19 septiembre 2015

Las delicias de tu lengua.

Lleva toda la tarde calentándome. Sé que está jugando conmigo... y me gusta. Quiere excitarme, quiere que la desee... todavía más. Por eso la observo; me deleito con la imaginación que me provoca cada uno de sus gestos, aunque sea únicamente con el movimiento de su dedo índice sobre su lengua, entrando y saliendo lentamente de su dulce boca una y otra vez.


Ella tiene ganas de mí, pero no me puedo imaginar cuánto. Durante la cena, la copa, el baile, me demuestra que solo tiene ojos para mí. Sé que le han hablado de mi, porque me lo dice, y reconozco que en esta ocasión mi fama me precede. Ella está cansada después de un largo día de trabajo, pero parece que no está dispuesta a que únicamente la acompañe al portal.

Así que acabamos en su casa, ella me mira fijamente y me besa. Yo la aprieto con mis brazos, situados a la altura de su cintura, mientras ella me los coloca tras el cuello. Siento la pasión, el calor que desprende en cada uno de sus besos. Tras jugar con nuestras respectivas lenguas, ella se echa un poco para atrás, sonríe y me hace el gesto de "ven... esta noche eres todo mío".


Está más que sexy con ese vestido negro que muestra su tremendo escote. Reconozco que está muy buena, pero no dejo de mirarla a sus oscuros ojos. Esos ojos marrones se me clavan en el alma. Desgarran la pasión desmedida que tienen y que únicamente me buscan a mí.

Yo estoy sentado en el sofá sin saber muy bien qué hacer. Ella comienza a aproximarse de nuevo hacía mí y como una gata en celo anda por el suelo a cuatro patas. Se acerca hasta mi entrepierna y comienza a maullar de necesidad, mientras me mira con ojos de cordero que en realidad albergan a una serpiente.


La miro. Mejor dicho, a contemplo en toda su belleza, en toda su sensualidad. Tan solo con sus besos ya ha logrado que se me marque todo mi sexo en el pantalón, que está tirante y palpitante en cada uno de los roces que su piel o su lengua tienen por él. No puedo evitarlo, estoy paralizado de placer... me dejo llevar porque es lo que quiero, lo que necesito.


Y es que no puedo evitarlo. Me encanta. Lo necesito. Lo busco. Que me hagan buen sexo oral es vital para mí. Ella lo sabe y por eso no deja de calentarme más y más paseando su lengua por mi entrepierna... mientras continua clavando sus ojos en mi, los cuales albergan un deseo enorme, tanto como los míos.

Por eso intuitivamente, de un rápido movimiento, abro la bragueta y me saco la polla. No puedo aguantar más la presión del pantalón. Así que ella, lentamente se acerca, la agarra con su mano y abre la boca. Está sorprendida... mi verga y mis testículos se muestran orgullosos a su mirada, los cuales se mueven en cada uno de sus movimientos que realiza en mi dura tranca.


Me pide que me ponga en pié. Lo hago sin rechistar, ella manda. Y es que cuando una mujer sabe manejar bien a un hombre, lo mejor es dejarse llevar. Mientras tanto, ella continua de rodillas frente a mí. Sin apenas movernos del sitio, comienza a pasear sus manos por mi cuerpo, por el pecho, el culo y las piernas... pero finalmente acaban en el cinturón. Lo quita con ansia y de un lento movimiento comienza a bajarme los pantalones.


Mientras me los baja, alcanza el punto crítico en el que mi polla, completamente dura y erecta, salta sobre su rostro y le da en plena boca. Estoy realmente excitado y necesito que me sacie completamente. Ella no lo duda y comienza a pasar su dulce y delicada lengua por la punta de mi sexo, completamente caliente y necesitado de su saliva.


Llevo mucho tiempo sin que me hagan sexo oral del bueno. Supongo que ya sabéis que esto no es fácil de conseguir con ninguno de los dos sexos. Pero ella se nota que sabe lo que hace y sobre todo que le pone ganas. Eso es lo más importante.

No dejo de observarla, en cada movimiento, en cada gesto. Veo como está deseosa de volverme loco con el roce de sus labios. Por eso se prepara para dármelo todo. Mientras continua jugando con la punta de mi verga, se recoge el pelo con las manos mientras me muestra su sensual escote.


La tengo enorme. La tengo muy dura. Estoy a punto. Ella lo sabe y por eso no aparta su mirada de mis ojos. Quiere excitarme al máximo y quiere que sepa quien manda esta noche. A lo que no me opongo en absoluto... mientras noto la presión de sus pechos sobre mis rodillas.

