17 marzo 2016

Ojos de hielo.

Mi primo me animó a conocerla. Ya la conocía de antes, pero nunca había tenido la oportunidad de conocerla. Ahora, por azares del destino (y gracias a la mediación de mi primo), pude quedar con ella. Realmente no era tal como la imaginaba, era mejor aún. A parte de ser una mujer fuerte, interesante, con madurez; es sencillamente una de las mujeres más atractivas que he conocido en mi vida. Cuerpo de infarto, escote de vértigo, piel suave y dos ojazos que se clavan en los míos como estacas de hielo.

Ella es una mujer despampanante de los pies a la cabeza, y además sabe lucirse (no sería menos). Así que nada más quedar con ella me quedé boquiabierto, una de las primeras veces que me dejaría así aquella noche. Si os digo la verdad, siempre me quedo con los detalles, pero en este momento sólo recuerdo sus ojazos mirándome con interés y ese cuerpo seductor que tiene.


No podía evitar mirarla de arriba a abajo. Estaba tremenda... aunque en realidad siempre lo está. Y es que hay personas que por mucho que quieran son autenticas maravillas. Así que mientras hablábamos y nos conocíamos mejor, no dejaba de recorrer con mis verdes ojos aquel cuerpo de mujer fatal, desde su cabello hasta sus largas piernas adornadas con unos grandes tacones.


Después de contemplarla durante varias horas y de una deliciosa conversación con aquella mujer de ensueño, volvió a sorprenderme una vez más con su seguridad y con su mirada. Me dijo que mi primo le había contado algunas cosas de mi; le repliqué que respecto a qué. Ella afirmó que conocía mi don para escribir... y que algo había leído. Yo no pude más que reafirmarme, pues no puedo negar mi autoría de este blog. Ella me dijo que le gustó y que le gustaría convertirse en uno de mis relatos... porque también le encantaba este tipo de literatura. Así que sin pensármelo le pregunté si quería que la convirtiera en literatura... y accedió.

Llegamos a su casa en apenas unos minutos. Ambos estábamos deseosos el uno del otro; especialmente yo que anhelaba descubrir ese cuerpazo y sentir esos labios perfectos que tiene en mi rostro desde hacía muchos años. Nada más cruzar la puerta de su casa, comencé a desvestirla...


No sé como pasó, supongo que es demasiada mujer para mi. Pero en apenas un instante ya me había sentado en su cama y comenzaba a desvestirme con interés. Nunca dejará de sorprenderme esta deliciosa actitud. Pronto ella descubrió lo que andaba buscando en mi cuerpo...


En ese primer momento de la noche logró excitarme únicamente con su mirada de hielo, que caía pesada sobre mí, mientras no paraba de jugar con sus dedos traviesos por mi entrepierna, deslizándose arriba y abajo en toda la longitud de mi pene erguido. Estaba deseosa de hacerme ver que, tal vez ella no escriba un blog como éste, pero es capaz de hacer que la realidad supere a la ficción... y vaya si lo hizo. No es fácil olvidar aquel rostro con esos labios carnosos tan cálidos y atrayentes. Está claro que me estaba cautivando mientras me daba una lección de lo que es una mujer diez.


Me estaba volviendo realmente loco sólo con observar su rostro. Aquello era increíble... Así que me dejé hacer hasta que no pude más. Tenía ganas de follármela, de hacérselo allí y ahora, de darle todo lo que necesitase y más; de saciarla hasta el límite. Así que puse fin a aquella mirada sensual y la empujé sobre la cama. Sus grandes y duros pechos (que son perfectos, he de decirlo) se quedaron tiesos sobre ese cuerpo caliente que me esperaba con ansia.


Lo primero que hice fue saltar sobre esos dulces pechos de jazmín que se tambaleaban duros y erguidos sobre su cuerpo perfecto. Estaban deliciosos, así que los cogí fuerte con mis manos y comencé a disfrutar de ellos pasando mi lengua de un pezón a otro. Ella se excitaba pero trataba de mostrarse comedida, respirando con fuerza pero sin gemir lo más mínimo.


Me gustó la sensación de tener esos grandes pechos en mis manos. Lo anhelaba desde aquellos tiempos, no tan lejanos pero que lo parecen, en los que iba a la universidad y la veía por las noches cuando salía. Mi primo siempre me preguntó que porqué si la consideraba la mujer perfecta, una mujer diez, no me acercaba al menos para que me rechazara, como haría un hombre. Supongo que porque en casos como este, la espera merece realmente la pena... y resulta deliciosa.

