31 mayo 2015

Esta noche eres mía.

He tenido una semana difícil. Estaba deseando que llegase el fin de semana para relajarme, y vaya si lo he hecho... Anoche quedé con Paraguaya, que hacía tiempo que no nos veíamos. Como siempre que salimos un fin de semana, se puso una camiseta que marcaba bien la curva de sus grandes pechos. Estuvo provocándome con eso durante toda la cena.

Tras una copa, fuimos a su casa. Era evidente que ambos teníamos ganas de follarnos... y creo que las tres veces que lo hicimos fueron extraordinarias... Pero procuraré contarlo aquí como una sola, ya que, una noche de sexo pasional, cuenta como una gran noche.

No me andé con tonterías. Conforme entramos, le quité la ropa, la tiré sobre la cama y comencé a chuparle apasionadamente toda su vagina. Tenía ganas de notar en mi boca el palpitar de sus hinchados labios y sentir como estaba cada vez más y más húmeda. Paraguaya no dejaba de gemir; es incuestionable que sus vecinos saben cuando me la follo.


Pero pronto mi lengua no podía abarcar su sexo abierto y mojado. Así que quité las manos de sus grandes pechos y le metí los dedos de la mano. Primero dos, luego tres y finalmente cuatro. Adoro la sensación de meter hasta lo más profundo todos los dedos que puedo. Ella no dejaba de jadear, por lo que empezó a respirar más y más fuerte, mientras mi mano entraba y salía de ella sin descanso, sin freno. Tras unos minutos, comenzó a gritar y a insultarme, hasta que en un momento se estremeció y lanzó un fuerte gemido. La había matado de placer...


Pero revivió pronto... De improviso, se dio la vuelta sobre la cama y abriendo un cajón de la mesilla me dijo "toma, hoy estoy preparada"; era vaselina. Le pregunté si estaba segura, y como me conoce me dijo que lo estaba de sobra, que se lo hiciera. Y así hice. Le gusta alardear de su culazo.

De esta manera, le metí mi polla bien dura por el culo. Tiene un buen culo... y le gusta que le den algún que otro azote, lo que da mayor ritmo a mis embestidas, a parte de mis testículos chocando contra él. No me andé con contemplaciones, después de haberle dado placer, me merecía una recompensa. Comencé a metérsela una y otra vez, primero hasta la mitad y luego entera. Hasta que sentí que había dilatado lo suficiente.


Me ponía muy caliente ver su rostro de placer reflejado en el espejo de su armario, que era una mezcla de gusto y sensación por sentirme hasta lo más adentro. Fui cogiendo más y más ritmo. Así que pronto la empujé contra la cama, pasando de estar a cuatro patas a tumbada. Quería que sintiera todo mi peso sobre su cuerpo y que cada embestida le hiciera pensar que estaba a mi merced... y así estaba. Una y otra vez, cada vez más fuerte, mi polla entraba y salía de su abultado trasero.


Después de estar trotando sobre su cuerpo, hasta el punto de convertir la cama en un tiovivo, no pude contenerme y comencé a respirar fuerte, ella notaba como mi polla palpitaba en su interior, por lo que me dijo: "Vamos, dámelo todo". De vez en cuando me miraba de reojo, con una mirada de loba que transmitía la orden de que no parase de ninguna forma.

Se la metía toda, una y otra vez, una y otra vez, hasta que comencé a notar contracciones en mis huevos, me salí de ella rápidamente. Paraguaya se incorporó y me ofreció sus tetazas para acoger mi corrida descomunal mientras me cogía el rabo... Sinceramente, sentí que me quedaba vacío... No sé cuantos "disparos" le hice, yo tenía la mirada perdida, centrado en el placer que estaba sintiendo a cada orgasmo; pero cuando acabé y la miré, estaba impregnada de mi leche por todas partes. Tremendas gotas de mi néctar caían por la voluptuosidad de tus grandes pechos, mientras ella me miraba sonriendo y con cara de saber que me había devuelto la de antes... Le dije: "¡Qué zorra eres...!" y ambos reímos tumbados en la cama mientras tratábamos de recuperar el aliento.


El buen humor, como el respeto, es parte fundamental de cualquier relación. Paraguaya no paraba de hacer la tonta, borracha de sexo, mientras yo le seguía con otras bromas. Incluso comenzó a jugar con la corrida que aún permanecía en sus monumentales pechos, mientras me decía: "¿Tú ves normal esto?".


Era ya tarde y el cansancio comenzaba a hacer mella en mi, por lo que le dije que era hora de irme. Ella me pidió que no me fuese, y antes de que pudiese alargar el brazo para coger mi camiseta y ponérmela, Paraguaya había cogido con sus dos manos mi miembro y comenzaba a agitarlo para arriba y para abajo mientras me miraba fijamente. Le pedí que no fuese mala... pero ella me replicó que malo era yo si la dejaba así...


