28 junio 2015

La hippy comepollas.

Sábado por la tarde. Después de acabar, por fin, unas duras semanas de trabajo en las que apenas he tenido tiempo para nada, decidí aceptar la oferta de "la loquita" para ir a su apartamento frente a la playa. Quería disfrutar un poco del sol, de la playa y de follármela allí mismo. Sin embargo, ella se encontraba "en esos días del mes", así que nos quedamos en su terraza, postrados en las tumbonas, bajo el sol del junio murciano.

Era una tarde interesante, la brisa del mar, una bebida fría y una conversación agradable que no tenía nada que ver con el trabajo. Mientras que "la loquita" estaba en bikini, yo estaba completamente desnudo, echado sobre una toalla, con mi desnudez al sol. Necesitaba quitarme la ropa para sentirme libre con el calor del sol (que no era poco). Ella echaba de vez en cuando una mirada sobre mi pene... pero se mostraba bastante distante, lo cual yo respetaba. 

Sin embargo, sobre las siete, sonó el timbre. Ella salió de la terraza y un momento después aparecía en la terraza con su amiga "hippy". Yo, evidentemente, estaba allí tumbado desnudo, pero como no me da vergüenza, me levanté y la saludé con toda naturalidad. Es una chica pequeñita, rubita y de ojos achinados, con un cuerpo bien formado; sin duda me llamó la atención nada más verla ("la loquita" me había hablado de ella, pero no la conocía en persona). Tal vez este interés quedó reflejado en cierta parte de mi cuerpo.

Los tres comenzamos a charlar animadamente sobre un montón de cosas, pero "la hippy", sentada en una silla frente a mi, no podía dejar de echarme miradas. "La loquita" le había dicho, entre risas, que yo era así siempre... y su amiga le respondió que no le importaba en absoluto verme desnudo, que a ella también le gusta estar así, "sentirse libre". De esa forma comenzamos a jugar con las palabras y sus dobles sentidos. Le dije que podía ponerse tan cómoda como yo... lo que esquivó en principio entre risas acabó haciéndolo. Mientras se quedaba en ropa interior, esos ojos, esa sonrisa y ese cuerpecito tan pequeño bañado en cabellos rubios me estaba volviendo loco...


Sus miradas, cada vez más intensas, comenzaron a tener una contrapartida, rozándose con las manos en los pechos y en sus muslos... Como es una chica sin pelos en la lengua le dijo a su amiga "la loquita" que ya veía que lo que contaba de mi no era una exageración; ésta, orgullosa, le respondió que podía ver lo bien acompañada que estaba esa tarde. Yo alegué que no la tenía completamente dura, así que le dije: "ven aquí", a lo que la "hippy" se levantó y se sentó junto a mi en la tumbona. Comenzó a pasar su mano por mi polla, que cada vez se erguía más, mientras no dejaba de mirarla a sus ojos.


Con apenas unas pasadas de su mano alrededor de mi polla, ya la tenía completamente dura como una piedra. "La hippy" la miraba con deseo, tanto como yo la miraba a ella. Se había quedado sin palabras, y únicamente sus ojos hablaban. Con sus dos manos agarrándomela, comenzó a acariciar mi glande...


Pero su intención no quedaba ahí. Sus ojos lanzaban chispas y comenzó a acercarse a mi polla, mientas ella se hacía cada vez más pequeña y mi polla cada vez más grande e hinchada. Tenía la intención de saborear eso que tanto le estaba gustando tener entre las manos... Así que abrió la boca y se la adentró lo que pudo.


Yo estaba completamente extasiado, no sé si era por ella, por el calor o sencillamente porque es una comepollas de primera y en cada lamida yo lanzaba un desesperado gemido de placer que me nacía en lo más profundo.

Con sus pequeñas manos y su lengua, jugaba con mi tranca de arriba a abajo, a un ritmo perfecto, a una profundidad perfecta, haciéndome necesitar más de ella como si fuera lo único que importaba en el mundo. Porque realmente ambos nos habíamos olvidado por completo que allí al lado estaba "la loquita", mirando estupefacta la tremenda comida de polla que me estaba haciendo su amiga "la hippy" de una manera magistral. Sin embargo, no podía hacer otra cosa que continuar mirándola mientras recorria con su lengua y sus labios todos los centímetros de mi verga.


