15 noviembre 2015

Hasta quedarme sin aliento.

Hacía mucho tiempo que no me hablabas. De improviso, un viernes por la noche cualquiera, me envías un mensaje muy simple: "Hola ¿Qué tal estás?". En un principio me muestro esquivo, hacía demasiado tiempo desde la última vez que nos vimos. Pero pronto comprendí que si me escribes, es por algún motivo... y sabia perfectamente cuál era.

Nos ponemos a hablar. Como quien no quiere la cosa, me preguntas si tengo novia y te insinúas. Sé que quieres follarme; estás pensando en mi tranca. Es evidente que no se ha olvidado de lo que disfrutábamos juntos, ni yo de tu increíble capacidad para hacerme disfrutar comiéndome la polla... "Eres una rubia mala", pienso. Lo digo como admiración, porque eres una de las personas que más me ha hecho disfrutar en mi vida con el sexo oral. Te digo que podemos vernos este fin de semana y me respondes "si" sin vacilar un instante. Ya es hora de recordar viejos tiempos...

Me invitas a tu casa. Subo las escaleras. Ambos sabemos a qué vamos. Así que nada más cruzar la puerta, nos miramos, y sin besarte, te pongo contra la pared. Primero de espaldas, para que notes como me froto contra tu culo, pasándote mi erección por la piel. Luego, te doy la vuelta y tú, sin dejar de mirarme un solo instante, te deslizas lentamente por la pared mientras caes hasta ponerte de rodillas frente a mí. Estás justo delante de mi erección, es hora de comenzar a disfrutar la tarde...


Hábilmente me desabrochas el pantalón y sacas mi pene erecto. Está tan duro únicamente de pensar en ti. Sin demora, te la metes en la boca y comienzas a degustarla. Yo siento un gran alivio a la vez que empiezo a gozar del placer de sentir tus labios alrededor de mi tranca.

Te la metes una y otra vez en la boca, quieres saborearla, disfrutarla, hacerla tuya y sobre todo aprovecharte de mi haciendo lo que más te gusta: comerme mi gran polla. Pero no solo quieres hacerme disfrutar con tus labios y tu boca, sino también ponerme cachondo mirándome fijamente y abriéndote la camisa blanca para mostrarme la voluptuosidad de tus preciosos y duros pechos.


Comienzas por la punta del glande, recorriéndolo con tu lengua hasta el más leve centímetro de su circunferencia. Te encanta deleitarte... y a mí que lo hagas. Así que me apoyo en la pared y me dejo llevar por tu extraordinaria habilidad sexual. Mi tranca palpita en cada una de las pasadas de tu lengua, como si fuera la primera vez que siento semejante derroche de placer.


Me estás poniendo muy cachondo. Tú lo sabes y observas, riéndote, como estoy a tu merced. Recorres la longitud de mi verga con tu lengua, mientras me masturbas levemente. No quieres acelerarme, quieres matarme del gusto de sentir mi polla en el interior de tu boca. Así que comienzas a bajar... tienes que saborearlo todo. Me acaricias primero los testículos, completamente hinchados frente a tu cara, y luego juegas con ellos pasando tu lengua una y otra vez.


Hay que ver... ¡cómo te gusta mi polla, rubia! Tú ya lo sabes, así que tratas de endosarte mi polla mientras la recorres con mi mano una y otra vez. No dices una palabra porque sabes que un buen trabajo no requiere explicación ninguna. Yo solo puedo mirarte y gozar viéndote y sintiéndote. Me inundas con tu calor y humedad. Logras que me estremezca de placer...


Te miro fijamente a los ojos y me guiñas un ojo. Joder... me estás poniendo a tope ¿Qué voy a hacer contigo? Sin pensar, me dejo llevar por un arrebato y te cojo bien fuerte de tus cabellos rubios. Te pongo en la punta de mi tranca y comienzo a acercarte a mi piel. Lo hago, apretándote fuerte, hasta que noto como tu nariz toca mi vientre y tú te estremeces por sentir mi polla hasta el fondo de la boca.


Me sonríes y te dejas llevar por mis manos. Sabes que eres una puta, y quieres dejármelo claro. Me recuerdas porque eres tan especial para mi, mientras, movimiento tras movimiento, voy adentrando mi polla en tu garganta. Al principio te ha costado acostumbrarte de nuevo a mi hombría, pero ahora ya la sientas toda en tu interior... y no quieres que pare.

Te pone muy cachonda dejarte llevar por mi lujuria y sobre todo escuchar como gimo. Digo "mmmmm..." te llamo "zorra", pero no paro ni un instante de gemir como un lobo: "Ohhhh... Joder... MMMMM...", esas son las únicas palabras que logras sacarme. Y es que hacía mucho tiempo que ninguna lograba darme tanto placer con tan poco...


