31 agosto 2015

Reiniciando...

Ahora mismo no estoy muy elocuente y no me apetece dar excesivos detalles de todo lo sucedido este mes de Agosto, que a la par ha sido tan inolvidable como para olvidar. Resumiendo, conocí a una chica por la que renuncié a todo y le di todo (yo soy así), con quien he vivido unas intensas y magníficas semanas. Sin embargo... tan rápido como vino se marchó.

Y yo sigo aquí, claro; qué remedio. Ahora me toca reiniciar; volver a empezar. No estoy en mi mejor momento... os lo confieso, pero toca recomponerme y seguir hacia adelante. Ya sabéis como va todo esto... Lo que más me molesta es haber sido tan estúpido como para renunciar a mi gente, a mis cosas y a mi mismo durante estas semanas (Qué cosas hacemos por amor ¿verdad?). Aún no puedo explicarme como perdí la cabeza así... aunque supongo que eso no tiene explicación.

Tras varias gestiones he logrado reabrir este blog, que sorprendentemente se encuentra intacto. Cuando la conocí, fui sincero y le mostré el blog. A ella le encantó, nunca había visto a ninguna mujer mojarse y tocarse en directo mientras lo leía... No obstante, me pidió que lo eliminara. Así que ahora comienza la etapa 2.0 de Pecados en carne. Quiero hacerlo más íntimo, más cercano, ligado a la persona que me lee, contigo... En definitiva, con todas las personas que me seguís habitualmente y no quienes me mandan correos raros. Creo que he agregado a varios/as de vosotros/as, con quienes he tenido contacto a través de e-mail, para que podáis acceder sin problema; pero, como esto funciona mucho por el boca a boca, si conocéis gente de fiar que realmente siga mi blog con interés, tan sólo tenéis que mandarme su dirección de correo para que la agregue sin falta. Supongo que esto de la privacidad tardará en acoger a quienes realmente me siguen. Os agradezco de antemano vuestro interés.

No sé cuanto tiempo durará esta nueva etapa, quizás porque lo mejor sea no volver a intentarlo por aquí y centrarme en recomponer mi vida; vivir la vida real con sus cosas buenas y malas. Pero por ahora, para seros sinceros, me ha gustado releer mis historias. Me hacen sentir que no siempre he sido tan estúpido y también logran que la gran energía sexual que tengo, corra por mis venas de nuevo, excitándome y dándome ganas de vivir. Tengo muchas ganas de sexo, del bueno, del intenso, del eterno... ¿Porque sabéis lo que os digo? El verano no ha acabado... y yo sigo aquí, igual que siempre.

Como después de dejarlo con alguien siempre se hace alguna tontería... aprovecho esta entrada para hacer la mía exhibiéndome... porque tengo la sensación de que los cojones me van a reventar...



En serio... ¿Es normal que después de una semana tenga tantas ganas de follar?

05 agosto 2015

Solo para ti.

La vi venir por la acera cuando volvía del gimnasio. Ella estaba bronceada, con la ropa deportiva ajustada y cubierta de sudor, perfecta para que desease poseerla allí mismo. No podía apartar mis ojos de su sabroso cuerpo, el cual no dejaba de acercarse a mí. Entonces, cuando ya estábamos muy próximos, "la enfermera" me mostró su increíble sonrisa y comenzamos a hablar.


Era su cuerpo, su sonrisa, su melena negra que se movía con la brisa de la tarde... lo era todo. Tuve una sensación que pocas veces se da, la de necesitar dar placer sin pensar en nada más, ni nadie más. Subimos a su casa, y nada más entrar por la puerta, la empujé y la empotré en la pared de su pasillo. Necesitaba besarla apasionadamente.


Quería sentir sus labios, el roce de su piel húmeda contra la mía, notar el calentor de su cuerpo, disfrutar de su boca tanto como ella de la mía, pasear mis manos por todo su cuerpo, recorrerlo de arriba a abajo, empujarla contra la pared para que se viese arrinconada por mi torso... No podía dejar de besarla, de mover mi lengua por el interior de su boca.