Esa delicadeza, esa pasión, esa sensualidad que desprendían sus manos, su lengua sus ojos... esa dedicación única y exclusiva, sin prisas, que le estaba dedicando a mi polla, no tiene precio. Estoy seguro que muchas de las mujeres que me leeis, y a las que tanto aprecio os tengo, sabéis exactamente la sensación que os estoy describiendo, esa de tener el dominio aboluto del hombre, disfrutando de meteros en la boca húmeda una dura polla, sintiendo de ella hasta la más mínima rugosidad de su forma.


La dureza de una gran polla. La vertiginosa ascensión de la lengua desde los testículos a la punta, mientras el hombre lanza un desesperado gemido de placer y vosotras, como buenas folladoras, no separáis vuestra mirada envuelta en fuego de los ojos del hombre.

"Te tengo que reconocer que soy una adicta a chupar pollas... sobre todo si son como la tuya. Es irresistible" dijo ella, a lo que yo respondí "Entonces eres la mujer perfecta. No pares". Esto encendió las alarmas definitivas de "la loquita", que superada la fase de estupefación se alzó poniéndose en pié y se acercó, situándose al lado de nosotros. Sin embargo, yo seguía hipnotizado por la tremenda comida de polla que me estaba haciendo "la hippy", que no apartaba su dulce mirada de mi, ni su boca de mi sexo.


De esa manera, completamente borracho del placer que me estaba dando "la hippy", la pobre "loquita" se arrodilló junto a ella y trató de que le dejara un hueco para tener su parte de polla correspondiente. Sin embargo, ella continuaba chupándomela, sin importarle lo más mínimo el mundo.

Al cabo de un minuto de incertidumbre, "la loquita" se lanzó y me agarró de la polla. Pero inesperadamente, "la hippy", la soltó y se lanzó sobre mi pecho, situando su pequeño cuerpo sobre mi mientras me besaba y me decía al oído, furtivamente, "quiero que sientas el sabor de tu polla en mi boca".


Ahora mi tremenda erección se adentraba en la boca de "la loquita", mientras la mía se adentraba hasta el paladar más profundo de mi querida nueva amiga. Sin embargo, la batalla entre ambas acababa de comenzar. Por lo que tras un rato, "la hippy" saltó de nuevo de la tumbona al suelo y cogiéndome de la manó me hizo que me pusiera en pié. De esa forma se lanzó con auténtica desesperación, por no decir depravación, sobre mi polla.


Era tal su pasión y tan pequeño su cuerpo que pensaba que podía hacerse daño... aunque realmente estaba deseando follármela hasta el último de los recodos de su cuerpecito rubio. A duras penas se lograba meter la mayor parte de mi polla en la boca, ante la atenta mirada de deseperación de "la loquita", que no lograba encontrar su sitio.

Así que entre ambas, comenzaron a comerme toda la entrepierna, mientras "la hippy" no soltaba mi verga y "la loquita" trataba de encontar su hueco para su lengua donde podía...


Finalmente era tal el calor que tenía y la polla tan hinchada, que le dí trabajo a las dos. Las cogí duramente del pelo, sin mediar ni media palabra, y las situé una a cada lado de mi polla. Era el momento para que ambas comenzaran a repartirse mi polla como buenas amigas.


Me encantó esta sensación de dominio, teniendo a dos chupapollas completamente a mi servicio. Las muy zorras solo usaban sus labios y su lengua, pero yo estaba casi roto de placer. Con mis fuertes brazos a los lados, agarraba con mis manos sus cabezas por el pelo, como si ellas fuesen de mi exclusiva propiedad.

Sintiendo sus húmedas y calientes lenguas en la circunferencia de mi tranca, comencé a estremercerme de placer, sumido en gemidos de gusto que no podía contener, mientras las apretaba cada vez con mayor fuerza hacia mi polla.


Finalmente no pude contenerme y me corrí a chorros, como únicamente hago después de semejantes mamadas. Tremendos borbotones de mi semen se lanzaron en tandas hacia las caras de mis amigas, mientras yo gritaba como un animal. Era tal la cantidad de lefa que salía de mi polla, que la hippy no paraba de reirse por sentir en su cara, una corrida tan grande, pues enormes gotas de mi leche recorrian todo su rostro.

Aunque erguido, yo estaba completamente rendido ante "la hippy", quien se acostó sobre la tumbona y continuó pasándome la lengua por mi polla, como una auténtica puta de primera, mientras "la loquita", que no quería quedarse atrás, seguía su ejemplo.


