y con ritmo.


La cogí de las piernas y seguí con el trabajo con más ímpetu. Ella tenía cerrada los ojos y apenas podía escucharse en esa habitación nuestra fuerte respiración y el inconfundible sonido de una polla dura entrando en un coño bien húmedo y abierto. Me fijaba en el movimiento de sus grandes y duros pechos, completamente empitonados, que se movían en cada una de mis embestidas.


¡Qué belleza la de ese momento! Ese en el cual cierras tus ojos, te dejas llevar, únicamente estás centrada en disfrutar, en sentir en gozar hasta el límite. Con la boca abierta dejas entrever tus dientes, por los que resbala una y otra vez tu respiración mientras gimes de placer. Tus bellos pechos se mueven de forma hipnótica al mismo ritmo que mi pene taladra tu vagina incesantemente. Estamos en ese momento tan bello que queremos que dure para siempre.

Abriste tus piernas completamente y te tumbaste sobre tu escritorio. Ya te habías rendido (por ahora) y te dejaste hacer... y yo te hice todo lo que quise. Profundicé en tu cuerpo rendido mientras no paraba de disfrutar mirándote a la cara, estabas sonrojada, y tus ojos miraban al infinito como si pudieras ver ahí el placer que sientías por todo tu cuerpo.


Trató de levantarse y de incorporarse para mirarme frente a frente. Pero no pudo, únicamente dirigió sus ojos para enviarme una señal clara de que no parase, de que siguiera follándola como estaba haciendo y de que necesitaba sentir ese orgasmo que hacía tiempo se le resistía. Sus ojos eran órdenes para mi.


Me pidió que me sentara. Tenía ganas de cabalgar con fuerza sobre mi pene erecto entre sus piernas, por las cuales, inevitablemente caían gotas de rocío desde su sexo húmedo. Estaba muy caliente, tanto dentro como fuera. Además estaba abierta y necesitada de que le clavara mi sexo hasta lo más profundo de su vagina. Quería gozar y sentir hasta que su cuerpo llegara al límite, al máximo placer... porque comenzaba a sentirlo, ya estaba acercándose, preparado para salir...


Mis cojones comenzaban a hincharse aumentando considerablemente su tamaño. Mi cuerpo también comenzaba a decirme que estaba rozando el límite. Pero yo aún quería disfrutar de ella un rato más. Por eso la agarré fuerte de la cintura y le ayudé a que se clavara mi sexo una y otra vez con más intensidad, mientras ella gemía y se agarraba con fuerza a mis piernas.


"Oh.... Ahhh.... Mmmmm...." Eso es lo único que ella era capaz de articular. Aún así logró decirme: "No pares..." y comiencé a penetrarla todavía más fuerte. Utilicé mi cadera para darle todo el empuje a mi erecto rabo. La tenía completamente tiesa y ella no hacía más que dejarla entrar y salir cada vez más rápido de su sexo.


Finalmente apuntó de nuevo sus ojos azules al cielo y comenzó a tambalearse, estremeciéndose y dejando caer todo el peso de su cuerpo sobre mi entrepierna y mi sexo. Yo la ayudaba con mis brazos apretando su cintura a subir más alto y caer con más fuerza. Ninguno de los dos pudimos parar y finalmente ella, con mucho esfuerzo, lanzó un grito que resonó en toda la oficina. Nos dio igual que la señora de la limpieza o cualquier otra persona nos oyese, era el momento de disfrutar... por fin.


Ella se quedó sentada un instante mientras yo la contemplaba en pié, frente a ella. Se había convertido en un cuerpo bello, sonrojado, sudoroso y vibrante. No pude evitar comenzar a jugar con mi sexo, largo y duro, golpeando con él en sus grandes pechos. Como un niño comencé a golpearlos con fuerza mientras ella se reía y me preguntaba si me gustaban. Le respondí que me encantaban y que eran una delicia verlos en la oficina.


"Pon tu polla entre ellos y verás". Uf... reconozco que tiene una piel deliciosa, suave y que entre esos pechos podía volverme loco en un embrujo a través de sus ojos azules. Pero no era el momento de parar el tren, porque yo aún tenía mucha marcha que darle. Así que le dije que continuara el trabajo que había comenzado en la sala del café. Ella me indico, sonriente, que me sentara en su silla...