Llega el momento de ponerme muy cachondo con las palabras. Así que coge la polla con una mano, mientras mes masturba muy lentamente y con su boca a apenas unos centímetros de ella me dice: "Me encanta tu polla... quiero comértela toda". A lo que respondo: "Hazlo... muéstrame las delicias de tu lengua". Ella sonríe y me guiña el ojo con una cara de zorra que solo provoca que me estremezca de placer con sentir el roce de su piel sobre mi sexo.


"Vamos nena, hazlo". Juega con su lengua sobre mi glande caliente, mientras continua masturbándome con lentitud, sin las prisas que caracterizan a una buena mamada. Siento que estoy muy duro y que mis cojones están completamente hinchados, mostrándose orgullosos a quien me está matando de placer.


Está disfrutando jugando con su lengua conmigo; comiéndome la polla como si fuera una piruleta... desde luego, ella está siendo una niña muy mala, pero por ahora no quiero castigarla como se merecería. La dejo actuar libremente.

Le gusta estar cerca, muy cerca de mi sexo. Disfruta con la su mano, mirándola, saboréandola, paseando su lengua sobre sus lados o bien chupándola con su boca. Le gusta particularmente rozar con su lengua en la punta, como la perrita que es. No tengo queja, cualquiera de las formas que usa me matan de gusto.


Me está matando... y ella lo sabe. Así que lo que hace la muy puta es comenzar a aumentar el ritmo más y más. Yo no puedo dejar de gemir como un lobo (sé que os ha gustado esa expresión), mientras me retuerzo de placer y busco donde poder agarrarme porque, joder, esta chica es realmente buena comiéndome la polla.

Es la primera vez que lo hace y estoy muy contento, sabe hacerme gozar. Así que decido dejar llevarme y disfrutar, así de sencillo, por su húmeda y caliente lengua. No quiero forzarla a hacerme una garganta profunda de buenas a primeras... ya habrá tiempo (aunque no todas pueden, claro).


No aparta su mirada de mí... como a mi me gusta. Así que entre suspiros le lanzo improperios propios de ese momento: "¡Qué zorra eres!", "Joder... me vuelves loco" y los típicos: "Mmmm.... no pares..." y "Como sigas así me voy a correr en tu cara... ¡Qué guarra eres! ¡Me encanta".

De vez en cuando para y juega con mi polla, mientras los dos descansamos para disfrutar el máximo tiempo posible de esta situación. La observo como juega con mi polla entre sus labios... logrando ponerme cachondo de tan solo sentir el roce de sus labios sobre mi glande rojo y caliente.


¡Ostia puta! ¡Solo de recordarlo mientras lo escribo se me pone durísima! (Ya veremos si puedo acabar de escribir esta entrada) Ella recorre con su lengua toda la longitud de mi tranca. Quiere recorrer hasta el más remoto rincón, pliegue, vena hinchada y poro de mi polla. Le acaricio el pelo, se lo aparto y disfruto de su lengua sobre mi sexo.


De improviso se levanta y me coge de la polla. Agarrado de ella me lleva hasta el dormitorio y allí me empuja para que caiga sobre la cama. Parece que después de tanto tiempo (no sé exactamente cuánto) está cansada de chuparme la polla de rodillas... es comprensible. Así que me abre las piernas y se apoya sobre la cama para continuar con su "duro" trabajo.


Yo estoy acostado, gimiendo como un perro, con las manos sobre la cabeza, mientras siento cada una de las mamadas que me hace, como se adentra mi sexo en su húmeda y caliente boca y como juega con su lengua sobre él.

Siento como para y agarra bien fuerte la polla con sus dos manos, paseando su lengua por toda mi tranca. Lo hace de arriba a abajo, deliciosamente y con sentimiento. La observo mientras lo hace y me sorprende como admira mi polla, mientras la observa y la saborea con ternura.


Estoy a más de cien... estoy a mil. Creo que no puedo resistir más... pero lo hago. Merece la pena sufrir esta dicotomía entre el sufrimiento por aguantar el máximo tiempo y el placer absoluto que se quiere disfrutar todo el tiempo posible. Por eso la agarro bien fuerte del pelo y de un empujón le pido que continúe comiéndome la polla...


No aparta su mirada de mi. Ella es muy zorra... y por eso me encanta. Me encanta sentir su lengua en mi sexo y contemplarla en toda su belleza. Como la aprieta con sus manos, como sus labios rozan el contorno de mi verga y como su lengua juega con la punta en el interior de su cavidad. Pero lo mejor son sus ojazos calientes clavados en mi, demostrándome que ella disfruta tanto como yo.