Habían logrado hacer de mi polla su fuente de placer... mientras yo disfrutaba como lo que soy... Esa tarde de sábado, tumbado al sol en la terraza de "la loquita" no podía haber sido mejor después de la inesperada llegada de "la hippy", quien me ha seducido por completo tras reconocerme que es una adicta comepollas y demostrarme que lo hace de primera.

No obstante, está claro que "la loquita" se molestó por ambos... Tiene que comprender que el sexo oral es un arte y hay que saber hacerlo...

Por suerte, antes de irme, "la hippy" me dió su teléfono... así que espero quedar pronto con ella, porque si os soy sincero, no dejo de pensar en sus ojos, en sus cabellos rubios y en su tremendo cuerpecito, es decir, toda ella, pensando y sintiendo que necesito follármela desesperadamente, y que me demuestre, una vez más, lo mucho que le gusta chuparme la polla.

22 junio 2015

Necesito sentir tu polla.

Quería verme. Yo sentía como ella estaba en pleno calentón y por eso me pidió que me acercase por su casa lo antes posible. Eso es lo que hic, yendo lo más raudo posible, no me gusta demorar un buen polvo. Además, tan solo de pensar que estaba en su casa esperándome para que la penetrase, me ponía a mil...

Después de cruzar la puerta entreabierta, ella estaba "de andar por casa", pero claramente llevaba la menor cantidad de ropa posible. Es lo más cómodo ¿no? Así que seguí su ejemplo y comencé a deshacerme de la ropa que me sobraba... que era toda. Ella me ayudó rápidamente a que todas las partes de mi cuerpo quedaran al aire, teniendo especial interés en "liberar" a una parte de mi cuerpo en concreto...


Comenzó a chupármela con pasión. Apenas habíamos intercambiado un par de palabras, pero todas sobraban cuando se trata de apaciguar un calentón. No obstante, hay ciertas personas (las cuales me enamoran, por cierto) que no tienen pelos en la lengua en cuanto al sexo se refiere. Así, comenzó a decirme guarradas, fruto de su deseo por follar... Desde luego, llevaba un buen calentón encima: "Necesito sentir tu polla", me dijo mientras la tenía casi metida en la boca.

"Por Dios, como me gusta... métemela, clávame tu dura polla en mi"; "Vamos hijo de puta, quiero sentirla por todo mi cuerpo", me decía. En un segundo, se giró sobre si misma y se recostó dejando su culazo a la altura de mi polla. De esa manera comencé a jugar con ella... Cogí mi tranca con una mano y comencé a pasársela por la ranura de su culo hasta su vagina, si quería sentirme por todo su cuerpo, lo iba a sentir bien...


"Jodeeerr..." decía mientras le golpeaba con ella en tu sexo y sus nalgas, mientras la acariciaba con mi glande entre sus piernas. "Vamos, métemela". Dicho y hecho... Comencé a presionar con la punta de mi rabo a las puertas de su cavidad hasta que ésta se abrió y pude adentrarme en ella. Lo hice de una manera lenta, para que pudiera sentir hasta el más mínimo pliegue de mi polla adentrándose en su interior.


Yo notaba como su vagina se iba estirando mientras mi polla se abria paso en ella. Estaba muy húmeda, creo que se había estado masturbando antes de que yo llegara. La penetré hasta que alcancé el fondo, mientas no dejaba de gemir como una auténtica perra... "Ohhhh... mmmm..."

Comencé así a penetrarla con mi polla; pero lo hice paciéntemente, con tranquilidad, como ella justamente estaba esperando que la follase. Porque realmente gozaba en cada internada de mi sexo en el suyo, sintiéndola como si fuera la última vez. Lo hacía hasta el límite de su abertura, que se estiraba hasta donde podía, sintiéndose colmada por adentrarse semejante miembro en su cueva. Desde luego, yo disfrutaba también de adentrarme en tal placentero lugar, porque no hay nada como estar dentro de un buen coño.


Lo reconozco, cuando una mujer está con esta actitud tan puta es realmente difícil controlar no eyacular en dos minutos. Quizás ese sufrimiento sea la fuente de tanto placer, porque notar como se movía para clavarse mi polla una y otra vez me hacía gritar de placer con toda mi rabía. Pero respiré hondo y me centré en disfrutar más que en alcanzar el orgasmo.