Creo que hacía tiempo que tenía el sueño de someter a un hombre a los designios de su lengua que estuviese sentado en la silla donde habitualmente trabaja. Y es que el deseo es algo que no se puede evitar... sobre todo cuando uno es de los que sueñan despiertos.


Ella gozaba mucho chupándome la polla... y yo más, para que negároslo. Además, era incombustible e imparable en su ímpetu por darme placer con su boca, con su lengua, paseando sus labios por toda mi verga... mientras me miraba fijamente con sus ojazos.


Finalmente me levanté y ella se puso de rodillas frente a mi. Ambos queríamos lo mismo. Buscábamos acabar el polvo. Yo quería acabar de la manera que más me gusta y ella quería que acabara de la manera que más me gusta, como si fuera uno de mis relatos... y ya ves, al final así ha sido. Reconozco que estaba muy centrada en lo que hacía y únicamente tuve que ponerme las manos en la cabeza y dejarme llevar por el goce.


"No tengo mucha habilidad comiendo una polla tan grande... por desgracia estoy acostumbrada a otro tipo de hombre...". No le presté atención en su momento a esta frase, pero reconozco que es un gran halago, gracias. Añadió también: "he leído por tu relato que te encanta correrte en la cara de tus chicas... así que aquí estoy, preparada para que me lo des todo...". Ufff... ¡cómo se nota que sabe lo que me gusta...! y además, cuando me lo dicen me pone muy cachondo.


Así que, ante esa frase, no pude hacer más que esperar a que me viniera el orgasmo. Ella trataba de comerme la polla como si estuviera a punto de atragantarse... y yo la dejaba mientras disfrutaba del gozo que me provocaba y observándola, tan concentrada y tan interesada en darme placer.

Por eso no tardé mucho en correrme... notaba que iba a vaciarme hasta agotar mis testículos. Ella lo sabía, así que puso sus manos sobre mi polla y comenzó a masturbarme como si me estuviera ordeñando hasta que le estalló en la cara y yo pegué un grito fuerte y seco que le sacó una sonrisa de complicidad de lo más bella.


Si realmente quería convertirse en la protagonista de uno de mis relatos le iba a echar hasta la última gota de mi semen, mientras yo no podía más que temblar de pie frente a ella del placer que me acababa de generar....


"Mmmmm... por mucho que lea tus relatos y los imagine... jamás podría sentir tu semen en mi boca como ahora... Joder... tampoco sabía que te corrías tanto, pensaba que era una exageración... pero ya veo que no". Si, reconozco que tal vez sea es uno de mis puntos fuertes, una abundante corrida... sobre todo cuando alguien como tú sabe exprimirme del todo...

Entonces, como si fuera la primera vez que se corrieran en su boca, comenzó a juguetear con él y a decirme que estaba bueno... que no tenía un sabor demasiado fuerte. Ese jugueteo no hacía más que dejarme con la intriga de aquello que te había llevado a follarme en tu propio despacho. Tal vez, el deseo, es irresistible.


Espero que hayas disfrutado, hoy se te veía en la oficina mucho más contenta... Además, lo has logrado, ya te has convertido en uno de mis relatos... Gracias R. ;)

06 abril 2016

Fóllame como quieras.

- Te lo digo en serio -dijo ella-.
- Te creo.... -dije yo sin demasiado convencimiento-.
- Ella volvió a insistir- Soy buena en la cama.
- Ya... -eso es fácil de decir, pensé-.
- Y soy muy zorra.
- ¿Ah si? -dije irreverente- A mí sólo me gustan las que lo son mucho. Demuéstralo.


Hay que ver lo mucho que me gusta esta rubia. No solo por esos cabellos dorados, por esos ojos que se me clavan en el alma. Sino porque me vuelve loco con su juego, excitándome a cada paso y haciendo lo que sea necesario para provocarme hasta tocar el cielo. Comienza a jugar conmigo y yo me dejo. Disfruto observándola, mirándola, contemplándola en toda su belleza.

No podía dejar de mirar su escotazo, tan sugerente, tal abierto a mí, mientras se estiraba para mostrarme más su dulce piel. Estábamos rodeados de gente... pero ella había comenzado el juego en el que ella hace de puta y yo solo pienso en follármela.