Empieza a clavarme su boca hasta el fondo. Yo la ayudo un poco pero no la ahogo... porque podría hacerlo. Sin embargo, ya he dicho antes que no tenía la intención de hacerle comerme la polla de una forma más "dura".... así también disfruto igual o más. Veo como le cuesta meterse la polla, pero pone de su parte mientras mi orgasmo de acerca.

Me estremezco de placer más y más. Le grito varios insultos que a ella solo le provocan que me la chupe con más fuerza. Es una cabrona y por eso nota hasta el más ligero pálpito de mi sexo. Cuando yo estoy respirando fuerte, rendido en la cama de semejante delicia, ella para de golpe y comienza a agitarme los testículos.


No le caben en su mano... Me sorprende que mis cojones sean más grandes que sus manos, blancas y delicadas. Pero esas manos están jugando con ellos y están ganando la batalla. Con una mano en mi verga y otra paseando pos mis testículos, noto como tengo la corrida prácticamente lista para salir.

Pero ella no se rinde aún... Continua jugando conmigo igual que desde el primer momento en que entramos en su casa. Suelta mi polla y comienza a recorrer mi escroto con su lengua... era el último lugar que le quedaba por descubrir, por transitar.


Me excita muchísimo que jueguen con mis testículos, sobre todo cuando están completamente hinchados, calientes y preparados para soltar todo el semen posible después de tanta excitación, tiempo y dedicación que me ha demostrado esta noche.

Así que noto como me está llegando la corrida. Es inminente. Le hago un gesto de que está a punto de salir y ella vuelve a meterse la polla en la boca rápidamente. No quiere perderse el epílogo de esta mamada.


Ella me aprieta fuerte la polla mientras siento como me palpita y se prepara. Noto esa sensación de placer que me viene, rápida pero muy sentidamente, de menos a más. Poco a poco comienzo a gemir, a estremecerme y a poner los ojos en blanco hasta que finalmente alcanzo el orgasmo con las últimas pasadas de su lengua sobre mi polla.


Ella comienza a reírse, supongo que de la felicidad de verme llegar al orgasmo tan apasionadamente, después de una grandísimo sexo oral de la cual ella es la protagonista absoluta y se lo agradezco enormemente.

Mientras me muestra su hermosa sonrisa, mi semen salpica en varios y abundantes chorros su boca, sus mejillas y su pequeña nariz. Finalmente grito en la última corrida y ella me dice jocosa: "Voy a tener que hacerte esto más a menudo".

10 septiembre 2015

La chica de las gafas de pasta.

Apenas la conocía cuando decidí lanzarme a sus labios. Llevaba toda la tarde observándola en la cafetería. Ella frente a mí, hablando sin parar. Gesticulando mientras yo la miraba fijamente con ojos de deseo, observando su cabello moreno, su piel perfecta y esos ojos tan expresivos que se resguardaban tras los cristales de sus gafas de pasta de color negro. Ella sabía que no le quitaba los ojos de encima, por eso comenzó a jugar y de vez en cuando hacía algún que otro movimiento seductor que a mi me volvía loco... y ella lo sabía.


Recorría su rostro con sus dulces manos, mientras la deseaba más y más. Paseaba su dedo índice por sus labios, como si me pidiera que me lanzara sobre ellos sin dilación. Y eso fue lo que acabé haciendo... pero quería que me sedujera como es debido, que me calentara y que me demostrara lo sexy que es.

Llevábamos más de dos horas hablando y yo empezaba a sentir en mi sexo la necesidad de hacerla mía, sobre todo teniendo en cuenta que hace varias semanas que no mantengo relaciones sexuales con nadie... lo cual para mi es un suplicio (bueno, y supongo que para cualquiera, aunque no todos lo reconocen).


Ella se levantó de la silla, rozando su cuerpo con sus manos, muy sensualmente, sin prisa. No le importaba que alguien de la cafetería pudiera ver como se me insinuaba, marcándome, a propósito, la sensualidad de su cuerpo, de sus pechos, de su vientre plano, de las facciones de su bello rostro...

Me dijo que iba un momento al aseo y que en volver podíamos irnos a otro lado. No lo dudé y la besé antes de que se marchara aunque fuera al cuarto del otro lado de la pared. Ella se mordió el labio y me dijo "Ahora vuelvo". Me acerqué a la barra, pagué la cuenta y cuando salió la cogí de su estrecha cintura y nos marchamos.


