24 diciembre 2016

Me gusta...

Yo sé quien eres... por lo que no puedo hacerte ninguna pregunta sobre ti que no sepa. Aunque seguro que aún me queda mucho por descubrir... Por eso solamente te voy a decir lo que me gusta de ti.

Me gusta cuando te excitas.


Me gusta saltar sobre ti.


Me gusta lo guapo que te quedas después de follar.


Me gusta cuando te siento como entras en mi.


Me gusta ponerme encima mientras siento en la nuca como respiras.


Me gusta cuando me besas el cuello.


Me gusta arañarte.


Me gusta cuando te abalanzas sobre mi.


Me gusta que me enseñes tu cuerpo.


Me gusta seducirte con vestidos ajustados.


Me gusta cuando juegas con tu pene sobre mi piel.


Me gusta cuando me quitas el tanga.


Me gusta cuando me penetras hasta el fondo.


Me gusta arreglarme solo para ti.


Me gusta que me toques el culo.


Me gusta cuando te chupo los huevos antes de correrte sobre mi.


Me gusta cuando acaricio tu polla dura.


Me gusta lo fácil que es provocarte.


Me gusta que me agarres fuerte de los pechos.


Me gusta apretarte contra mi mientras me follas.


Me gusta sentir como estallas en mi boca y se derrama tu leche caliente sobre los dos.


Me gusta tenerte en mi boca.


Me gusta lo mucho que te corres.


Me gusta que me empotres con fuerza.


Me gusta cuando me levantas del impulso.


Me gusta que me chupes los pezones.


Me gusta la cara que pones de placer.


Me gusta cuando me abro para ti.


Me gusta cuando te tumbas y me dices que me siente sobre ti.


Me gusta como me acaricias.



¡Muchas gracias D.! (Me has dejado sin palabras)

Aprovecho para desearos felices fiestas. Espero que disfrutéis mucho de estos días con vuestra familia y amigos.

Recordad que aún podéis enviarme preguntas para el "50 cosas sobre mi" que haré como primera entrada del año 2017.

10 diciembre 2016

De vuelta y vuelta.

Tres de la mañana. Después de una agradable noche, una buena cena en el vegetariano y habernos tomados unas cervezas paseando por las abarrotadas y frías calles de la ciudad, ya preparada para la navidad, decidimos entrar en el último local para tomarnos la última copa de la noche.

Ella no dejaba de mirarme con ojos de deseo. Los míos decían lo mismo en silencio. Sin embargo, ambos disimulábamos, llevándonos a los labios la cerveza fría mientras nos comíamos el uno al otro con la mirada. Ella estaba tan sexy con ese vestido ajustado que era imposible fijarse en nadie más.


Finalmente me lancé y le pregunté si quería venirse a mi casa. No se lo pensó dos veces y respondió que si. Así que nada más entrar ella, que ya estaba bastante excitada, espero que en buena parte por mí, pero también por el alcohol que llevaba en la sangre y la tenía alterada, que cogió mi mano y comenzó a masturbarse con mis dedos por debajo de su vestido.


Con la guasa y la alegría que inunda nuestros hogares en este entorno navideño que estamos viviendo le pregunté qué significaba ésto. Ella no dijo nada, tan sólo se mordió el labio, me miró fijamente con deseo carnal en las pupilas y me hizo un gesto que es difícil de malinterpretar. Así que riéndome a carcajadas, pensé en mi siguiente movimiento...


La llevé a mi habitación. Ella se quitó el vestido en un santiamén. Pero yo me quedé mirándola, contemplando su cuerpo de arriba a abajo, sus curvas, su piel erizada que me estaba pidiendo a gritos que la tocara, que la rozara con mi piel y mi barba. Así que la empujé sobre la cama, cayó boca abajo, la cogí fuerte de las piernas y la atraje hacia mi cuerpo. Ya no la iba a dejar que se alejara de mi en toda la noche.


Ella me dijo con voz dulce:

- Quítate la ropa. Quiero tocarte.