- Menudas tetas tienes nena...
- ¿Te gustan? -me dice mientras sonríe-.
- Si, me encantan. Adoro cuando una mujer utiliza todas las armas de las que dispone para ponerme cachondo.
- Ya te he dicho que soy una zorra.
- Tendrás que demostrármelo mucho más -rezo para que lo haga-.
- Esto es solo el principio... esta noche soy toda tuya. Fóllame como quieras.
Me deja sin palabras, pero reacciono a tiempo para seguirle el juego- No me digas eso dos veces que lo hago...-
- Fóllame como quieras -sonríe-. Quiero sentir tu leche caliente por toda mi boca y que las gotas caigan justo aquí...


- Se acabó. Me has dado permiso para follarte como quiera. Voy a pagar las cervezas en la barra y nos vamos pitando a tu casa. Voy a cumplir mi palabra y tu la tuya, zorra.
- Me tienes muy cachonda. No me puedo contener... vayámonos ya.


Cruzamos la puerta de su casa y comienzo a besarla. Lo hago con fuerza, con intensidad, pero sobre todo con mucho sentimiento. Quiero sentir cada segundo que nuestros labios están juntos. Los paseo por el resto de su cuerpo, me encanta recorrer su dulce cuello hacía abajo... Ella respira cada vez más fuerte. Está muy excitada.

- Si continuas besándome así te voy a comer toda la polla.
- Aguanta... porque esto es solo el principio nena.
- Me pones muy cachonda...


Le meto la mano en su entrepierna. Acaricio su sexo con la punta de mis dedos y en eguida compruebo que ya está mojada.

- Ya lo noto...
- Estoy muy mojada. Tengo muchas ganas de hacerlo contigo.
- Entonces ha llegado el momento de arrancarte las bragas.


- ¿Y ahora qué?
- ¿Ahora? Ahora voy a meter mi cabeza entre tus piernas y no me iré de ahí hasta que yo quiera. Voy a mover mi lengua por todo tu sexo, te la voy a meter hasta donde pueda y luego frotaré mi boca para chuparte toda. Quiero hacer un mapa de tu piel con mi lengua.
Se la meto en su vagina caliente.
- Mmmmmm... (hijo de puta).


Tiene los pechos firmes y los pezones aún más. Gime, respira hondo y disfruta de cada lamida que le doy. Me pone las manos en el pelo y me incita a que no pare. Quiere sentir mi aliento en su sexo húmedo... y yo también. Grita.

- ¡¿Pero qué me estás haciendo?! 
Saco la boca de su sexo y le pregunto -¿Es que no te gusta?-.
- ¡Lo que no quiero es que pares, joder!
Me vuelve a empujar la cabeza contra su sexo.


- Tienes un coño delicioso. Húmedo, sabroso, caliente...
- Pues ya verás cuando te chupe la polla...
- Tu no me vas a chupar la polla... Me la vas a comer ¿Conoces la diferencia?
No responde.
- ¿No?
Me mira fijamente, desafiante y se muerde el labio inferior.
- Y lo harás cuando yo quiera que me la comas, no te preocupes. Pero ahora cierra los ojos y disfruta.


Le meto los dedos hasta el fondo. Siento en las yemas de mis dedos como su vagina se abre a su paso, comienzo a moverlos hacia delante y hacia atrás, acariciándole todo lo que puedo en su interior. Quiero que sienta hasta el alma las ganas que tengo y el deseo que me mueve.

Paro un instante para sacarme el cinturón, abrirme los botones de los vaqueros y dejar que mi polla dura respire algo de aire fresco. -No la puedo tener más tiempo en mis pantalones, me excitas demasiado nena- Sin mediar palabra, ella se gira y comienza a chupármela como si estuviera necesitada de mi verga.


No obstante yo sigo a lo mío, chupándole su sexo. Hay ocasiones, como esta, en la que disfruto tanto que siento que no hay nada alrededor, que se para el tiempo. Únicamente siento mi lengua, mi barbilla rozando contra su sexo y la humedad que desprende en mi boca. Lo hago de manera apasionada, con la necesidad de quien tiene sed en mitad del desierto. Porque no hay nada más placentero para un hombre que sentir como se abren las piernas al paraíso perdido del sexo humano.