No se hizo de rogar, nada más decirle de tomarnos una copa en mi casa (ya que vivo muy cerca de esa cafetería), entramos besándonos. Ambos recorríamos los cuerpos del otro con nuestras manos mientras los labios no se despegaban. Estábamos pegados el uno al otro, mientras alzaba con deseo su cara para que la besara. Yo la deseaba muchísimo... pero ella a mi también. Me encantan las mujeres tan pasionales que no disimulan lo más mínimo cuando también me desean.


Frotaba su cuerpo contra mi tremenda erección. A mi me empezaba a molestar la tirantez de mis pantalones sobre mi verga, pero aguantaba sin desnudarme porque quería recorrer su cuerpo con mis manos, mientras le besaba el cuello y ella se esmeraba en restregar su tremendo culazo por la longitud de mi polla.

Sabía perfectamente que la corrida que iba a tener sobre ella iba a ser monumental. Me alegraba de haberme atrevido, de nuevo, a quedar con una chica, prácticamente desconocida, para tomar un café... y lo que surja. Desde luego, no hay más remedio que apostar si quieres ganar... y a mi me había tocado el gordo, porque la chica de las gafas de pasta estaba realmente buena, pero sobre todo era tremendamente caliente, como me gustan las mujeres.


Sin pensárselo, se arrodilló frente a mí y me bajó con rapidez los pantalones. Ella sabía lo que quería y yo también, así que no demoré ese encuentro. Cogí mi polla tiesa con la mano y se la situé en el límite de sus labios, que se abrían, como acto reflejo, ante la llegada de mi sexo.


Después de tanto tiempo sin follar necesitaba una buena mamada. Ella me apoyó sobre la mesa y comenzó a degustar con ganas mi dura polla. La tenía cogida con una mano, mientras no dejaba de introducirla cada vez más hondo. Ella estaba disfrutando de comerme la polla tanto como yo de que lo hiciera.

Cuando me tenía completamente a su merced, tan caliente que cada vez que sentía su lengua sobre mi sexo no podía dejar de gemir como un lobo, se la sacó de la boca y me dijo que me tumbara sobre el sofá. Yo seguí sus órdenes sin pensar, porque cuando estoy con una buena zorra me dejo llevar...


Entonces se puso delante de mi y comenzó a quitarse lenta y sexualmente la ropa. Primero los pantalones vaqueros, luego la camiseta roja ajustada que llevaba y tan loco me había vuelto en la cafetería... y por último me mostró con seducción la belleza de sus pechos, los cuales estaban duros como el acero. Únicamente se dejó puestas las braguitas.

No podéis imaginaros como disfruté de esa imagen. El cuerpo femenino, la insinuación, la sensualidad de sus movimientos, de sus actos, de su mirada, el profundo deseo que teníamos y la tremenda erección que la esperaba en el sofá.


No me dejó respirar mucho. En un instante volvió y comenzó a chuparme la polla de nuevo. Yo no podía dejar de poner los ojos en blanco, de gemir, de respirar fuerte en cada pasada de sus manos sobre mi verga, mientras ella, golosa, me miraba con deseo y con lujuria. "Ohhh... joder..." era lo único que lograba decir. Esta chica es muy traviesa, le gusta hacerme sufrir matándome de gusto... y a mí eso me encanta.


Tumbado en el sofá no pude hacer otra cosa que ver y sentir todo el placer que la chica de las gafas de pasta me estaba dando. Se estaba tomando en serio el conocerme. Así que me dijo que esperaba que "aguantara" (yo encantado de aguantar). Así que comenzó a pajearme mientras me decía lo mucho que estaba deseando meterse en su coño toda mi tranca...

Pero no todo era hablar... así que también trataba de adentrarse toda mi polla en su boca, pasando sus manos por toda su longitud. Aunque lo que más sentía era la extraordinaria lengua de esta chica y sus labios, que succionaban y pasaban por mi glande con tanta sensualidad que no podía evitar sentir que no iba a "aguantar" mucho más...


Sin pensar le dije: "Quiero follarte". Lo siento, me salió del alma sin querer, pero es lo que deseaba con todo mi espíritu. Ella se quedó parada, me miró fijamente y mordiéndome el labio soltó mi polla. Así que se tumbó levemente sobre el sofá y apartándose la braguita a un lado me hizo ver lo mojada que ya estaba.


Se la clavé. Si, hasta el fondo... Quería adentrarme en su sexo y ella que lo hiciera sin miramientos. Comencé fuerte y a ella le costó un poco acostumbrarse a mi tranca, se le notaba en la cara. Pero al cabo de un par de minutos ya estaba disfrutando de ver como la estaba follando sin freno... 

