31 octubre 2015

Ganar y perder.

Después de una discusión entre risas y con unas cervezas en la mano, ella decidió que debíamos apostarnos algo a ver quién de los dos tenía razón. Yo acepté el reto. Me preguntó qué nos íbamos a apostar, a lo que le respondí que lo que quisiera. Tras quedarse un momento pensativa, se acercó a mi, me puso la mano en el cuello y me dijo dulcemente al oído: "Si gano, esta noche me lo haces como yo te diga; si ganas tú, lo hacemos como quieras". Así pues, tras la mediación del juez imparcial llamado Google, comprobamos que, efectivamente, ella tenía razón. Esta noche iba a perder una apuesta pero a ganar un polvazo.

Me había puesto muy cachondo diciéndome esa apuesta al oído. Supongo que a todos nos gusta que nos digan que te desean. Así que conforme cruzamos la puerta de mi casa, me quité la camisa y besándola apasionadamente la tiré sobre la cama. Si quería que la follara, lo iba a conseguir.


"Ya está bien", me dijo, "esta noche he ganado yo y harás lo que te diga". Yo me quedé parado y decidí someterme a ella. Estaba preciosa con los cabellos rubios sobre su frente, sudando ya de mis primeras embestidas a pesar de que aún estaba vestido de cintura para abajo.


Me quitó los pantalones y comenzó a jugar con mi paquete. Yo estaba a sus órdenes, así que la miraba a sus ojos mientras mi polla estaba deseando salir a jugar con todo su cuerpo. Paseaba las manos por su figura, mientras no apartaba mi mirada de ella, inundándola de mi deseo y de ese fuego que me estaba recorriendo toda la piel.


Se levantó y se puso frente a mí. Yo estaba sentado en la cama, sintiendo como una erección crecía en mis slip. Entonces me dijo algo que hizo palpitar mi tranca en un segundo: "Voy a zorrearte un poco". Comenzó a desvertirse mientras me ponía el trasero frente a mi. Lo hacía de una manera muy sencilla, lenta, pero tremendamente sensual.

El deseo de poseerla me estaba embargando. No estoy acostumbrado a perder apuestas que consisten en dejarme follar por una mujer que me zorrea para que desee arrancarle la ropa y comenzar a endosarle la polla hasta lo más profundo...


La rubia seguía a lo suyo. Riéndose mientras veía en mi rostro las muestras de deseo a las que no podía dar rienda suelta. Se desvistió hasta quedarse en tanga, mientras bailaba y se reía de mi a apenas unos centímetros de mi piel ¡Cómo estaba deseando hacerla mía!

Estaba fabulosa en esta noche de viernes. Yo estaba cansado después de una semana de trabajo, pero cuando tienes delante semejante panorama, se pasa el cansancio y se te quitan todas las penas. Además, cuando una mujer sabe como provocar... sabe hacer de todo.


Se quitó el tanga y se tumbó sobre la cama mientras yo seguía observándola con deseo, sin mover ni siquiera un dedo. Estaba a su merced. Ella se abrió de piernas y me ofreció su sexo. No pude decir que no a semejante manjar y comencé a comérselo como si me fuera la vida en ello. Con ayuda de mis dedos y mi lengua, ella pronto estaba degustando el rico sabor del placer sexual. Yo no podía parar de pasar mi lengua por los tiernos labios de su sexo.


Le tiré las piernas hacia atrás y comencé a disfrutar de este glorioso regalo del cielo que es el sexo oral. Ella no apartaba su mirada de mi mientras yo me concentraba en comérselo todo. Lo digo en mayúsculas. Recorriendo hasta el más mínimo recodo de su sexo con mi boca, completamente abierta a su sexo. Tenía el sabor de su excitación en mi boca y me relamía, como un gato callejero, el sabor de su excitación en mis labios.


Con la punta de mi lengua en el interior de su vagina comprobaba lo deseosa que estaba de mandar para que la follara lo mejor posible esta noche. Además notaba como se estremecía de placer por tenerme a su disposición para chuparle todo su coño caliente.

Estaba tan húmeda que estoy seguro que hoy aún se excitará solamente de recordarme comiéndole su delicioso sexo con toda la intensidad que pongo siempre en estas cosas. Por eso no podía dejar de gemir, de gritar y de decirme lo cabrón que soy. Sin apartar sus ojos marrones de mí, disfrutaba sin descanso del sexo que le estaba proporcionando con toda mi alma.


Me agarraba fuerte del pelo mientras gritaba lo hijo de puta que soy. Yo no me apartaba de su sexo ni un instante. Era tal la fuerza y las ganas con la que estaba metiéndole mi lengua y mi boca en su sexo que me costaba respirar. Sin embargo eso no me importaba, cualquier sacrificio es bueno para pagar una apuesta perdida de esta forma tan agradable.


Ella estaba completamente rota. Sentía que a este ritmo le iba a provocar un orgasmo de campeonato en apenas un par de minutos más. Yo ya le estaba metiendo una cantidad considerable de dedos en su cavidad mientras mi boca y mi lengua húmeda, cargada de su sabor, continuaban inexorablemente buscando su felicidad sexual.