Una de mis manos, juguetona ella, comenzó a descender su vientre hasta su entrepierna. Allí noté al momento como se le marcaba su sexo en esos pantalones tan ajustados del gimnasio. Sin pensar, adentré mi mano en ese bello lugar y noté con la punta de mis dedos, el deseo que estaba deseando en ella... lo que hizo que la deseara aún más. 


Jugué con su sexo durante un instante, sintiendo las ganas que tenía de disfrutar de semejante manjar, de la dulzura con la que jugaba entre mis dedos mientras ponía mi boca junto a su oído y le decía: "Hoy te lo voy a hacer... solo para tí".

Entonces, la cogí de la mano y la llevé conmigo hasta su sofá. Allí, sencillamente me senté mientras ella permanecía aún en pie, la contemplé durante un instante, mirándola de arriba a abajo, dejándome empapar por su belleza innata y del deseo que estaba naciendo de esa visión que tenía frente a mí. "La enfermera" no dejaba de sonreir.


Ella no dudó ni un instante en lo que quería. Así que sin mediar palabra, se quitó la ropa mientras yo, instintivamente pasaba mis manos por la entrepierna, notanto mi dura erección. Sin embargo, no tenía intención de usarla en lo que quería hacerle...

Con su increíble cuerpo frente a mi, recorrí por su vientre, por su pecho y por su cuello mi lengua. No tenía prisa, únicamente tenía ganas de darle placer con mi boca, con mis manos y mi lengua, como se merecía "la enfermera" por ser como es conmigo. Anhelaba su cuerpo y codiciaba su piel.


De esa manera la tumbé sobre el sofá. Yo me puse de rodillas y sin mediar palabra coloqué mi cabeza entre sus piernas. Ahora no tenía la intención de sacarla de allí a no ser que la hubiese saciado por completo... y tenía ganas de trabajar duro. Así que ella me miró y cuando comencé a pasar mi lengua por su sexo, tardó poco en resoplar, tirar la cabeza hacia atrás y comenzar a respirar fuerte mientras cerraba los ojos.


Tenía las manos en su cintura, para ayudarme a comerle su sexo de la forma más deliciosa posible. Sin embargo, al poco tiempo, comenzaron a recorrer, de nuevo, toda su piel, de arriba a abajo, notando como se erizaba su piel y le calentaba... no tanto como su sexo, que prácticamente ardía en mis labios, pero "la enfermera" estaba realmente excitada.

Así que posé mis manos en sus pechos y comencé a jugar maliciosamente con ellos, mientras mis dedos, impacientes por jugar, comenzaban a recorrer cada milímetro de sus pezones, como si fueran el calentamiento previo a jugar el partido, la final que estaban esperando disputar desde hacía tiempo...


Estaba abrumado por sentir su cuerpo completamente a mi merced; pero es justamente lo que quería. La tenía en mis manos (y en mi boca), abierta única y exclusivamente para mi, y no pensaba dejarla escapar bajo ningún concepto.

Sus manos comenzaron a recorrer el sofá, inquietas. Me buscaban pero no sabía hacía donde dirigirse. Finalmente alcanzaron mis manos y "la enfermera" comenzó a rozarme suavemente el pelo mientras mi lengua continuaba recorriendo el contorno de su sexoo y comenzaba a asomarse, intrépidamente, al interior de su vagina.


¿Por qué lo voy a ocultar? Me encanta comerle el coño a una mujer. Lo disfruto muchísimo... y con "la enfermera" ni siquiera pude contener mis ganas de hacerlo. Creo que es un arte, una forma perfecta para hacer disfrutar a una mujer. Me gusta sentir la humedad de su excitación en mi rostro, mi lengua caliente acariciada por su sexo y mis manos, juguetonas, dispuestas a matar de placer.

Ella estaba más y más excitada a cada minuto. Pero esto apenas acaba de comenzar... Sin embargo, "la enfermera" ya estaba muy excitada, así que colocó sus dos manos en mi cabello. No quería dejarme escapar... ni yo que lo hiciera. Estaba allí para darle el placer supremo que toda mujer merece... y esta tarde era su turno.