El hecho de follar tan poco últimamente por culpa de mi trabajo cerca de la capital solo hace que tenga los cojones completamente cargados de semen. Los tengo tan hinchados que es muy habitual que me duelan por el roce constante con los pantalones vaqueros. Tu eres quien más lo está sintiendo, porque en cada una de mis internadas, mis testículos golpean duramente, como un segundero, contra tu barbilla. Notas lo cargados y duros que están... y te encanta sentirlos golpeándote en la cara.


Como buena zorra que eres, me coges los huevos y los aprietas metiéndote la polla hasta que te dan arcadas. Quieres demostrarme que estás ahí para que te folle como quiera. Lo cual me vuelve muy loco, viendo como tu boca y mi tranca desaparecen por debajo de tu melena rubia, mientras siento la humedad de tu boca hasta lo más profundo.

"Ya me he cansado de ti, voy a follarte", te digo. Tu me respondes, guasona, "Haz conmigo lo que quieras". Noto como estás recuperando el aliento... yo también; pero no te doy ni un segundo de tregua. Te levanto tirando de tu pelo hacia arriba, te empujo y te pongo contra la pared. Entonces, sin miramientos, te clavo la polla en tu interior.


Joder puta... ¡Cómo me gusta sentirte! A lo que me respondes que a ti te gusta más tenerme dentro. Que si pudieras no me permitirías salir. Noto como ya estás húmeda únicamente de chuparme la polla. Te excita muchísimo tener el poder para follarme con tu boca y hacerme gozar tanto. Sigues escuchándome, esta vez junto a tu oreja, mis gemidos varoniles... esos que contigo no puedo evitar. Estás demasiado buena y eres demasiado caliente como para ignorar cuando me escribes.


Ahora notas en primera persona las consecuencias de haberme puesto tan cachondo... (pero ojala que lo hagas constantemente). Aunque te habías pasado un buen rato chupándome la polla y podría tirarme así durante un montón de tiempo, contemplándote, sabes que esto solo acaba de empezar. Así que comienzas a decirme que no pare.

Sin salir de tu coño, te cojo fuerte del pelo y te llevo hasta la mesa de cristal que está a apenas dos metros. Te pongo sobre ella y continuo follándote. Te digo al oído que eres una hija de puta y tu me replicas que no, que "soy tu puta" y que continúe así.


Uffff... ¿Pero cómo me puede poner tan cachondo poseerte? ¿Acaso esto es inevitable? Follarte como un animal, digo. Sólo sé que no puedo dejar de centrarme en metértela, en endosarte mi polla hasta lo más profundo de tu vagina, sintiéndote en cada recorrido de mi tranca hacia tu infinito. Dejarme llevar y gemir de gozo mientras tu gimes como una perra. Estás completamente ida, exactamente como me gusta que estés para mí...


Y es que te quiero toda para mi rubia... porque entre lo calentorra que eres y lo bien que follas no puedo parar ni para respirar. Vas a lograr que me de algo, pero si debo morir de alguna forma, espero que se así. No te suelto el pelo y te pego algunos cachetes para que me insultes y te conviertas definitivamente en la puta que eres ¡Qué guapa estás cuando logro cabrearte para que me desees todavía más!


"Mmmmm... Joder... ¡Cómo me gusta que me metas la polla hasta el fondo, cabrón!" Me gritas, sin importante los vecinos. Estamos montando un auténtico escándalo, pero nos da igual, porque el auténtico escándalo sería parar de follarnos esta noche. Y es que no puedo hacer más que alegrarme que me hayas hablado y me hayas dicho de quedar, aunque sea poco tiempo, para sentirte en toda tu grandeza.

Eres una auténtica delicia. Siento como si hubiera nacido para estar dentro de otra persona, para sentir su calor y su humedad mientras juntos formamos un solo ser, ese que sólo busca lo positivo, lo sentido, vivir en definitiva. Más allá de los terrores de este mundo.


En un arrebato, te tiro al suelo, te abro las piernas con mis brazos en un movimiento brusco y te la meto hasta el fondo. Tu gritas al sentir como te uso con mis brazos y como mi fuerza te supera. Sabes que soy demasiado grande para ti... te sientes pequeñita, pero conmigo quieres ser así de pequeña. Una rubia atractiva en los manos de un semental.

Te necesito y quiero follarte de todas las maneras posibles. Eso lo sabes de sobra. Tú no puedes hacer más que admirar al animal que has creado con la tremenda mamada que me hiciste... Así que cierras los ojos y comienzas a deleitarte mientras ves mi cara desencajada que busca en tu cuerpo todo lo que quiero.


Me pongo detrás tuyo y te cojo del cuello. Estás masturbándote y yo no dejo de penetrarte. Sin duda, es el momento de poner quinta marcha y darte fuerte. No hay descansos, es hora de disfrutar de la vida hasta el máximo, porque este instante no se volverá a repetir... y un día sin ser aprovechado es un día perdido ¿Cuántas oportunidades perdemos por miedo, verdad?


