23 febrero 2016

La mirada felina.

Es curioso como cuando no conoces a una persona tiendes a desearla. Eso me pasa a mí con una de las cajeras del supermercado. Se le ve tan guapa, tan segura de si misma y con esos tatuajes que quitan el hipo... que no puedo dejar de pensar en ella. Así que el sábado por la mañana me acerco y paso por allí sigilosamente para echarle un vistazo. Ella no me reconoce... o si.

Entro en el supermercado. En seguida me fijo en ella y ella en mi. Nos seguimos con la mirada. Apenas cojo un par de cosas que me hacen falta y me acerco a caja. Realmente no he venido a comprar, sino a mirarte a los ojos. Ahí está ella. Es tarde y ya no queda gente en las cajas. Así que ando seguro hacia la caja con mi chaqueta de cuero y dejo las cosas sobre el mostrador.

Nos cruzamos las miradas. Tiene una mirada felina que me llega al alma. Me intimidas, si. Me fijo en su cuerpo. Está buena, muy, muy buena. Tiene unos pechos enormes. Sin querer queriendo me tocas la mano mientras ponemos las cosas en la bolsa y me lanzas una mirada fija que me hiela. Me guiñas el ojo.


Pero no me doy cuenta hasta que he salido de allí... Antes de irme ella había colado un papelito con su número de teléfono, menos la última cifra... Me giro rápidamente y veo, a través del cristal de la puerta automática, entre anuncios de champú y latas de atún como ella me sonríe y me lanza una sonrisa picantona mientras se muerde los labios.

Joder... Me subo al coche, dejando en el asiento de al lado la bolsa mientras no dejo de mirar el número de teléfono incompleto. No puedo dejar de pensar en ella y en la mirada que me ha lanzado. Después de un momento de incertidumbre, decido echarle huevos y comienzo a llamar a los números. Pero entonces me viene a la cabeza un modo mejor de no hacer el capullo. Agregar a la agenda a todos los números con terminaciones entre 0 y 9, a ver si algún perfil tiene su foto. Doy con ella hasta cuando llega el 5.

En la foto de perfil de su Whatsapp está muy sexy. Es una foto en el espejo, de espaldas, luciendo uno de sus preciosos tatuajes mientras se sujeta los grandes pechos que tiene con la otra mano. No se ve nada, pero se siente todo... Me quedo un instante mirando la foto sin pestañear; ni falta que me hace. No puedo olviar esa mirada felina que me has lanzado. Ojala pudiese volver a ver de cerca como te muerdes esos labios teniendo a los míos junto a ellos.

La llamo. Me dice que soy atrevido, así que me lanzo y le pregunto cuando acaba. Me responde que hoy no, que vaya mañana en su media hora de la merienda. "Para merendarnos juntos..." me responde la pícara. Añades que me esperas en los servicios que hay junto al parking, que son grandes y pasa poca gente por ellos.

Solo puedo responder un "si, allí estaré" y me cuelgas. Me paso toda la noche pensando en tu mirada felina, tus labios, tu cuerpo... Esperando un día entero para volver a verte. Te deseo, te siento, te quiero poseer con toda mi alma.


Tu te vas a trabajar esa tarde con medias, ligero y ropa interior sexy... esperando que llegue ese momento. También estás deseando que llegue la hora. Por eso sales de tu puesto de trabajo sin mediar palabra con ningún compañero, llegas a los aseos y me ves en la puerta, me clavas de nuevo la mirada felina. Me deseas con el mismo ímpetu que yo a ti. Sin decir nada te adelantas y entras en el aseo de minusválidos, que es el más grande. Te sigo.

Cuando cruzo la puerta te veo como te quitas algo de ropa mientras haces un baile sexy en la pared. Me pones tanto que me cuesta cerrar la puerta. Estás ahí, moviendo ese cuerpo de escándalo mientras yo no puedo apartar la mirada de ti. Es increíble lo sexy que estás en ropa interior... sobre todo con ese par de pechos que tienes.