Sus pechos se movían en cada embestida arrebatadora de mi cuerpo sobre el suyo. Estaba tremendamente sexy y yo cada vez la deseaba más. La tenía cogida bien fuerte y no la dejaba escapar más de lo suficiente como para mover mi cadera y disfrutar del sexo como hacía tiempo que no sentía.


Pero no me dejó mucho más así, quería parar un poco el ritmo y disfrutar de mi como su cuerpo le estaba pidiendo. Yo me estaba dejando llevar... y así, junto a la tremenda comida de polla que me acababa de hacer, no iba a tardar mucho en correrme. Ella también lo sabía, así que tomó cartas en el asunto.

La chica de las gafas de pasta me puso la mano en el pecho y paré de golpe. Salí de ella levemente, para que ambos sintiéramos todo y respiramos fuerte. Pero sin descansar, ella se puso a cuatro patas y me mostró su tremendo culo mientras se quitaba las bragas, la única ropa que quedaba por tirar al suelo.


Joder... ¡Cómo me gusta que me provoquen! ¡Y más cuando una mujer se sexy y sabe mostrar su cuerpo! ¿Acaso hay algo más bello que una mujer desnuda? Así que tardé poco en sentir como la polla me vibraba, con cada palpitación me gritaba "más, más", justo lo que yo quería de ella.


La cogí fuerte con mis manos y la penetré de un golpe. Ella sentía mis duras manos cogiéndola de sus brazos, mientras la movía insistentemente para follármela bien duro. Necesitaba descargar mucha energía sexual y ella se dejaba llevar por mi. Ambos estábamos disfrutando como locos.

Me percaté que en ningún momento se había quitado sus gafas... lo cual no sé porqué me puso todavía más cachondo, pues nunca había follado con una mujer que llevara gafas todo el rato y además que le diera ese toque sensual que tenía esta chica. Os voy a confesar que me resulta muy atractivo una mujer con gafas.


Ahora podía pasear mis manos por sus espalda desnuda, observando su piel blanca, perfecta y dispuesta para el roce de mi piel sobre la suya, alcanzando sus duros glúteos, que se ofrecían a mí, rindiéndose a la sexualidad que ambos desprendíamos y de la que queríamos gozar esta noche.


Ella comenzó a gritar sin control "Ahhhhhh... ¡Cómo follas cabrón!" y tuve que taparle la boca con mi mano, mientras no paraba de follármela ni un solo segundo. Estaba sintiendo hasta lo más profundo cada una de mis embestidas sobre su sexo y consecuentemente no podía, ni quería, parar. 

La giré un poco y continué adentrándome en ella de lado, sintiendo como mi sexo recorría su entrepierna apretada. Me miraba como una presa a la que acababa de cazar. Pero no era un trofeo para mi, de ese modo, al mismo tiempo que la penetraba hasta el fondo comencé a besarla apasionadamente por toda la piel de su espalda, cuello, sus dulces labios y su rostro.


Ella me miraba fijamente mientras con sus labios me decía entre susurros "sigue... no pares". Veía reflejado en sus dulces ojos, penetrantes y alegres, escondidos tras sus gafas, como alcanzaba la profundidad máxima de su cueva, sintiendo el placer máximo de tenerme ocupando todo el volumen de su sexo.


Ella se puso sobre mi y abrió sus piernas a mi polla. Estaba completamente caliente, mojada y sudando... y quería seguir así. Comencé a introducirme a la par que mis testículos, completamente hinchados, gordos y sueltos, se movían al mismo tiempo que sentía el placer de penetrarla.

Comenzaba a sentir de ellos la señal, casi podría decir la necesidad vital de preparar el momento para que soltara todo el semen acumulado en ellos desde que me masturbé la semana pasada... y había mucha cantidad. Sentía los huevos cargados, pesados, que en cada movimiento ondulaban entre mis piernas y las suyas.


Sintiendo un acto reflejo, la cogí bien fuerte de su trasero y me alcé con ella arriba mío. Ya en pié continué follándomela sin parar, mientras nos mirábamos cara a cara, piel a piel, labios a labios... besándonos, mirándonos, tocándonos como dos desconocidos que se están conociendo de la mejor de las formas. La tenía bien cogida de las piernas, mientras balanceaba su cuerpo para que pudiera ensartarla con mi sexo.