Tu te clavas mi polla dura en la boca, y sin apenas despeinarte, te la hincas todo lo que puedes hasta la garganta. Escucho como te corta hasta la respiración. Quieres excitarme todo lo posible para que yo continúe clavándote mi lengua hasta el interior de tu vagina, sintiendo tu sabor húmedo y salado, manjar caliente de la vida.


De improviso me levanto. Ella se queda mirando mi cuerpo, se fija en mis ojos y en mi rabo erecto que está prácticamente frente a su cara. Es entonces cuando pienso que tengo que asegurarme de que puedo follármela como quiero. Así que la tumbo y le pongo mi sexo en la cara. Inmediatamente ella sabe lo que tiene que hacer...

- Dámela...


Comienza a jugar con mi polla con el contorno de sus labios. Alarga su lengua para tocar la punta mientras su mano mueve mi polla en círculos alrededor de su boca. Está claro que sabe lo que hace... porque no cualquiera puede hacer disfrutar con apenas acariciar mi sexo.

- Mmmmmm... joder nena ¿Cómo me puede gustar tanto que me la chupes?
Se la saca de la boca y responde sarcásticamente: - ¿Cómo me puede gustar tanto a mí chupártela?.


- Me gusta tu polla.
- Lo sé. Cómetela y calla. A ver hasta donde te llega.

Efectivamente, comprobamos que tiene buen aguante.Sabe como hacer disfrutar a un hombre. Pero esta parte la dejamos para el postre. Ahora llega el momento de que disfrutemos los dos al mismo tiempo, de gozar juntos, de bailar pegados hasta la intimidad.

- Muy bien, ha llegado la hora de que te folle. Ponte a cuatro patas -Ella obedece inmediatamente, ofreciéndome su sexo abierto-.


Se la clavo en un rápido movimiento. Ella me mira fijamente mientras no dejo de penetrarla con fuerza e intensidad. Sé lo que está pensando. Sé lo que está sintiendo. Me resulta difícil no contemplarla mientras no paro de introducirle mi polla dura en su vagina, alcanzando, no sin esfuerzo, el fondo de su cavidad sexual. Por fin la tengo a mi merced.


Me tumbo, la abrazo con fuerza y la agarro de su vientre caliente y de su cuello. Quiero tenerla bien cogida mientras en la habitación solo se escuchan tres voces: la suya gritando que -¡Fóllame!-, mis gemidos cada vez que se la meto y el chasquido de nuestros cuerpos chocando a cada segundo.

Ella está muy cachonda. No lo puede evitar. Sus manos descienden por nuestra piel y caen, una a su sexo, comenzando a masturbarse con fuerza y la otra se posa en mis testículos, comienza a apretarlos, acariciarlos, a jugar con sus dedos, quiere sentir lo calientes, grandes y sensibles que tengo los huevos.


- ¡Cómo me gusta que me folles! ¡Así, justo así!
- Podría estar toda la note metiéndotela.
- Ya lo sé semental...
- No dejes de masturbarte perra, quiero que te corras por y para mí.
- Entonces ponte detrás, quiero sentirte a mi espalda. Quiero sentir de verdad como soy tu perra.


Veo en el reflejo que me ofrece gustosamente el espejo de su armario. Su rostro desprende sentimiento, fuerza, intensidad y sobre todo disfrute, disfrute de este momento único e irrepetible que llevábamos tanto tiempo esperando.

- ¿Así perra?
- Si... ¡Joder! ¡No pares!
- Nena... cállate y disfruta como te follo -Le pongo la mano en la boca y comienzo a darle fuerte-.


Noto como sigue abriendo la boca. Su aliento se me escapa entre mis dedos. Trata de hablar, de gemir o yo que sé. Así que la dejo respirar, gritar de placer mientras Mi vientre presiona su impresionante trasero una y otra vez. Mi mano cambia de su boca a su cintura. La agarro bien fuerte para que mis embestidas la empotren contra el cabecero de la cama sin parar de penetrarla. Ella vuelve a poner su mano en su sexo, quiere disfrutar al máximo... y lo hace.


- ¡Dame más fuerte!
- ¿Más? ¿Estás segura?
- Si, cabrón. Me tienes como una putita caliente para ti, trátame como tal.
La agarro bien fuerte del pelo y noto como comienza a frotarse con más intensidad en el clítoris. Su clímax está cerca y yo se lo voy a facilitar con mi tranca.