Tardas poco en darte cuenta como surge mi terrible erección en los vaqueros. Llevo ajustados en los que se marca todo... así que ves claramente la silueta de mi tranca dura y deseosa de ti. Sin pensarlo, paso mi mano por la entrepierna y me acerco a ti, quiero poseerte aquí mismo, en este preciso instante. Pero tu sigues realizando ese baile sexy digno de una leona.


Observo como mueves tu delicioso cuerpo mientras nos acercamos más y más. Menudo culo tienes... no puedo dejar de mirarlo. Finalmente miss manos rozan tus pechos mientas te mueves. Comienzo a pasearlas por toda tu piel y finalmente acaban rozando tu zona íntima casi sin querer... Tu haces lo mismo y comienzas a calentarme...


Te cojo fuerte por la cintura y comienzo a besarte apasionadamente. Te como la boca con la pasión que me desatas con esa mirada y ese cuerpo que tienes. Además de el morbo que da hacerlo en un lugar público, escuchando de fondo como pasan familias con niños de camino al supermercado donde trabajas. Juego con tu lengua. Respiro junto a tu rostro mientras paseo todas mis manos por tu cuerpo.


Me encanta besarte. Eres la dulzura en persona. Así que paso mis labios por los tuyos mientras juego con mis manos por tu espalda. Quiero sentir tu aliento y rozar tu piel con mi nariz. Te miro fijamente a los ojos, de cerca y disfruto en cada uno de los besos que te doy. Te gusta besar, te gusta sentir... y yo quiero hacer contigo ambas cosas. Te muerdo el labio y no paro de desearte.


Tienes un cuerpazo joder. Noto como la voluptuosidad de tus pechos me excita al máximo. Me restriego por ellos y comienzo a quitarte la ropa mientras continuo besándote con toda mi alma. Observo con mis pupilas dilatadas lo sexy que te has puesto para mi. No puedo evitar decirte que estás deliciosa con esa ropa interior y que me vuelves loco. Comienzo a acariciar tus pechos... no me los imaginaba tan perfectos debajo de ese uniforme.


Me apoyas en la pared y comienzas a besarme el cuello apasionadamente. Me quitas la camiseta y empiezas a bajar poco a poco, dándome besos muy sensuales por todo mi cuerpo. Pero te frenas a un lado de mi cadera al llegar a la altura de mi ombligo. Mordisqueas mi cintura, en ese hueso que se me marca... Te digo que hagas conmigo lo que quieras que soy todo tuyo; entonces tú te vuelves a morder el labio.


Rozas todo mi vientre con tus labios, quieres excitarme todo lo que puedas... si eso posible excitarme más de lo que ya estoy. Tus labios se acercan sutilmente contra mi cinturón. Noto como tu respiración y tu pulso se aceleran. Los míos también. Me desabrochas los pantalones liberando la tensión que tenía en esa zona... 


Te pido con la mirada que no sea yo el único que libere tensión con ropa. Sin tener que mediar palabra comienzas a quitarte el sujetador. Yo te miro maravillado por la belleza y sensualidad que desprendes. No puedo dejar de mirarte y de admirar tus pechos perfectos.


Con la boca vas bajando poco a poco, no te hacen falta las manos, sabes lo que quieres y vas a por ello. La punta me asoma por los calzoncillos. Estoy completamente erguido ante tus encantos... y me gusta que me pongas así. Conforme bajas más, me rozan tus labios. Tu lengua comienza a pasearse por la punta, saboréandola con mucha calma. Yo la siento como si fuese un niño emocionado porque le toca abrir los regalos de Navidad. Le pones intensidad y ganas conforme tus labios bajan más y más.


Con la pasión de la lentitud de tus labios, te adentras mi sexo en tu boca. Noto como tu lengua juega con mi sexo como si fuera tuyo. En realidad... ahora mismo estoy a tu merced, soy todo tuyo. Siento la humedad de tu lengua, tu calor y tu deseo. Comienzo a soltar gemidos de placer intenso... esos que tu me estás provocando con apenas rozarme.