Ella miraba sorprendida y alocada como podía continuar penetrándola sin descanso. Yo estaba completamente rendido después de semejante polvazo, pero no podía parar porque ya sentía cómo me venía el orgasmo final poco a poco. Observaba el movimiento de sus pechos sobre el mío mientras cerraba los ojos y me centraba en gozar de este momento de placer al máximo.


Le dije que me iba a correr ya... y de un saltó, bajó de mis piernas al suelo, situándose frente a mi sexo, completamente rojo, erecto y palpitante, deseoso de dejar salir toda mi corrida. Ella estaba de rodillas y comenzó a masturbarme con mi glande frente a su rostro, cuyos ojos no dejaban de mirar mi cara de placer y como me estremecía del gusto.


Finalmente me llegó el orgasmo... bueno, sería mejor escribir que me llegó un tremendo, largo y profundo orgasmo como hacía tiempo que no tenía. Sentía como ella recorría mi polla con sus manos, mientras mi semen se lanzaba automáticamente por todo su cuerpo, desde su cara hasta sus pechos. No sé cuantas veces le lancé mi leche sobre su piel... pero hasta a mí me sorpendió por su cantidad.


Instintivamente le aparté de un movimiento su mano y continué yo. Moviendo la piel de mi pene para sentir cada lanzamiento de semen, que sin querer, enviaba hasta su rostro... Ella se reía de ver como me estaba corriendo con los ojos completamente en blanco, perdidos en el placer que me había provocado.


Dejé caer mis últimos chorros de lefa en sus pechos, expuestos completamente a mi, mientras ella continuaba descojonándose de mi cara de placer y de la tremenda corrida que estaba teniendo sobre su tremendo cuerpazo.

Cuando acabé se retiró las gafas del rostro, viendo por primera vez sus ojos desnudos, y mirándome me dijo "Espero que tengas con qué limpiarme, semental. No había visto una corría así desde que tenía dieciocho". Entonces respiré profundamente, me relajé y la besé en la cara... le dije: "Supongo que te vendría bien una ducha ¿verdad?", a lo que respondió "¿Tú crees?"


... y nos dimos una buena y pulcra ducha juntos.

02 septiembre 2015

Placer inherente.

Llego a casa después de un largo día de trabajo. Ya no puedo más, entre el fin de las vacaciones, el desastre que tengo en mi alma y sobre todo las ganas de follar que tengo... que apenas quepo en mi (literalmente). Así que acabo el día laboral con muchas ganas de llegar a casa. Nada más cruzar la puerta me pongo cómodo, me quito los zapatos y me desabrocho la camisa. Cuando estoy bajándome los vaqueros me doy cuenta que tengo una erección, bajo un poco el slip y lo compruebo.


Efectivamente... la tengo dura, muy dura. Pero no es lo que más me impresiona, son mis cojones. Tengo los testículos completamente colgando; enormes, hinchados, calientes. Los cojo bien fuerte con la mano y los saco de su cárcel de tela. Observo como me cuelgan mis genitales, excitados, calientes y completamente suspendidos de mi cuerpo.


Me encanta sentirlos al aire libre, colgando, a su aire. Quizás por eso siempre duermo desnudo, no sé... El caso es que me río de mi mismo. Parezco el reloj de "La bella y la bestia", con ese enorme peso entre las piernas, que no para de moverse al compás de los huevos en cada movimiento que hago. 

Aunque no tengo con quien comparar, creo que tampoco tengo unos genitales tan sobresalientemente grandes... ¡Ojalá! Pero desde luego no me puedo quejar de ellos, ni particularmente de como los sé usarlos.


Tengo ganas de tocarme. Recorrer mi sexo con mis manos y darme placer... ese placer inherente que tenemos todos... Pero no puedo, no quiero hacerlo. No porque esté mal o algo así, sino porque sé que solo disfruto con el sexo real. Así que de un tirón me vuelvo a subir el pantalón y me voy a la cocina a picar algo.

Sin embargo... no puedo dejar de notar lo excitado que estoy. Me cuesta andar de la erección tan tremenda que tengo. Noto su envergadura, su dimensión, su calor pegado a mi piel. Así que mi mano baja de forma casi mecánica hasta mi entrepierna y comienzo a acariciarme levemente la base de mi polla con los dedos de la mano.


Me gusta. Está dura, caliente. Y yo estoy necesitado de placer, de mucho placer. Ya llevo unos días así... pero hoy mi tranca no va a dejarme tranquilo hasta que no le de lo que necesita. Pero por eso mismo no quiero masturbarme... porque recibo mucho menos placer que cuando estoy follando con una mujer... y a mi me gusta hacer las cosas bien.