Sin darle más espera que la necesaria para excitarla hasta el punto de erizar toda su piel, recorriendo mi lengua por toda su extensión, decidí que era el momento de penetrarla. Por fin íbamos a disfrutar de sexo del bueno... y sobre todo del intenso, del que se hace realmente con ganas.


En cuanto sintió como mi verga se adentraba en su dulce y caliente sexo, abrió la boca y comenzó a gemir de placer. Estaba deseando sentir esa sensación en lo más profundo de su cuerpo. Esa sensación que recorre hasta el centímetro más escondido de su piel, mientras que de sus entrañas brota una sensación que va a ser muy difícil de sofocar.


Ella trataba de no elevar la voz... pero sus gritos entrecortados se juntaban con el sonido de mi sexo entrando en el suyo una y otra vez. Sus ojos estaban cerrados y sus ojos de hielo estaban en ese momento fuera de cobertura... pero no importa, ahora esta centrada en sentir, en gozar y en definitiva, en vivir.


Me abalancé sobre ella y comencé a penetrarla sin descanso, mientras me cogía fuerte de la cabeza, como si tuviera miedo de que me fuera en mitad de aquel disfrute mutuo y la abandonara antes de acabar. Eso no iba a pasar ni aunque se produjera un terremoto (que por suerte no se produjo). Comencé a disfrutar en cada una de las internadas de mi verga en su húmedo sexo, que ardía entre mis piernas como una viga caliente en el horno de una siderúrgica.


Me puso la mano en mi espalda y me pidió educadamente con ella que le diera más ritmo. Así que comencé a penetrarla con más y más fuerza. Apenas me paraba un segundo en su interior para sentir como tocaba fondo, para luego volver a iniciar el proceso una y otra vez. Pero este segundo dura minutos para el que sabe follar más allá de un polvo para correrse lo más rápido posible y poco más. A mi me gusta, sencillamente, sentirlo todo, intenso y el máximo tiempo posible.


Ella seguía manteniendo su mano en mi cabeza, mientras me suplicaba con esa mirada y con cada gesto que hacía de que le diera más fuerte. Quería sentirlo intenso, quería abrirse de piernas y dejar paso al torrente de masculinidad que llevo. Estábamos pegados el uno al otro, piel con piel, labios con labios, sudor con sudor y sobre todo dos cuerpos formando uno solo.

Era el momento perfecto para sorprenderla. Quería cambiar de postura rápidamente, cogerla de improviso y sobre todo ponerla de tal forma que pudiera ver en esos ojazos todo lo que yo estaba sintiendo en mi propia carne. Supongo que los pecados de la carne son así, no se conforman con lo justo y necesario... siempre me ha gustado buscar lo mejor.


La levanté y la puse contra la puerta de su habitación. Algunas cosas se cayeron, incluida mi lengua que de deslizó desde sus dulces labios hasta su sexo candente. Era el momento para sentir su sabor en el interior de toda mi boca mientras jugueteaba, como un niño malo, con aquel cuerpo de escándalo que tenía frente a mis ojos.


Habría podido estar horas paseando, chupando y adentrando mi lengua en su sexo. Estaba rojo, caliente, húmedo... y sobre todo abierto a mi. En ese momento aquello era el centro de mi mundo y no me interesaba nada más. Incluso ahora, escribiendo estas líneas, anhelo volver a pasear mi lengua por aquel sexo tan perfecto y tan delicioso.

No obstante, me rogó cogiéndome de los hombros y del pelo con sus manos, que volviera a la parte superior. Ella también estaba deseando mirarme a los ojos mientras los dos volvíamos manos a la obra con nuestros respectivos sexos. Así que la empotré con toda mi alma en aquella pared de su habitación.


Nuestros cuerpos desnudos se acoplaban perfectamente el uno al otro, como si se necesitaran, como si se atrajeran como dos polos opuestos. Deslizándose arriba y abajo por aquella pared, comencé a penetrarla con furia mientras la agarraba bien fuerte de sus muslos perfectos, aquellos a los que no había podido dejar de mirar ni un solo instante desde el principio de la tarde.