Desde mi lugar privilegiado, alzaba la mirada y veía sus dos imponentes pechos, tersos y duros, excitados y calientes, frente a mi. Por detrás de esa tremenda imagen, estaba su rostro. Ella mantenía los ojos cerrados, con sus manos sobre mi pelo, dejándose llevar y sobre todo sintiendo al máximo, como se tiene que hacer en estos casos, sin pensar en compensar a la otra persona... porque en el sexo el goce siempre tiene doble dirección.

Quise probar una nueva postura y le pedí que se levantara. Entonces yo me tumbé y le pedí que se arrodillara frente a mi cara. Quería sentirla por completo sobre mi. Sentir el peso y que su sexo estuviera tan pegado a mi cara que prácticamente formara parte de mi.


Aproveché para comenza a internar mi lengua en el interior de su vagina con fuerza, con interés y sobre todo con ganas. Esas mismas ganas que tenía de follármela únicamente con la lengua, porque si, porque quiero hacerlo. Ella no debaja de gemir, de disfrutar de lo que le estaba haciendo. Con los ojos en blanco imploraba... pero Dios no la escuchaba esta tarde. La cogía fuerte de los pechos y disfrutaba del movimiento que hacía con su cadera sobre mi boca.

Pero de esta forma no lograba alcanzar plenamente el interior de su sexo. Así que le pedí que se diera la vuelta y comencé a comérselo de una manera mucho más próxima y tranquila, para que sintiera en lo más profundo los ademanes de mi lengua en su vagina.


Ahora en vez de posar mis manos en sus turgentes pechos, los tenía en su tremendo culo. Disfrutaba abriéndoselo, apretándolo y mordiéndolo ocasionalmente para el goce de "la enfermera". Mientras, me dedicaba en exclusiva a recorrer su coño con mi lengua. Notaba el sabor húmedo y salado de su vagina, pero quería más...

Le pegué un cachete en el trasero y le dije que me siguiera. La llevé a su propia habitación y allí la tumbé dulcemente sobre la cama. Me situé sobre ella y comencé a besarla apasionadamente... para luego comenzar a besarle el cuello, acariciándolo con mis labios mientras mi tendencia natural me llevaba de nuevo hacia su sexo.


Disfrutaba de ella con ternura y pasión. Pero mi objetivo de darle placer seguía en píe. Le había dicho "Solo para ti" e iba a cumplir mi palabra con todas las consecuencias. Así que comencé a bajar, y bajar, y bajar... más y más por su piel hasta volver a alcanzar el sexo, mientras ella volvía a agitarse, diciendo mi nombre sin cesar...


Después de recorrer su piel besándola a cada centímetro, alcancé el lugar donde quería volver a estar. Así comecé sin dilacion a retomar el trabajo que había dejado a medias en el sofá... Con mucho sentimiento, volví a contraatacar a su sexo. Mi lengua era una herramienta trabajadora y cualificada para chupar, lamper, adentrarse y recorrer cada pliegue de su sexo, desde la superficie hasta su interior.

Estaba deseoso por saber que iba a alcanzar el orgasmo al 100% gracias a mi. Mi esfuerzo y dedicación tendrían su recompensa si la veía explotar de placer en un grito final. Así que me puse "lengua" a la obra y comencé a comerle su matriz.


Mmmmm... no hay cosa más rica en el mundo que esto. Pasar mi cálida y húmeda lengua por cada recodo de su sexo. Desde el exterior hasta lo más profundo. Desde el clítoris a la base de su ano. Recorriéndolo todo, lentamente, con insistencia, con inquietud... disfrutando a cada instante de su coño como quería.

Ella estaba tensa, animada, acalorada, excitada... cada roce de mi piel sobre la suya era una caricia de excitación para "la enfermera". Tenía el deseo y los sentidos a flor de piel y era el momento perfecto para darlo todo con mi lengua penetrante entre sus piernas.


Ella se regocijaba en cada una de mis lamidas. Se movía como si estuviera sufriendo en vez de disfrutando al máximo. Trataba de deshacerse del nudo que había formado entre mi boca en su entrepierna y mis brazos en su cintura, pero resultaba inútil. No le quedaba otra que retorcerse de placer mientras yo solo hacía que darle más y más... porque soy muy malo...