La contemplo. Está completamente llena, vibrante, necesitada. Se nota cada pliegue, cada rugosidad de su forma, cada vena hinchada que de vez en cuando lanza un espasmo de latencia como si fuera un grito para que le de placer ¡Uf! Noto que me está dominando...


La cojo bien fuerte. Agarrada como si se fuera a escapar... y comienzo a masturbarme lentamente. No pienso en nada en particular, solo cierro los ojos y me dejo llevar. Gimo con cada movimiento de mi mano sobre ella, recorriéndola, acariciándola, pero sobre todo sintiéndola.


¡Joder, como me gusta...! Mmmm... Siento cada movimiento como si hiciera mil años que no follo. Aunque para mi dos semanas prácticamente lo es. Así que me masturbo. Lo busco, lo necesito. Comienzo a excitarme en todo mi cuerpo, a sentir y a acalorarme... de esa forma acelero en cada movimiento un poco más el ritmo.


Mi mano recorre desde el glande hasta la base. Los cojones siguen completamente hinchados... me doy cuenta que no es bueno tenerlos tan llenos de mi leche, pero es que no he follado últimamente y los tengo completamente descuidados de sus necesidades.

¡No, ya está bien! Tengo que reservar todas estas ganas, todas estas energías y sobre todo tanto semen para cuando vaya a follar. Pienso que espero que no tardaré mucho... porque esto es un aviso de que mi cuerpo quiere guerra... mucha y de la mejor guerra. Así que vuelvo a la habitación corriendo y me pongo de andar por casa... No obstante, la erección de mi polla sigue ahí, es evidente.


Trato de ponerme aún más cómodo, a ver si así se me baja. Cuando estoy a punto de quitarme el calzoncillo para ponerme únicamente el pantalón corto, noto como me vibra. Palpita como si me pidiera a gritos que me masturbara... pero intento no darle importancia, ya se bajará... Aunque en este momento, se nota toda su marca en mi slip ajustado; desde mis testículos hasta la punta más incipiente.


Aunque intento hacer varias cosas de la casa... limpiar un poco, poner la lavadora y cosas de esas... no pudo evitar llevarme las manos al paquete y tocarme furtivamente, con miedo, mi propio pene excitado. Cada vez que me muevo, cada vez que ando, noto como sobresale su marcada silueta de mi pantalón corto.


Finalmente opto por tomar una ducha bien fría, a ver si así se me bajan los "ánimos" y puedo salir a tomar unas cervezas con algún amigo... aunque no tenga muchas ganas de salir de casa. De esa forma, entro en el cuarto de baño, me quito el pantalón, abro el agua fría y comienzo a ducharme...


El agua fría cae por mi piel y me sienta bien, muy bien, en especial después de este largo día de trabajo... y de lo que no es trabajo. Aunque si hablamos de cosas largas, en la ducha salta a primera vista una evidente. Mi polla y mis cojones continúan colgando de la misma forma que cuando he entrado en casa.

Me pongo el gel en una mano y comienzo a enjabonarme todo el cuerpo. Aunque en un principio lo evito, finalmente mi mano comienza a enjabonar mi duro pene. Aprovecho esta tremenda erección para poner jabón sobre él y lo enjuago a fondo.


Casi sin quererlo, comienzo a jugar con mi miembro viril... Lo estiro, lo empujo hacia abajo y veo como en un instante vuelve a recuperar su posición erecta. Me golpeo con el el el ombligo como lo haría el los labios de una dulce mujer... Noto como golpea mi vientre con fuerza y dureza ¡Uf! Comienzo a imaginarme una buena comida de polla...


Empiezo a imaginar a una mujer que me desea solo para ella. Que quiere hacerme disfrutar tanto como para que me estremezca de placer. Ella se sitúa delante de mi sexo y comienza a adentrarse la polla en la boca, que se le hace agua tan solo con las ganas que tiene de jugar conmigo... Quiero clavarle la polla, quiero que me mate únicamente con su polla. Mmmmm... ¡Necesito que eso se haga realidad! Pero no. Estoy en la ducha, solo y jugando con mi verga. 

Trato de pensar en otra cosa y me miro la entrepierna pensando si debería aprovechar para depilarme... ¿Vosotras/os qué opináis? ¿Mejor un poco de pelo corto o totalmente depilado? Pero otra vez se me ha ido el santo al cielo y ya estoy acariciándome la polla en toda su dimensión. La recorro con mi mano y comienzo a masturbarme de nuevo... no puedo evitarlo.