Y eso fue precisamente lo que hice. Me quité la ropa lentamente. Primero la camisa, abriendo botón tras botón. Posteriormente los zapatos, calcetines, pantalones y finalmente lancé a un rincón de la habitación mis apretados slips. Ahora era ella la que se deleitaba contemplando mi cuerpo desnudo mientras comenzaba a tocarme con suavidad.


Ella le lamió su labio inferior con la lengua mientras me miraba fijamente. Tenía ganas de coger fuerte con la mano una buena polla y llevársela a la boca... y eso fue precisamente lo que hizo sin pensárselo dos veces.


Disfrutaba mucho de la comida de polla que me estaba haciendo. Es imposible no disfrutar de semejante gloria, está claro. Estaba tan excitada que intentaba tragársela entera, por lo que no paraba de escupir y de engullirla hasta donde podía. Le dije que no era necesario que continuara, porque con la durísima erección que me había provocado con la sensualidad mostrada a lo largo de toda la noche, lo que quería era que folláramos lo dos hasta explotar de placer.


- No me digas esas cosas que me matas.

Ahora era yo quien se tumbaba en la cama y le ofrecí, cogiéndola por la base con un par de dedos. Ella aceptó gustosa semejante presente, Se puso de cuclillas sobre mi cuerpo y le introduje con cautela mi verga.


Ella me daba la espalda, pero eso no era impedimento para mi. Coloqué, de nuevo, mi mano sobre su clítoris y comencé a acariciarlo lentamente pero con intensidad. Ella se removía como poseída por el diablo de los pecados de la carne mientras le chupaba el pezón con mi húmeda boca con el objetivo de darle mayor intensidad a ese momento.


Pero poco a poco fue poseyéndola las ganas de follar a lo grande, algo que, nos guste decirlo o no, lo buscamos todos. Así que se olvidó de mi lengua, se olvidó de mis dedos, y únicamente se centró en saltar como una yegua desbocada a la caza de un semental con tanta fuerza que me hundía una y otra vez en el colchó de la cama. Su fuerza era imparable.


Si quería guerra se la iba a dar. Así que la cogí fuerte de la cintura y comencé a darle todavía más intensidad. Ella no podía evitar gemir como una perra por el placer que estaba recibiendo mientras oía, tras de si, los gemidos que yo daba por gozar con una mujer que sabe trotar como hay que hacerlo: duro e intenso.

- ¡Qué bueno, joder! ¡Cómo me gusta!


Tras unos minutos de gran intensidad, comenzó a bajar el ritmo. Situó mi mano sobre mi pecho y comenzó a entrar y salir de este placentero empalamiento que le estaba haciendo con menor ritmo pero la misma intensidad. Gemía y respiraba con tanta fuerza que me ponía cachondo únicamente se ver como se movía su cadera.


Estaba gozando de tener su culazo frente a mi subiendo y bajando mientras escuchaba su fuerte respiración. No obstante, quería verle la cara, así que le pedí por favor que se diera la vuelta. 

- ¿Me quieres de vuelta y vuelta, eh?
- Te quiero follar de todas las maneras posible, déjame que coja tu culo con fuerza y te bese mientras te la clavo de nuevo.


Parece que después de escucharme decir esa frase se le cortó la respiración. A veces, cuando follo, digo las cosas de una manera tan natural que provoco esta situación en las personas. Sin embargo, creo que es algo de lo más natural.

Ella se tumbó sobre mi, de cara, mientras miraba de reojo como la volvía a empalar, pero esta vez desde el otro lado. Así que pude besarla mientras su cadera jugaba con mi dura tranca, comiéndosela y sacándosela una y otra vez sin freno.


Situé mis manos en sus duras nalgas y comencé a impulsarla todavía con más fuerza. Y no es que ella no lo hiciera bien, sino que quería sentirla en movimiento desde la cabeza hasta los pies. Su cola morena no hacía más que mover su melena de un lado para otro mientras la utilizaba como quería para follármela hasta lo más profundo.


Ambos estábamos gozando como dioses del Olimpo. Sus grandes y turgentes pechos golpeaban contra mis mejillas, pero no era lo que chocaba más fuerte entre nuestros dos cuerpos. Así que la la distancia se había reducido hasta lo mínimo entre nosotros dos, lo justo y necesario para vivir con mayúsculas, disfrutando de la bendición de una noche inolvidable.