En otro giro inesperado, me dejó salir de ella, se alzó y me sentó en el sofá: "Ahora quiero tenerte a mi disposición". Así que agarró con su mano mi polla y se la situó justo donde ella quería tenerla mientras acariciaba mis huevos hinchados...


Mis cojones se movían como si fuesen una matraca, mientras ella no cejaba en su empeño de disfrutar de mi sexo a base de embestidas. Ella mandaba ahora y dándome la espalda se levantaba y se dejaba caer entre mis piernas, como un plomo, sintiendo en cada penetración un placer que nos hacía gritar y gemir como unos auténticos adictos al sexo.


Poco a poco la fui cogiendo, más y más fuerte. Era tal las ganas que tenía de follármela, de metérsela hasta lo más profundo, de hacerle daño y someterla a la voluntad de mi polla, que acabé cogiéndola fuerte y manteniéndola con mis brazos, mientras no dejaba de introducirme en ella sin control.


Espero que sintiese en toda mi grandeza, literalmente, como mi tranca entraba en ella sin descanso. Era tal el calor que desprendíamos, que la ventana de al lado comenzó a empañarse. Pero yo estaba más centrado en empalarla a ella, porque conmigo no se juega.

Realmente la tenía durísima... creo que con el calor del verano se me hincha todavía más y eso provoca que sienta cada penetración. La humedad de su vagina estaba completamente empapada y a mi merced. Ella ya se había rendido de darme órdenes... por ahora. Así que estuve bastante rato dándole un buen repaso, que se lo merecía...


Ella comenzó entonces a combulsionar, a moverse y a mirarme como una verdadera zorra. Me arañó las piernas (lo único que tenía a mano) y yo la cogí fuerte del cuello... era tal la rabia que me estaba provocando que no dejaba de penetrarla con mucha dureza. Entonces, ella gritó, se recostó sobre mi cuerpo empapado en sudor y con una de sus manos se ayudó a masturbarse, quería tener una orgasmo de campeonato.


¡Y vaya si lo tuvo! Le dije al oído "no he acabado contigo... me has dado tantas ganas de follarte, que ahora te vas a acordar de mi". Y así fue... aunque la dejé que recuperara un poco la respiración tras semejante orgasmo. Pero la muy guarra estaba completamente vendida a mi, por eso se giró hacia mi y comenzó a acariciarme la polla con un movimiento tras otro de sus vertiginosas caderas.


"Muy bien putón, ahora no pares". Es cierto que cuando una mujer me logra poner realmente empalmado, no se me baja facilmente y necesito follar bien follado... y eso no es tan fácil como podáis pensar. Así que volví a adentrarme en ella...

Con la polla completamente tiesa, ella realmente se esforzaba en joderme como una puta. Con sus manos puestas en mi duro pecho, se movía arriba y abajo para satisfacerme, lo cual necesitaba aguciantemente. Esta postura me gusta, para comprobar como mi polla aparece y desaparece en cada uno de sus movimientos.


Realmente perdí la noción del tiempo... pero os juro que es uno de los polvos más largos que he tenido en mi vida. Tanto, que ambos estábamos rebentados y bañados en sudor, pero a la vez no podíamos dejar de follarnos, ninguno quería separarse del otro en esta orgía de verano.

Yo tumbado en el sofá y ella encima mío, no parábamos de movernos, mientras mi sangre estaba toda desviada a mi sexo, que duro como una piedra, servía como empalador de su placer.


"Por Dios semental, córrete ya..." Me decía. Pero yo, tan centrado en un principio por no correrme, había alcanzado ya la "velocidad de crucero" y disfrutaba de cada embestida sin pensar en la corrida final. Hay gente que le gusta trabajar, leer, hacer deporte o comer... a mi me gusta esto. Lo reconozco y lo digo bien alto.

Ella me miraba con agotamiento... pero aún disfrutando de cada penetración. En un momento se cogió su coño entre las manos y me dijo: "Mira, ¿no ves lo hinchado que me lo pones? ¡Me vas a matar!". A lo que le respondía: "Eso es lo que pretendo nena".


Finalmente, ella se levantó y se puso de rodillas. Comenzó a comerme la polla mientras me masturbaba con rapidez y su lengua se paseaba por todo mi glande, como si fuera su lugar natural. De esa manera, comencé a sentir aún más y más calor en mi, mientras los músculos de mi cuerpo se tensaban y mis testículos comenzaban a trabajar sin posibilidad de retorno. De esa manera acabé corriéndome como un manantial, soltando chorros de semen por todo su sofá mientras yo gritaba de placer...


