26 enero 2016

Lo veo tus ojos.

Ahí estaba yo, mirándola. Ahí estaba ella, esperándome. La miraba de arriba a abajo sin pestañear ni una sola vez, deslizando mis ojos desde sus calientes piernas hasta su dulce pelo. Estaba guapa; muy guapa. La quería contemplar así, sexy, estirada sobre la cama, mientras me miraba con ojos de gata y yo me relamía el labio inferior. La deseaba, la deseaba plenamente, con toda el alma. Quería hacérserlo allí y ahora.


Era el momento de hacerla mía. Sabía que en esta situación las palabras sobran, así que me acerqué y sin apartarle la mirada le dije con mi cuerpo que la iba a poseer en ese mismo lugar. Yo iba a mandar esta noche de pasión y locura en la que sobraban las palabras y también las ganas mutuas de follarnos. Solo me abriste la boca al mismo tiempo que instintivamente te tocabas con una mano tu sexo, miras abrías levemente tus piernas. Estabas deseándome.

Sin miramientos me acerqué a ella. De poco me importaba el resto de aquella habitación. Solo tú, solo tu cuerpo, solo tu alma. Era ese momento que tanto tiempo llevaba anhelando y lo iba a disfrutar al máximo. Por fin, ya eras mía.


Comencé a quitarme la ropa bajo tu atenta mirada. Comenzaba a tener calor y me quité la parte de arriba. Pero tu bajabas la mirada, lascivamente, hacia mis pantalones, imaginándote mi bóxer ajustado... aunque eso ya se notaba con el pantalón puesto, me habías provocado una erección de caballo. Tenía la tranca bien marcada y tú no podías evitar fijarte. Como embobada, te mordiste el labio haciéndome saber que querías ver lo que ocultaba ahí bajo... y te lo mostré.

Te quedaste sentada, mirándome fijamente como me iba acercando a ti poco a poco. A paso lento pero decidido observaste como comenzaba a abrirme los pantalones. Primero el botón y luego me bajé la bragueta con lentitud. Estabas inmóvil, esperando tu regalo... hasta que te cogí la cabeza y te acerqué a verlo.


Emitiste un gemido, no sé si gusto, de placer o de saber lo que se te venía encima... literalmente. Estaba claro que iba a convertirte en mi fuente de placer en esa habitación y tú no tenías nada más que hacer que dejarte llevar. A pesar de eso notaba en tu mirada la cantidad de cosas que se te pasaron por la imaginación únicamente de mirarme la polla erecta frente a ti, mientras yo te miraba desafiante como el general que está a punto de dar una orden en la batalla.


Te lanzaste sobre mi tranca con una rabia inusitada. Estabas hambrienta, porque para los que somos así una semana sin sexo se puede hacer larga... muy larga. Pero tú ahora estabas centrada en otra cosa... La cogiste bien y comenzaste a pasar mi lengua por todo mi sexo erecto. Aunque sorprententemente comenzaste a jugar con mis testículos, sintiendo la rugosidad de mi escroto caliente y excitado en la punta de tu lengua excitada y juguetona.


Pero poco tardaste en endosarte todo mi rabo en la boca. No pudiste evitarlo... Como una niña mala que encuentra el chocolate abierto en la mesa de la cocina, la cogiste y te la metiste en la boca. Querías hacerme disfrutar como me gusta. Yo no pude más que admirarte, viendo como en apenas unos segundos ya eras capaz de meterte toda mi polla hasta la garganta. Estaba claro de qué pasta estás hecha... y me encanta.

Te dejé que me la comieras un rato... y fue una de las mejores decisiones de la noche. Pude sentir lo buena que eres follando. De rodillas lo diste todo para hacerme disfrutar del sexo oral, mientras, además, eras capaz de quitarme lo que me quedaba de ropa.


Me llamaba la atención lo seria y concentrada que estabas. Era evidente que querías demostrarme lo buena que eres... pero nena, no hace falta... bueno, pensándolo mejor, si que hace falta si me lo vas a demostrar haciéndome una mamada tan buena. Ojalá estuvieses ahí para hacerlo en cada momento rutinario de mis grises días normales.