- Me pones muy cachonda ¿Lo sabes, no?
- Si tú no me pusieses igual de cachonda o más no estaríamos así. Me encanta tu cuerpo, aunque lo que más me gusta es tu inteligencia, porque para follar hace falta más mente que cuerpo.

Con mis manos aún situadas en sus posaderas, comencé a golpearla, primero levemente pero posteriormente con más fuerza, mientras ella gemía en cada chasquido de mi mano contra su culo y se dejaba caer sobre mi entrepierna con más fuerza.


La miraba fijamente a los ojos, siempre lo hago cuando follo con alguien porque si la mirada es la ventana del alma yo quiero asomarme por ahí para ver si realmente está disfrutando o no. De nada sirve el sexo que se hace mecánico y por hacer. Hay que disfrutarlo y sobre todo hay que sentirlo. Así que miraba sus ojos marrones mientras su cuerpo no hacía más que moverse sobre mi. La belleza de sus ojos brillantes y su abierta sonrisa dejaban claro que estaba disfrutando de lo lindo.


Ella estaba sudando a mares por esa maravillosa mezcla de esfuerzo y disfrute. Así que decidí cambiar de postura y tomar la iniciativa. Nos pusimos en pie, le di un sensual azote una vez más su culo con mis manos y le dije que ahora me la iba a follar hasta el fondo. Ella no hizo más que ampliar su sonrisa y gemir tan solo de imaginárselo.


La puse, otra vez, de espaldas y se la incrusté en un suspiro. Ella se abrió tanto que gotas de su néctar cayeron por mis piernas. Era el momento de hacerla sentir, en el buen sentido del término, como una perra. Así que cogiéndola fuerte de los brazos, comencé a penetrarla con intensidad y dureza mientras ambos sudábamos de placer y gemíamos de gusto.


Le volví a dar otra vuelta. La penetré como una bestia empotrándola contra la pared. Mis brazos la sujetaban de la cintura y de una de sus piernas, como si necesitara abrirla por completo para mi. Mis nalgas se aceleraban ante la necesidad y el anhelo de gozar toda la noche con ella, sintiéndola en mi, sintiéndome en ella.

- Eres una delicia -le dije-.


Estaba tan a gusto que no pudo ni responderme. Únicamente se centraba en moverse todo lo que yo y la pared le dábamos de espacio para sentir hasta la más leve arruga de mi polla en su interior. La tenía completamente erecta, por lo que podía sentir desde mis venas cargadas de sangre que era bombeada con fuerza desde mi corazón palpitante, hasta los pliegues y la rugosidad de mi verga, sobre todo entre el esponjoso glande y la dura tranca.


La volví a colocar sobre la cama, pero esta vez a cuatro patas. Manoseé sus nalgas con ira, como si quisiera hacer mía esa deliciosa piel. Le endosé mi verga hasta el fondo de su húmeda y cálida vagina, y proseguí con mi trabajo de amante desbocado.


- ¿Te gusta así nena?
- Quiero ponerte a prueba. Dame más fuerte. A ver de qué eres capaz...

La tumbé completamente sobre la cama. Coloqué mis manos sobre su espalda, apoyándome con mi peso en ella con una mano mientras la otra la cogía fuerte de la melena morena. Si quería que le diera fuerte lo iba a sentir en cada recodo de su cuerpo. Desde los pelos de la cabeza hasta el dedo gordo del pie.


Hay imágenes que lo dicen todo, así que no creo necesario describir con detalle esa escena. Más que nada porque quienes me leéis sabéis de lo que soy capaz. Así que si me dicen que lo haga con fuerza, este es el resultado que se obtiene.

Mi polla se había convertido en un martillo pilón que no hacía más que entrar y salir de su cuerpo con la delicadeza justa para no hacerle daño. Ahora el objetivo era follar con intensidad y eso estaba haciendo. Pero el precio es algo, pues notaba como la corrida se acercaba y yo no hacía más que dejar caer gotas de sudor sobre ese cuerpo desnudo al que tenía sometido con la dictadura de un buen empotrador.