"Joder, esto si que es echar un buen polvo"... En cambio ella sonreía y me decía: "Menos mal que he puesto una toalla en el sofá y el pelo me lo tengo que lavar esta noche...". Juntos reímos y pusimos fin a este polvazo de un día cualquiera...

Ojalá encontrarse a la mujer ideal con quien vivir esta experiencia todos los días...

18 junio 2015

Fóllame en el probador.

Tras cruzar varios whatsapp con "la enfermera" a lo largo de la tarde, me ha pedido que la acompañase al centro comercial, parece que quería ver algo de ropa para este fin de semana, ya que tiene una cena importante. Le he dicho que no me mata ir a los centros comerciales... pero después de una dura semana de trabajo he pensado que estaría bien salir a dar una vuelta y que me diera el aire.

De esa manera he llegado sobre las siete y veinte. Alli me esperaba ella, junto a la escalera mecánica y mostrándome su bonita sonrisa. Después de darnos dos besos hemos ido saltando de tienda en tienda. No deja de sorprenderme su capacidad para mantener una conversación conmigo mientras no deja de mirar ropa en cada tienda.

Después de un rato hemos ido a una de las tiendas más conocidas y presentes en todos los centros comerciales. Allí, la he acompañado con un par de vestidos hasta los probadores que tienen forma de U y son enormes; estaban abarrotados de gente entrando y saliendo. Supongo que era hora punta y la gente se va a pasear a los centros comerciales...

Sin embargo, "la enfermera" me la cogido de la camisa y me ha metido en el probador con ella. Resultaba absurdo esperala fuera (otra vez). Así que ha cerrado el pequeño cerrojo y después, mientras yo me sentaba en la banqueta, ha empezado a cambiarse. Me he quedado sorprendido de lo sexy que está mientras se cambia. Este juego ha durado un par de minutos, hasta que la he cogido de las manos y la he atraído hacia mi... Ella estaba semidesnuda, preciosa, y he acabado quitándole la ropa interior, era lo único que le quedaba por cambiarse.


Tenía tantas ganas de disfrutarla, que no he dudado ni un momento de abrirle las piernas y meter mi cabeza entre ellas. Quería darle todo el placer posible y disfrutar de cada lamida que le diera en su sexo. Por eso he comenzado a mover mi lengua por su entrepierna, degustando cada movimiento de mi boca sobre su piel. Como tengo su placer a unos centímetros de mi cara y precisaba estimularlo.


Necesitaba pasar por el contorno de su sexo, de arriba a abajo, por la derecha y por la izquierda, mientras jugueteaba con sus labios entre los míos. Mi lengua ha recorrido cada pliegue, cada peca, cada surco de su piel, bajo la antenta mirada de sus dulces ojos, que sabían lo que estaba disfrutando haciéndole todo esto.

Por eso comencé a adentrarme en su interior, poco a poco, con calma y sentido. Quería que notara hasta el más leve roce del pelo de mi barba entre sus piernas. Mientras, levantaba la mirada para ver como poco a poco se iba poniendo roja y comenzaba a tener serios problemas para no gemir ni un poco en medio de este probador tan abarrotado de gente de un jueves por la tarde.


Mi boca abarcaba todo su sexo, mi lengua se lo comía una y otra vez mientras "la enfermera" me pasaba su mano por el cabello. Estaba inquieta, y comenzaba a tener la necesidad de apoyarse en las paredes para contener el equilibrio... Pero apenas había comenzado a disfrutar de y con ella...


Decidí que era momento de hacerle sufrir un poco más, metiéndole los dedos en su vagina, primero un poquito, luego un poco más, hasta la mitad... finalmente le he metido dos de mis largos dedos en todo su interior. Mi lengua continuaba trabajando su sexo, inflexible, se lo pasaba por todo el contorno, sintiendo la humedad de su excitación en toda mi boca, como un refrescante aliento de sensualidad entre mis dientes.