Estabas deleitándote con mi polla mientras no me apartabas la mirada de mis ojos. Yo no hacía otra cosa que gemir de placer, como un cabrón, mientras tu deslizabas tu lengua por cada uno de los centímetros de mi polla...

Sonreí y tú me respondiste con un gesto de aprobación en tu bello rostro. Me senté junto a ti, te pasé mis manos por tu cuerpo, recorriendo tu espalda y tu cuello. Te besé por toda tu piel y comencé a quitarte lo que te quedaba de ropa para seguir besándote allá donde descubría nuevos recodos de tu piel. Me encantaba mordisquearte los pezones mientras te metía mano por todo el cuerpo... pero tú llevaste mi mano al lugar donde querías que te tocara de verdad.


Comencé a rozarte con la punta de mis dedos todo tu clítoris. Estaba muy hinchado, rojo y húmedo. Llevabas tiempo esperándome. Así que cogí y comencé a meterte, primero levemente y luego con fuerza uno, dos y hasta tres dedos... Mientras te mordisqueaba los pezones veía en ti el rostro del placer.


He de reconocer que siento admiración por el sexo de la mujer. Es bello, es sexy, es apetecible... tal vez por eso me guste tanto comerlo, tocarlo, sentirlo y amarlo. Contigo no es una excepción, más bien lo contrario. Así que no podía parar de jugar con él.

Lo rozaba, lo sentía, tanto que me puse erguido con el objetivo de poder meterte bien los dedos. Quería masturbarte y devolverte lo buena que eres con la boca... que se dice fácil, pero es muy difícil de conseguir.
Tal vez soy demasiado exigente con el sexo... pero es que me gusta ser ambicioso y conseguir lo mejor... y eso solo se consigue con la práctica constante.


Pero me demostraste, sabiendo lo mucho que me gusta, que eres una zorra insaciable. Así que me sacaste los dedos de tu coño, a pesar de que estabas disfrutando como una perra de la masturbación que te estaba haciendo y le diste la vuelta a la tortilla. Me empujaste sobre la cama y te abalanzaste sobre mi. Querías dejarte llevar por la pasión y comenzaste a devorarme los labios.

No dejabas de besarme mientras tu mano derecha comenzaba a descender por mi vientre, suave pero firmemente, hasta que llegó a mi verga. Allí la agarraste con fuerza con tus dulces manos, te apartaste el pelo rubio con la otra mano y comenzaste a devorarme por arriba y por abajo...


Mi polla no paraba de palpitar de la excitación que me estabas provocando. Así que no tuve más remedio, y tomé la iniciativa de nuevo. Te tiré sobre la cama y te abrí con fuerza las piernas. Te miré fijamente a los ojos, y sin apartarlos ni un momento, hice un rápido movimiento con la cadera para clavarte mi tranca en tu sexo. Noté en seguida como ya estabas húmeda... y eso que únicamente te había hecho un striptease y te había besado la piel. Pero es que el cerebro es la zona erógena más importante... y tú eres de las que siempre estás excitada ahí arriba... por eso me encantas.


Te la metí hasta el fondo. Sin miramientos ni contemplaciones. Ya era hora de cabalgarte y usar tu cuerpo para sentir el placer más profundo que pueda. Te deseaba y era el momento de dejarme llevar por el follador que soy y no puedo evitar ser... Puse a trabajar hasta el último recodo de mi cuerpo, que ahora, estaba a tu completo servicio.


Puse todo mi peso, mi empeño y mi sexo en follarte hasta el fondo. Porque cuando algo se hace con sentimiento se tiene que hacer hasta colmar a la otra persona de placer. Y eso es lo que estaba haciendo... llenarte todo lo que puedo... es más, parece que me iba bien.


Bajé mis manos a tu clítoris y comencé a tocártelo. Quería que sintieses todo, que me sintieses a mí al 100%. Mi dedo gordo jugueteaba con tu clítoris y en cada pasada me insultabas y me mirabas con ojos ansiosos de tenerme dentro de ti. Así que, entre mis embestidas con la cadera y mis tocamientos, comenzaste a gemir como una zorra. Vi que realmente estabas muy caliente y eso solo hacía que te diera con más fuerza. Quería mirarte a la cara y observar de cerca todo lo que te provocaba.