No podia dejar de mirarla ni un instante. Con mis manos en sus duros muslos, la penetraba una y otra vez. Algunas personas tienen inconveniente en usar la palabra follar, por considerarla carente de cariño, pero yo creo que es imposible tener sexo de esta manera tan intensa sin que haya sentimiento. Follar lo engloba todo, pero sobre todo deja claro que el sexo es intento, sentido y querido, como éste.


Me encanta esa sensación de tener sus nalgas entre mis manos, mientras las agarro con fuerza, sujetando en ellas el peso de su cuerpo de escándalo, al mismo tiempo que la penetro con toda la intensidad que me caracteriza. Desde luego, es difícil resistirse a tales placeres de la vida terrenal...


Le di la vuelta y sobre aquellos taconazos comencé a embestirla cara a la pared. No era un castigo, sino más bien todo lo contrario, porque en aquella habitación el que realmente se estaba portando mal era yo... y no tardaría mucho en recibir el castigo que me correspondía.

Ella estaba disfrutando tanto que había puesto el piloto automático. Quería dejarse hacer, porque aunque es una mujer tremenda, cuando estás disfrutando de verdad, es mejor dejarse llevar, sentir y que todo siga tan bien como lo estábamos pasando esta noche de marzo.


Aproveché la situación para comenzar a mordisquearle la oreja mientras paseaba mi lengua por la parte trasera de su cuello. Estaba deliciosa, así que comencé a decirle con voz tenue todo lo que pensaba de su piel, de sus labios, de sus ojos de hielo y de ese cuerpo de escándalo que me estaba encantando poseer sobre aquella pared. Ella me pedía más mientras se mordía el labio, a lo que yo respondía diciéndole las cosas más calientes que se me ocurrían mientras continuaba ensartándola con mi sexo.


La había llevado a la cama sin salir ni un instante de su cuerpo. Se puso a cuatro patas para mi, mientras me lanzaba una mirada sensual pero desafiante para que siguiera sin freno. La cogí fuerte de los hombros y comencé a disfrutar del sonido de mis sexo chocando contra su brutalmente sexy trasero. Trabajábamos como una máquina perfecta, como un resorte que mil veces percute a otro sin tambalearse ni parar un momento.


Estaba ya subiéndome sobre la cama del ímpetu con que me la estaba follando. Apenas podía pensar para darme cuenta que estaba cumpliendo mi sueño. Estaba disfrutando en uno de los mejores polvos que he disfrutado con una de las mujeres más atractivas que he visto en mi vida. Desde luego... esto no va a haber forma de recompensárselo a mi primo por semejante regalo.

Mis brazos, mis piernas, mi pecho y mi cabeza la envolvían como en un escudo perfecto en el cual ámbos estábamos en nuestro propio mundo, en nuestro paraíso. Tiene un cuerpo perfecto y es imposible no desear follarlo. Ella disfrutaba tanto como yo o tal vez más, pues apenas mostraba palabra, estaba demasiado centrada en disfrutar sintiendo.


En un momento determinado, por sorpresa, se desplomó sobre la cama. Pero yo, despiadado, aproveché la situación para cogerla fuerte de las piernas y penetrarla con toda la fuerza de mi cuerpo. Había llegado el momento de la traca final. Ella abrió la boca y comenzó a gemir con fuerza mientras yo la hacía sentir el sexo más intenso.

No aguantó mucho así (ni yo tampoco). Me pidió un poco de calma. Así que la alcé y comencé de nuevo a recorrer su cuello con mi boca. Besándola, oliéndola, diciéndole cosas bellas al oído, mientras ambos recuperábamos poco a poco y con dificultad el aliento.


Mis manos jugaban con su cuerpo, recorriéndolo. Pude disfrutar tanto de él y sentirlo, que podría recitaros el callejero de Cuenca de memoria, dibujando perfectamente hasta el lunar más íntimo y escondido de su piel. Cada vez que mis manos se posaban en esos grandes pechos y los apretaba, rozando con mis dedos su pezón erguido y caliente, lo bella que es.


Me pidió que me tumbara sobre la cama y que ahora yo me dejara hacer... le respondí que si, pero la verdad, y no es porque sea mentiroso, que no cumplí mi palabra. Es imposible permanecer impasible frente a esta mujer sin hacer nada, dejándose hacer, por mucho que esté disfrutando. Así que mi palabra apenas tuvo una vigencia de unos segundos antes de que la cogiera de las nalgas de nuevo y metiera mi cabeza entre sus piernas.