Era el momento perfecto para meterle uno de mis dedos hasta lo más profundo de su vagina. Estaba en pleno clímax y eso había que mantenerlo... o aumentarlo hasta matarla de gusto, que era mi auténtica intención. Así que comencé a rozarle con él las paredes de su vagina, especialmente la más próxima a su clítoris, para que no pudiera dejar de moverse.

Comencé a ayudarme de mi lengua, que en apenas un minuto ya tenía mono de ella. De esa forma entre mi dedo y mi lengua, ella no podía hacer más que cerrar los ojos, dejarse hacer y tratar de respirar de la manera más profunda posible. No podía dejar de introducirle mi mojada lengua en su interior, penetrándola a cada instante.


Así estuve un buen rato, metiéndole tranquilamente un dedo... a buen ritmo, para que pudiera sentir cada lamida al mismo tiempo que la internada de mi dedo en sus genitales. Pero acabé endosándole un segundo y finalmente un tercero, mientras continuaba sintiendo los latigazos inquebrantables de mi lengua sobre su clítoris, completamente hinchado y deseoso de que continuara con esta labor tan excitante.

Pero estaba borracho de su sexo. Así que sacó la fiera que hay en mi. Completamente desnudo y con mi verga tan dura que casi me hacía daño, la cogí, la puse abierta sobre la cama y cogiéndole fuerte las piernas, se las abrí y continué comiéndoselo...


Me encantaba sentir en mis brazos como "la enfermera" trataba de luchar contra mi, cada vez con menos fuerza. Apenas podía centrarse en disfrutar y respirar. Sus espasmos habían decaído y sus piernas estaban abiertas a mi entera voluntad. De esa forma, seguí adentrándome hasta lo más profundo del placer que anida entre sus bonitas y morenas piernas.


Ella estaba comenzando a gemir como una perra, pero yo no la debaja respirar ni un solo instante... a veces, la dejaba respirar unos segundos, mientras me sacaba el dedo de su vagina y lo introducía en mi boca para chupárlo mientras ella me miraba. No mediabamos palabra... porque en estos casos sobra.

Con solo mirarla tenía la sensación que este alarde de generosidad por mi parte estaba teniendo su recompensa. Sus ojos brillaban como nunca antes lo habían hecho (cuando podía tenerlos abiertos). Su boca, abierta en un gemido infinito, lanzaba gritos de silencio en cada una de las penetraciones de mi lengua en su interior. Estaba claro que ambos estábamos disfrutando del otro sin barreras.


Manteniéndola bien agarrada por sus piernas, mi cara olía a su sexo, sabía a su sexo y sobre todo estaba prendado de su sexo. "La enfermera" comenzó a decirme que la estaba matando... pero no le hacía mucho caso, siguiendo a lo mío. Pero entonces ella me dijo que estaba a punto de acabar, que sentía como le ardía el clítoris y necesitaba explotar.

Así que me preparé para recibir en mi boca todo el jugo de su placer final. Estaba deseoso por que me rebentara en la cara, esto que llevaba mucho rato buscando, desde el mismo momento que la había visto y había sentido la grandiosa necesidad de recorrer su sexo con mi lengua.


Yo estaba completamente hundido, inmerso, adentrado en su vagina. Ella estaba centrada en alcanzar el orgasmo como nunca antes había llegado (o eso me dijo ella). Su excitación era máxima, sólo mi saliba entre sus piernas era lo que le daba sentido al momento. Así que puse mi lengua en punta y se la clavé durante varias embestidas de mi cara sobre su sexo, mientras mis manos la sujetaban bien fuerte de sus pechos, quienes tenían los pezones completamente erectos; hasta que finalmente lanzó gritos y gemidos de placer entre espasmos y palabras que no alcanzaba a entender.


Fue entonces cuando la observé en toda su grandeza. Allí estaba ella, guapísima, sensual, completamente empapada en sudor, tratando de respirar, de retomar el aliento, con sus pezones duros, su clítoris hinchado, su vagina completamente emparada de nuestros fluídos...