No podía parar de follarte. Estaba desatado en esta postura. Me encanta sentir como mi sexo se adentra en la cavidad de una mujer, esa sensación placentera, la humedad, el sudor, la excitación, las caricias, piel contra piel, las miradas, los pelos de punta... en definitiva, la sensación de que en este momento estamos tu y yo solos en el mundo.


Estabas tan excitada que no tardaste en comenzar a soltar líquido por doquier. Pero no me importaba, esto solo acababa de comenzar... Te puse las piernas junto a mi cuello y comencé a follarte como Dios manda. Ya era hora de demostrarte porqué estaba ahí contigo. Tú no hacías más que mirarme desafiante y decirme al oído comentarios para demostrarme lo puta que eres. Sabes que eso solo me excita más, me da más poder y lo pago follándote con mayor dureza... que es lo que quieres.

Es un placer follarte si además de tu cuerpo pones en marcha esa mente tan caliente que tienes y lo demuestras con la lengua. No parabas de decirme cosas, porque no podías evitar disfrutar de semejante follada.


Estaba disfrutando mucho en esta postura. Me resulta muy cómoda y además siento y contemplo como te tengo a mi completa merced... cosa que me gusta. Además, me permite meterte mano desde tu duro culo, tus muslos y tus piernas, tu espalda, tu cuello, tus pechos... hasta ese rostro que tiene los ojos clavados en mí.


Yo nunca podré describir con mucha certeza la sensación de tener dentro todo el sexo de un hombre. Duro, muy duro; caliente, muy caliente; húmedo, muy húmedo; y hasta el fondo, hasta colmarte cada recodo de tu sexo. No sé cómo tiene que ser sentir esa sensación, pero lo que sí sé es como se ve desde fuera. Me sentía en completa comunión con tu cuerpo ardiente, mientras tu rostro no podía evitar mostrarme la sensación de placer que estabas teniendo gracias a mí.

Poco tardaste en comenzar a hiperventilar mientras me decías entrecortadamente que no parara, porque estaba llegándote el orgasmo más pronto de lo que esperabas pero no querías dejarlo pasar. Así que te mordiste los labios y me gristaste algo que, tal vez, es mejor no saber...


Pero no te di tregua. Sin dilación te tiré sobre la cama y te puse a cuatro patas. Lo hiciste con mucha rapidez, así que tú tenías más ganas que yo de ponerte así. Estaba claro que te dejabas llevar y te sometías a los designios de mi cuerpo. No es por machismo, porque a mi solo me gustan las mujeres con iniciativa en la cama... pero reconozco que a veces necesito sentir el poder a la hora de follarme a alguien con toda mi alma.


Así que ahí te tenía yo. A cuatro patas, desafiante y esperando que te la metiese raudo. Pero no lo hice al instante... quería ponerte cachonda, así que comencé a pasear mi tranca por todo tu trasero y tu entrepierna. Quería que te pusieras cachonda pensando en que iba a follarte de un instante a otro. La incertidumbre de sentirte que iba a hacerte mía... lo veía en tus ojos.


Podía observar claramente como mi polla, extendida, recta y erecta al cien por cien, se adentraba en tu vagina. Una penetración tras otra, disfrutaba de practicar sexo contigo. El goce me abrumaba, sintiendo con mi piel, con mi sexo y con mi vista, poniendo a cada uno de mis sentidos a trabajar en esta agradable tarea a la que algunos llaman hacer el amor y yo llamo disfrutar, sin más.


Al rato me dijiste un "fóllame" que sonaba a súplica. Así que te puse las manos en el trasero y de un movimiento, te agarré fuerte de la cadera y te la metí hasta el fondo. Soltaste un grito de placer, pues en un instante sentiste toda la longitud de mi duro rabo hasta el fondo de tu vagina. Después de eso, solo continué sodomizándote en esta postura tan genial. Con una mano manteniendo el equilibrio agarrándome a lo que podía y con la otra tirando de tu pelo, comencé a follarte, literalmente, como a una perra.


Joder, me gusta tanto follar así... bueno, y de cualquier manera, que comencé a gemir de placer. Por desgracia tanta penetración dura me estaba llevando al orgasmo antes de lo que quisiera. Aún así aguanté todo lo que pude mientras te endosaba mi polla.