Continuó masturbándome mientras mi polla se erguía hasta el máximo. Comenzó a pasar su lengua por ella y a hacerme una cubana... pero le paré los pies: "Si te tengo que decir adiós por esta noche, que sea como Dios manda". Así que saqué mi polla secuestrada entre sus enormes tetas y se la metí sin dilación. Aquí no hacía falta vaselina, ella aún estaba húmeda de mis dedos. De esta manera comencé a follarla con ansia, no porque me quería ir, sino porque sabía que tenía que darle bastante ritmo al polvo para poder correrme de nuevo. Los vecinos comenzaron a escuchar de nuevo los gritos y guarrerías que me vociferaba Paraguaya.


He de reconocer que disfruté con cada acometida, como si hubiera nacido para follar. No puedo describir lo que me gusta el sexo, y es más, espero que comprendáis lo que os cuento aunque no sepa explicarlo porque vosotros también lo sentís... como ella sentía mi pene entrando y saliendo...

Finalmente, tras un buen rato y varios vecinos despiertos, le dije que por fin iba a poner punto y final a "esta noche en la que has sido mía". Ella me dijo entre gemidos que aún quedaba por escribir ese "punto"... Me pidió que no la manchara más de lefa, mientras se pasaba su lengua por los labios. En seguida supe lo que quería decir, me conoce perfectamente y sabe que me apasiona que se traguen mis corridas... y a ella le gusta hacerlo. Así que no la decepcioné y cuando llegó el momento, pudo sentir toda mi corrida caliente en su lengua.


Ahora era tiempo de volver a casa...

29 mayo 2015

Permíteme que insista.

Ayer por la tarde quedé con "la loquita". Había tenido un duro día de trabajo y me apetecía quedar con ella para distraerme de todo. Después de un rato en el coche llegué a su casa. Nada más tocar la puerta la abrió de sopetón y me cogió de la camiseta para entrar. Estaba muy cachonda... tal vez porque le había dicho unas cuantas cosas por whatsapp durante la tarde.

El caso es que me dijo que me deseaba y se puso a besarme apasionadamente mientras me metía mano por todo mi cuerpo. No dejaba de besarme y comerme la piel sin descanso. Yo, he de reconocer, que empecé a ponerme más y más cachondo, hasta el punto que la erección de mis pantalones estaba tan dura que me hacía daño en los huevos.


Pero ella insistía en comerme a besos, en tocarme, en decirme cosas al oído, mientras yo me iba poniendo más y más cachondo... y ella lo sabía perfectamente. Le dije que me perdonara, pero como siguiera besándome y tocándome de esta forma tan caliente, iba a explotar y no sabía de lo que podía ser capaz. Entonces, con picardía me dijo que la sólo podía evitar que me besase de una forma: "de la forma que tu ya sabes que me encanta...". Le dije que no siguiera por ahí porque después de 20 minutos poniéndome tan cachondo podía follarle la boca con dureza... A lo que "la loquita" simplemente respondió: "hazlo".

Levantándome, la tiré sobre el sofá, ella se quedó tumbada mientras se mordía el labio porque sabía que había logrado calentarme. Tenía la mirada triunfante en sus ojos marrones. Fue entonces cuando me bajé los pantalones (de la camiseta, el cinturón y la bragueta ya se había encargado ella) y cuando iba a quitarme el slip se incorporó rápidamente para pasarme la mano y la lengua por el bulto de mi entrepierna.


Le dije que se iba a enterar... que llevaba tiempo deseando follarme esa boca tan dulce que tiene, y que tan loco me vuelve. De esta manera, me quité el slip y aliviado por sentir que mi miembro balanceaba al aire libre, fuera de la presión del tejido, le cogí fuerte de la cabeza y le metí la polla en la boca.


No lo hice dulcemente, comencé a metérsela más y más, ella estaba tan cachonda que tenía una mano posada en mi vientre y la otra la usaba para masturbarse con lujuria. Empezó a chupármela que a cada lamida me temblaba las piernas. Ella sola la metía hasta lo más profundo que podía... pero para mi no era suficiente, iba a saber lo que es bueno.


De esa manera la cogí bien fuerte de la cabeza y comencé a acercarla a mi, para notar como se la adentraba cada vez más, hasta sentir su campanilla y su laringe en mi glande.


Aunque con los ojos llorosos por la garganta profunda, "la loquita" no quería que parase, se masturbaba metiéndose dos dedos sin parar. Así que comencé a mover su cabeza más y más fuerte... No sé cuanto tiempo estuve así, pero os aseguro que los minutos que la tuve comiéndome la polla fueron grandiosos. Sentía como mis cojones le daban una y otra vez en la cara. Ella alargaba la lengua como podía para chupármelos... podéis imaginarlo, porque no hay palabras para describirlo. Estuve así durante un buen rato, sintiendo como gemía con la polla dentro de su boca, hasta que al final no aguanté más y me corrí en lo más profundo. Me encanta que se lo traguen todo...


Con mamadas así, da gusto "enloquecer".

Me ha recordado mucho a este vídeo (que, por cierto, he tardado un buen rato en encontrarlo): http://www.xvideos.com/video7389313/rebecca_blue

¡Un saludo!