Sin previo aviso. Cercada por la necesidad de alargar el sexo y también de sentir mi polla en lo más profundo de su tierno coño, completamente hinchado, rojo y abierto para mi. Así que me apartó la cabeza y sin resistencia dejé que ella se pusiera encima mío.


Estaba tan cachonda que se metió toda mi polla dura en su sexo sin apenas oposición. Se puso sobre mí, se apartó sus cabellos rubios y comenzamos a follarnos mientras nos deseábamos con la mirada. Paseó sus manos por mi pecho y comenzó a gemir de nuevo.


Traté de participar en este juego al que llamamos sexo. Pero ella no me dejó. Estaba claro que quería cobrarse su apuesta... y vaya que si iba a hacerlo. De un empujón me volvió a colocar en mi sitio y me dijo que no me moviera si no me decía nada. Estaba en la cima de su poder, sintiendo en cada movimiento de sus caderas como se endosaba mi sexo a su cavidad.

Estaba disfrutando mucho. La miraba como ponía los ojos en blanco, gritaba y respiraba fuerte mientras se levantaba y se dejaba caer sobre mi sexo sin prisa pero son pausa. Yo gozaba solo de verla disfrutar... pero lo más duro estaba por llegar.


Me agarró fuerte de las manos y me dijo que se la clavara. Era lo que estaba haciendo, pero traté de subir un poco mis caderas para que mi polla se alineara perfectamente con su sexo. El objetivo no era otro que lograr introducirse toda mi polla en tu coño abierto.


Llevaba toda esta semana sin follar... y eso para mi es una vida. Sentía como tenía los cojones caídos e hinchados, deseosos de vomitar todo su néctar. Realmente os confieso que necesito una pareja estable, alguien con quien escribir estas historias todos los días y a todas las horas posibles, no furtivamente los fines de semana, como esta noche de viernes. Sin embargo, a falta de pan buenas son tortas... y esta torta estaba siendo excelente.

Pero fue en ese preciso momento en el que toda la noche cambió. Sin aviso, se paró y me dijo: "Quiero que te pongas atrás y me folles". No me lo pensé dos veces, saqué mi polla de ella. La puse tumbada boca abajo en la cama y con delicadeza le volví a meter mi polla en su vagina.


Me agaché sobre su pelo y comencé a besarle el cuello, la mejilla y la oreja. Ella estaba tratando de asimilar que me tenía sobre ella, sintiendo todo mi peso sobre su delicado cuerpo mientras mi polla entraba y salía lentamente de su interior. Estaba realmente hermosa, con los ojos cerrados, la boca abierta y dejándose llevar por las sensaciones.


La cogí fuerte del cuello y comencé a darle embestidas cada vez más fuertes. Ella no podía hacer otra cosa que luchar por respirar mientras gemía de placer, sintiendo como la estaba follando de la forma que había deseado desde el momento que se imaginó que podía ganar la apuesta.

Me encanta follar en esta postura. Sintiendo como mi polla se adentra en la vagina de una mujer al revés, mientras mi entrepierna choca una y otra vez sobre su culo. Ay... el culo, qué gran parte del cuerpo de la mujer... ojalá se follaran más así y nos avergonzáramos menos de pedir que nos follen como estamos deseando.


Yo comencé a desatarme y me la follaba cada vez con más dureza. Estaba disfrutando como un semental, como ese gato callejero que había comenzado relamiendo y ahora estaba sacando las zarpas de su instinto animal. Ella se dejaba hacer porque estaba gozando de que la follara tal cual ella quería... Todos tenemos esta clase de necesidades, pero como he dicho, nos cortamos demasiado.


Entonces ella alzó el culo un poco y me dijo: "Fóllame duro, hijo de puta". Es muy difícil olvidarse de las frases que me brindó anoche... "Vamos... métemela, joder". Se había puesto en plan puta y así es como la iba a tratar ahora. Así que solté mis manos de su espalda y comencé a embestirle con dureza sobre su sexo, para que sintiera toda mi polla en su cuerpo.


Comencé lento. Endosándole toda la polla durante unos segundos en lo más profundo de su coño, para que sintiera la presión, el calor y la humedad de mi miembro bien, y seguidamente lo retiraba un segundo, para inmediatamente comenzar de nuevo el proceso. Algunos hombres creen que esto de meter la polla en una mujer es una carrera de fondo, pero en realidad tiene mucha técnica.

"Agárrame fuerte del culo, hijo de puta". Estaba tan rendida al sexo que ya no controlaba ni lo que decía. Pero como ella mandaba esta noche, puse mis grandes manos sobre sus nalgas y las apreté mientras le deslizaba mi sexo en su interior una y otra vez.


Yo no paraba ni un solo instante. Ella gemía y me decía: "Vamos... sigue". "Más, joder, dame más fuerte". Realmente ya me estaba sorprendiendo de su actitud. Me ponía demasiado que se comportara como una zorra deseosa de mi. Me agaché sobre ella y la volví a coger fuerte del cuello.