Tú estabas muy mojada y no parabas de gritar de gusto. Así que me estabas pidiendo que acabara ya contigo, era tal el gusto que sentías que a duras penas podías mantenerte quieta, ante las embestidas de mi tranca y con el temblor de tus piernas. Estabas rendida... yo te había logrado agotar... al menos en este primer asalto.


Así que me puse a cabalgarte con todas mis fuerzas en esa último tramo en el que tenía que dártelo todo. Si querías sexo del bueno, sexo del duro, sexo del intenso y sexo del que se siente hasta el alma, te lo iba a dar. Te cogí fuerte de donde pude y comencé a penetrarte hasta el fondo. Mi objetivo era metértela hasta que tocara fondo para luego volver a sacarla rápidamente y de un movimiento volver a clavártela.


Eso solo nos llevó a un lugar... a ese al que nos gusta llegar a todos. Finalmente, sin poder evitarlo, comezamos a gemir sin parangón. Yo estaba completamente excitado, levanté la mirada al cielo y me dejé ir en tu interior. Era tal el placer que ni siquiera pude sacártela antes de correrme en alguna parte de tu cuerpo... que sé que te gusta mi leche.

De esta manera, exhausto y rendido nos tumbamos sobre la cama y nos miramos sin decir nada. Como dice la famosa frase de Casablanca: "Esto es el principio de una hermosa amistad...". Acariciándote la espalda te dije: "la noche aún no ha acabado para nosotros..."


"...porque lo veo en tus ojos".

12 enero 2016

La mujer del escote de vértigo.

Era sábado por la noche y mi amigo de Barcelona decía que se iba ya para casa. Que estaba cansado y además no se encontraba muy bien. Sin embargo, yo, que estaba disfrutando de las vacaciones de navidad de lo más tranquilo, comenzaba a sentirme muy inquieto de cintura para bajo. Después de tantos días con la familia y los amigos, de un merecido descanso después de tanto trabajar este 2015, ya estaba empezando a necesitar urgentemente echar un buen polvo.

Así que después de despedirme de él me encaminé a un pub de rock que me gusta. No me importa salir solo, porque en noches como esta queda claro que a veces lo mejor es lanzarse uno mismo sin esperar a nadie. De esa manera entré en el pub y me pedí una cerveza. 

Estaba disfrutando del ambiente y de la música en la barra cuando, pocos minutos despúes de mi llegada, entró por la puerta una rubia con un escote enorme. Sinceramente, tardé bastante tiempo, como la mayoría de hombres del local en fijarnos en su rostro ante la sensualidad que desprendía su vestido negro. Era una mujer de unos cuarenta años, pero muy guapa y donde el paso del tiempo dejaba claro que era una mujer de las de verdad. Estaba con una amiga, riendo y dejando claro con su actitud que había ido allí a buscar "guerra". A mí ya empezaba a despertarme las ganas de guerrear...


Estaba totalmente absorto en el movimiento de sus tremendos pechos en el constante vaivén de sus bailes. Era el centro de atención de todo el local y el mío. Estaba claro que eso pretendía, así que no me andé con tonterías, pues más vale intentarlo que perder la oportunidad. Me acerqué y comencé a hablar con ella.

Nada más acercarme me echó una mirada de arriba a abajo que casi me deja sin respiración. La verdad es que rompí el hielo mal, pero como por su mirada quedaba claro que le interesaba y esa noche estaba buscando a un hombre que se la follara bien, me mantuve firme. Yo soy bastante alto, así que entre sus bailes, como me tocaba y la mirada desde arriba, mi tranca no hacía más que hincharse e hincharse. Comenzaba a a notar como me palpitaba y me gritaba que la hiciera mía allí mismo. No sería la primera vez que follo en el servicio de un pub...


Ella jugaba con sus turgentes pechos sabiendo que no podía apartar un ojo de ellos. Además, mi rostro comenzaba a mostrar las ganas que tenía de follar... que la verdad es que ya me iba haciendo falta. Así que tras un buen rato en el pub le pregunté que a dónde iba a ir luego. Ella me dijo que no tenía una "ruta marcada", así que le dije si nos íbamos a otro lado. Salimos ella, su amiga y yo de aquel pub, y parece que la amiga, "sorprendentemente", comenzó a sentirse cansada. Así que se despidió de ambos y nos dejó a los dos solos. Entonces yo no me andé con tonterías y le dije: "¿Te vienes a mi casa?". Su respuesta fue afirmativa; ambos habíamos encontrado lo que buscábamos esa noche.