Mis huevos siguen igual de grandes, colgando, mientras yo me excito bajo el agua fría de la lluvia al tocarme. Pero tampoco es el momento y el lugar para coger una pulmonía mientras trato de darme una paja. Así que me salgo de la ducha.

Fuera, me pongo frente al espejo y me miro de cuerpo entero. Contemplo como mi sexo cuelga, acompañado de los testículos, y se mueve de un lado para otro en cada movimiento de mi cuerpo. Tan solo busco la toalla... pero con el movimiento del badajo de carne que hay entre mis piernas, es difícil centrarse.


Me siento orgulloso de mi cuerpo, de cuidarlo en el gimnasio y de no tener excesos. Además, el sexo es uno de los deportes más completos que se pueden practicar... Así que en este momento de ego, me subo la moral pensando que estoy muy bien y que soy una persona que merezco la pena... por muchas y grandes razones.

Comienzo a secarme con la toalla. Primero por la cabeza y luego empiezo a bajar... primero mis brazos, mi pecho, mi espalda, las piernas... hasta que finalmente alcanzo la entrepierna y ahí, entre el calor que desprendo y la toalla, esa zona queda completamente seca en apenas un instante.


Me pongo la toalla alrededor de la cintura, pero en un vistazo rápido sobre el espejo me doy cuenta, que el mero hecho de tocarme el sexo para secarme ha vuelto a excitarme al máximo... se nota que tengo un buen calentón y que no puedo evitarlo de ninguna manera humanamente posible...


Dejo caer la toalla y lo mando todo a la mierda. Me miro a la polla y le digo mentalmente: "Si quieres guerra, la vas a tener". Así que comienzo a masturbarme mientras lentamente salgo del baño y me dirijo a la cama. Quiero disfrutar de una buena paja, darme placer y sacar de mi esa enorme corrida que tengo alojada en los cojones que me cuelgan y se mueven en cada paso que doy.


Me toco de arriba a abajo. La recorro en toda su longitud, disfrutando de la sensación de mi mano sobre mi caliente polla. Con la otra me toco los cojones... pero los tengo demasiado hinchados como para tener sensibilidad de placer en ellos. Me gusta mi polla, para que os lo voy a negar... Supongo que es el primer paso para tener buen sexo, valorarse a uno mismo.


Instintivamente me acuesto y me tapo... pero no me importa. Hasta debajo de la sábana sobresale mi pene y con mi mano comienzo a masturbarme mientras estoy tumbado en ella. Me doy más fuerte, mientras mi brazo se tensa y comienza a marcar mis músculos y mis venas... igual que en mi polla.


Retiro la sábana. Quiero ver como me masturbo. Noto como me dejo llevar y no paro de darme placer. Mis huevos marcan el ritmo, porque no dejan de moverse, de saltar una y otra vez chocando con mi cuerpo, generando un chasquido de gusto que me hace ir todavía más rápido.

Estoy disfrutando, disfrutando mucho de este placer inherente. Mi mano me aprieta fuerte y recorre toda la extensión de mi polla, mientras respiro fuerte, gimo y miro al infinito, centrándome únicamente en el placer que siento masturbándome en la cama.


Me centro. Observo mi polla. La miro de arriba a abajo y la masturbo de todas las formas posibles. Todas me gustan. Quiero recibir todo el placer posible... aunque no es nada comparable a un buen polvo de verdad. La tengo erguida, majestuosa en toda su grandeza.


Es entonces cuando empiezo a notar como mis testículos se acercan a la base de mi polla, se tensan y preparan su momento. Sigo masturbándome mientras estoy a punto de alcanzar el clímax perfecto de esta tarde de septiembre. Mis huevos están muy duros, están enormes. Siento como mi polla se endurece, se sonroja y sin dejar de masturbarme, siento como me llega el orgasmo... Mmmmm...


Hacía mucho tiempo que no me pajeaba... pero ha sido una delicia. A mi propio ritmo, a mi manera, tan solo con la imaginación, he tenido un grandísimo orgasmo. Pero lo mejor ha sido la tremenda corrida que me he pegado. Os puedo asegurar que nunca había visto tanta leche sobre mi.

Como me gusta tanto correrme en la boca, la cara o los pechos de las mujeres, no tengo asco a correrme sobre mi mismo. Creo que el semen es algo de lo más natural. De hecho me ha encantado notar tanta leche recorriendo mi pecho, mientras mi verga no dejaba de escupir más y más. Ha sido toda una delicia...


... lo malo es que he tenido que volver a entrar a la ducha... y mi polla sigue igual de dura.