Comencé a besarla y luego le dije junto a su oído: "Estás un bastante puta esta noche ¿no?". A lo que me espetó algo que no me esperaba: "Deja de hablar y dame bien fuerte, maricón, que estoy a punto de correme... mmmm...". Así que, otra vez más, volví a la carga, pero esta vez si, siguiendo órdenes directas y sin nada de contención por mi parte. Si quería que la follara duro, lo iba a hacer. Seguro que hoy tendrá agujetas y algún que otro morado en su trasero por mis embestidas... pero era lo que quería.

Cogiéndola con una mano del cuello y con la otra del brazo, le clavé mi polla lo más duro y hondo que pude. Apenas logró resistir unas cuantas adentradas de mi sexo en su vagina antes de comenzar a gritar del gusto. Ella se agitaba, se movía sin control, extendía las manos y abría la boca para gritar. Pero estaba sintiéndolo todo en HD y se le notaba que no quería que parase.


Parece que fue sentir que su sueño se había hecho realidad y correrse, logrando una traca de varios orgasmos que la dejaron tendida en la cama, respirando, mientras yo no paraba de metérsela porque aún no había recibido la orden contraria hasta que me dijo: "Para ya, por favor... No puedo más". La dejé respirar un minuto y me tumbé sobre la cama. Me puse de lado, mirándola y rozándole las mejillas con mis manos. Estaba completamente roja y extasiada. Pero la apuesta aún no había sido saldada...

Me miró fijamente, se recogió el pelo y me dijo: "ahora vas a saber lo que es bueno". Tras esta amenaza se acercó a mi entrepierna y agarró mi polla con dureza. Manteniendo el equilibrio con una mano, se adentró, lo que pudo en un primer movimiento, mi pene en su boca.


No podía ver en sus ojos más que a esa zorra en la que una inocente apuesta la había convertido. Yo estaba cansado del polvo y muy, muy, excitado. Notaba que estaba a cien y estaba a punto de estallar. Así que la miré a los ojos y comencé a disfrutar de esta comida de polla, dejándome llevar sin importarme nada más que mi propio placer.


Tardó poco en metérsela hasta el fondo de su boca. Saboreándola. Recorriendo todo su contorno con su lengua, mientras su mano continuaba apretándola fuerte de la base. Yo notaba que era tal la excitación que me había provocado con su zorrería y la follada tan dura que me había "pedido" que le hiciera, que mis testículos estaban ya preparados para una enorme corrida.

Sin embargo, ella estaba decidida a hacerme una mamada magistral, una de esas antológicas en las que lo das todo y punto, sin matices, sencillamente porque quiere hacerlo. Yo estaba bajo su mandato... y con esta pasión que mostraba al chuparme la polla no iba a decirle que parara.


Estaba chillando sin control. Sudaba, gemía, gozaba... y moría de placer ante el poder de sus labios y su lengua recorriendo mi sexo. Me cogía fuerte de la cama mientras ella no paraba de chupármela. No apartaba su mirada de mi y notaba como estaba devolviéndome la jugada del sexo oral que habíamos tenido hacía ya un buen rato...


Con interés, abrió su boca y se la metió toda. Yo no podía creerlo... era tal el placer que me estaba provocando que le grité "¡Puta!" y noté como comenzaba a gestarse mi corrida. Ya no podía ponerle freno... así que la cogí fuerte de sus cabellos rubios y le apreté para que no se separase ni un solo instante de mi sexo. Quería gozar con el orgasmo como me lo había ganado a pesar de perder la apuesta.


Creo que a partir de ahora... tendré que apostar más a menudo...

25 octubre 2015

No pares.

Siempre llega ese momento de la noche en el que tengo ganas de arrancarte las medias, romperte la camisa azul que llevas y poseerte aquí y ahora mismo. Únicamente eso. Así que, nada más cruzar la puerta de casa, te empujo sobre la pared, te subo al mueble de la entrada, recorro tus muslos y te desgarro las medias con mis manos. Ha llegado la hora de hacerte mía.


Tú también lo deseas. Estás espléndida esta noche. Rubia, con falda, medias, tacones, esa camisa que me encanta y sobre todo esos ojos marrones que no se apartan de mi mirada de deseo. Recorro con mis ojos tu cuerpo al mismo tiempo que mis manos descubren todos los recovecos de él.

Estoy caliente y estoy ansioso. Quiero follarte sin más dilación. Te empujo fuerte, acerco tu cuerpo con mis brazos y en apenas un segundo estoy a tu espalda, rozándote con mi sexo erecto mientras mis manos no paran de tocarte. Comienzan a subir... hasta que alcanzan la protuberancia de tus pechos ¡Cómo los deseo! Y sin pensarlo, te abro la camisa de un golpe; quiero tocarlos.


Me miro al espejo, veo mi rostro reflejado; contemplo en mis ojos que estoy deseoso de ti. Me siento poseído por un demonio que solo piensa en hacerte sentir, gemir y gozar tanto como estoy deseando hacerlo yo.