Cuando subió al coche, se abrió (todavía) un poco más el escote. En cada movimiento del coche pasando por las rotondas, en cada giro o en cada bache que pasábamos, notaba como sus pechos se movían de un lado para otro, dejando claro que esa noche el sujetador era absolutamente innecesario. Parecía como si se fuesen a salir... y eso me estaba poniendo muy caliente.

Al fin llegamos a mi casa y por el pasillo comenzamos a enrollarnos. No sé vosotros... pero yo es entrar en una casa con una mujer ardiente y no puedo evitar lanzarme sobre ella en seguida. Pasé mis manos fuertes por todo su cuerpo, recorriendo todo el vestido, de arriba a abajo, mientras nuestras lenguas jugueteaban en la boca.


La empujé contra la pared. Le subí el vestido negro. Le bajé rápidamente el tanga y en apenas un segundo ya tenía mi lengua clavada en su coño ¡Joder, cómo me gusta sentir ese sabor femenino en la boca! ¡Adoro beber el sexo que recorre la piel de las mujeres! Así que mi lengua comenzó a recorrer cada recodo de su sexo, de arriba a abajo, pasando por el interior de su vagina, que estaba completamente húmeda y abierta, esperando mi llegada.


La tumbé sobre el sofá y continué lamiéndoselo todo. Yo tenía la verga completamente erguida desde hacía ya un buen rato, pero ahora era el momento de deleitarme con su sexo, como quien se come la fruta prohibida que lleva siglos deseando probar.

Ella no hacía más que gemir de placer. Estaba realmente necesitada de sexo y parece que tampoco estaba acostumbrada a esta clase de recibimientos en casas ajenas. Le dejé claro que era una mujer de lo más atractiva y sexy. Entre lamida y lamida le dije que era una mujer hermosísima, con un cuerpazo de infarto y le dije que desde que había cruzado la puerta del pub no podía hacer otra cosa que contemplarla en toda su belleza.


Ella escuchaba mis agradables palabras, que únicamente reflejaban lo que sentía y lo que veía, nada más, mientras le masturbaba con dos dedos en su vagina y el pulgar sobre su clítoris. Estaba realmente excitada y no hacía más que provocarla más y más... la noche de sexo estaba servida.


Comencé a lamerle los pezones, primero con delicadeza y luego ya con algún que otro pequeño mordisco. Entre mis gustos también está comer ricos pezones como los que ella tenía. Sus pechos eran realmente extraordinarios, y mientras mi mano no hacía más que frotar su clítoris, mi boca se deleitaba con esos pezones duros.

Estaba tan deseosa que comenzó a mordisquearme las orejas. Le dije que lo dejara. Porque llevaba demasiado tiempo sin follar y me lo iba a cobrar esta noche con ella... con intereses de más. Así que poco a poco fui quitándole la ropa que le quedaba y luego fui yo el que se quedó desnudo. Sus ojos chispearon cuando vieron mi rabo erguido, esperando su turno... que ya estaba llegando.


Como una perra caliente poseída por el alma de una actriz porno, me cogió fuerte del rabo y se lo llevó a la boca. Yo nunca desprecio una buena mamada... pero ahora no era el momento. Le dejé que se deleitara con el sabor de mi sexo durante un rato, pero mientras estaba planeando mi siguiente y mortal golpe... porque esta noche...


La tumbé sobre el sofá y recorrí su pecho, desde el límite de sus tetazas hasta la entrada de su cavidad con mi polla dura. Estaba muy muy excitada y quería que no me demorara en follármela. Así que jugué poco más y se la clavé. Tenía el sexo tan abierto que no costó nada. Yo volví a sentirme en casa, porque si hay algo que tengo en la vida es que el sexo es vida.