Ella no podía hacer otra cosa que disfrutar de haberme puesto en este plan mientras gemía y se mordía la mano. Sentía que la podía romper en pedazos en cualquier momento con una de mis embestidas. Pero nada más lejos de la realidad, le estaba dando un placer tan intenso que no lo había sentido antes.


Decidí aflojar el ritmo, ya no por ella únicamente, sino también por mi, que no soy una máquina. Así que le pise mi mano en la boca, me chupó el dedo absorbiéndolo con fuerza, y luego deslicé esa misma mano hacia uno de sus dulces pechos. Quería seguir penetrándola pero teniendo las sensaciones en otra parte, con unas embestidas más moderadas.


- No estoy segura de que quiera que pares.

Realmente me sorprendió mucho que me dijera eso. Pero hay personas con todo tipo de gustos, y más en lo sexual. Yo como soy un todoterreno soy feliz y disfruto con cualquier cosa. Así que si lo que quería era intensidad la iba a sentir de cara. Eso si, sabiendo que mi corrida no estaba lejos la avisé que iba a estallar de un momento a otro. No le importó lo más mínimo, al contrario, parecía que estaba deseando ponerme en esa coyuntura.


De nuevo la coloqué sobre la cama y le endosé mi dura polla. Ambos estábamos tan exictados que parecía que habían hecho un molde de mi verga en su vagina, que ya estaba completamente abierta y mojada. Así que sin más dilación comencé a penetrarla en la última cabalgada antes del final de fiesta.

Pero comenzó a preocuparme que yo me corriera antes que ella. Siempre me gusta correrme después de que la otra persona haya llegado al orgasmo, así me aseguro que siempre nos satisfacemos el uno al otro y ninguno se va con el trabajo a medio hacer. Así que coloqué mi polla en la mejor posición para que raspara el interior superior de su vagina en la parte más cercana al clítoris. Quería provocarle el orgasmo antes de que yo acabara.


Comencé a agitarla de esa manera, abriéndole las piernas y pasándole, si podía, mis dedos por su clítoris, sus pezones y su cuello para excitarla hasta el límite. Parece que después de una follada tan intensa como este vuelta y vuelta mi última postura había tenido una buena acogida, y tras unos minutos de gran intensidad en la que habíamos desplazado la cama de sitio, ella gimió y gritó de placer tras alcanzar el orgasmo. Yo me alegré muchísimo, ahora ya podía relajarme un poco y acabar con honor.


Continué en esa postura un rato más hasta que mi cuerpo comenzó a temblar, sintiendo como el orgasmo me alcanzaba a mi también. Dejándome llevar, solté las manos de su cuerpo y me centré en darle las últimas embestidas sin necesidad de tocarla con nada más que con mi sexo candente. De esa forma, comencé a respirar más y más fuerte...


Finalmente me separé de ella. Rápidamente ella se dejó caer de la cama y se quedó frente a mi verga mientras, sin necesidad alguna de tocarme, la corrida llegó. Fue tan intensa que me quedé mirándola mientras me mareaba a la vez que mi semen salpicaba toda su piel, desde su rostro hasta sus pechos y sus muslos.

Fue tal la sorpresa que se llevó a verme estallar frente a sus dulces ojos, que se puso a reír mientras las gotas de mi esperma estaban calientes sobre su cuerpo. Supongo que no se puede evitar sonreír cuando el final lo merece, porque yo tampoco pude ocultar reír después de haber gozado tanto.


- He disfrutado mucho de esta noche contigo nena; gracias.
- No digas tonterías, que con lo bien que lo hemos pasado no hace falta dar las gracias. Las sensaciones que hemos disfrutado han sido mutuas.


POSTDATA.

Para comenzar el 2017 bien, me gustaría hacer una entrada de "50 cosas sobre mí"; espero vuestra colaboración. Podéis preguntarme o plantearme cualquier cuestión al correo electrónico o con el formulario de contacto que encontraréis al final de la página (bajo a la derecha).

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