No lo aguanto más, me siento desbordado por la pasión que me llama desde mi entrepierna. Tengo la polla completamente dura, palpitando mientras estoy pegado a tu duro trasero. Necesito adentrarme en ti y someterte a mi cuerpo, tanto como tu vas a hacer con el tuyo. Por eso me bajo rápidamente los pantalones y me la saco mientras tu aprovechas y frotas tu culo en mi cuerpo.


De un movimiento te ensarto con mi polla. Compruebo lo húmeda que estás solamente de poseerte con mis manos y mis besos. Al principio me cuesta un poco llegar hasta el final de tu vagina, pero en apenas unos movimientos de mi cadera mi tranca se adentra en tu sexo sin problema. Has gemido un poco de dolor, pero al mismo tiempo de placer y ahora no quieres que pare.

Estoy disfrutando clavándotela. La tengo dura, muy dura. Noto como gozas con cada internada de mi polla en tu sexo, poniendo los ojos en blanco y agarrándome bien fuerte de donde puedes agarrarme. No te esperabas semejante entrada en acción... pero disfrutas al máximo. Es lo que querías, lo sabes y por eso únicamente te centras en disfrutar de esto.


Te desatas rápidamente. Eso me encanta en una mujer. Creo que una de las mejores cualidades de esta vida es dejarse llevar cuando la situación lo necesita. Es decir, cuando no hace falta pensar sino sentir. Porque la vida, después de todo, hay que sentirla (lo más profundo posible) ¿No crees?

Te miro fijamente. Estás muy guapa; guapísima. Tu giras la cabeza y me sonríes. Está disfrutando de mi polla tanto como yo de su coño. Ahora mismo estoy recordando este momento y trato de transmitiros todo lo que se puede sentir... pero es imposible decirlo con palabras. Solo puedo evocar la noche pasada y gozar mientras lo revivo escribiéndolo.


Te la saco la verga de un rápido movimiento. Igual que entró, salió. No te lo esperas, sin embargo coges la iniciativa. Eres tú quien te giras y me muestras, agradecida, tus pechos turgentes. Los sujetas apretándolos con tus manos, son una ofrenda que me brindas, pero tus senos están hinchados y se derraman por los lados. Los miro fijamente; son perfectos y me los ofreces como un manjar que yo acepto sin dudar. Tu estás caliente, deseosa, lo noto en tus ojos, en la humedad de tu coño y en esos pezones que me apuntan directamente.

Me agacho un poco y comienzo a modértelos. Degusto tus pechos como un auténtico manjar; porque lo son. Te los como despacio, mientras mis manos recorren su volumen y se desplazan por el resto de tu cuerpazo. Estás abierta a mi; te has transformado en una zorra, y eso es un piropo que vamos a disfrutar los dos.


Te observo mientras te quitas lo que puedes de tu ropa rota. Me miras sabiendo que no soy yo, que en este momento sólo quiero follarte una y otra vez... y tú a mí. Sigo pensando que estás guapa, muy guapa. Me miras de una manera muy sexy mientras dejas tus pechos al descubierto. Me vuelves loco mientras te veo como te quitas la ropa. Sé que me estás provocando... y por eso te voy a follar.

Te agarro fuerte del brazo y te tiro sobre la cama. Es hora de poner las cosas en su sitio... literalmente. Pero, tumbada sobre el catre, no puedo dejar de mirarte. Tienes esos ojos marrones clavados en mí y me paralizas. De repente, me dices algo que me encanta: "Vamos, fóllame". Tus deseos son órdenes para mi, así que allá voy.


Me dejo caer sobre la cama. Mi polla se marca en mi slip y tú te quedas mirando fijamente semejante paquete. Me empujas para ponerme completamente boca arriba; quieres poseerme y volver a sentirla en tu interior. Veo en tus ojos que no sólo es una sensación placentera, sino una necesidad. De esa manera, comienzas a acariciarla como si fuese tu mascota.


Me besas. Siento el calor que desprendes sobre mi pecho. Te digo que estoy excitado por y para ti. No dejas de mover tu lengua en el interior de mi boca. Me saboreas de arriba a abajo. Yo no hago más que mover la polla, como una llamada a tu cuerpo, a tu alma.

Decides que es el momento de darme una buena lección. "Ya que me has roto las medias, voy a cobrármelas contigo". Sabes que soy un semental y vas a sacarme el jugo, te cueste lo que te cueste. Yo estoy encantado de que tengas tal misión, por supuesto. Estás elocuente y añades: "Hay que ver... menuda polla tienes, cabrón". No digo nada, solo te miro.


Te pones sobre mi y comienzas a jugar con mi verga. Estás masturbándome mientras no apartas la mirada de mis ojos verdes. Eres una zorra y lo estás demostrando. Quieres hacerme sufrir... de gusto... y no vas a parar hasta conseguir matarme de placer. Es un buen objetivo, así que te dejo que lleves la iniciativa... a ver como te mueves sobre mi polla firme.


Tiras fuerte y me bajas los slip. La dulce serpiente de placer vuelve a salir de su agujero. Pero rápidamente la aprieta con una de sus pequeñas manos y la conduce a una nueva madriguera. Aquí es donde le gusta estar, en el centro del placer mutuo. Notas como su rigidez se adentra en tu sexo, es lo que querías zorra.