Pero ese no es nuestro caso, porque yo no tengo miedo a meterte mi dura polla con fuerza en el interior de tu vagina. Tienes el coño muy húmedo y tú estás que ardes, literalmente. Estás muy muy caliente y gimes con el roce de mi piel por tu espalda. La recorro con la mano que tengo libre hasta llegar a tu sexo, para tocarte y ponerte todavía más cachonda, mientras guardo el equilibrio como puedo. No quiero soltarte del cuello ni un momento.

Pero me pides ir al sofá. Te llevo de la mano mientras observo tu cuerpazo al son de las tenues luces que entran de la calle. Quieres sentarme y sentir como te empalo con mi sexo candente. Así que rápidamente nos movemos y volvemos a estar unidos de nuevo. No es cuestión de perder el tiempo en estos menesteres...


Joder... que cuerpazo que tienes cabrona... Debería pedirte que me enviaras fotos con esos vestidos tan sexys que te pones. Comienzo a empalarte con mi tranca mientras tu gritas de placer. Estás sintiéndola plenamente. Descargas el peso de tu cuerpo sobre nuestros sexos para luego volver a alzarte. Estás a punto de estallar y lo sabes... solo quieres que el trabajo acabe como se merece.


Te estás masturbando con todas tus fuerzas mientras continuo follándote intensamente. No hay paradas en este trayecto. Nuestros gemidos y el sonido de mis cojones al chocar contra tu sexo es lo único que se escucha en esta habitación. Pero realmente, lo que nos interesa, está en el sentido del tacto. Nos centramos en el placer individual, yo metiéndote la polla y tu con eso y masturbándote a la par... por si no tuvieras poco.


Te vuelves hacia mí y me dices que tú sólo querías chuparme la polla. Te replico que estés tranquila... que en un instante la vas a volver a saborear... con todo el sabor de tu orgasmo. Te pido que te dejes llevar y te corras. Comienzas a besarme apasionadamente. Estás rendida y ya solo queda que la guerra se acabe... pero antes de firmar la paz, hay que pasar la última batalla.


Te plantas lo que puedes y comienzas a cabalgar a horcajadas mientras recibes toda la fuerza de mi polla en tu sexo. Estás a punto de correrte y yo hace tiempo que tengo que contenerme para no estallar en tu interior... por mucho que eso te gustaría. Así que en esta última cabalgada damos rienda suelta a nuestra pasión...

Me dices que vas a correrte y me pides algo. Yo acepto sin rechistar. Así que me levanto y me pongo frente a ti. Estoy en pie, y me masturbo lentamente mientras no aparto la mirada de tus dulces ojos. Tu permaneces inmóvil en el sofá masturbándote. En apenas unos segundos, te tocas el clítoris y te corres fácilmente. Necesitabas descargar toda la tensión acumulada en la última media hora.


Estás realmente espléndida, realmente bella, con tus dedos metidos en tu vagina, con los ojos entreabiertos del gusto, con tus pechos completamente erigidos y duros, mostrándome tus pezones tersos. Podría contemplarte así toda la vida mientras me masturbo lentamente. No sabes lo que me haces gozar solamente de mirarte así.


Cuando te sacas la mano de tu coño y te chupas los dedos, comienzas a tocarte los pechos. Yo sigo masturbándome frente a ti y no les puedo quitar ojo. Son perfectos... son deliciosos... como eres tú. Me preguntas si me gustan y te respondo que por supuesto que si, son magníficos. Así que me haces un gesto y me acerco a ti.


Quiero jugar con tus pechos y hacerlos míos, pero antes tengo que cerrarte la boca y volver a dejar claro quien manda aquí. Tu no te opones, porque estás deseosa de volver a tener mi polla en la boca. Es casi una obsesión... pero es que a mí esa obsesión me pirra ¿Qué puedo hacer si una mujer me desea así? Únicamente dar gracias al cielo por este regalo divino y dejarme hacer...


Comienzas a degustar de nuevo mi tranca. De arriba a abajo, sin perderte ni el mínimo recodo de mi polla. Yo estoy que no puedo más. Así que después de unas cuantas mamadas te pido que me pongas la tranca entre tus pechos y me hagas una cubana. Siento que estoy en los estertores del polvo y que ya me queda poco para correrme.


Me vuelves tan loco como lo haces que en apenas un instante noto como mis testículos se tensan y preparan la enorme carga de leche que voy a soltarte. Estoy completamente rojo, tendido frente a ti y gimiendo como un animal herido. Así que agachas la cabeza, pones tu boca en mi glande y esperas que salga toda mi corrida... que es demasiada. Hasta tú te sorprendes de semejante derroche de semen.


Es tal la cantidad que comienzas a jugar con él en tu boca y te lo tiras sobre tus pezones. Cuando logro recuperar el aliento te digo, con toda la sinceridad del mundo, que este polvazo me ha gustado tanto que me ha sabido a poco... y es que ahora, mientras escribo estas líneas, os aseguro que mataría por una buena cubana y sexo oral...

Supongo que, por suerte, soy insaciable.