Me pidio que parara el en acto. Pero no quise escucharla. Así que durante un par de gloriosos minutos pude sentir de nuevo su sabor salpicándome la boca y adentrándose en mi boca. Su jugo era tan adictivo que había podio estar allí toda la noche... pero pronto saltó de mi boca y se sentó sobre mi sexo, cogiéndolo fuerte con la mano para endosárselo de nuevo en su entrepierna.


No sé de donde extrajo las fuerzas, pero el caso es que comenzó a saltar sobre mi como si fuera un potro desbocado. Se había convertido en fiera de nuevo, para mi alegría. Así que posando sus manos sobre mi pecho comenzó a cabalgar con fuerzas renovadas.

Era un espectáculo verla, con esos ojazos y esos labios, moviéndose en cada una de sus internadas sobre mi verga. Ella estaba ansiosa, cerrando los ojos y disfrutando del sexo conmigo, lo cual es, reconozcámoslo, un halago para cualquier persona. Porque quien diga que el sexo no es importante ni une a las personas, miente.


Estaba muy concentrada. Quería hacerlo más que bien. Pero solo con su presencia sobre mi cuerpo era suficiente para disfrutar. La contemplaba, la admiraba con mis ojos mientras ella se centraba en que este sexo fuera inolvidable para ambos. Cogiéndose las nalgas para que la penetrara hasta el fondo mismo, hasta la pared más lejana del interior de su cueva.


Me tenía a su merced; a su entera disposición. Podía disfrutar de mi, esclavizarme, hacer conmigo lo que quisiera. Era mi ama, mi luz, mi guía. Sus manos calientes estaban sobre mi pecho, mientras me miraba fijamente, cuando no cerraba los ojos a causa del placer, y yo la contemplaba en toda su belleza, mientras sus duros y perfectos pechos subían y bajaban a la par que el ascensor de sus piernas sobre mi duro sexo.


Yo me puse erguido, junto a ella. Quería estar cerca de su piel, sentir su calor, su sudor, su excitación en cada uno de los pelos de su cuerpo. Ella tiró la cabeza para atrás, agarrándose fuerte de mis hombros, de mi cuello, mientras cabalgaba con más fuerza sobre mi sexo. A ella ya le estaba llegando el orgasmo y poco a poco se fue poniendo roja, saltando cada vez con más fuerza sobre mi, hasta que finalmente lanzó un grito y bajó el ritmo. 

Reconozco que con este panorama, teniendo sus enormes pechos al alcance de mi boca (a los que no pude evitar darle algún que otro mordisco) mientras ella llegaba al orgasmo, yo no iba a tardar mucho más en llegar al mío... es inevitable (por suerte).


La abracé con mis fuertes brazos mientras su terrible orgasmo, que la había dejado completamente rendida en cuerpo y alma, se movía como un juguete entre ellos. Puse mi mano en su espalda y disfruté una vez más de los manjares que me ofrecía su cuerpo. Ella estaba recuperando la respiración, pero sabía que iba a hacerme terminar en cuanto recuperara las fuerzas.


Eso no tardó mucho en llegar. Me sentó sobre el borde de la cama, ella se arrodió frente a mi y comenzó a hacerme una mamada que, sinceramente, ni puedo describir con palabras de lo buena que fue. Reconozco que no sabría ni deciros cuando tiempo duró, porque en ese momento únicamente me centraba en disfrutar del placer que su boca me estaba proporcionando y sobre todo en mirarla directamente a sus ojos de hielo, que estaban clavados en mi, pidiéndome a gritos que llegara al orgasmo con la máxima intensidad posible.

En apenas un instante sentí que mi cuerpo se estremecía de gusto, le decía que no parara, y ella, traviesa como es, se la sacó de la boca y puso a mi alcance su hermoso busto. Cogiéndoselos con un brazo mientras el otro terminaba de matarme antes de que mi esperma se derramara, no sin que gritara de placer mientras se me acababa el aire y prácticamente la vida, sobre ellos. 


Realmente habíamos pasado una noche inolvidable.

20 comentarios:

  1. A eso se le llama "conocer a fondo". Y,desde luego, una noche no inolvidable, sino memorable, predispuesta a repetirse hasta de día. El gift en que ella es lanzada sobre la cama... Ufff!!!!