Me está follando y yo me dejo. Porque cuando una mujer se desata es la mejor guía del mundo. Así que me pongo las manos en la cabeza y me dejo llevar. Está muy buena, caliente y deseosa de follarme ¿Qué más puedo pedir?


Estás desatada. Mueves tu cuerpo arriba y abajo como si vivieras para ello. Lo haces con sentimiento, con pasión. Noto como mi polla se introduce hasta lo más profundo de tu sexo, en movimientos rápidos y duros, mi tranca erguida sale y entra de tu vagina. Está colmada, noto la tirantez de su sexo al paso de mi tranca.

Tus pezones están excitados y tus bellos pechos se mueven con pesadez en cada movimiento que haces con tu cadera. Me encanta mirar como una mujer se desata y comienza a follarme, poniéndose encima mío, mientras el movimiento de sus pechos marca la profundidad, el ritmo y la fuerza con la que desea sentirme en su sexo.


"Joder, qué bien follas puta" Ella me sonríe sabiendo que lo digo de corazón. Se mueve a su ritmo, metiéndose mi polla una y otra vez sin descanso. Está disfrutando tanto que noto como tiembla. Sus ojos se ponen en blanco, su corazón se acelera y su respiración se agita.

De reojo, mientras estamos follando, miro el reflejo de ambos en el espejo del armario. Veo como sus movimientos dejan al descubierto la longitud de mi polla mientras, incesantemente, vuelve a desaparecer. Tienes tus cabellos rubios caídos sobre mi, que se mueven en cada salto como las hojas de un árbol azotado un vendaval. Me encanta verte así.


Mis manos comienzan a recorrer tu delicioso cuerpo hasta que llego a la cintura. Te agarro fuerte y comienzo a darte pollazos. Es hora poner algo de mi parte en esto de follarte. Así que comienzas a gemir como una loba herida, sintiendo como mi asta se te introduce hasta el fondo.

Con ayuda de mis fuertes brazos te estoy follando. Pero como he dicho tú estás completamente desatada y vas a darme varias sorpresas durante esta larga y caliente noche. Sin venir a cuento me pones las manos en el pecho y solo con tu mirada me paras. Te levantas un poco y me pones tu coño en mi boca.


"Cómemelo todo, hijo de puta". Antes que que pronuncies la "a" ya estoy metiendo la lengua en tu coño chorreante. Me estás volviendo loco y lo vas a pagar. Con mi boca, mis labios y mi lengua juego contigo para darte todo el placer posible. Quiero reventarte con mi lengua, que tu placer caiga sobre mi boca en gotas de humedad caídas de mi cielo, que es tu sexo. Adoro lo empapada que estás.


Estás rica te coma por donde te coma, pero por aquí estás especialmente deliciosa. Me encanta comer coños, no lo oculto; es más, os confieso que lo necesito. Mi lengua comienza a adentrarse en su vagina, mientras sale y con ayuda de mis dedos te remuevo el punto g para matarte de gusto. Lo estás pagando caro... así que gritas y me pides que pare.

Ya es suficiente. Ahora soy yo el que va a jugar contigo y te voy a follar como la zorra que me estás demostrando ser. Saco mi boca de tu coño mientras tratas de recuperar el aliento. Te he hecho sufrir como pretendía. Ahora te lanzo sobre la cama y me pongo encima tuyo.


Te la meto sin problemas. Estás tan húmeda y abierta que mi polla se abre paso por tu sexo sin obstáculos. Comienzo a besarte, quiero que notes como mi lengua, mis labios y mi boca tiene el sabor de tu coño. Tú me pones las manos en el pelo y me besas apasionadamente. Tu mirada se ha transformado, ahora yo soy el lobo y tú la cordero indefensa.


Te rodeo con mis brazos, que como columnas de piedra te inmovilizan junto con mi polla. Estás vencida, sometida a mí. Lo sabes, así que no te rebelas y te conviertes en una niña buena. Ha llegado el momento de cabalgarte, lo que estaba deseando hacer desde hacía mucho tiempo.

No aparto la mirada de ti. Tu abres la boca para tratar de respirar mejor, pero no puedes evitar gemir y respirar con fuerza. Estás sintiendo como te la meto hasta el fondo sin pensar en nada más que en follarte. Eso si que es vida. Me dices, con media sonrisa, "No pares", y yo te respondo "No voy parar".


Te abro las piernas y sitúo mis manos entre el borde de tu sexo, rojizo, abierto y húmedo, y tus deseosos muslos, esos mismos donde había empezado la noche de pasión tras romperte las medias ante el deseo de lograr follarte.

No sé porqué, tal vez por la falta de sangre en la cabeza, comienzo a decirte cuánto me gustas, tus ojos marrones, tu mirada directa, tus labios carnosos, tu pelo rubio, tus pechos perfectos, el sabor fresco de tu coño en mi boca... Me dices que me centre y me vuelves a insultar.