Comencé a darle duras estocadas. Quería ver hasta donde podía llegar... y fue muy hondo. Tenía demasiada rabia acumulada como para controlarme y hacérselo de una forma suave. Estaba deseoso de follar y ella tenía que ser ahora el centro de mi mundo.

Mi culo no hacía más que moverse en los movimientos que mi cadera ejecutaban sobre la suya. Ella comenzó a gritar de gusto y me confesó que había ido al pub con su amiga para encontrar esto, un semental que le quitara las penas en una noche de sexo salvaje. Por eso habían escogido un pub de rock, porque según le comentó su amiga los hombres de allí eran animales... y se había topado con el líder de la manada.


Los dos estábamos ardiendo. Ella no hacía más que gemir y me abrazaba con sus brazos, atrayéndome hacia su pecho. Reconozco que era una sensación agradable sentir el gran volumen de sus pechos, en movimiento cada vez que la penetraba, sobre mi piel. Pero lo que sentía todavía más era la longitud de mi rabo entrando y saliendo de su entrepierna.


La levanté un poco y continué follándomela. Quería ver bien de cerca ese rostro necesitado de sexo que desprendía. Además, la podía agarrar bien fuerte de los pechos mientras mis dedos rozaban una y otra vez sus pezones erguidos. Tenía mucha sensibilidad en esa zona, porque cada vez que mis pulgares hacían un círculo sobre los pezones ella ponía los ojos en blanco de placer.

"Dios mío... ¿pero tú de dónde has salido?" me decía; "¿acaso has caído del cielo?... No, está claro que has salido del infierno... Joder, tú no pares por nada del mundo. Esto si que es follar... Métemela, métemela hasta que grite. Juega conmigo todo lo que quieras, toma, cómeme las tetas".


La verdad es que era un ofrecimiento muy interesante... pero ya habría tiempo para jugar con ellos más adelante. Me dejé caer y ella comenzó a cabalgarme sin descanso. Estaba claro que a este ritmo íbamos a durar poco más... pero es que a veces vale la pena dejarse llevar y luego empezar de nuevo que parar.


De improviso, ella estalló. La verdad es que he visto muchos orgasmos en diferentes mujeres... pero este fue terrible. No sé si es que llevaba demasiado tiempo sin sentir uno o que suele hacerlo así, pero dio tal grito que paré en seco y me quedé asustado. "Tu tranquilo semental, que sólo me has hecho ver las estrellas".

Se agachó y me dijo que ahora iba a mostrarme algo... Como si no tuviera experiencia en lamidas de polla... Pero lo hizo bastante bien y con mucho sentimiento. Se nota que quería estar a la altura y eso se agradece. Porque cuando hay sexo, dar menos del 100% es un error fatal.


Me dio la impresión que esta mujer había tenido una vida de lo más aburrida. Metida en casa, con las amigas y probablemente con un exmarido de lo más soso. Seguramente llevaba demasiados años sin desvivirse y sentir de verdad. Eso reflejaban sus ojos cuando no me los quitaba de encima, buscando en mi rostro la aprobación de que esta noche, dejándose llevar y follándose a un desconocido, era realmente una zorra de primer nivel. Quería comerme la polla hasta el fondo para demostrarlo... pero no a mí, sino a ella misma.

Así que me di cuenta que era el momento y el lugar para hacer un auténtico regalo de navidad a esta mujer. Le iba a regalar un polvo que no olvidaría jamás y que recordaría hasta el fin de sus días. Esos que marcan y que no se repiten... aunque, sinceramente, me cayó tan bien que espero equivocarme y que la vida le sonría con un follador a la altura de sus grandes pechos.

La cogí del pelo, saqué mi polla de su boca y le dije que ahora mandaba yo. Ella se quedó parada, temblorosa, no sabía lo que se le venía encima... literalmente. La puse a cuatro patas y le incrusté de nuevo la polla en su vagina. Era el momento de cabalgar hacia una gran corrida.


El chasquido de mi cuerpo chocando contra su trasero hacía eco en toda la casa. Ella estaba con la boca abierta, sorprendida de semejante cambio de ritmo. Yo solo quería follármela como un campeón y correrme como estaba anhelando. Sus pechos y mis testículos se movían al mismo ritmo, como si de un baile sexual se tratara... aunque probablemente podía definirse así.