Su piel morena no podía dejar de moverse, simbolo en cada dobladura, en cada curva, de nuestra victoria mutua. Resplandecía, sonrojada, de deleite. Así estaba ella... humana pero a la vez divina, como una diosa inmortal que descansa después de una larga batalla.


Allí estaba ella... perfecta en toda su belleza.

02 agosto 2015

En la ducha.

Suena el timbre. Voy hasta el interfono y pregunto quien es. Rápidamente supongo que es "la paraguaya", porque he quedado con ella dentro de un rato y no puede ser nadie más. Me sorprende que haya venido a mi casa y con tanta antelación, pero le abro sin dudar. "He acabado antes de lo que esperaba y he decidido venir yo a tu casa" justifica cuando llega a la puerta. Le digo que no pasa nada, que me ha sorprendido gratamente. Le digo que se siente en el sofá y espere unos minutos, porque justo iba a ducharme y a vestirme para recogerla. 

Me meto en mi habitación, abró el cajón de los slip, los cojo, también tomo la camiseta, los vaqueros y el resto de cosas, y seguidamente me meto en el baño. Allí abro el agua de la ducha y empiezo a refrescar mi piel, que después de todo el día está que arde... no únicamente por el calor, sé que la atractiva "paraguaya" está ahí fuera, esperándome.


Pero escucho ruidos que emanan desde la habitación de al lado. Apago el agua y escucho como "la paraguaya" me pregunta si me estoy duchando ya. Sonrio, doy unos pasos sobre el suelo mojado y entreabro la puerta mientras le respondo "si". Es ahí cuando la veo, completamente desnuda, con toda la grandeza de su cuerpazo. Me muestra esos pechos tan perfectos mientras sonrie como si no fuese a propósito. Por eso no le respondo nada, tan solo la observo y me deleito.


Ella juega con sus manos, pasándoselas por el cuerpo. No mediamos palabra, tan solo disfrutamos de la vista. Es entonces cuando me doy cuenta que yo también estoy desnudo y sonriendo le pregunto lo obvio: "¿Quieres ducharte conmigo?", a lo que responde "Si, por supuesto. Viniendo he pasado mucho calor por la calle y necesito refrescarme".

Me giro, me adentro de nuevo en la ducha mientras la paraguaya me sigue de cerca. Ambos nos encerramos en la mampara de la ducha, viéndonos, contemplándonos desnudos, el uno frente al otro, mientras el agua comienza a recorrer nuestros calientes cuerpos. Ella se acerca y comenzamos a fundirnos en un intenso beso mientras el agua nos cae por toda la piel...


Paseo mis manos por toda su piel. De arriba a abajo la recorro, no me dejo ni un solo centímetro por explorar: su cabello, su cuello, su espalda, su trasero, su vientre, sus pantorillas... todo. Continuamos besándonos sin descanso, recorriendo nuestras bocas y jugando con la humedad de nuestras lenguas. Sus brazos no dejan de abrazarme, como si no me quisieran dejar escapar. Yo, prefiero disfrutar de su tierno culo, que está a la altura perfecta para sentirlo con mis manos.


Estamos demasiado calientes para esta temperatura del agua; así que me acerco al regulador y la pongo más fría, porque nos va a hacer falta... Entonces ella aprovecha para abrir el gel y comenzar a enjabonarse todo el cuerpo, ese que no puedo dejar de mirarlo ni un solo instante. Ella sabe lo que me provoca, así que disfruta, mirándo como la deseo.

Tiene esos pechos tan duros, tan grandes, redondos y turgentes. Envidio las gotas de agua que pasan por ellos, que rozan sus pezones, mientras ella se enjabona esos senos tan sugerentes, poco a poco, recorriendo con sus manos toda su circunferencia, sabiendo que disfruto de cada pasada de sus manos sobre ellos como si fueran las mías. Se toca los pezones y se acaricia sus contornos.


Pero eso no es lo único...


Luego baja las manos hacia su entrepierna, allí se encuentra con su sexo, completamente rojo, caliente y húmedo. Se enjabona con sensualidad, acariciándose el clítoris en cada pasada mientras no deja de mirarme. Pero yo continuo sin dejar de contemplarla en toda su sensualidad bajo la fría ducha que nos estamos tomando juntos.