    Besos de Pecado a Pecado.
    De aquí al Infierno :-)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ya sabes de sobra que a mi me gusta conocer a fondo y hacer todo a fondo. Mi lema personal debería ser: "Yo para hacerlo mal no lo hago", quedaría muy bien. En cuanto a la noche inolvidable, este tipo de noches se pueden repetir, cuándo, cómo y cuánto se quiera.

      La verdad es que en esta entrada hay gifs que son realmente buenos...

      Besos de Pecado a Pecado... pasando por el infierno ;)

      Eliminar
  2. No hay nada mejor que prolungar esos tiempos de espera de quien se desea con tantas y tantas ganas... y el encuentro, cuando finalmente ocurre es la máxima expresión de los sentidos, el ápice del placer ...como tus letras.

    Como siempre, un placer leerte... Tentadores besos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. El tiempo puede ser un aliado fiel o algo terrible, yo prefiero usarlo para bien, como todo lo que tengo a mi alcance. En estos encuentros... es clave y fundamental.

      Gracias por tu comentario Misthyka, el placer es mío.

      Besos.

      Eliminar
  3. Besos de Pecado.....
    Una história total y sin nada a añadir.... un cuento lleno de palabras lujuriosas... imagenes espectaculares.... las mamadas... la lamida.... todo acá fué muy bién puesto....
    Sólo pregunto: Ojos de hielo ó de fuego????

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Muchas gracias por tu comentario PDR! Me alegro que te hayan gustado las imágenes, viniendo de ti, que eres un maestro, es todo un honor. Gracias.

      Está claro que tiene ojos de hielo... pero su cuerpo si que era puro fuego. Buena apreciación.

      Besos.

      Eliminar
  4. Mmmm es imposible leerte con estos gifs que pones se me van los ojos tras ellos y ... ¡me estremezco!

    Un placer estar aquí.

    Un beso pecaminoso.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. De eso se trata Perlada... de que se te vayan los ojos, la imaginación y lo que haga falta... ;) Estremécete a gusto.

      El placer es mío. Un beso.

      Eliminar
  5. Imagens muito sensuais qual delírio e prazer em movimento
    .
    Feliz Domingo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Muchas gracias! Me alegro que te hayan gustados las imágenes, disfrútalas.

      Besos.

      Eliminar
  6. Sintiendo cada palabra al ritmo lujurioso de las imágenes… Excitante y acalorado momento éste en el que te visito…

    Un placer…

    Bsoss “agitados” de madrugada… ;-)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Como siempre te agradezco tu magnífico comentario Ginebra Blonde. Desde luego, el ritmo frenético y lujurioso de las imágenes son como una montaña rusa, que sube y baja, sin control, agitando. Espero que hayas disfrutado del recorrido.

      El placer también es mío ;)

      Besos.

      Eliminar
  7. Noches asi valen mil pecados capitales. Un placer tu blog

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Muchas gracias Demian! No puedo más que darte toda la razón, se nota que ambos somos muy asiduos a cometer estos pecados capitales una y mil noches.

      Se bienvenido a mi blog.

      Un saludo.

      Eliminar
  8. Una fiesta de pieles.. ;)

    Besos...

    Por cierto, buena elección de gifs, como siempre...

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Una fiesta para el cuerpo, los sentidos y el alma... esa clase de fiestas de las que gustan volver a repetir una y otra vez ¿verdad?

      Gracias por tu comentario Ivel.

      Besos.

      Eliminar
  9. woooowwww... creo que por primera vez en bastante tiempo... me quedé sin palabras... cómo he podido perderme yo esto????...sublime... con el punto justo de magia... el punto exacto de dulzura.. y el punto exacto de sexo.. puro y duro.. como a mí me gusta... perfecto...
    Un beso

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Ya te echaba de menos Amando! Sé de sobra que tú si que sabes apreciar ese punto intermedio entre sexo del bueno, sexo duro, dulzura, cariño, magia y sobre todo sentimiento que lleva a que te pierdas en la piel de otra persona...

      Me alegro mucho que te haya gustado. Gracias por tu comentario.

      Besos.

      Eliminar
    2. Jajaja...ya será para menos lo de echarme de menos... no sabes hasta qué punto soy capaz de valorar ése punto exacto...el que tu encuentras...
      Un beso

      Eliminar
    3. ¡Lo digo en serio! Ya sabes que soy tu fan incondicional ;)

      Un beso.

      Eliminar