La tenía bien cogida del cuello y no la soltaba ni un segundo. Ahora me estaba centrando únicamente en el placer que mi polla me estaba transmitiendo en cada una de sus internadas en la cueva de esta mujer. Notaba como ella hacía un poco de resistencia, tal vez porque era demasiado para su cuerpo sentir un ataque de este tipo... pero yo ya no podía parar.

Así que continué follándomela, gritando, gimiendo y diciéndole lo mucho que estaba disfrutando esta noche con ella. Le dije que nunca una cerveza me había dado tanto... aunque la verdad es que eso no es del todo cierto... porque hay momentos que hasta las palabras sobran.


Estaba rendida. Cogí su culo bien fuerte y comencé a contemplar como mi verga desaparecía una y otra vez de mi vista. Usando su cuerpo como si fuera un juguete para mí. Supongo que no es una sensación justa, pero os puedo asegurar que es muy placentera. Y es que como todo en la vida, suele haber un dominante... y un dominado, en esta caso ella.


Acabó rendida y se tumbó. Solo podía decir el nombre de Dios en vano... mientras yo no hacía más que pecar con su cuerpo. Ay... me encanta pecar. Quiero pecar ahora, luego, mañana y siempre. Porque soy así, porque lo necesito.

Ella comenzó a decirme que no parara. Quería verme explotar de placer... y vaya que si iba a hacerlo, pero aún no. Era el momento de alcanzar el clímax total. Seguro que se había masturbado leyendo los libros de 50 sombras de Grey y ahora iba a tener un capítulo práctico de regalo. La cogí fuerte del cuerpo y puse su cuerpo en tensión, acercando su cabeza a la mía todo lo posible.


"Tu no eres de los que se rinde fácilmente... eh, semental. Mmmmm... oh, joder, qué bestia eres. Vamos, sigue, disfruta follándome". Estaba realmente bella desde ese punto de vista. Sonriente, sorprendida, pero particularmente alegre por haber conseguido pasar una noche así.


Entonces la apreté fuerte del cuello y le dije al oído: "Es hora de que me hagas una última cosa... que llevo meses deseando". Ella sabía perfectamente lo que quería. Así que salí de su cuerpo, se dio la vuelta y me miró con ojos de fuego. Parece que su exmarido no era un gran follador pero como a todo hombre, bien que le gustaba un par de tetas.

Hizo que me sentara de la forma más cómoda y ella se puso de rodillas en mi entrepierna. Parece que es la posición idónea para hacerme esa cubana con la que tanto deseo estaba esperando. Me agarró la polla y se la puso, sin miramientos, entre sus pechos.


Uffff... joder, que sensación tan deliciosa. Tener a una mujer a tus pies, completamente satisfecha después de un gran polvo, de una follada intensa y profunda, en la que ambos lo hemos dado todo, y ahora, para rematar la faena, está dándome el placer final.... Esto si es un regalo de navidad y no los calcetines de mi madre.


Lo mejor de todo es que lo estaba haciendo realmente con ganas. Sabía como poner mi tranca entre sus pechos, como cogérselos para dar todo el impulso necesario para que esta masturbación sea una auténtica delicia. Ella apretaba sus senos, pero sin demasiada fuerza, porque eran tan grandes que apenas lograba ver mi verga.

Así continuó durante bastante rato. Viendo como, poco a poco yo iba perdiendo el control de mi mismo y me dejaba llevar por esta ola de placer establecida en sus grandes pechos. El orgasmo se acercaba rápida e inexorablemente... era hora de poner el tinte final a la noche.


Mis mejillas comenzaron a sonrojarse. El pelo de mi piel se erizaba. Yo no podía articular palabra, únicamente podía respirar fuerte y gemir de placer. Todo esto mientras ella no paraba ni un segundo de acariciarme la polla con su cuerpo... hasta que finalmente, no pude más y me rendí.


Fue tal la cascada de semen que cayó sobre su rostro y sobre su cuerpo, que hasta se asustó. Llevaba bastantes días sin masturbarme si quiera, esperando que llegara, como llegó esta noche, un ángel rubio que me sacara de las tinieblas para deleitarme con la grandiosidad del sexo.

¡Feliz año nuevo a todos!