Después de enjuagarse bien, me mira lascivamente y vuelve a coger el bote de gel para enjabonarme esta vez a mí. Se deleita con la línea de mi pecho, con los músculos de mis brazos, y así, poco a poco recorre mi vientre hasta alcanzar la parte más baja... Siente la atracción que emite mi sexo y acude a su llamada.


Se pone de rodillas frente a mí. En esa situación privilegiada comienza a pasar sus manos por las cercanias de mi pene, que poco a poco comienza a ponerse más y más duro. Ella lo observa con interés, con gusto, con pasión, sabiendo que va a ser suyo en apenas unos minutos.

Recorre mi entrepierna con sus manos y tarda poco en comenzar a recorrer, con sus dedos cargados de jabón y espuma, todo mi sexo, que ya está prácticamente erguido, rudo y fuerte, frente a su cara. Lo contempla, segura de que es capaz de excitarme con tan solo mostrarme su sensual cuerpo y recorrer el mío con sus manos. Me gusta que jueguen con mi polla...


Comienza a masturbarme. Me toca la longuitud de mi tranca, pero sin olvidarse de mis testículos, que están completamente hinchados; se muestan colgando duramente entre mis piernas, que firmes mantienen los embistes que sensualmente me da "la paraguaya" en mi polla. No se cansa de enjabonarme bien mi sexo, asegurándose que roza toda la piel de mi larga verga.


Se levanta y continua masturbándome mientras me besa. Yo le paso las manos por la espalda, alcanzando ese tierno culo que tiene y que tanto me gusta follármelo de vez en cuando. Pero ella es la que tiene el control, cogiéndome fuerte con sus manos de mi alargada y rígida tranca.

No puedo dejar de besarla apasionadamente. La paja que me está dando en plena ducha, bajo el recorrido del agua fresca sobre nuestra piel, viendo la sensualidad de las cuervas de su cuerpo que me muestra orgulloso sus grandes pechos y pelo mojado, mientras sus ojos marrones se clavan en mi como espadas de placer, solo me abren de piernas más y más, dejándome follar por sus manos, que agarran con fuerza mi sexo.


¡Cómo disfruta haciéndome gozar...! Pero yo comienzo a pensar como puedo hacer disfrutar a ella, como le voy a clavar mi dura tranca en su cuerpo y a seducirlo bajo el agua de la ducha. Pero no os engaño, es su cuerpo el que realmente me está volviendo loco. Sabe que no dejo de tocarle el culo desde que hemos entrado en la ducha, así que se gira y me hace sudar por excitación incluso bajo la frescura de una ducha. Quiere notar toda mi erección sobre su piel y como me palpita con su roce.


¡Joder! Mmmm... No deja de mover sus caderas sobre mi sexo, mientras mis manos recorren su enjabonada piel de arriba a abajo. Noto su vientre, en movimiento, al igual que sus grandes pechos. Bajo con mis manos hasta su entrepierna, que está ardiendo. Noto como ese ardor y la humedad de su vagina gritan mi nombre. Así que no me lo pienso más y la hago mía.


Le quito la mano de mi tranca, le doy rápidamente la vuelta y le atizo un cachete en el culo. Lo hago con cariño, porque no puedo resistirme a los encantos de su cuerpo femenino. "La paraguaya" ya sabe que voy a meterme en ella. Así que se agacha ligeramente y posa sus manos sobre la pared de la ducha. Ha visto de cerca mi tremenda polla y sabe lo que se le viene encima. Confía en que la fuerza de mis embestidas le de el placer que está buscando en mí... y vaya si se lo doy.


Pongo mis manos sobre sus hombros y la agarro con fuerza. De una estocada me adentro en su interior y comienzo a darle embestidas de mi varonil sexo. No quiero que se escape, quiero hacérselo ahí y ahora. Que sea mía de una vez por todas... porque no me puede excitar tanto y esperar salir indemne de esto.

Comienzo a clavársela incesantemente. El agua y su precioso culo se mueven y emiten un sonido cada vez que mis polla se adentra en "la paraguaya" y mis testículos, totalmente desbocados, chocan con su trasero una y otra vez. La caída del agua por mi piel y la suya me excita todavía más, mientras el efecto sauna que provocamos mientras estamos follando aumenta la temperatura.