He disfrutado mucho con esto... y ella también. Cuando estaba notando en la punta de mis dedos sus estremecimientos más profundos he alzado la mirada y la he visto, con las manos apoyadas en las débiles paredes del probador, con la boca abierta, tratando de mantener, como podía, la serenidad del silencio (aunque fuera hubiese mucho ajetreo). Su boca abierta no hacía más que moverse, lanzando gritos mudos de placer por tener mi cabeza encajada en su sexo.


Quizás por eso me ha dicho que ya era suficiente. Con pasión desmedida después de un gustoso sexo oral, "la enfermera" estaba deseosa por hacerme sufrir a mi. Quitándome con prisa el cinturón de mis vaqueros, me los ha bajajo de golpe y se ha lanzado sin control sobre mi verga, completamente erecta y dura, y sobre mis testículos, chupándolos con arrebato, mientras se los metía en la boca de uno a uno y jugaba con su lengua sobre ellos, sabiendo que mi respuesta iba a ser terrible.


Así que le he cogido su cabeza y de un movimiento seco le he empalado su boca con mi dura polla, hasta el fondo. Ella ha sentido que estaba complemente excitado, tanto como ella. De esa manera ha comenzado a devolverme el sexo oral anterior, sin importarnos que estábamos en un sitio público. En ese momento el mundo se reducía a nosotros dos.

Tratando de mantener tanto el equilibrio dentro del probador como el silencio que requería nuestra audacia, ella jugaba con mi sexo entre sus labios, introduciéndoselo a veces duramente en su boca, a veces dulcemente, pero siempre logrando que abriese tanto la boca como los ojos, borracho de placer, de ese que ella me provoca sin control.


Sin querer, en un momento de fragilidad, "la enfermera" se ha tambaleado y ha acabado apoyándose sobre el cristal del probador, el cual ha dado mucho juego esta tarde... pero esa historia ya la podéis imaginar vosotros. Así que ante tal indefensión no he podido evitar cogerle la cabeza y comenzar a endosarle mi duro pene hasta la mayor profundidad de su cuerpo que he podido. Quería que me sintiera hasta lo más profundo.

Sin embargo, su mirada me pedía que la follara, que la hiciera mía allí dentro, en el probador. No hace falta palabras para el buen sexo, solo buenas ideas, de esa forma he salido de ella, la he levantado y cogiéndola fuerte de sus muslos, la he aupado sobre mí. De un rápido estoque, me he vuelto a meter en ella, como ambos queríamos...


Aunque hemos hecho algún ruido, me he adentrado en su interior, poco a poco, con calma y golpes secos, que poco a poco ella asimilaba más y más. A mi no me importaba tenerla así, tan cerca de mi cuerpo, que prácticamente éramos uno solo. En cada penetración, ambos gritábamos en silencio, deseosos de que no acabara nunca.


Sustentada sobre mis brazos, se dejaba caer, para sentir como me introducía en ella hasta el límite de su vagina. Me miraba incesante, con sus ojos cargados de chispas de pasión, que me pedían que la levantara así una y otra vez.

Realmente he disfrutado mucho en esa postura. Supongo que cualquiera es buena, si la situación lo merece. Pero en el reducido tamaño del probador, apenas había espacio para otras posiciones. Así que he "jugado" con todo lo que tenía a mi alcance.


Finalmente la he vuelto a apoyar en el cristal, que la verdad es que lo hemos dejado hecho un asco, y he continuado follándomela. Sentía cada penetración en su húmeda cavidad con los ojos cerrados, pues ella me ha abrazado mientras no dejábamos de besarnos. Sus cabellos negros estaban pegados al cristal sobre el que la empotraba una y otra vez. El silencio del sexo también puede dejar paso a disfrutar aún más del resto de los sentidos...


...como el tacto. Cada rugosidad de mi pene se adentraba en ella, de una manera incesante, como una percusión rítmica donde el sexo es lo que es, sexo. Donde mi pene y su vagina se adhieren perfectamente el uno al otro, disfrutando de cada penetración con cada una de las terminaciones nerviosas del cuerpo...

Finalmente, ella me ha cogido bien fuerte y abriendo la boca en un enorme grito mudo, me ha arañado la espalda y me ha dicho al oído "estás loco". Así es, pero yo estaba ya a punto, por lo que "la enfermera" se ha dejado caer por el cristal, recorriendo con su espalda toda la cristalera y dejando la impronta de nuestro placer, hasta que no he podido más que dejarme llevar mientras ella me mordía el aparato de mi diversión en este pequeño probador del centro comercial.