- Ahhhhhhhh... Ahhhhh... Ahhhh... Mmmmmm.... (respira fuerte).

Se corre. Tiene un orgasmo de campeonato. Yo paro de penetrarla y ambos descansamos un poco después de este gran polvo. Nos tumbamos en la cama y giro la cabeza para observarla. Está tan bella... con esos ojos cerrados, disfrutando aún del orgasmo que acaba de tener, empapada en sudor y con todos sus cabellos rubios cayéndole por el cuerpo.


- Me gusta ver que has gozado.
- Cuando recupere el sentido voy a comerte la polla como nunca antes te lo han hecho.
- Eso es mucho decir...
- Me has convertido en una guarra insaciable. Es hora de que sufras por ello -Se levanta, y comienza a pajearme con la mano mientras yo le sujeto el cabello-.


- Que ganas tengo de comértela hasta el fondo...
- Hazlo. Y dime guarradas mientras lo haces. Quiero que me provoques todo lo que pueda.
- ¿Te gusta que te provoquen, verdad?
- ¿A ti no?
- A mi me gusta que me provoques tu... Mira lo guarra que estoy. En esto me has convertido tu.


Abre la boca todo lo que puede y se adentra mi sexo en ella. Juega con la punta, paseando su lengua por mi glande rojo. Estoy deseoso de verla en acción... pero entre lamida y lamida comienza a provocarme hasta que me hace rozar la locura.

- Necesito sentir tu rabo. Quiero asaltarte en cualquier parte... No me importa ni donde ni como ni de que manera. Quiero poder metérmela en la boca en el punto justo de la concentración de tu sangre... Sin parar de devorarte... Hasta que me hayas dado de beber...


- Me has excitado lo suficiente para que mi boca, como el resto de mi cuerpo, sean todo tuyo... Hasta el fondo... Justo donde quiero tener tu rabo. Me haces salivar con tan solo imaginarlo. Así que ahora, que tengo tu rabo a mi disposición, voy a disfrutarlo.

Me acuesto y me dejo hacer.


Ella sabe como hacerlo. Más boca y menos manos. Profundizando, insistiendo, penetrando. Haciéndome sentir el control con apenas el roce de su lengua. Abre la mandíbula, desaparece mi tranca en su boca. Vuelve a salir. Así una y otra vez hasta que me mata de placer. Está concentrada, muy concentrada en lo que hace, se nota que quiere hacerme disfrutar.


- Me encanta cuando eres así de guarra... No puedo dejar de disfrutar ni un solo instante -Trago saliva- Por favor, no pares. No pares nunca.
- Tranquilo cariño, ahora soy toda tuya.
- Mmmmmmmmm...
- Me gusta ser yo quien te masturba... Quien te come la polla... sintiendo que me la clavas como quieres... cuando la excitación te desborda.


Gimo, gimo y gimo. Respiro fuerte. La miro. Cierro los ojos y vuelvo a gemir de gusto.

- Me gusta verte la cara cuando me trago tu polla.
- Y a mi como me la chupas.
- ¿No decías que lo que querías era que te la comiera?
- Cierto, pero aún no he sentido como te la metía hasta el fondo.
- Cógeme del pelo y empuja. Ya te he dicho que me follaras como quisieras ¡Hazlo!


Me estremezco de placer. Ella me mira desde abajo y sabe lo que está provocando en mí, así que no para de hacerme sexo oral profundo, sin usar las manos, porque el buen oral no necesita más que usar bien los labios y la lengua.

- Ahhhhhgg... Me voy a correr. Me voy a correr ya mismo.

No me dice nada pero me mira desafiante. Sabe que no hace falta recordarme lo que me había dicho al principio de la noche. Así que tiro un poco de su pelo hacia atrás para que se separe de mi sexo, aprieto fuerte mi rabo con mi mano y en apenas unos segundos estalla mi orgasmo.


Borbotones de semen le caen por la cara mientras ella gime de sentir mi corrida caliente por toda su piel. Ella utiliza las manos para ponerse parte de mi leche en los pechos, cumpliendo su palabra. Ambos nos hemos llevado, juntos, compenetrados, al placer supremo.

- Eres un sueño hecho realidad -le digo-.
- Me gusta hacerte perder el control.
- Y a mi me gustas tú, nena.