Ella se agarra de donde puede, de la pared, de la ducha, de la mampara... le da igual con tal de recibir el golpe de mi sexo en lo más profundo de su vagina. Sabe que me encanta tenerla así... pero se nota que ella está disfrutando al máximo.

Me dice que una vez provada una polla así es muy dificil resistirse la sensación de no volver a tenerla dentro, por eso no pudo evitar desnudarse en mi habitación y provocarme para que nos tomásemos esta ducha tan placentera que estamos teniendo... Me gusta cuando una mujer es capaz de hacer cualquier cosa por obtener de mi lo que quiere, sobre todo si es buen sexo.


De un movimiento brusco la empujo contra la mampara. Quiero que sus grandes pechos sean la única defensa contra mis embestidas. Ella me dice que la folle duro, que no tenga piedad... y eso es lo que hago. Totalmente sometida contra el cristal, la penetro con mi enorme polla una vez, y otra, y otra...

Ella tiene la cara contra el cristal y solo puede respirar, dejando el vaho en él, mientras me dice lo mucho que está disfrutando y me pide que continue. Eso hago... pero comienzo a planear mi siguiente estrategia, porque quiero hacerla gozar todavía más. Supongo que soy un incorformista con el sexo y por eso siempre estoy pensando la manera de hacer disfrutar todavía más a mi pareja.


Así que salgo de ella, me pongo frente a su rostro y le guiño un ojo. Ella me pone las manos sobre el pelo y comienzo a descender por su glorioso cuerpo. Recorro su piel desde sus labios hasta sus otros labios... disfruto de pasear mi lengua por su piel, sintiendo su sabor y notando su temperatura. Me encanta notar la humedad por todo su cuerpo, hasta que llego exactamente a donde quiero estar.


Cuando llego a su entrepierna, no puedo evitar comenzar a comerle todo. Lo hago centrándome sobre todo en su clítoris, moviendo mi lengua en circulos sobre el, acariciándoselo con la lengua tanto como con mis dedos. También abro mi boca todo lo que puedo, abarcando la entrada de su vagina, meto mi lengua hasta la profundidad más oscura, notando en mi boca el sabor de su placer.

Lo tiene abierto, completamente abierto para mi verga y para mi boca. Es ahora cuando me cobro la masturbación que me había hecho tener la polla tan dura como el acero, palpitante y necesitada de su piel para saciar mis ganas de sexo con "la paraguaya".

Estaba disfrutando tanto comiéndole el coño, que perdí la noción del tiempo. Ella tuvo que interrumpirme y pedirme por favor que parara porque sino iba a acabar con ella en ese mismo instante. Realmente es algo que no me hubiera importado en absoluto, porque sé que hubiera gozado, pero no tanto como sentándome en el suelo y ofreciéndole mi sexo para su derroche final.


Gracilmente coge mi verga con una mano y sentándose se la clava en su vagina de nuevo. Yo la cojo bien fuerte de su cuerpo y comienzo a adentrarme en ella. Se nota que está cansada después del sexo oral que le he hecho, así que utilizo mis brazos para subirla y bajarla mientras contemplo como ofrece sus pezones a mi boca, algo que no puedo rechazar, y comienzo a mordérselos mientas paso mi lengua por su contorno, caliente de mi.

Se vuelve a levantar y en un movimiento se gira. Quiere estar lo más cómoda posible para llegar al orgasmo. Dice que le encanta sentir mi polla clavándoselo por detrás. A mi me da lo mismo siempre que se lo esté clavando en su dulce y sensual cuerpo. De esa forma, comienza a mover su cadera, mientras utiliza sus fuertes piernas para alzarse y dejarse caer sobre mi tranca.


Ahora si que estoy disfuranto. Tengo mis manos sobre su cintura, para poder moverla sobre mi sexo de la mejor manera posible. Pero de vez en cuando alguna de mis manos se escapa, sin querer, y comienza a juguetear con sus pechos... es inevitable sentir atracción hacia ese cuerpazo que tiene "la paraguaya" y que es digno de ser disfrutado.