Comienzo a darte con todo lo que tengo. Se acabaron las formalidades y los romanticismos. Esto es un polvo de campeonato y vamos a hacer que sea increíble. Dejo caer todo mi peso sobre tu cuerpo y comienzo a follarte con fuerza, con dureza. Ahora si que eres mi puta. Incesantemente le embisto con todo mi cuerpo sobre el suyo, frotando con mi piel caliente toda su entrepierna al mismo tiempo que la penetro sin compasión. La cama se retuerce y emite sonidos que se funden con nuestros gemidos. Mis embestidas la mueven toda, pero solo estoy centrado en metértela una y otra vez.


Comienzas a estremecerte. Tu cuerpo se retuerce como puede mientras no dejo de clavártela. Te levantas, te dejas caer, tus pechos se hinchan. Veo como en apenas unos segundos tu piel blanca se sonroja. Tu tiras la cabeza hacia atrás y comienzas a gritar. Esta follada, que es mérito de ambos, ya tiene al primer ganador de un orgasmo celestial.... ahora me toca a mí.

No quiero seguir follándote como una bestia para no hacerte daño. Así que la saco y contemplo como tus ojos se vuelven a clavar en mí. Ella vuelve a coger las riendas y me tumba sobre la cama. Aún temblorosa, sudando y con la respiración a flor de piel, agarra mi polla con una mano y comienza a chupármela.


¡Qué bien la chupa! Y es que, como digo siempre, el buen sexo es un arte que no todos/as saben hacerlo bien.... y a mí solo me gusta lo mejor. Me deleito con el pase de su lengua y sus labios carnosos alrededor de mi tranca. Está erecta y palpita en cada uno de sus movimientos. En definitiva, estoy disfrutando como si fuera la primera vez.

La cojo de la cabeza y trato de que se la meta más. Ella se la saca de la boca un instante y me dice entre risas que es imposible metérsela toda dentro de la boca. Yo sé que no, pero también es cierto que no es fácil de buenas a primeras ni tampoco cabe en cualquier boca, así que la dejo a su ritmo.


La chupa con delicadeza, pero sin dejar ni un palmo de mi piel sin recorrer con sus manos o su boca. Le pone mucho sentimiento y yo comienzo a notar como la corrida se acerca. Tengo la polla completamente dura, hinchada y a punto de soltar la traca final. Ella se mueve a su ritmo mientras no aparta ni un instante la mirada de mis ojos...

Finalmente comienzo a gemir. Me muevo. Vuelvo a dejar de ser yo por un momento, así que la aparto, la empujo un poco y sin dejar de mirarla a los ojos, me corro sobre esta zorra rubia de mirada penetrante mientras gimo como un animal herido. Tengo los ojos en blanco y apenas puedo mantenerme en pie. Es tal el placer que tengo, que ella se ríe por la cantidad de semen que le cae encima como símbolo de mi orgasmo final...


"¿Además de romperme la ropa me manchas toda? Porque follas como Dios, sino no te volvía a hablar en la vida".

Postdata. Atentas y atentos a la nueva encuesta. Os agradecería mucho que pasarais por ella un rato. Gracias.

18 octubre 2015

Cambios nuevos, tentaciones antiguas.

En primer lugar quiero disculparme por esta larga ausencia. A finales de septiembre, de improviso, me avisaron en el trabajo que me trasladaban a una ciudad próxima a Madrid. Y allí estoy. He tenido mucho trabajo, poco tiempo libre, oportunidades para follar y también me he trasladado a un piso que no tiene Internet... Así que últimamente voy un poco de culo.

La verdad es que estoy acostumbrado a vivir cerca del mar, ya me había hecho mi círculo de amigos/as y me ha resultado complicado irme. Sin embargo, el trabajo manda, no queda otra, así que me tengo que hacer al sitio, al menos entre semana, porque los findes quiero volver a mi hogar junto al mar.

Os puedo asegurar que llevo bastante tiempo con la libido baja... será lo que tiene el centro peninsular, tener mucho trabajo y no conocer a nadie. Pero esta semana estaba deseando volver... tenía ganas de ver mi ciudad, mi gente y también de echar un buen polvo. Así que ayer por la noche, nada más llegar pude besar el santo... por decirlo de algún modo.

Nada más ver su escote en la cena ya estaba completamente erecto... Después de tanto tiempo sin sexo y sin apenas pensar en él, no se había olvidado de su cometido. Era hora de sacar a pasear a mi tranca. Durante toda la cena estuvo palpitante, mientras mis ojos no paraban de mirar su carnal y deseosos labios...


No podía dejar de pensar en las ganas que tenía de follármela... Follármela bien. Follármela duro. Follármela intensamente. Follármela durante toda la noche. Estaba sediento de sexo y ella merecía la pena. Su dulzura, su belleza y esa sensualidad que derrochaba me estaba volviendo loco... en mi cabeza y también en mi entrepierna, que palpitaba sin cesar.