La saboreas mientras me miras... Estás cachonda y lo sentimos ambos. Además, no apartas de mis ojos esta mirada felina que me da más placer que tus labios. Tratas de adentrarte toda mi verga en la boca. Te cuesta, pero finalmente lo consigues... quieres volverme loco de gusto y lo estás consiguiendo.


Pero de repente te levantas y me dices que te tienes que ir. Sin dar ninguna explicación sales corriendo y me dejas allí plantado, pensando en lo que acaba de pasar. Tengo los pantalones bajados y la polla dura en mitad de un aseo para minusválidos de un supermercado.


Me das un último mordisquito a mi tranca. Entonces mientras te levantas te muerdes el labio y comienzas a vestirte. Lo haces con una rapidez asombrosa. En apenas unos segundos me doy cuenta que estoy solo y cierras la puerta echándome una última mirada de deseo.


Estoy frente al espejo, con la polla completamente erguida, desnudo y con ganas de follarte intensamente. Pero ya no estás... no se si cabrearme o raptarte para acabar lo que hemos empezado.

Tu te vas mojada al curro y yo tengo que masturbarme allí mismo, imaginándome que hubiera pasado contigo si no llegas a salir corriendo. Me miro al espejo y me giro. Quiero masturbarme pensando en ti y únicamente en ti. En tu mirada felina, en tus pechos, en ese cuerpazo y en esa lengua que me ha vuelto loco. Con semejantes imágenes en mi cabeza, tardo poco en darme una buena corrida en aquel aseo.


Cuando acabo decido ir a verte. Hay gente en el supermercado, pero en el momento en que me acerco a tu caja estamos solo tu y yo. Te muerdes el labio de nuevo mientras me miras fijamente y yo me toco la entrepierna para marcar lo que nos hemos perdido. Te guiño un ojo con picardía y me voy sin volver la vista atrás... Ahora eres tu la que se queda allí con el calentón...


15 febrero 2016

El polvazo de San Valentín.

El domingo por la mañana me levanté con muchas ganas de sexo. No sé si se debía al alcohol de la noche anterior o a las chicas guapas que vi pasar durante toda la noche. El caso es que a la mañana siguiente, tenía la verga completamente erguida, como todas las mañanas, pero en el día de San Valentín no tenía ganas de darse por vencida fácilmente.

Así que comencé a masturbarme con la mano. Me fijaba en lo dura que la tenía y en lo que deben sentir las mujeres al introducírsela en su sexo una y otra vez. No podía dejar de tocarme mientras gemía como un pajillero adolescente.


Pero entonces te llamé. No quería disfrutar de esto solo. Aunque lo más sorprendente fue la rápidez con la que cogiste el teléfono. Me confesaste que estabas muy aburrida en esta mañana de domingo y entonces me preguntaste que estaba haciendo. Te lo dije sin miramientos y entonces la conversación comenzó a ponserse de lo más interesante...


Te dije "ven" y no te lo pensaste. Supongo que porque lo más interesante que tenías que hacer en tu casa era la típica limpieza de un domingo por la mañana... y preferías que nos limpiásemos el uno al otro en la cama. Viniste muy cachonda. Aunque tardaste bien poco en llegar, viniste con unos pantalones que dejaban notar perfectamente la curvatura de tu trasero. Si ya estaba cachondo esto me volvió todavía más loco si cabe. Tú también lo estabas... pues no podías dejar de apartar la mirada de mi tremenda erección. Supongo que no todos los días te recibe un hombre con la polla bien dura en la puerta.


Querías calentarme con un baile sensual. Remarcando el cuerpazo que tienes... y la verdad es que no hay nada más agradable que una mujer que sabe sacar partido a su cuerpo, para ella misma y para los demás. Yo disfruté del bello espectáculo durante unos segundos... pero acabé sufriendo uno de mis típicos arrebatos sexuales... el que tú estabas esperando.