Durante los primeros minutos yo impongo el ritmo, fuerte, duro y hasta el fondo. Pero ella comienza a pausarme poco a poco, saltando menos y moviendo más y más fuerte, de manera lenta y con sentimiento, su cadera sobre mi polla. Quiere disfrutar con cada penetración, con cada rugosidad y con la dureza y anchura de mi verga.

"La paraguaya" está disfrutando mucho y yo solo me pongo más cachondo de notar como se le está acelerando el corazón más y más en cada embiste de mi sexo. Ella continua moviéndose sensualmente sobre mi. Noto como su piel y la mía están completamente pegadas, como su culo recorre mi vientre en cada movimiento de su cintura.


Sé que está cerca de correrse. Así que hago la última de mis maldades y le pongo mi mano sobre su clítoris, moviéndo fuerte mis dedos sobre él. Recorriéndolo y excitándolo mientras mi polla no deja de penetrarla ni un solo instante. Finalmente, "la paraguaya" explota de placer y lanza un grito entre risas, dando las gracias a Dios (y a mí, supongo), por tan memorable polvo que acabamos de hechar.

Tarda poco en recuperarse... y es que "la paraguaya" es una mujer de lo más fogosa, como a mi me gustan las mujeres, ya sabéis. Así que se pone en pie y comienza a besarme. Mete su lengua hasta el último recodo de mi boca, mientras pasea sus manos entre mis orejas y mis bíceps marcados. Mi verga cuelga entre mis piernas como el badajo de una campana.


Se aproxima lo máximo a mí, pegándose mi dura y abultada tranca en su cintura. Quiere notarla, quiere sentir mi erección, pero sobre todo quiere comerme la boca y mirándome fijamente a los ojos lanzarme el mensaje de que ahora es ella la que me va a matar a mi de placer. Se pasea la lengua por el contorno de sus labios, me lanza una fugaz mirada a mi verga y se muerde el labio antes de arrodillarse de nuevo frente a mi...


La coge con una mano, como si fuera una extensión de su propio cuerpo. Comienza a degustarla con interés, con determinación. Le gusta chuparme la polla, y a mí más que lo haga con tanta pasión. Sus manos se mueven sobre ella con delicia, pero agarrándola bien fuerte, mientras su lengua recorre desde la base hasta la punta, para luego metérsela en la boca.

Realiza esos movimientos una y otra vez, mientras yo me pongo más y más cachondo... y es que cuando una mujer sabe hacer gozar a un hombre con el sexo oral, el orgasmo es imparable. Así que ella continua deleitándose con mi verga en cada mamada que me hace.


Yo no puedo hacer nada más que apoyarme sobre la pared de la ducha y disfrutar de verla como se adentra mi sexo en su boca, hasta perderlo prácticamente de vista ¡Pretende metérsela hasta el fondo, cómo me pone eso! Su pelo está mojado, el agua cae por mi cuerpo y alcanza su piel. con las manos en la cabeza, resoplo del gusto que me está provocando.

Poco a poco me excito más y más, hasta que finalmente le digo que me voy a pegar una buena corrida. Ella lo sabe perfectamente, porque mantiene una de sus manos sobre mis testículos, que están hinchados y estimulados hasta el extremo, impacientes, deseosos de expulsar todo el semen posible y alcanzar el clímax para que me muera de gusto.


Cuando comienzo a gemir y a estremecerme, "la paraguaya" sitúa la punta de mi glande sobre sus enormes pechos mojados; masturbándome logra que mi leche emane de mi polla y cubra buena parte de la piel de sus tetazas. Yo no dejo de gemir, me agacho del placer que me provoca, mientras me agito con un escalofrío y siento como lanzo numerosos disparos de semen sobre ella.

Definitivamente ha sido una corrida colosal, que poco a poco se marchita de su piel por el paso del agua sobre ellos. No sé cuanto tiempo pasamos bajo la ducha, no sé cuanta agua pudimos gastar... pero sinceramente no me importa, porque fuese lo que fuese, sin duda mereció mucho la pena y eso es lo importante.