Por suerte, ella llevaba unos kleenex en el bolso (las mujeres siempre llevaís lo que hace falta) y después de limpiarla, hemos podido adecentar un poco el cristal. Pero tampoco mucho, no os penséis que los kleenex hacen milagros... De esa manera, sutilmente, nos hemos vuelto a poner la ropa... y no he podido evitar volver a quedarme embobado mirándola, mientras se ceñía sus vaqueros, mientras esos pequeños saltos movían sus curvas, lo que me llevó a preguntarle: "¿A qué hora cierran la tienda?".


Y pensar que al final no se ha comprado nada...

15 junio 2015

El remate.

Después de una ducha, un cambio de ropa y un manoseo, "la paraguaya" y yo nos fuimos a cenar. Tras unas risas y unas cuantas bebidas, volvimos a su casa para acabar de rematar el trabajo que habíamos empezado unas horas antes. Estaba claro que aún teníamos cuentas pendientes... Volvimos a entrar en su casa, pero esta vez la fuimos directamente al dormitorio. Ahora me tocaba quitarle lentamente la ropa que se había puesto hacía apenas unas horas.

A pesar de los besos y el roce de nuestra piel sobre su cama, su mano pronto se acercó a mi entrepierna. Estaba claro que llevaba un buen calentón desde hacía un rato... Por supuesto, yo estaba encantado de que así fuese. De esa manera sus dedos se movieron entre mi bragueta y mi ajustado slip, y rozándome léntamente con sus dedos la punta de mi verga, acariciándola con delicadeza, hasta que rápidamente la cogió con dureza apretándomela con toda su mano y me la sacó de los pantalones. Comenzaba así a darme marcha...


Pero yo no iba a quedarme atrás y comencé saltarme con mis dedos su ropa interior, llegando a su húmedo y rojizo sexo, cuya sensibilidad estaba exacerbada por el roce de mi barba en su cuello, mientras mi duro pecho presionaba su ejemplar busto.


De esta manera, nuestra masturbación mutua llevó a que me girara para comenzar a chupárselo todo. Necesitaba endosarle mi lengua hasta lo más profundo de su vagina, para sentir, en mi propia carne, la humedad y el calentón que tenía "la paraguaya". No pude evitar cogerle bien fuerte de su cuerpo y comenzar a penetrar tanto mi cabeza entre ellas, que sus gemidos y espasmos eran tan fuertes, que acabó necesitando abrir todo lo posible la boca para respirar mientras se introducía mi polla en ella.


Quería ponerla aún más calentorra. Porque no hay nada más agradecido que una zorra bien caliente. Así, me desplacé hasta situarme a sus pies, mientras no sacaba mi cabeza de su coño ni para respirar un segundo. La pasión me desbordaba y necesitaba chuparle cada pliegue de su sexo, como si fuera la última vez. Es tal el gusto de notar con mi lengua como se retuerce del gusto, que mi polla erecta me incomodaba cualquier postura, pero no podía dejar de comérselo hasta el fondo.

Ella disfrutaba en cada lametón de mi húmeda lengua, que recorria todos los pliegues de sus labios, incesante, sin descanso. Movia la cabeza para que notara toda mi fuerza en su sexo. Yo respiraba el aroma de su excitación mientras mis labios y los suyos no se separaban...


Finalmente ella explotó y me pidió que me la follara. Dicho y hecho. Levanté mi mirada, saqué mi lengua de su interior y poniéndome de nuevo a la altura de sus enormes pechos, comencé a mordisqueárselos, a chupárselos, para que volviera a poner los ojos en blanco. Entonces, de improviso, bajé mi mano derecha a mi mástil y se lo clavé por la fuerza en su interior de una dura y seca estacada. No me costó, y ella gimió del gusto, así que sentí en todo el contorno de mi polla lo mojada que estaba.


Comencé a darle bien fuerte. Agarrándola con fuerza, veía como sus pechos se movían constantemente. Quería penetrarla bien duro y bien hondo. Ambos sentíamos cada embestida y mientras le continuaba chupando los pezones y le pasaba la lengua por toda su piel, ella y yo gemíamos del gusto. "La paraguaya" por fin obtenía lo que tanto le gusta de mi...