Me lancé sobre ti. Te cogí bien fuerte y te puse sobre la mesa. Comencé a besarte apasionadamente por todo el cuerpo. Supongo que cupido tenía trabajo este día... pero a mi me gusta hacerlo a mi manera. Así que me deslicé por toda tu piel, descubriendo cada uno de los lunares de tu cuerpo con mis labios.

Estaba tan caliente que ardía cada vez que te tocaba. Pero es que no podía dejar de llevarme por la pasión que me infundía tu cuerpo. Así que comencé a quitarme y a quitarte la ropa mientras nuestros labios no se despegaban ni un segundo. Finalmente y sin dilación, te acaricié el coño y te la metí.


Comencé a tocarte los pechos, disfrutando con tranquilidad de cada una de mis internadas en tu dulce sexo. Disfrutando del paseo de mis manos por tus pechos, por tu piel y observando, detenidamente y con una sonrisa, tu rostro desencajado de placer. Estabas ansiosa... tanto como yo o más. Aunque supongo que las mujeres sabéis disimular más, aunque luego tenéis más pasión que los hombres.


Sentías cada una de mis embestidas en tu cuerpo. Querías disfrutarme y no decías nada. Te dejabas hacer; te dejabas llevar. Yo puse todo mi cuerpo en el trabajo de satisfacernos. La lentitud del principio dejó paso a un ritmo cada vez más acelerado y sobre todo a poder sentir como era capaz de llegar hasta lo más profundo de tu sexo con cada una de mis internadas.

En apenas algo más de media hora había pasado de masturbarme, tras despertarme con la polla tiesa, a estar follándote como me gusta hacer. Cogiéndote de la pierna y embistiéndote cada vez con más rabia hasta que alcancemos el punto final.


Le di mas ritmo y tu empezaste a gemir de gusto. Yo ya no podía parar, había alcanzado el punto sin retorno y no pensaba darme por vencido hasta ver como te corrías. Mi torso estaba desnudo frente a ti. Tratabas de acariciarlo con tus manos, pasándolas por mi pecho. Pero apenas podías mantener la respiración como para acariciar mi cuerpo... por mucho que me guste.


Es entonces cuando llega el momento perfecto de toda relación sexual. Cuando se deja a un lado todos los miedos, incertidumbres y pensamientos y únicamente se siente. Es el momento en que dos personas se follan el uno al otro como animales, dejándose llevar por la pasión y el deseo.

Ella estaba tremendamente sexy, viendo como sus pechos se movían en cada uno de los movimientos de mi cadera, que no paraba ni un instante. Ella gemía y me pedía que siguiese... Desde luego, esto es mejor que cualquier otro regalo para el día de San Valentín, al que prefiero follarme que regalar una rosa.


La abrí completamente. Puse mis manos apoyadas en sus dos piernas bien abiertas y le clavé la polla hasta el fondo. Quería que no olvidara este polvazo en mucho tiempo, porque cuando uno folla, lo tiene que dar todo. Así que ella se abrió a mi tranca y me dijo que estaba a punto de correrse. Yo también estaba cerca, pero aún no era el momento. Quería celebrar esta buena follada con una buena corrida, de las que tampoco se olvidan.


Mis caderas estaban moviéndose a tal ritmo, que parecía una maquina que percute sobre otra de un modo mecánico ¿Acaso es tan terrible follar así? Yo considero que no. Supongo que no soy bueno por mi polla, ni por mi técnica, sino porque me gusta darlo y recibir todo en el sexo. Me dejo llevar y sobre todo quiero disfrutar al máximo.


Te cambié de postura, porque quería que te acariciaras el coño mientras te penetraba. Para que sintieras todo y más y por fin alcanzaras el desado orgasmo. Tú lo querías. Y yo quería sentir sobre mi entrepierna ese culazo tan duro, perfecto y lindo que me vuelve loco. Era el momento de sentir su respiración y su sudor sobre mi pecho, mientras su pelo largo caía sobre mi cuello.