Con la llegada a la mesa del postre, un bownie riquísimo, ella ya sabía lo que me pasaba por la cabeza y comenzó a jugar conmigo. A mí me gusta más jugar cuando no estamos en un lugar público, para no tener que contenerme. Pero no hice ascos a disfrutar de unas buenas y panorámicas vistas privilegiadas de su tremendo cuerpo. Aunque yo lo me estaba imaginado es que terminaría haciéndome esto:


Joder... me encanta el cuerpo de una mujer. Podría pasarme horas mirando. Me encanta verlo. Me encanta sentirlo. Me encanta tocarlo. Me encanta rozarlo. Pero sobre todo me encanta recorrerlo...

La cosa ya estaba demasiado caliente y cuando acabamos el brownie y la copa consiguiente, fuimos a su casa. Tenía una casa realmente ordenada y bonita, no como el cuchitril que me he alquilado yo tan lejos de mi tierra. Nos sentamos en el sofá y comenzamos a besarnos. Besos tiernos y dulces, por todo el rostro, los labios y la piel de su cuello que se erizaba al paso de mi barba.


Comencé a bajar desde su cuello a sus pezones, grandes, calientes y erectos, deseosos de mi, tanto que me llamaban en cada pasada de mis dedos sobre ellos. Los rocé con la piel de mis labios y comencé a degustarlos como se merecían... Pero no me iba a detener ahí a pesar de sus pechos grandes, duros y tiernos.

La cogí de la mano y la llevé a su propia habitación. Me quité la camisa como símbolo de que tenía un duro trabajo por delante con su cuerpo, a lo que nada rechistó. Solo me miró sensualmente y me dijo "ven" con los ojos. Yo la empujé sobre la cama y allí le dije al oído que la iba a hacer mía esta noche.


Comencé a bajar por su vientre, mientras una de mis manos la agarraba bien fuerte del cuello y la otra aún recorría sus pechos. Me deslizaba lentamente hacía la obertura de su cuerpo que más necesitaba recorrer mi caliente y húmeda lengua. Como si fuera una necesidad vital, casi animal, de quien busca alimento para sobrevivir.


Noté su vello en mis labios. Pero me interesaba adentrarme más en su cuerpo. Saqué la lengua y comencé a trabajarle el coño. Estaba deseoso de su sexo, estaba deseoso de darle todo el placer que una mujer puede soportar. Me encanta mirar mientras hago sexo oral para asegurarme que la otra persona ve como disfruto tanto haciéndolo como ella recibiéndolo.


Bajé para ayudarme con mis dedos en tan delicada tarea. Porque cuando uno se pone con estas cosas tiene que hacerlas lo mejor posible. Ella se estaba dejando llevar por la lujuria, así que colocó una de sus manos sobre mi cabeza y comenzó a gemir de placer. Estaba disfrutando de lo lindo y yo lo sabía.


Estuve mucho rato, a pesar de que ella quería que se la clavara inmediatamente porque ya no resistía más placer. Pero le dije que esta noche íbamos a ir por partes. Primero le iba a hacer gozar a ella sola y luego lo haríamos los dos.

Tenía los pezones completamente dirigidos a mis ojos. Duros, mostraban la sensualidad del momento y el goce que sentía al recibir, abriendo su sexo, a mi lengua, en su interior. Me apretaba fuerte el pelo, mientras lo recorría con sus dedos. Trataba de incorporarse para mirarme... pero caía rendida, sin remedio, hacia atrás.


Noté que estaba completamente abierta y que mis dedos ya no la satisfacían al cien por cien. Así que me desnudé, saqué mi polla a pasear y tiré los calzoncillos a un rincón de su habitación. Era hora de ponerse serios. Así que se la metí hasta el fondo y vi en su rostro el gesto de gozo que ambos estábamos deseando. Pero mis dedos seguían trabajando para que tuviera un orgasmo de los que marcan una gran noche.

Empecé a darle embestidas cada vez más fuerte para que sintiera en todo su interior como mi verga colmaba su vagina. Tenía la polla completamente dura e hinchada, perfecta para que entre sus internadas y mis dedos trabajando en su sexo, comenzara a gritar de placer.


Ella comenzó a estremecerse. Estaba próxima al orgasmo. Yo lo sabía y continué follándomela como se merecía. Necesitaba satisfacerla porque hacía realmente varias semanas que no follaba ni nada, y esto no puede ser... es un desperdicio de vida. Así que tras varios minutos clavándole mi polla y empotrándola cada vez más en un rincón de la cama, se corrió y su orgasmo le puso los ojos en blanco.


Mis dedos terminaron el trabajo en los últimos estertores de su gozo. Ella temblaba del gusto y no podía pronunciar palabra. Tampoco hacía falta, porque cuando se folla así las palabras sobran ¿No creéis? Así que la dejé respirar un par de minutos y luego le dije que ahora estaba a mi servicio. Era hora de usarla como estaba deseando.

Comencé tiernamente, para que pudiera volver a entrar en la partida sin brusquedades. La besé con tanta pasión que volvió a temblar de sentir como la rozaba con mi cuerpo y como mi sexo, completamente duro, la tocaba por toda su entrepierna.