Así comencé a follarla una y otra vez, incesante, inquebrantable, sin descanso, haciéndole que me dijera "Por Dios, no pares, joder..." y "Ojala pudiera evitar que salieras de mi".  Yo no le respondía, estaba centrado en metérsela una y otra vez, mientras ambos disfrutábamos de mi cabalgada. La tenía cogida bien fuerte de los brazos mientras la cama no dejaba de moverse y sus gritos de placer retumbaban en toda la habitación. Maldecía y alababa mi polla como instrumento de su gozo.


Finalmente, no pudimos más y juntos nos rendimos al éxtasis del orgasmo. Me corrí en toda su entrepierna, que empezó a echar largos chorreones blancos, líquidos de nuestro placer mutuo, cayendo por el borde de su sexo y sus piernas... Entonces me dijo: "¡Fóllame de nuevo!". Yo me quedé sorprendido porque apenas podía decirlo sin respirar entre una y otra sílaba de esa frase, pero le dije: "No te preocupes. Ahora te voy a poner a cuatro patas y te volveré a dar hasta que me grites basta". Una sonrisa de felicidad apareció en su rostro, mientras yo tumbaba mi cabeza sobre sus enormes tetazas.

Al cabo de un rato, "la paraguaya" me miraba con sus ojos aún no saciados, a los que le iba a quitar ese semblante a base de fuertes embestidas de mi polla que iban a tambalear todo su cuerpo. De esa manera comencé a acariciarle de nuevo su vagina con mi mano, mientras mis labios besaban los suyos. Ella era consicente que eso iba a ser lo más tierno que pensaba hacerle en este polvo.


Tras esto, la cogí fuerte y le di la vuelta. Me gusta hacer sentir a las mujeres con mi fuerza, que ellas son un juguete en mis manos. Sumisamente, se puso a cuatro patas para mi, poniendome su culo a mi entera disposición. Yo no evité el nuevo enfrentamiento y mi polla la empaló de nuevo de un golpe seco, que logró sacar de su boca un gemido largo y sombrío de su placer.

Comencé a introducirle mi polla en su vagina, primero con golpes secos y lentos, para que notara hasta la más mínima rugosidad de mi pene. Luego, poco a poco y con pleno dominio de la situación, mis manos fueron recorriendo toda su espalda, hasta alcanzar el contorno de sus pechos, que prácticamente tenían los pezones al rojo vivo. Mientras tanto, mis penetraciones iban haciéndose cada vez más y más rápidas. El sonido de su coño, tan abierto y mojado, era muy singular.


"Vamos, machito, jódeme como a una fulana". Sin dilación, la tumbé sobre la cama de lado, mientras yo continuaba a su espalda introduciéndole con fuerza. Ella trataba de alcanzar mis labios, pero la paraba a base de meterle la polla más duramente en su interior. Me había pedido que la follase de nuevo y es lo que pensaba hacer. Así que la cogí del cuello mientras mi tremenda verga entraba y salía de su interior.


Así seguí, disfrutando del sexo como el hombre sexual que soy. Pero no me arrepiento, porque esta sensación es insuperable, sobre todo cuando la otra persona se pone a tu merced para que podáis disfrutar del sexo como si no hubiera nada más en el mundo. Aunque probablemente los vecinos de "la paraguaya" no piensen lo mismo, pues sus gritos eran cada vez más fuertes. El choque de mis cojones contra su entrepierna servían como segundero de este momento inmortal.

Cuando estábamos a punto de acabar, le pregunté sensualmente al oído: "¿Ya has tenido suficiente?". Me dijo descaradamente que aún estaba esperando poder tragarse mi "lechita". Eso me rebotó y de un movimiento, mi mano comenzó a acariciarle el coño, mientras le metía la polla más y más. Iba a tener el castigo que se merecía...


Finalmente, cuando sus espasmos de placer dieron paso al intento de apartar mis manos de su sexo, yo noté como estaba a punto de estallar mis cojones. De esa manera me levanté, y cogiéndola fuerte del brazo, la puse de rodillas, de la misma manera que había empezado la noche y como me gusta ponerla. Ella aún respiraba entrecortadamente pero sabía que iba a cumplir mi palabra, así que me cogió la polla con sus dos manos y comenzó a masturbarme con su boca abierta, esperando que mi lefa la hinundara. Y así fue... tras retorcerme la polla durante varias acometidas, abrió a tope su boca, sacó su lengua y se dispuso a recibir y tragarse hasta la última gota de mi corrida.


Agarrado a sus enormes pechos, sólo pude decir una palabra: "puta...".