Estaba tremendamente bella y me entendió a la perfección. Comenzó a acariciarse el clítoris mientras descargaba su placer en gemidos secos que hacían temblar cada uno de los cristales de mi casa. Y es que así señores, es como se folla.


Sé que la sentías toda dentro y no podía dejar de pensar en eso. Te dejabas guiar por mi, mientras tu no parabas de acariciarte el sexo, cada vez más hinchado, rojo, húmedo y necesitado de que acabáramos de follar. De vez en cuando deslizabas suavemente tus manos hacia abajo para notar la dureza de mi sexo entrando y saliendo del tuyo y como tenía los genitales completamente hinchados, a la espera de descargar sobre ti toda una cascada de delicioso semen.


No parábamos de follarnos. Así que me hiciste tumbarme y dejaste que el peso de tu cuerpo actuara como forma de goce. Yo únicamente te cogía de la cintura y me aseguraba que tu cuerpazo siempre volvía a por más en este baile singular...


Así, poco a poco, comenzaste a sonrojarte. Me avistaste varias veces de que era un cabrón y que estabas a punto de correrte. Yo notaba como tu coño estaba completamente empapado hasta el punto que mi polla parecía nadar en tu sexo.

Finalmente te corriste mientras yo te agarraba fuerte de los muslos duros. Mientras sentía como tu culo ardía entre mis piernas y a través de mi larga polla caían tremendas gotas de tu líquido. Tu coño se había portado de maravilla y ahora estabas recogiendo la siembra de placer que llevábamos deseando desde que habías descolgado el teléfono.


Entonces te pusiste mala. De las malas, la peor. Sin apenas haber recuperado el aliento, te pusiste de rodillas y me dijiste "ven". Me encanta cuando una mujer se arrodilla frente a mi con esta intención. No es una cuestión de someter a la mujer, sino de que el altruismo que ejerce se transforme en el placer máximo para mí.

Cogió la polla con las dos manos y comenzó a lamerla como si no hubiera mañana. Me sorprendió sentir tal deseo. Su boca estaba húmeda, pero aún más lo estaba mi polla recién sacada de su coño corrido. Ella la saboreó de arriba a abajo y comenzó a mamarla hasta el fin.


No parabas. Joder... y yo no quiero que pares... nunca. Podría estar así eternamente, disfrutando de como una mujer es capaz de hacerme sentir el placer supremo. Sobre todo después de haberla follado como San Valentín manda en esta aburrida mañana de domingo. Mi polla se había despertado juguetona... y estaba recibiendo su merecido.


Tu querías jugar con mi polla... y a mi me encanta hacerlo. Me dijiste que te diera con ella en la cara y me mostraste tu lengua guarrona. La choqué contra tus labios y tu boca mientras tus ojos se quedaban fijos en mí. Esto solo hacía que desear que me corriera ya mismo... y lo conseguiste. Tan solo con demostrarme lo necesitada que estás de mi leche me llegó el orgasmo...

Además sabes que me pone mucho... ya te lo había confesado anteriormente. Así que me decías un montón de cosas con las que puedes hacerme correrme sin tocarme. Pero tus manos no estaban quietas y no hacían más te acariciarme tiernamente los testículos. Tú buscabas lo que yo quería darte.


Apenas tuve que tocarme la polla un par de veces mientas la chocaba contra tu cara antes de correrme. No fue una corrida común. Llevaba demasiado tiempo sin liberar esta clase de tensiones y en cuanto comenzó a salir de la punta de mi rabo, la blanca leche se lanzó como necesitada por llegar hasta tu rostro. Tu bella piel se aliñó con mi esperma caliente sobre tu piel.


Te salpicó en toda la cara mientras me pajeaba todo lo que podía para correrme hasta el final. Quería sacarlo todo para, al menos, tener un día de tranquilidad. Aunque hoy... escribiendo este relato, sigo teniendo las mismas ganas de follar para llegar al mismo punto que estos describiendo, cuando mi lefa caía sobre tu cara y yo no paraba de reír mientras gemía de gusto con los ojos en blanco.


Así si que celebro San Valentín como me gusta...