Estaba deliciosa tanto en su boca como en su sexo. Ella sentía el sabor de su excitación en cada internada de mi lengua en su boca. La cogí bien fuerte y la puse encima mía. Rápidamente ella bajó hacia mi polla. La cogió con una sola mano y la miró delicadamente.

Ella tenía ganas de hacerme a mí lo mismo que yo le había hecho. Sin embargo, tenía más ganas de follármela en mayúsculas, como un animal, que dejar que me la chupara. Aunque la dejé que lo hiciera durante un rato... así me ponía a tono antes de clavársela hasta lo más profundo.


"Ya está bien", le dije. Es mi turno de rematar la faena. Ella quería seguir junto a mi polla, agarrándola fuerte, apretándola en su paladar. Pero no la dejé. La cogí de las piernas y la subí en mi vientre. De un movimiento, volví a clavársela y ella exclamó un gemido sordo de placer. La estaba sintiendo de nuevo en todo su sexo...


Volví a cogerla de esos pechos que llevaba toda la noche mirando. Deslicé mi mirada por todo su cuerpo, deseoso de hacerla sentir al máximo. Sin embargo, no me satisfacía del todo. Necesitaba poseerla, hacerla mía, someterla a mi polla y hacérselo bien duro. Ella ya había tenido su orgasmo y ahora me tocaba a mi tener el mío... igual de bueno o mejor si cabe.

Así que la saqué. Ella se quejó... claro. No quería dejar de sentir como mi tranca alcanzaba los recodos más profundos de su cuerpo. No obstante, no iba a ser así. La puse a cuatro patas sobre la cama. Ella estaba temblorosa, pero el placer que iba a sentir con mis embestidas compensaban el esfuerzo realizado... de sobra.


"¡Toma!" y se la volví a meter hasta el fondo. Me puse sobre ella y me dejé llevar por la lujuria del momento. Supongo que no hay nada peor que un hombre cabreado por la falta de sexo que explota y lo deja salir como un torrente en forma de una buena follada y con una tranca completamente dura como el acero.


Y es que no podía de centrar mi atención en su entrepierna. Estaba completamente abierta para mi... como me gusta tener al sexo opuesto. Yo sacaba y metía, lentamente, mi tremenda polla. Ella sentía cada una de esas internadas como cuchilladas de placer en su vagina. Estaba rendida a mi, rendida ante el sexo que estábamos teniendo esta noche.

Estaba deseoso de tener un polvazo por detrás, poniéndola a cuatro patas abierta el cien por cien para mi. Así que comencé lento. Descagué todos mis sentimientos. Agachado sobre su cuerpo, la besaba dulcemente mientras no dejaba de follármela ni un segundo.


Pero la ternura acabó desbancada por la pasión. Estaba cada vez más caliente, más tenso y más deseoso de sexo. Estaba dejando que el tren del placer, el expreso de follar, descarrilara sobre este cuerpo de mujer que tenía tendido bajo mi ser.

La cogí del cuello como había hecho al principio de la noche y sin dejar de mirarla comenzaba a agitar mi polla en su interior con más intensidad en cada internada que le hacía. Estaba magnetizado por su mirada, como el tigre que mira a su presa antes de hacerla suya.


Disfrutaba como si no follara desde hace siglos. Supongo que me tengo que echar alguna amiga donde vivo ahora... porque sino, tal vez no aguante entre semana dedicándome a trabajar y a limpiar la casa (que me la han alquilado completamente llena de mierda). Ya me conocéis, así que imaginaros la situación en la que me encuentro... Pero sigamos con el relato.


Mi excitación iba en aumento. Me notaba que me estaba calentando cada vez más. Prácticamente tenía el sexo ardiendo. Había perdido la noción del tiempo de esta noche... ¡Cómo me gusta perderla! Así que, sintiendo que el orgasmo estaba próximo le dije que iba a acabar ya. Ella abría la boca y gritaba en cada uno de esos embistes, que la estaban empotrando por completo en la cama.

Me dijo que me corriera donde quisiera menos en la boca. Rota la ilusión de acabar en mi lugar favorito, le dije que se levantara. La puse de rodillas frente a mi y le ofrecí mi polla para que le sacara todo el jugo posible... y vaya que lo hizo. En apenas unos movimientos de su mano, mientras me miraba con esos ojos cargados de deseo, me corrí, como Dios manda, sobre sus tremendos pechos...


...tal como había deseado desde el principio de la noche. Estaba muy sexy con todo mi semen esparcido por su piel. Caliente. Húmedo. Recorriendo como gotas de vida, desde la base de sus pechos hasta su vientre, sin despegarse de su piel ni un momento, como yo había deseado hacer toda la noche.


Como una niña mala, se volvió a meter mi polla en la boca, y con dificultad me dijo: "Como vengas así todos los fines de semana, voy a tener que alegrarme de tu traslado". Siempre es agradable que alguien me valore como me merezco... sobre todo con lo necesitado que estaba después de todos los cambios importantes que he tenido en el último mes.

Espero escribir con mayor frecuencia. Un beso a todas y todos los que me leéis y esperáis mis escritos.